sábado, 29 de agosto de 2026
viernes, 21 de agosto de 2026
SÓLO POR HOY, por Ariel Corbat.
SÓLO POR HOY
Me digo que ya no,
me juro que ya no,
prometo con mi voz
no volver a caer.
Pero al anochecer
me hace escuchar su voz
un demonio traidor,
que sabe convencer.
Y siento que tal vez,
mañana mejor que hoy
y que sólo por hoy
embriagarme esté bien.
Un largo y dulce adiós
para apagar la sed.
Y mañana ya no...
seguro que ya no.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
martes, 18 de agosto de 2026
MATA HARI, LA INALCANZABLE, por Ariel Corbat.
MATA HARI, LA INALCANZABLE
Por el laberinto de los deseos,
el eco de unos pasos extraviados.
Cada paso se pierde en los ya dados
tras nuevas tentaciones y mareos.
Basta con el más simple parpadeo
para que cambie aquello deseado
llevando a dar otro paso extraviado
por la ilusa infinitud del paseo.
En la trampa del deseo sin fin
no se sacian el hambre ni la sed,
pues lo mejor siempre está por venir.
Cada paso un ladrillo en la pared,
la infranqueable pared al festín
del que nunca gozará su merced.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
domingo, 16 de agosto de 2026
SIEMPRE QUE DIGAS "LAS MALVINAS SON ARGENTINAS"
Es la cuarta o quinta vez que intento escribir este artículo. Ya perdí la cuenta de los intentos fallidos. No me resulta fácil procesar la contradicción de mis propios sentimientos, racionalizarlos para poner perspectiva política a la emotividad futbolera sobre la cuestión Malvinas, exacerbada durante el Mundial de Fútbol por la victoria 2 a 1 del seleccionado argentino sobre la selección de Inglaterra y el salto a la fama del trapo con una verdad que decirle al mundo: Las Malvinas son argentinas.
Sucede que, por momentos, me seduce la imagen de las tres estrellas coronada con los contornos de Malvinas en el lugar de la cuarta celebrado volver a ganarle a los ingleses en un mundial de fútbol.
Pero también lo vivo con recelo, como si se estuviera cruzando un límite que debiera ser sagrado. Porque solamente se jugó y ganó un partido de fútbol, no se libró otra guerra (que ni siquiera estamos en condiciones de intentar, dato que por sí dice bastante sobre lo que se declama y lo que se hace), ni se alcanzó el éxito diplomático. Lo que pretendo discernir, entonces, es si la repentina ola malvinera que disparó el Mundial viene a sacar a relucir algo muy profundo en la conciencia nacional o nada más es un superficial y pasajero aluvión destinado a convertirse en otra capa de olvido.
Estaba aún en el secundario cuando fui por primera vez a un acto en homenaje a los combatientes de Malvinas. Tuvo lugar en la Plaza San Martín de Retiro y por toda concurrencia cinco personas, los dos que habían organizado, uno al que habían invitado, el padre de un soldado caído en combate y yo, que había tomado nota del acto por un afiche en la calle. En la tristeza con que aquel padre miraba la Plaza, vacía e indiferente, dolía la desmalvinización. Lo recuerdo y voy a recordarlo siempre.
La desmalvinización fue y sigue siendo la respuesta más fácil para "resolver" (comillas de ironía) la cuestión Malvinas: se perdió la guerra olvidemos este asunto. Afortunadamente esa idea nunca llegó a perforar niveles de conciencia colectiva que permitieran a la dirigencia política celebrar en sus discursos la comodidad de la claudicación. Pero esa claudicación que no declaraban abiertamente la sostenían debilitando al país. Desde 1983 la política antepuso el interés de los políticos al interés nacional. El "retorno de la democracia" comenzó con un Presidente que recitaba el Preámbulo de la Constitución Nacional pero que despreciaba el articulado. Tanto así que 1994 tranzó en un espurio Pacto de Olivos, darle a su sucesor la posibilidad de la reelección presidencial a cambio de unos cuantos senadores.
Pour la galerie, metieron en la Constitución un artículo transitorio que si bien reafirma como "irrenunciable" el reclamo sobre las Islas Malvinas sugiere la cancelación definitiva de la vía militar, lo que en los hechos fue acompañado por el debilitamiento progresivo del brazo armado. Y digo brazo armado con el valor de la metáfora, porque en definitiva el instrumento militar es el brazo que sostiene la mano con la que firma la diplomacia. Sin Fuerzas Armadas que puedan ser percibidas como una mínima amenaza por el adversario, la diplomacia se reduce a la hipocresía estéril del entendimiento para no resolver nada.
Podríamos aventurar que el día del Pacto de Olivos la dirigencia política se propuso convertirse en casta política acaparando todos los privilegios posibles. Es un hecho corroborable que sus intereses quedaban por encima de la Constitución Nacional y el resultado está a la vista de todos: daño institucional, degradación cultural, pobreza económica y hasta miseria intelectual. Extremos que, como la infeKtadura, la última dictadura padecida por los argentinos, no se hubieran alcanzado nunca si existiera una mayoría de jueces honorables, porque la casta política es un sistema de corrupción del que no participan sólo políticos.
El punto es que la casta política explota las emociones populares demagógicamente y siempre en beneficio propio. Está claro que la Nación Argentina conserva un sentimiento puro respecto de Malvinas, algo por demás meritorio frente a tanto intento por hacer sentir a la Guerra de Malvinas como una vergüenza nacional. Los que falseando la historia hicieron de los derechos humanos un grotesco y gigantesco negociado, haciendo pasar por víctimas a terroristas y por genocidas a los que evitaron el genocidio camboyano de un millón de argentinos que planeaba el terrorismo castrista para imponer el socialismo en Argentina, son los mismos que quisieron quitar la honra de los veteranos de guerra para presentarlos como pobres víctimas de los militares que vencieron al terrorismo castrista. Tan evidente fue el intento de hacerle creer a la población que el patriotismo de Malvinas era el "patriotismo" (otra vez comillas de ironía) de los terroristas del ERP y Montoneros que el régimen kirchnerista puso el Museo Malvinas en el predio de lo que fue la ESMA. Y ello con la tibia complicidad de los amarillos del PRO, que montaron en la Costanera un muro al que con suprema hipocresía llamaron "Parque de la Memoria" (nuevamente comillas de ironía). Y cabe recordar que llevaron a Obama a tirar flores al río, un homenaje tan absurdo como absurdo sería un Presidente argentino depositando flores por Osama Bin Laden en el National 9/11 Memorial & Museum. ¿Cómo podrían defender el interés nacional los que romantizan y rinden homenaje a terroristas que quisieron hacer de la Argentina otra dictadura comunista con pretensión de eternidad?
La casta política no tiene integridad, tampoco valores compatibles con la Constitución Nacional, ni es su objetivo fortalecer la República desde sus instituciones, mucho menos recuperar Malvinas, porque carece de la elemental vocación de servir a la Patria, sólo tiene vocación de servirse. Cuando veo que repentinamente vienen militantes de la casta a embanderarse de malvineros desconfío.
Malvinas es una cuestión delicada para la que no basta con aguardar las marcas en el almanaque y decir "Las Malvinas son argentinas", en tal sentido celebro que se haya ido generando una corriente de cultura malvinera que lleva a lo cotidiano el anhelo de concretar un objetivo nacional. Considero positivo el merchandising patriótico, en tanto no se deforme a patrioterismo o mera pose. Y esa deformación es el riesgo que veo en el modo en que la cuestión Malvinas afloró en el Mundial.
Lo que señalo con preocupación es el contexto y lo que revela. A la par que se disputaba "la justa deportiva sin igual" (sin ironía esta vez), bajo reglas de la FIFA y amparada por el derecho canadiense, estadounidense y mexicano según fuera la sede de cada partido, en Argentina se discutía el proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada que contemplaba un mayor acceso a la propiedad de tierras por parte de extranjeros. Veamos las dos cuestiones y trataré de mostrar que la relación entre ambas es la incapacidad para entender contextos normativos.
Vamos por la primera. La ministro de Seguridad Alejandra Monteoliva intentó tener una figuración innecesaria y pudiendo no haber dicho nada pretendió comunicar, sin sensibilidad para ello ni saber cómo hacerlo, algo que de tan básico no debiera resultar difícil de explicar ni de entender: el Mundial de Fútbol se juega bajo normas dictadas por la FIFA a las que adhiere la AFA, por lo tanto si uno quiere ser parte de la competencia hay que cumplir con su normativa. Y esa normativa impone a los asistentes a los estadios ciertas limitaciones como la de no utilizar sus eventos para difundir mensajes políticos, considerándose tal las alusiones a la Guerra de Malvinas y a la disputa por su soberanía. Por supuesto la FIFA no se priva de imprimirles sus propios mensajes políticos, pero esa es otra cuestión. Ante el partido con Inglaterra, no era ni podía ser el gobierno argentino quien impidiera a los argentinos expresar su sentimiento por Malvinas, la sola insinuación de esa posibilidad es una estupidez. Sin embargo hubo quienes no sólo lo insinuaron sino que militaron esa mentira como verdad, igual que siguen haciendo con los "30.000 desaparecidos" (ya una ironía de humor negro), como la "desaparición forzada" (otra ironía pura) de Santiago Maldonado o "la inocencia de Cristina Fernández" (me desternillo de la ironía). A más de estar totalmente fuera de la jurisdicción argentina, tampoco podían impedir llevar alusiones a Malvinas las autoridades de los Estados Unidos, país en el que la libertad de expresión es un valor fundacional, pero ya desde las proximidades del estadio, por aquello bien tutelado de que la casa se reserva el derecho de admisión, lo que aplicaba era la normativa de la FIFA; finalmente burlada por un grupo de hinchas y exhibida al mundo por jugadores del seleccionado.
Vamos ahora por la segunda. El Artículo 20 de la Constitución Nacional otorga a los extranjeros los mismos derechos que reconoce a los argentinos, incluyendo (por supuesto) el derecho a la propiedad. No hay ninguna limitación explícita establecida por los constituyentes que ponga límite a la cantidad de tierras que pueden ser propiedad de extranjeros. Las limitaciones, a más de la genérica sujeción a expropiación por causa de utilidad pública, surgen de las lógicas prevenciones en función de la seguridad nacional. Pero, ciertamente, la lógica de esas prevenciones no es inmutable, varían a la par que evolucionan los instrumentos para garantizar el efectivo control del territorio asegurando su integridad. En el pasado la tierra en zona de frontera bajo propiedad de algún extranjero tenía una significación mayor que hoy, sencillamente porque se dispone de medios técnicos más que suficientes para prevenir e impedir posibles daños a la soberanía nacional.
Mientras de discutía el proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que contemplaba modificaciones a la ley de tierras, sin ninguna noción del ridículo se alzaron voces de queja argumentando con deshonestidad que ese proyecto tenía por finalidad "vender la Patria". Un amplio abanico de críticos se desplegó entonces, queriendo apropiarse del furor malvinero que despertó el partido contra Inglaterra. Por supuesto, acepto que haya quienes realmente crean que las restricciones a la propiedad de la tierra en manos de extranjeros tienen alguna utilidad, pero mayormente los que protestaban eran una comparsa de hipócritas impresentables: izquierdistas que no cantan el Himno porque sueñan arriar la Generala Albiceleste para reemplazarla por un trapo rojo, nazis residuales con la fantasía del Plan Andinia cuya mayor muestra de "coraje" (otra vez comillas de ironía) fue comprar una bandera inglesa para quemarla (un método infalible para expulsar a los ingleses de Malvinas), kirchneristas que facilitaron el enclave chino en Neuquén, como un radar inglés en Tierra del Fuego, los mismos que en su odio a las Fuerzas Armadas como a la Gendarmería Nacional militaban poner la Patagonia bajo dominio mapuche, y otros personajes que embriagados de progresía harían de la Nación Argentina un Estado Plurinacional en nombre de la diversidad.
El patrioterismo, siendo la deformación del patriotismo, siempre es execrable y al mismo tiempo apátrida, porque cuando una Nación deja de honrar sus valores fundacionales su identidad se degrada hasta ser una caricatura de sí misma y finalmente no ser nada.
El patriotero es más parecido al traidor que al patriota, por caso no veo diferencia entre el falso nacionalismo y la incalificable anglofilia de la diputada Sabrina Ajmechet. Nadie que sostenga que "las Malvinas no son y nunca fueron argentinas" debería ocupar un cargo electivo. Me pregunto si ocupa esa banca porque hay suficientes votantes creyendo que Argentina debe renunciar al reclamo de soberanía, o simplemente porque la casta política hizo en su exclusivo provecho del sistema representativo una farsa carente de toda legitimidad.
Cabe en todo esto una mención particular a la postura asumida por la Vicepresidente Victoria Villarruel oponiéndose a la venta de tierra a extranjeros. Me sorprende que alguien que ha puesto el foco de su gestión en fortalecer la institucionalidad asuma una postura que choca de plano con la Constitución Nacional. Y más me sorprende viniendo de alguien que supuestamente conoce de Defensa y Seguridad.
Dije arriba que iba a intentar exponer la incapacidad de entender contextos normativos como el trasfondo de lo ocurrido en el Mundial y el rechazo a la propiedad de tierras por parte de extranjeros.
La conducta humana se rige por normas de distintas clases. Normas de carácter endógeno, como la ética que cada quien se dicta para sí mismo. Normas exógenas, que con distinto grado y tipo de coacción no obligatoria nos son impuestas por el entorno social, como la moral, la religión o la costumbre, y la más alta categoría de todas ellas que son las normas jurídicas cuya característica principal es que en tanto ordenan y le dan significado al poder tienen la capacidad de imponerse coercitivamente por parte del Estado. De allí que el Derecho sea norma jurídica y el Estado conserve para sostenerlo el monopolio de la violencia. Porque, en definitiva, el Estado es un orden jurídico.
En el caso de la FIFA ningún país tiene obligación de participar de sus competencias, pero si quiere participar debe adherir a sus reglas. La FIFA no es un Estado, es un ente sin autoridad propia para imponer por sí sus reglas, pero al igual que en cualquier contrato entre privados encuentra respaldo en algún orden jurídico para imponer sus condiciones a los adherentes. Es lo que quedó demostrado cuando Andrew Giuliani, vocero dispuesto por la Casa Blanca para eventos relacionados con el Mundial de Fútbol, declaró que no hubo violación alguna del Derecho estadounidense por parte de quienes exhibieron la pancarta con la leyenda "Las Malvinas son argentinas". Eventualmente la FIFA podría imponer las sanciones establecidas en sus convenciones y llegado el caso un tribunal estatal hacerlas cumplir. Tal como sucede cuando una parte reclama a otra el cumplimiento de lo firmado en un contrato. No más que eso.
Nadie que comprenda el contexto normativo puede ver en esa situación una decisión del gobierno argentino.
También en el caso de la propiedad de la tierra en manos de extranjeros, entender como funciona un orden jurídico le quita el dramatismo a la cuestión. Quien compra tierras en argentina conforme a Derecho reconoce la soberanía del país y se subordina a lo que dicten nuestras normas jurídicas. No hay pues ninguna lesión a la soberanía, ni podría haberla en tanto que la inviolabilidad de la propiedad privada no significa un vale todo, pues como todo derecho está sujeta al cumplimiento de las leyes que reglamentan su ejercicio (Artículo 14 de la Constitución Nacional).
Una cuestión que ha dado lugar a mucha rasgadura hipócrita de vestiduras es el caso de Joe Lewis, un inglés que compró cerca de 12.000 hectáreas en la provincia de Río Negro durante los 90. Curiosa, patética y graciosamente, izquierdistas como el sindicalista de ATE Rodolfo Aguiar realizan todos los años marchas a Lago Escondido protestando por lo que consideran un "enclave inglés", con el único resultado de molestar a los vecinos de Lewis que, en celebradas ocasiones, no han tenido más remedio que montar sus caballos y expulsar a rebencazos a los zurdos que intentaban violentar sus propiedades. Dicen que con sangre la letra entra y algunos aprendieron que con El Foyel no se jode.
Lewis jamás ha cuestionado la soberanía argentina sobre su propiedad, por lo que cualquier disputa relacionada con ella la dirime en nuestros tribunales. Contrario a Lewis, los autodenominados mapuches usurpan tierras argumentando que se trata de "territorios ancestrales" donde no rige el Derecho Argentino sino el Az Mapu, pero jamás se ha visto zurdo alguno protestar contra el secesionismo mapuche que ambiciona hacer de la Patagonia el Wallmapu.
Comprender el funcionamiento del orden jurídico y entender el contexto normativo, a la par que quita dramatismo a cualquier cuestión aporta racionalidad para resolver con eficiencia eventuales conflictos. El Derecho es poder y en tal sentido la soberanía no es otra cosa que la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional. Cualquier intento de restar soberanía a la Nación Argentina sobre su territorio se previene y evita con instituciones fuertes. Justo lo que no quiere la casta política. No es relevante si hay estancias propiedad de extranjeros en cualquier provincia o incluso en zonas de frontera, ni si son muchas o pocas, lo relevante es tener los instrumentos suficientes para que la aplicación del Derecho sea contundente y llegado el caso expeditiva.
Y aquí otra cuestión importante: Ninguna ley puede cumplir su finalidad declamada si las instituciones de la República son saboteadas por políticos, jueces y la propia población. Los constituyentes tomaron el sistema republicano sabiendo lo relevante del componente humano y confiando que la política estaría impulsada por el anhelo patriótico del bienestar general. Ahora bien, la generalidad de nuestros políticos como de nuestros "jueces" (comillas de desprecio más que de ironía) que claramente carecen de la vocación que los constituyentes proyectaron por varias generaciones no son paracaidistas polacos, son algo que generó esta misma sociedad, tal vez por la capacidad de los peores para apropiarse de la política y/o la incapacidad de los mejores para defender el sistema.
Acostumbro referir Malvinas como el mejor cristal para evaluar la realidad de la Patria. La pregunta es simple ¿qué estamos haciendo para recuperar la integridad de nuestro territorio? Y en la respuesta no caben sentimentalismos ni fantasías. Sólo la pura verdad de discernir en que punto estamos entre ser una broma de país y un país en serio; ser o no ser capaces de alcanzar objetivos nacionales. Yo tengo mi respuesta, pero no la voy a repetir aquí, prefiero que quien lea piense la suya.
En esa reflexión de conciencia que requiere ser profunda, anida la necesidad de no mezclar los tantos, de entender los contextos normativos y asumir la responsabilidad de hacer racionalmente lo necesario, sin ahogar los sentimiento en la vulgaridad, ni el coraje en la bravata estéril.
Decirle al mundo Las Malvinas son argentinas, está bien y es necesario. Pero si sólo queda en una declamación futbolera deja de tener significación, celebrar un partido de fútbol como si fuera la reconquista de un territorio usurpado es pretender darle a la épica deportiva una dimensión que no tiene ni podría tener. Varios jugadores del seleccionado argentino juegan en clubes de Inglaterra, ese sólo dato debería servir para diferenciar situaciones y contextos, pero también imaginar la situación al revés: que jugadores ingleses que revistaran en equipos argentinos al jugar con su seleccionado lucieran un trapo con la leyenda "The Falklands are British". ¿Modificaría en algo la situación de la disputa de soberanía en el Atlántico Sur? No.
Las Malvinas son argentinas, es algo que no debe decirse con liviandad sino con convencimiento. 649 dieron sus vidas para que podamos decirlo, como otros su sangre y el buen combate, pero decirlo banalmente, sin conciencia de que es necesario hacer de la Argentina un país serio para honrar la sangre derramada constituye, de mínima, una falta de respeto.
Luego está la cuestión de conocer las dificultades. Las dificultades que encuentra la recuperación de Malvinas y demás islas del Atlántico Sur son obvias: una potencia militar usurpa parte de nuestro territorio y hace tiempo -lamentablemente- dejó de considerar a nuestras Fuerzas Armadas como una amenaza para la continuidad de la usurpación.
Y ligado a Malvinas está la otra cuestión de soberanía que resta resolver: la porción de la Antártida que reclamamos como propia. Hay diferencias entre ambas situaciones. En Malvinas hay un conflicto entre dos naciones y no hay otra solución posible que nuestra o de ellos. Mientras lo que durante la Guerra se conoció como TOAS (Teatro de Operaciones Atlántico Sur) siga en poder de los ingleses nuestra integridad territorial se verá lesionada, y es por eso que Malvinas es para nosotros una causa irrenunciable.
El caso de la Antártida es distinto. Allí no existe soberanía efectiva de ningún país y los intereses en disputa no se limitan al enfrentamiento de dos países ni ha sido escenario de guerras. Desde la firma en 1959 del Tratado Antártico, firmado por Argentina, todas las reclamaciones de soberanía sobre la Antártida se encuentran suspendidas por tiempo indefinido. Por lo tanto cuando se exhibe el mapa bicontinental de la República Argentina, es preciso tener en claro que ello representa nuestra aspiración de máxima. Argentina acredita una prolongada presencia antártica y argumentos sólidos para reclamar soberanía sobre el sector que denominamos Antártida Argentina, pero en los hechos no podemos ejercer allí ningún acto de soberanía plena, por lo tanto no es territorio que esté o haya estado bajo soberanía argentina. Ni de Argentina, ni de ningún otro país. Por lo cual es muy posible que esa internacionalización convenida se prolongue por tanto tiempo que termine siendo definitiva.
A efectos de evitar que las causas nacionales se conviertan en frustraciones nacionales para las próximas generaciones, es preciso no confundir nunca aspiración con realidad. La resolución del conflicto por las Islas Malvinas sólo puede ser una: la recuperación plena de nuestra soberanía, en tal sentido deberemos vivir todo el proceso con la frustración de haber perdido una guerra. En cambio, la resolución de las reclamaciones de soberanía sobre la Antártida puede dar lugar a distintos escenarios, muchos de los cuales, aunque no fueran la aspiración de máxima, no deberían pesar como una frustración nacional. Si no, acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", como un éxito menor, pero éxito al fin.
Por todas estas razones, celebro el merchandising malvinero, canto las canciones de Feeed!, tengo alguna remera, algún cuadro y varios objetos que aluden a Malvinas. Malvinas forma parte de mi cultura, Es importante decirlo entre nosotros y más aún decírselo al mundo, como cuando en una base militar estadounidense, le entregué como recuerdo un pin de las Islas Malvinas al jefe de la unidad diciendo "It is a small object, but the feeling is strong" (este es un objeto pequeño, pero el sentimiento es fuerte).
Las Malvinas son argentinas. Una frase que sólo debe decirse con la disposición de servir a la Patria y no para satisfacer los caprichos del patrioterismo, la demagogia o la estupidez. Las Malvinas son argentinas, es una frase sagrada que nadie debe osar decir en vano.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
viernes, 14 de agosto de 2026
TINTA ESTALLADA EN CARTAS DE AMOR (soneto), por Ariel Corbat.
TINTA ESTALLADA EN CARTAS DE AMOR
(soneto)
Desde antes de la lluvia está lloviendo,
sólo hay caras de adiós alrededor
sin tiempo para las cartas de amor;
te recuerdo en aquel tiempo escribiendo.
Sé muy bien lo que te fuiste sintiendo,
el cuerpo disimulando el temor
el alma queriendo encontrar valor,
El tren dejó el andén, con vos sabiendo.
Que la historia contará alguna historia,
Ave César, morituri te salutant,
son lágrimas el brillo de la gloria.
Desde el frente, cartas para soñar
que más allá de derrota o victoria,
vivir, sería volverla a amar.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
lunes, 10 de agosto de 2026
EXPEDIENTE, por Ariel Corbat
EXPEDIENTE
Visto y considerando
mis conductas inadecuadas,
mis pensamientos obsesivos,
mis emociones perturbadas
y desvaríos excesivos.
Visto y considerando,
las excusas manifestadas,
los trastornos reconocidos,
las recaídas observadas
y los antídotos fallidos.
Cabe ir diagnosticando
que con mi mente enajenada
y perturbados mis sentidos,
la locura está declarada
y el sano juicio perdido.
Enchaléquese y archívese,
sello y formas de rigor
dese por resuelto, olvídese.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
domingo, 2 de agosto de 2026
AMOR PIANTAO, por Ariel Corbat.
AMOR PIANTAO
¿Cómo no voy a saber que estoy piantao, piantao?
Si me subí a la Luna que rodaba por Callao.
La misma vieja Luna de la que cayó Cyrano.
Y como tantos locos,
yo me disfracé de loco,
para disimular,
pasando por un cuerdo más.
¿Cómo va, su señoría?
que justa es su justicia,
tan honorable e imparcial,
y de esas tantas más...
Ja, ja, ja, anda la locura vestida de cordura,
pero nunca engaña a quien la mira desde la Luna,
esa locura impostada, cargada de mentiras,
no es por fortuna tu locura y tampoco es la mía.
¿Cómo no vas a saber que estoy piantao, piantao?
Si hace rato bailamos abrazados este vals
que una orquesta de payasos no deja de tocar
y aquel poeta, en un acaso, dibuja el portal
que sólo los piantaos podemos ver y cruzar.
¿Cómo no voy a saber que estás piantada, piantada?
Cuando tres luces celestes se encienden con tu risa,
y como siempre que reís, descubro ser feliz.
Ya sé que estoy piantao,
y sé que estás piantada,
subidos a la Luna
de nuestro amor piantao.
La mágica locura
que imaginó Ferrer
y locos hay que ser
para poder saber.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
sábado, 1 de agosto de 2026
SOBRE LA INVASIÓN A CEUTA Y MELILLA
El pasado 25 de Abril, a través de un posteo en mi muro de Facebook, compartí la siguiente vivencia de mi viaje a Ceuta:
Málaga, 25 de Abril de 2026.
LAS ABSURDAS E INSOSPECHADAS PERIPECIAS DE UN ARGENTINO EN CEUTA
Ayer les conté del lindo día que pasé en Ceuta, donde visité el Museo de la Legión Española. Lo que paso a contarles ahora es algo que sucedió después, cuando debía tomar el helicóptero que me llevaría a Málaga.
Tras compartir esos felices renglones, aprovechando que la lluvia había cesado dejé el Mc Donalds y estuve un rato caminando por la costanera yendo más allá del helipuerto. Entré en un barcito que no era para turistas y estaba lleno. Pedí un café y me senté en un taburete usando una de las mesitas altas de fuera, pegadas contra la pared en una vereda bastante angosta. La mayoría de los parroquianos vestían chalecos amarillos. Empleados de mantenimiento de la Ciudad. Algunos parecían descansar otros estar próximos a retomar tareas. Los menos bromeaban entre ellos y sentados a la barra se encorvaban un par de adustos gerontes que ni siquiera parecían respirar. Detrás de la barra una señora, posiblemente la dueña, no tenía descanso sirviendo un pedido tras otro. Tomé mi café sin ninguna prisa, me sobraba tiempo para llegar al helipuerto con mucha antelación. El vuelo estaba programado para las 20:00 hs. A eso de las 18:00, siempre con la parsimoniosa tranquilidad de ese atardecer de un día que ya daba por cumplido, cargué otra vez la mochila al hombro y volví sobre mis pasos camino al helipuerto.
El helipuerto de Ceuta es un lugar pequeño y confortable. Me acerqué al mostrador de la compañía aérea, Helity, preguntando si ya podía hacer el check in. Amable y sonriente, la muy agradable dama a cargo me dijo que se habilitaba 30 minutos antes de la partida. Sin ningún reparo me senté en un rincón a leer el libro con cartas de Groucho Marx que, conociendo mi admiración por el bufo del bigote pintado, acertó Inés en regalarme por el día de San Jordi.
Así, distraído con las ocurrencias del genial Groucho llegó la hora del check in. Ningún problema. Ya con el helico en la pista cumplo el trámite en la ventanilla de Helity y voy al control policial. Presento el pasaporte al policía nacional que lo recibe con la mecánica de lo rutinario. Pero repentinamente su semblante cambia y empieza a revisarlo de adelante para atrás, de atrás para adelante, por arriba y abajo, desde los costados. Mientras tanto yo ahí, con la mano extendida esperando confiado la devolución del pasaporte que no llega. En lugar de eso escucho que el poli me formula una pregunta terrorífica:
- ¿Pero Usted como entró a España?
Siento que mis ojos van a saltar de las órbitas.
- Vine en barco -respondo pasando a detallar todo el itinerario-, salí de Buenos Aires en el Celebrity Equinox el 30 de Marzo, hicimos escalas en Brasil y luego en Tenerife, Cádiz y Málaga, en todos esos puertos desembarqué y volví a embarcar, antes de llegar a destino en el puerto de Barcelona.
- Acá no figura ningún ingreso a España.
- Le aseguro que pasé por todos los controles.
- ¿Entonces por qué no hay ningún sello español?
- Yo lo presenté cada vez que me lo pidieron.
Tomo el pasaporte y comienzo a revisarlo. Aunque no lo puedo entender el policía tiene razón: no hay sello español.
- Yo así no puedo permitirle embarcar -me dice-.
- ¿Cómo que no? Si yo a Ceuta llegué volando de Barcelona a Málaga en avión y de Malaga hasta acá en helicóptero. ¿Cómo es que me dejaron abordar?
- No lo sé, sólo sé que no tengo certeza de su ingreso.
- Y entonces, ¿Qué hago? ¿Pierdo el vuelo?
- Vaya a la comisaría central de Ceuta y hable con el personal de asuntos extranjeros (no lo dijo exactamente así, sino que refirió la sigla de una repartición que no recuerdo).
En ese momento la empleada de Helity me sugiere ir en taxi porque el vuelo estaba demorado.
- Si te apuras y todo sale bien, a lo mejor llegás a tomar el vuelo.
Hago eso, me cargo la mochila, la computadora que debía pasar por el scanner fuera de ella y tomo un taxi hasta la comisaría de Ceuta. Le explico la situación a uno de los policías en el ingreso a la comisaría, este avisa a los de asuntos extranjeros y viene una oficial a la que le cuento toda la situación con la urgencia del caso. Toma mi pasaporte, lo revisa y comenta que estando sellado en Brasil el 2 de Abril es obvio que llevo menos de tres meses en España por lo que para ellos no estoy -todavía- en condición irregular que los habilite a hacer algo.
- Por favor explicale eso a tus compañeros del helipuerto.
- ¿Usted tiene alguna documentación más allá del pasaporte que acredite haber realizado el viaje en barco?
- Físico no, pero debo tener algún mail.
- Búsquelo, por favor.
Dejo la computadora y la mochila para tratar de abrir rápido el correo en el teléfono. Doy con el saldo en cero de los cargos de abordo que emite la compañía de crucero al terminar el viaje. Se lo muestro y se va con mi pasaporte, no sé si para hacer una consulta o llamar al helipuerto. En ese interín llega a la comisaría el policía que había negado mi embarque y ni bien me ve dice:
- ¡Quedate tranquilo que viajás! Vamos que te llevo en el patrullero.
Respiro aliviado. Le aviso que el pasaporte lo tiene su camarada, ella regresa y me lo da. Dice que la cuestión pasa porque no hay sellado físico sino electrónico pero en el helipuerto no tenían modo de constatarlo. Agarro la mochila y subimos al patrullero. Creyendo la situación bajo control me permití recordar las veces que estuve a bordo de algún patrullero, nunca como preso. Gratos recuerdos la mayor parte de ellos. Llegando al helipuerto alcanzo a ver que el helico sigue en pista. Voy directo a los controles, presento la orden de embarque, me quito la riñonera y junto con la mochila la dejo en la bandeja para pasar por el scanner. Y ahí mismo caigo en la cuenta. Siento una violencia interior incontenible, primero que nada contra mí mismo, pero también sin que sea excusa de mi propia falta por el sinsentido de unas peripecias que no debían estar ocurriendo.
Grito con toda la furia de mi voz:
- ¡¡¡PERO LA REPUTÍSIMA MADRE QUE LO PARIÓ!!!
Había olvidado la computadora en la comisaría. Quedó el helipuerto en un silencio paralizante, los policías me miraban sin atinar a decirme o hacer nada. Menos mal, porque si en ese preciso instante alguien me ponía la más mínima objeción eso terminaba realmente mal.
No obstante cobro conciencia de mi exabrupto y trato de dominarme. Lo más sereno que pude expliqué mi fastidio:
- Pierdo el vuelo. Olvidé mi computadora en la comisaría.
Silencio sepulcral y yo ya pensando planes de contingencia, cruzar en barco a Algeciras y por tierra a Málaga. Un bajón, pero en cualquier caso mejor que quedar varado. Había que salir a como diera lugar.
Entonces una señora mayor, otra pasajera que esperaba abordar, me dice con la más dulce suavidad que pueda imaginarse.
- Pero si el vuelo sigue demorado, coge un taxi hasta la comisaría y vuelve que quizás lo logras.
El mismo policía que empezó todo el asunto me confirma que la computadora, efectivamente, está en la comisaría y me llama un taxi. Le dije al taxista de mi urgencia y llegamos muy rápido a la comisaría, donde otro policía me esperaba con la computadora en la mano. De vuelta al helipuerto el helico seguía en pista. Voy a los controles y el policía detrás del scanner, cuando ya todo parecía claro, me pide que presente la orden de embarque, que yo ya no tenía por haberla presentado en el segundo intento.
- Ya está, ya la presento antes -dijo a viva voz la chica de Helity, quien hizo mucho para que yo pudiera viajar.
Entonces sí, pude al fin respirar aliviado. No habiendo muerto infartado en el vértigo de estas tribulaciones de un argentino en Ceuta, debo suponer que el mío cuore funciona bien.
Debo decir que ante los contratiempos insospechados, todo se convirtió en una carrera contra reloj, no había tiempo de pensar en otra cosa que en lo inmediato. En ese trajín lo inmediato no daba pausa y entre tropiezo y tropiezo obligaba a pensar alternativas de contingencia para evitar quedar varado. Por suerte, para no hacer más tortuoso el absurdo sinsentido, los policías entendían que no era culpa mía tal como yo entendía que no era culpa de ellos sino una falla del sistema.
Después, volando ya sobre la costa de Málaga brillando en la noche como una hermosa maqueta, el que iba a ser simplemente un viaje sin tropiezos se transformó en un paseo hermoso que, esta vez, disfruté llevando tapones en los oídos. Cada tanto me surgía sonreírme moviendo incrédulo la cabeza, incrédulo por lo vivido y al mismo tiempo dueño de una anécdota que rompió en pedazos eso tan confiado que escribí en Ceuta sobre que “Se siente más como aventura decir ‘salir de África’ que ‘volar a Málaga. Pero aquí no hay ninguna aventura de riesgo…”
En fin, cosas que pasan y otra anécdota para la antología del absurdo, que siendo como soy un “marxista línea Groucho” debo aceptarla con humor.
En un par de horas vuelo de Málaga a Barcelona, espero no sumar otra anécdota por el estilo…
Consérvense buenos.
Santiago / Ariel
SOBRE LA INVASIÓN A CEUTA Y MELILLA
Lo primero que cabe decir frente al aluvión de hombres en edad de servir como combatientes que ingresó a Ceuta colapsando la ciudad y demostrando que la política migratoria de España, como de buena parte de Europa, reclama una severa revisión, es una obviedad que no por obvia deja de ser necesario explicitar: ¡qué castigo para España resulta ser Pedro Sánchez! Pero no es sólo él, es todo el sistema de políticos corruptos que lo sostiene. Especialmente los que anteponen sus anteojeras ideológicas a las reales necesidades de los españoles; "la puta izquierda" como diría Sergio "Maravilla" Martínez.
España, con un Rey Felipe VI que en algún momento va a tener que al menos alzar la voz si quiere conservar el reino, está siendo erosionada en África por Marruecos. La movida tiene una clara finalidad geopolítica que aprovecha el momento de debilidad europeo para dar al reclamo marroquí el respaldo de hecho consumado.
Y no faltarán izquierdistas, en todo el mundo, que quieran mentir en esto una lucha de liberación contra el colonialismo. El sútil detalle es que ni Ceuta ni Melilla son colonias españolas, no aplican a ellas ninguna de las reclamaciones anticolonialistas como las que Argentina sostiene por Malvinas. Son, reconocidamente por la comunidad internacional, territorio español desde siglos antes de la independencia de Marruecos. Si se quiere, puede trazarse un paralelo sui generis con la situación de la Isla de Martín García, que por cercanía podría pertenecer a Uruguay pero históricamente siempre ha sido territorio argentino.
La política migratoria de España bajo Pedro Sánchez ha sido largamente denunciada por sus opositores como destinada a aportar caudal electoral al Partido Socialista Obrero Español debilitando la identidad nacional. Algo similar a lo que intentó el kirchnerismo en Argentina a través del llamado "Plan Patria Grande", que convirtió a Migraciones en una oficina de sugerencias mientras se regalaba la nacionalidad argentina a extranjeros invitados a parasitar a cambio de votar a políticos como el señor feudal de Formosa Gildo Insfrán.
Yo he trabajado en esos años con personal de Migraciones, observando con muchísima bronca como en lugar de deportar irregulares, que pudiendo ingresar por la puerta se colaban por los techos, se les daba una livianísima notificación sugiriendo que tuvieran a bien regularizar su situación.
En estos días no estoy atento a las noticias, me enteré del asalto marroquí por un amigo que recordando mis peripecias en Ceuta, preguntaba jocoso si todo esto no sería un simple problema burocrático porque quizás, como fue mi caso, en el pasaporte de esos miles de marroquíes los españoles hayan puesto sello electrónico y el sistema de chequeo sigue fallando.
Humoradas al margen, la situación planteada rápidamente ha dejado claro al mundo que no es una mera teoría conspiranoica el asedio migratorio esperando a dar el salto sobre las puertas de Europa. Es lo que hace décadas avizoraba Oriana Fallaci y entre nosotros nos recuerda a diario Karina Mariani.
De mi parte sólo surge un comentario breve. Yo, argentino, considero que España es una a la que quiero libre y grande. Este no es un aluvión de inmigrantes que quieren vivir en España como españoles, es una invasión dirigida con fines geopolíticos y la complicidad del gobierno español.
Tal vez sea hora que España "suelte los perros", porque sin poder disponer del uso de la fuerza toda autoridad se torna ficticia. Y digo:
¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir!
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
martes, 21 de julio de 2026
ESTAMOS BIEN: CUANDO LA SUERTE ES SALIR CAMINANDO
Sabíamos con Inés que el 20 de Julio de 2026 sería un día que se podía complicar un poco. Nuestra hija viajaba a España y el avión partía desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza cerca de la medianoche.
Esa misma tarde regresaban a ese Aeropuerto jugadores de la Selección Argentina de Fútbol que obtuvieron el subcampeonato en el Mundial. Llovía y el mal clima suponía una menor cantidad de gente yendo al predio de la AFA para demostrarles gratitud.
Teniendo en cuenta el previsible atasco de tránsito, salimos temprano, con varias horas de anticipación para evitar caer en apuros.
La previsión no resultó vana. Completamente detenidos, con el motor del auto apagado y esperando se abriera al menos un carril al tránsito, mientras algunos conductores fumaban resignados de pie junto a sus autos, delante nuestro un colectivo pintado de "Scaloneta" dejaba ver paraguas por las ventanas moviéndose al ritmo de los bombos y en la negrura de la noche, bajo la lluvia, la gente seguía caminando hacia y desde el predio en la oscuridad de las banquinas con ánimo festivo. No era el mismo ánimo de quienes, temerosos de perder sus vuelos, descendían de los vehículos que los transportaban dispuestos a arriesgar más que cansancio por llegar al Aeropuerto caminando.
En esas condiciones, a las 20:16 hs, tomé una foto que publiqué en X con el siguiente comentario:
"Camino a Ezeiza y no para boludear fanatismo futbolero. Corte total a la altura de la Escuela de Gendarmería. Supongo que la antelación con que salimos nos da margen suficiente de espera.
Ahora en esta circunstancia previsible el @MinSeguridad_Ar una incompetencia absoluta".
Debo decir que jamás voy a entender la irresponsabilidad de quienes decidieron llevar niños hasta el predio de la AFA en las condiciones que describo. Pero que yo no la entienda no significa que el aluvión, al que no voy a calificar, no fuera previsible. Razón por la cual las autoridades que en otras circunstancias hicieron valer la jurisdicción nacional, aplicando el protocolo antipiquetes, tuvieron tiempo más que suficiente para disponer medidas que ordenaran el tránsito. No viene a cuento detallar aquí las distintas alternativas que pudieron aplicarse, sólo aclararé que no estoy sosteniendo que a este tipo de manifestaciones deba aplicarse el mismo mecanismo coercitivo que frente a una protesta que tiene la deliberada intención de interrumpir el tránsito y perjudicar a terceros. Son dos cosas distintas, pero una sola la responsabilidad de garantizar el libre tránsito.
En la radio escuchamos que los jugadores ya se aprestaban a cenar con sus familiares, con lo cual era de esperar comenzara la desconcentración. Un rato después se abrió el tránsito a vehículos que venían desde Ezeiza, la gente que caminaba por las banquinas también iba de vuelta, los motores volvieron a encenderse y ante el retomar de la marcha varios que se habían apeado para llegar al aeropuerto con su tracción a sangre volvían a sus transportes.
No sé si alguno de esos pasajeros perdió su vuelo. Nosotros, alrededor de las 21:00 hs, nos despedimos de nuestra hija en el Aeropuerto. Lo calculado estuvo bien para las tres horas de anticipación con que se recomienda llegar.
Respiramos aliviados y emprendimos el retorno a casa. Tranquilos, sin apuro. El tránsito en la autopista era fluido, no así el de la mano de ida que todavía estaba congestionada.
Creíamos que al fin de cuentas el día terminaba bien. Inés, sentada a mi lado, daba aviso por whatsapp a la familia del "paquete listo para abordar". Yo conducía al ritmo del tránsito, con las prevenciones de la lluvia.
En el kilómetro 22 de la Autopista Ricchieri se encuentra el destacamento policial vial, una construcción muy pintoresca entre las dos manos de la autopista. Hace años, muchos años, que cada vez que paso frente a esa linda casita me pregunto cómo es que esa dependencia sigue funcionando. Porque no es una "isla" con accesos y egresos. Es una anomalía que sigue sin que siquiera se le haya construido un puente peatonal, o túneles, para que no sea riesgo de vida cada vez que una persona debe llegar o salir caminando del destacamento.
Y digo: en este tipo de cosas también se manifiesta el desprecio de la política por la vida de los policías, en este caso de los políticos bonaerenses hacia los efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, como así también la falta de conducción por parte de las jefaturas policiales para procurar que el personal trabaje en condiciones aceptables. Rotundamente, afirmo que las condiciones con que el personal policial se desempeña en ese destacamento no son razonables, por ende no son aceptables.
Dicho esto, vuelvo a la crónica de los hechos. Llegando al destacamento personal policial (por algún motivo que desconozco) procede a querer cortar el tránsito, por lo cual se producen una serie de frenadas intempestivas delante mío. Respondo a ello frenando mi Duster evitando colisionar con el Volkwagen que iba delante y que en su frenada se va de costado. En ese instante, habiendo frenado mi auto y siendo que había evitado chocar al Volkwagen, llegue a pensar "zafamos". Literalmente me dije "zafamos". Y en la nada que puede demorar decirse mentalmente "zafamos", sentimos un violentísimo choque desde atrás. Tan violento que los dos asientos delanteros se rompieron, cedieron los respaldos y quedamos acostados en el auto. Mis manos perdieron contacto con el volante y al ser arrastrados pegamos contra el vehículo al que había evitado llevarme puesto.
El ruido tan particular del auto que se rompe y la inercia del golpe hacen que repentinamente y por lo poco que dura uno quede como flotando anestesiado, entregado por completo a lo que vaya a resultar de eso que no está en uno poder dirigir.
Detenida la escena miré al costado para asegurarme que Inés estuviera bien. Los dos teníamos la conmoción de semejante golpe, pero en principio estábamos bien. Cuando ella me confirmó que lo estaba bajé del auto y ahí me encontré con que me había chocado una combi de la Policía Bonaerense.
Los daños en los cuatro vehículos involucrados, dos delante mío y la combi policial detrás, demuestran claramente la dinámica del evento.
Tuvimos suerte de salir ilesos, sin más que algunos moretones que en vista de lo que pudo ser no son nada. Ahora bien, ¿por qué salimos caminando del auto? En principio porque llevábamos puestos los cinturones de seguridad, luego porque la Duster demostró ser dura, y finalmente porque en la referida dinámica del evento, habiendo logrado yo frenar mi auto sin colisionar al de adelante, lo que hubiera empujado nuestros cuerpos hacia delante, no se produjo el efecto "latigazo", golpear primero hacia delante y luego ser impulsados violentamente hacia atrás. Acá la inercia sólo actuó empujando nuestros cuerpos para atrás. Si esa misma violencia nos hubiera encontrado con los cuerpos idos hacia el parabrisas, seguramente nos hubiéramos dañado seriamente la columna, pudiendo incluso desnucarnos. Nos dijeron que algunos policías presentaban lesiones leves, algunos golpes como los que recibimos nosotros e Inés más que yo.
Así como de camino a Ezeiza señalé la falta de previsión de autoridades nacionales, de regreso debo observar que la Policía Bonaerense también aportó lo suyo al mamarracho. Y si piensan que haber ocasionado el accidente que me involucra fue suficiente, paso a contarles que no. Que la cosa no terminó ahí.
Luego del golpazo, conscientes de lo que pudo ser y no fue, estábamos agradecidos de nuestra suerte. Queriendo volver a casa, en la conmoción de lo que uno empieza a pensar que pudo haber pasado, se trata de agilizar los trámites tanto como se pueda. Por eso cuando un policía me pidió registro de conducir y cédula verde, asegurándome que cuestión de minutos me los devolvería, no dudé en darle esos documentos. Sólo le hice una pregunta: ¿cuál es la compañía en la que el móvil policial está asegurado? Me respondió que La Caja**, casualmente la misma que mi Duster.
Los minutos pasaron, se hicieron un par de horas ahí en el lugar del siniestro. Al menos seis veces se me acercaron policías preguntando por mis datos, siempre contesté amablemente explicando que esos mismos datos (que repetía cada vez) estaban en los documentos que había entregado a uno de ellos. "Muchas manos en un plato hacen mucho garabato", les dije a los últimos. No parecía haber nadie que estuviera dirigiendo concentradamente al personal policial. Por momentos tuve la impresión que la buena voluntad, todos allí fueron muy amables, se confundía con la impericia.
Luego nos pidieron ir a la Comisaría 3° de Esteban Echeverría, Transradio. Los demás conductores fueron en sus vehículos, en tanto que el mío, imposible conducirlo en las condiciones que quedó, fue llevado por una grúa de autopistas. Llegamos a la Comisaría, pregunté si íbamos a tardar mucho. Me dijeron que no. Repito: me dijeron que no. Por si no se ha entendido lo repito una vez más: me dijeron que nó. Así que llamé al seguro para pedir la grúa.
Al rato me pidieron que cancelara la grúa, porque podían demorarse un poco más. Cancelé la grúa pidiendo al auxilio que estuvieran atentos a que los llamaría en cuanto pudiera. Los policías labraban actuaciones con intervención de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio Nro 10 de Lomas de Zamora. A los cuatro civiles que estábamos allí, otros dos conductores, mi Señora y yo, nos tuvieron esperando mientras tomaban primero los datos de los policías involucrados. Que resultaron ser muchos.
De nuevo digo, en general todo el personal fue muy amable, pero la paciencia de uno tiene límites, y cuando la amabilidad se extiende hasta las cinco de la mañana, para una situación que comenzó a eso de las 21:30, uno comienza a percibirla como una tomadura de pelo.
Como saben, he defendido muchas veces a la Policía Bonaerense (y lo seguiré haciendo), entre otras razones porque conozco sus falencias y comprendo sus razones. En esta larga noche que describo he confirmado mi apreciación sobre sus muchas carencias: de material, de empeño y de procedimientos.
Así que como las cinco de la mañana, tuve un altercado intenso pero respetuoso con el personal que llevaba las actuaciones. Argumenté que de los civiles allí sólo debían tomar datos que sobradamente ya tenían documentados y que lo que tuviéramos que declarar no lo íbamos a hacer en sede de una contraparte, porque la Policía fue la responsable del accidente, sino al denunciar el siniestro a las compañías de seguro.
A eso de las seis de la mañana me devolvieron la documentación, junto el acta de "visu y entrega" de mi auto y pudimos irnos. La grúa del ACA llegó al toque y eso de las 07:20 de la mañana al fin llegamos a casa. Guardé el auto en el garaje y nos fuimos a dormir, molestos, pero al fin de cuentas conformes con no padecer algo mas que lo que puede acomodar un dicloflenac.
En fin, es lo que hay, cierro subrayando que tal como el nombre del programa de radio que hacíamos con Mariano Iglesias: "Podría ser peor".
Ariel Corbat*, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
* Seudónimo de J. Santiago Tamagnone.
** Resultó ser que no era cierto que estuviera asegurado por La Caja, ya que el móvil que me choca está asegurado por Provincia Seguros. Por lo menos tienen seguro...
lunes, 20 de julio de 2026
IMAGINO, por Ariel Corbat.
IMAGINO
Imagino,
siempre estoy imaginando
así como alucinando.
Doy tres pasos en la realidad,
e imagino que doy seis
en algún otro lugar.
Y de modo fantasmal ahí es cuando me acuerdo
del loco Carlitos, siempre y cada vez que vuelvo.
En el barrio teníamos dos locos Carlitos,
eran locos tranquilos los dos locos Carlitos.
Digo el que vivía por el lado de las vías
y paraba a la tarde en el kiosco de la esquina,
el kiosco de Lola, donde siempre lo veía,
fumando alguna colilla de pucho apagado
y de charla con amigos que sólo él veía.
Gesticulaba, sonreía, hablaba, reía,
en esa rara soledad, que acaso eludía
con sus miradas casi que uno también veía
como escuchaba lo que esos otros le decían.
Y yo que era chico alucinaba que, tal vez,
su locura sólo fuera un espejo al revés
de su lado la realidad en que él vivía,
del mío... ¿Qué sería lo que yo no veía?
Quizá, posta, sus amigos estaban ahí
y la locura fuera completamente mía,
en la duda por curiosidad algo temía
temía, pero no me asustaba ese temor,
que lo siento y no lo he olvidado; todavía.
Imagino,
dando pasos de extravío,
que voy por otro camino
sin ganas de volver al que es real.
Y aunque vuelva cada vez
yo siempre me alejo más.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
viernes, 17 de julio de 2026
UNA RONDA MÁS, por Ariel Corbat
UNA RONDA MÁS
A veces el miedo a mis propios juegos
hace no quiera justo lo que quiero,
es que uno se quema al jugar con fuego;
y las heridas tardan en sanar.
No hay nada peor que ahogarse en ruegos
por tenerse a sí mismo prisionero
en la esperanza vana del sosiego.
Y el fuego nunca deja de llamar.
Se vive y se muere por el deseo,
eso que llaman impulso vital,
de apostar la vida como un trofeo.
Se suele perder, se puede ganar,
y a pesar del temor y su hormigueo
voy a bailar ese tango fatal.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
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