jueves, 12 de abril de 2012

PERO... ¿Y DÓNDE ESTÁ LA CIUDADANÍA?


El principal problema de la República Argentina, a casi 30 años de reinstaurada la democracia, es la falsedad. Poco o nada es lo que parece. Desde que se llama “memoria” a la amnesia selectiva, el oficializado relato de la historia promueve el olvido, destierra la duda en nombre de la obsecuencia y alimenta el desinterés de la ciudadanía por la cosa pública. Olvido, obsecuencia y desinterés conforman un tridente clavado en el corazón de la República. Tridente unido por el mango de la corrupción, que se sirve del olvido, la obsecuencia y el desinterés para mantener turbio lo que debería ser transparente.

El kirchnerismo no ha inventado la mentira, sólo la ha llevado al paroxismo con la complicidad de un arco opositor aturdido y desorientado. En el país de los ciegos el tuerto es rey; y aquí también, así que no le echemos toda la culpa al oficialismo.

La ciudadanía, si es que existe algo que pueda recibir tal nombre sobre este suelo, tiene lo que se merece desde que no la conmueve ninguna de las cuestiones que hacen a la vida institucional. Los modos de Guillermo Moreno, que es quien mejor encarna el espíritu del gobierno, han sido avalados por el 54% de los votos. La mayoría eligió esto a sabiendas de lo que era. Ajo y agua.

Y así, en la bochornosa pelea entre el Vicepresidente Amado Boudou y el Juez Federal Daniel Rafecas, asoma una clara idea del deterioro moral de la ciudadanía argentina; y sin embargo la nave va.

Sin entrar en el entramado de la mugre, y ateniéndonos exclusivamente a los dichos de los dos involucrados, tenemos que:

A) Cuando el Vicepresidente denuncia que Adelmo Gabbi lo tentó en marzo de 2011 con una coima, para favorecer a la empresa Boldt respecto de Ciccone Calcográfica, está admitiendo que en su momento se guardó muy bien de hacer público ese vil intento de corromper a un hombre probo. Mi admirado Jorge Newbery hubiera resuelto el asunto ahí mismo usando sus puños de funcionario honesto; pero Don Amado Boudou se ve que es de indignación un poco más lenta.

B) Cuando el Juez Federal reconoce haber tratado por mensajes de texto la evolución de una causa judicial, que eventualmente podía llegar a su juzgado, dialogando con un abogado de parte e involucrándose casi en calidad de socio, está admitiendo un comportamiento falto de ética. Grave, porque siendo juez y parte no hay Justicia posible. Lo de Rafecas es penoso, pese a nuestros distintos puntos de vista sobre cuestiones centrales de este país lo respetaba. Tiempo pasado.

Estos son dos hombres que llevan responsabilidades constitucionales sobre sus espaldas. ¿Y dónde está la ciudadanía? Estará por ahí, creyendo que estas cuestiones no la tocan, que son peleas de otros, o que se terminará cuando alguno de los dos sea apartado de su cargo si fuera el caso. Vaya uno a saber. El conformismo de una sociedad sin ambición, sin orgullo y sin patriotismo reduce la democracia a la insuficiencia de un par de trazos gruesos, tan elementales como toscos. Votar según calendario, alguna que otra cosita y ya. No es posible la libertad en trazos medios ni finos cuando no se tiene conciencia de la necesidad de luchar a cada momento por ella; y lejos de la comunidad organizada el aglutinamiento humano de identidad en dispersión que habita la Argentina, carente de rebeldía, delega porque se siente ajeno. Hay estupidez cuando no se entiende que sin comprometerse para fortalecer la sustancia y la forma de las instituciones republicanas el futuro es del fracaso. No nos engañemos, el responsable no es el gobierno, somos nosotros.

Pareciera que los ciudadanos no estamos; como si fuera una paradoja de humor negro, arribando a las tres décadas de democracia somos una suerte de entelequia videliana de gente que está pero no está y que no se sabe si estará alguna vez: los ciudadanos andamos de exilio en cuerpo presente.

No es casualidad. Mientras termino de escribir esta amarga nota escucho a Lucio Arce cantar “Yo soy el que se fue”, un tango de contenido profundo que da para trazar un paralelo con este momento del país signado por el exilio interior de la ciudadanía:

“… qué grande es la Internet,
qué bien canta Gardel,
qué cara está la yerba…”

Y a cien años del hundimiento del Titanic, la nave va.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López

Ariel Corbat

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