jueves, 7 de junio de 2012

CRISTINA EN EL PAÍS DE LOS BOLUDOS Y EL BONETE






Decir la verdad no está bien visto por el gobierno de la Presidente Cristina Fernández. Razonar con sentido común, tampoco. En un rapto de sinceridad, sintiendo que le tocaban el bolsillo, el Senador Aníbal Fernández atinó a decir, en defensa de los dólares que forman parte de su patrimonio, lo que piensa buena parte de la ciudadanía, algo tan elemental como que no estaba dispuesto a deshacerse de ellos al cambio oficial: “no me pida que haga cosas de idiota”, afirmó textualmente. Y por si no quedaba claro añadió: “No soy un tarado que tengo que ir a venderlos golpeando el pecho en un falso patrioterismo y perdiendo guita”.

Está claro que la moneda de ahorro de los argentinos es el dólar. La inestabilidad histórica del país hizo que así fuera, y creó además una cultura inflacionaria que sólo fue cortada por la convertibilidad. Los años del uno a uno, a pesar de todos los defectos que llevaron a su fracaso, rompieron esa cultura inflacionaria. Pretender forzar la cotización del dólar en base a prohibiciones, para sostener un modelo cuya única certeza es nutrirse del yuyito llamado soja, es reavivar la llama de la inflación y darle aire al mercado negro cambiario.  

Luego de calificar de “abuelito amarrete” a Julio César Durán, el abogado que no  pudo comprar diez dólares a su nieto -como si todos los abogados de cierta edad  hubieran hecho dinero con la 1050 en tiempos del Proceso y luego en democracia hubiesen incrementado su patrimonio estando en la función pública-, la Presidente del largo luto anunció que, no por propia iniciativa sino siguiendo el consejo de Víctor Hugo Morales, pasará a pesos su plazo fijo en dólares. Unos tres palitos verdes que, aseguró, tendrán mejor rentabilidad en pesos...

Entonces la ironía presidencial le cayó al lenguaraz Aníbal, al que primero acusó de tomar “vivarachol” para luego condenarlo al ridículo exigiéndole que pesifique sus ahorros. Más aún, lo conminó a ser el “primero en la fila y con bonete”.

Eso le pasa en el oficialismo a los que osan decir la verdad, vuelven a la época del oscurantismo pedagógico y deben cargar con el bonete de burro para escarmiento de sí mismos y de cualquier otro que se atreva a pensar. Porque ya sea en dólares o en pesos, pensar no es bueno para los que hacen de la obsecuencia un valor: alguien podría darse cuenta que el rey está desnudo.

El kirchnerismo es un fraude en sí mismo, y carente de patriotismo ensaya la versión degradada -son palabras de Aníbal en otra de sus “anibaladas”- un patrioterismo que, por supuesto, también es falso. Acaso por eso mientras persiguen al dólar fomentan la liberalización del consumo de marihuana y otras pestes. Habrá que reconocerles la coherencia; quieren un pueblo embrutecido, amnésico, sin identidad ni conciencia, y lo están logrando.  ¿La oposición? Duerme. Sus únicos signos de vida son que ronca y se tira pedos, porque en este cuento de boludos y bonetes la Bella Durmiente sigue durmiendo.

Hey! Usted, ¿qué es lo que se queda pensando? Ni se le ocurra mover las neuronas... ¡Vaya al rincón y póngase el bonete!
  

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López



Ariel Corbat

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