jueves, 31 de julio de 2008

FE DE ERRATAS

Una muy diligente lectora me ha hecho notar por mail que, en el cuento "Tigre Mc Laren: Una cultura por otra", puse en boca de Leo Carrera expresiones erróneas. Admitiendo que la dama tiene a la razón de su parte, procedí a corregirlas. El Canal Encuentro no comenzó sus emisiones en el año 2005, lo hizo en el 2007. Y depende del Ministerio de Educación, no del Ministerio de Cultura que no existe como tal y es una Secretaría de la Nación. Sucede que algunos, ya veteranos jugadores con varias sotas en la mano, seguimos creyendo que Educación y Cultura deberían ser el mismo ministerio.

Pude omitir las correcciones, pues al fin y al cabo Leo Carrera es un billarista de ficción (aunque con su nombre pretendo homenajear al quíntuple campeón mundial de billar Pedro Leopoldo Carrera, 1914-1962, nuestro Leo es Leonardo, detalle que pensaba tratar en algún otro cuento de Tigre) chamuyando con un amigo en el café del barrio, no un conferencista que deba ser exacto en los datos que trasmite. Sin embargo me doy cuenta que no son la clase de errores que puedan tomarse como libertades literarias, así que para despejar el camino al fondo de la cuestión lo corregí de inmediato.

Hecha la aclaración, agradezco una vez más los correos recibidos.

TIGRE MC LAREN: UNA CULTURA POR OTRA.




Las publicidades dirigidas al comprador compulsivo que por televisión alientan la adquisición de las más sofisticadas estupideces nunca dejan de sorprender. Lo último en entrenamiento personal para físicos consumistas, destruidos por la pereza, el sedentarismo y la falta de voluntad para cambiar los malos hábitos que impone la sociedad de mercadeo masivo es un verdadero prodigio: tecnología de vibración con acción potenciada de ocho grados. Dice la publicidad que diez minutos de estar parado en ese artefacto soportando el tembladeral bajo los pies equivale a una hora de ejercicios aeróbicos, y hay que ver lo bien torneadas que se ven las piernas del muchachote aceitado y la joven atleta que hacen la demostración. ¡En Hollywood todos quieren tenerla!, asegura la voz en off. Sin transpirar, sin el agotamiento de acudir al gimnasio, sin rigurosas rutinas y en forma entretenida es posible moldear, afirmar y tonificar pantorrillas, muslos, glúteos, abdomen, pecho y brazos. Casi puede sentirse la tentación de levantar el teléfono y comprarlo antes que se agote. Pero entonces aparecen esas inevitables fotos del antes y el después. Tienen un dejo de álbum familiar: la del antes remite a grandes comilonas, asado con tinto de fin de semana en la quinta del abuelo, cuando ya sólo quedan cenizas en la parrilla y algún tío pipón es fotografiado con la panza afuera jactándose de necesitar el uvasal; la del después es el mismo tío pero de vacaciones, posando en la playa a pecho inflado y ocultando el abdomen.

Tigre Mc Laren, dedicado a pintar un mural que hace años no termina, escucha desde el andamio el siempre agradable sonido de las bolas del billar premiando en carambolas el tacazo preciso. El billar sobrevive en el café del barrio, acaso formando cofradía con los adoquines que todavía no tapa el asfalto y el antiguo aviso de los edictos policiales. No es de extrañar que en ese ambiente castañeano de Café La Humedad, aunque fuera de los límites de la General Paz, sea parte de la charla mofarse de ciertas quimeras del confort. Mientras pone tiza y pita el Marlboro estudiando el próximo tiro, Leo Carrera mira de reojo el estado de la obra que, adivina, seguirá inconclusa por mucho tiempo, quizá por siempre. Deja el pucho en el cenicero de Cinzano, camina acariciando el paño y encorvándose sobre la banda dice:

- Imaginate, Tigre, que si eso de las vibraciones pudiera funcionar La Gorda Beto no sería gordo, ni llevaría el culo arrastrando por los talones.
- ¿Por?
- Porque desde que lo dejó el chongo ese que tenía… ¡Otra que diez minutos de vibrador! Pero es así, ¿viste?... Hay gente que compra cualquiera.

Desde la barra, franeleando los vasos tras empañarlos con su propio aliento, el dueño del boliche, Gallego de sobrenombre aunque con sangre de otras europas en las venas, deja salir la risa. Otra carambola sobre el verde, una pasada de pincel en el detalle bajo el cielo raso, alguien que pide cerveza con maníes. Y Carrera que sigue filosofando:

- Es así, compramos cualquiera Tigre. Nos llevan para donde quieren. A veces de modo chocante, con esas publicidades que están hechas para gente que ya no se resiste y se deja arrear como ganado con la tarjeta de crédito en la mano. Pero, otras veces, con asuntos mucho más jodidos, son más sutiles.
- ¿Por ejemplo?
- Un día te tirás en el sillón a ver la tele, vas cambiando de canal y te encontrás que desde el 2007 el Ministerio de Educación de la Nación emite un canal que se llama “Encuentro”, y tiene un logo que está ahí, como queriendo pasar desapercibido, y no le das mucha bola. Hasta que lo ves bien y decís: “Eso… ¿Qué es?” Lo que parece te hace pensar que no debe ser lo que parece. Pero muchas veces las cosas son lo que parecen, y sí, cuando lo ves bien te das cuenta que es nomás eso que parece: un espejo con dos rayas de cocaína. Porque una E enfrentada con otra E invertida es un espejo, y si encima tiene dos rayas de tiza eso no es un pizarrón, es que para algunos “Encuentro” significaría yunta para darse saques de blanca.
- ¿Desde el Ministerio de Educación?
- Suena loco, ¿no?
- Bueno, ahora que lo decís…
- ¿No te habías dado cuenta?
- No, no veo mucho cable. Pero tenés razón, pensándolo un poco parece eso que decís. ¿Será casualidad?
- No, no existen este tipo de casualidades Tigre. Pensá esto, primero te ponen como emblema del canal cultural un espejo con dos rayas de merca, y lo dejan ahí, instalándose como si tal cosa, en medio de la indiferencia general. Otro día te enterás que anda circulando una revista de cultura marihuanera, y que no es apología del delito sino ejercicio de la libre opinión. Después, en medio del despelote que armaron contra el campo, escuchás a la máxima autoridad del país decir que la soja es un yuyito que crece en cualquier lado.
- ¿Y eso qué?
- Esperá que hay más. Ahora que la cosa se distendió por el voto del Vicepresidente Cobos, pero cuando todavía no se resolvió, este mismo Gobierno se lanza con todo a plantear la despenalización del consumo de drogas.
- Bueno, Leo, es evidente que la falopa anda suelta por la calle, no está mal replantearse las políticas a seguir.
- Juntá los datos: El Ministerio de Educación tiene por logo de su canal un espejo con dos rayas de cocaína, la soja es un yuyito que crece en cualquier lado, hay que despenalizar el consumo de drogas… ¿Sabés cómo sigue esto?
- Decime, pero estás mezclando lo del campo con la falopa, creo que son dos cosas distintas.
- Eso es lo que quieren que pienses. El próximo paso, y me parece muy claro, es terminar con esos chacareros amargos que “no entienden” las buenas intenciones de los gobernantes para reemplazarlos por jamaiquinos onda Bob Marley, que en lugar de soja cultiven sus fumos y no anden rompiendo las pelotas con tractorazos y esas yerbas. Un yuyito por otro, una cultura por otra. “Todo bien, todo piola”.

Tigre Mc Laren revuelve las cerdas del pincel en la pintura negra. El taco va y viene buscando el punto de impacto. El Gallego arroja a la calle la tapita de otra cerveza. Alguna voz en las mesas dice extrañar el fútbol. Hablan de pases, de ventas millonarias y clubes quebrados. Tigre pinta en silencio, Carrera susurra: “Nada es casualidad”.



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López

Ariel Corbat

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