miércoles, 3 de octubre de 2012

ESTAS COSAS QUE PASAN




El 02 de Octubre de 2012, invitado por mi amigo Lucho Bugallo, asistí a la jornada organizada por REC (Red de Encuentro Ciudadano) sobre Compromiso Ciudadano en Época de Crisis, en la que expusieron Gerónimo "Momo" Venegas y Sergio Abrevaya abordando "La visión del mundo del trabajo, sobre la realidad actual".

El evento, realizado en el Salón Arturo Jauretche de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, contó con la presencia de Oraldo Britos, quien se declaró seguidor del Momo.

Tenía ganas de escuchar a Venegas, y la impresión que me llevé fue más que buena. Comenzó señalando la importancia de la renta empresaria para generar mayor producción y fuentes de trabajo, reclamando por parte del Estado obras que mejoren los costos operativos en materia de transporte y libertad para exportar. Asimismo enfatizó la importancia de garantizar las libertades de pensamiento y expresión, volviendo sobre aquel abrazo de Perón y Balbín para subrayar que el consenso entre los argentinos debe primar por sobre el enfrentamiento. Al respecto sostuvo que las diferencias económicas producto del trabajo no pueden ser motivo de odios, e ironizó sobre las críticas que desde el kirchnerismo se hizo por la correcta vestimenta de los manifestantes del 13-S:  "no se puede andar desnudo por la calle". 

En ese mismo momento los suboficiales de la Prefectura Naval Argentina protestaban por la baja de sus sueldos en el Edificio Guardacostas y otras unidades de la fuerza; Venegas se solidarizó con el reclamo considerando que, en un contexto de país con serios problemas de seguridad, rebajar el sueldo de un prefecto o de un gendarme es preocupante, pues pareciera que el gobierno, al impulsar medidas irritativas, quisiera dejar a la sociedad en estado de indefensión. Si se piensa que Nilda Garré estuvo primero al frente del Ministerio de Defensa y de allí pasó al Ministerio de Seguridad, la hipótesis del Momo no parece tan descabellada. 

En este mismo blog, mediante una nota titulada "El sueldo de los gendarmes", sostuve que era política del kirchnerismo, confesada por la Presidente Fernández, mantener la condición de mano de obra barata de los efectivos de la Gendarmería. Es evidente que el sueldo de los prefectos, y de todas las fuerzas de seguridad, obedece a la misma lógica. 

Ya porque odian a los uniformados, ya porque quieren castigar más a una clase media que protesta, ya por malicia o inutilidad, lo cierto es que el Gobierno ha provocado una situación inédita en dos fuerzas de seguridad que cuentan con prestigio en la sociedad. Ambas fuerzas quedarán heridas por esta protesta que es un acto de indisciplina contrario a su esencia institucional. Algo ha fallado, claramente. Por ello, presentadas las renuncias de los jefes de la Gendarmería y la Prefectura está bien que se vayan, pues evidentemente han perdido el comando desde que no cumplieron con el rol de velar por los derechos de sus subordinados -impedidos de tener sindicato-; pero la Ministro de Seguridad también debería firmar la suya. Nadie la va a extrañar, y ni siquiera tendrían que rebanarse los sesos pensando a quién nombrar en su reemplazo. Ahí está Sergio Berni, que por lo menos no muestra sentir ese desprecio que Nilda Garré jamás se preocupó por ocultar.

El gobierno va a intentar descalificar el reclamo salarial apelando al miedo, con el remanido discurso de la dictadura y los alzamientos carapintadas (además de buscar intrigas destituyentes trayendo aquel incidente policial en Ecuador, sobreactuado por el Presidente Rafael Correa). Dudo mucho que esa elucubración berreta, hecha por quienes no se cansan de homenajear a terroristas, alcance para que la ciudadanía tema un desborde institucional. La protesta es salarial, no más que eso. Por primera vez un sector se anima a redoblar la apuesta frente al gobierno, y ante la rebaja de salarios protesta y reclama ya no la restitución sino una mejora del salario. Esto no hubiera sido posible sin la existencia del 13-S, día en que buena parte de la sociedad perdió el miedo.

Desde luego, ninguna fuerza de seguridad puede permanecer en estado de protesta. Esto debe terminar pronto, porque la esencia profesional de las fuerzas de seguridad es el orden y así debe seguir siendo.

No hay dudas del acatamiento al orden constitucional por parte de los gendarmes y prefectos, más aún, es la misma Constitución la que les garantiza el derecho a recibir un sueldo digno y en blanco, para no seguir siendo mano de obra barata. El riesgo institucional es que el Gobierno, que nunca reconoce sus errores, apueste a agigantar el malestar con ánimo de victimizarse dibujando alguna paranoia conspirativa. Por ello, los diputados de la oposición, en lugar de hacer de furgón de cola  del  oficialismo, deben seguir muy de cerca la evolución del conflicto para garantizar una pronta solución y que el Gobierno no evite dar explicaciones de sus actos, que a todas luces, son los causantes de este desaguisado.

Pienso en el Momo Venegas, en su historia personal dedicado -desde la infancia- al trabajo rural desarrollando un instinto natural para la representación gremial, y viendo protestar a los prefectos y gendarmes, lamento no haber visto a ningún oficial ponerse al frente de la protesta, porque siempre me opuse a la sindicalización de las fuerzas de seguridad en la convicción que es deber del superior velar por los derechos del subalterno, a riesgo incluso de su propia carrera. Quizás sea tiempo de replantear algunas premisas, y eso es algo más profundo que una cuestión salarial.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López








Ariel Corbat

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