lunes, 30 de junio de 2025

BREVE ANECDOTARIO DE PRESIDENTES Y VICES (contingencias de un cargo ingrato)






Como lo prometido es deuda, presento la versión actualizada del BREVE ANECDOTARIO DE PRESIDENTES Y VICES que publiqué en Julio de 2008 a propósito del grave conflicto generado  por la Resolución 125 que llevó al voto "no positivo" del entonces Vicepresidente Julio Cobos. De entonces a hoy no es poco ni insignificante lo que la realidad política le ha aportado al anecdotario de presidentes y vices.

BREVE ANECDOTARIO:

SOBRE LA FIGURA DEL VICEPRESIDENTE Y CIERTAS AMBICIONES PRESIDENCIALES.

La figura del Vicepresidente contribuye a dar expectativa de continuidad a la gobernabilidad del sistema presidencialista, es un cargo de la mayor responsabilidad que cobra relevancia en situaciones de crisis, por ende sumamente ingrato. Esa siempre latente amenaza de sucesión suele despertar recelos por parte del presidente cuando ve en su aliado más cercano a un potencial adversario.

Sin embargo la figura del vicepresidente, al igual que herramientas duras como el estado de sitio, es un acierto de los constituyentes, quienes en su sabiduría nunca dieron por sentado que todo sería perfecto sino que previeron hacer frente a las dificultades que pudieran poner a prueba la solidez institucional de la República. 

Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", el punto haya quedado en evidencia tempranamente, cuando el Presidente de la Confederación Argentina Santiago Derqui, jaqueado por Buenos Aires y la deserción de Urquiza, se vio obligado a abandonar el país el 08 de Noviembre de 1861. En ese contexto le tocó al Vicepresidente Juan Esteban Pedernera, en acuerdo de Ministros, firmar el acta de defunción del Gobierno Nacional declarándolo en receso “hasta que la Nación reunida en Congreso, o en la forma que estime más conveniente” pudiera salir del atolladero.

Sin embargo nadie arrojó suspicacias sobre segundas intenciones en Pedernera. No correspondían.

El Presidente Bartolomé Mitre (1862-1868) depositó la mayor de las confianzas en el Vicepresidente Marcos Paz, en quien delegó la Presidencia para dedicarse a la conducción militar de la Guerra del Paraguay. Así las cosas, le tocó a Marcos Paz ser vicepresidente en ejercicio de la Presidencia de la Nación Argentina cuando su hijo, Francisco, murió combatiendo en Curupaytí el 22 de Septiembre de 1866. La lealtad y el honor entre Mitre y Paz continuaron sin estar en duda, y eso que por aquellos años ya se fabricaban unas roscas políticas de maestro panadero. Curiosamente, siendo dable suponer que por su rol de reserva el Vicepresidente debiera tener una expectativa de vida mayor a la del Presidente, Marcos Paz era 10 años mayor que Mitre y falleció el 02 de Enero de 1868. 

La aprehensión cultural hacia el Vicepresidente parece haber sido iniciada por el Presidente Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874), quien miraba con recelo al Vicepresidente Adolfo Alsina. La única ocasión en que Sarmiento delegó el mando en el Vicepresidente tuvo lugar durante su visita a Justo José de Urquiza en Febrero de 1870. Desde antes de asumir la Presidencia Sarmiento evidenció antipatía por Alsina, dejando trascender que la función que le reservaba a su compañero de fórmula, al que calificaba de “compadrito porteño” era la de “Presidente del Senado para tocar la campanilla”.

Consecuencia de ese ninguneo sarmientino, el diario La Nación satirizando a Sarmiento con el jocoso verso “Vida del famoso moro Al Ben Razín”, dado que aquel era propenso a jactarse del origen árabe de su apellido, apodó a Alsina con el ingenioso apodo de “Alí Sinah Ben Tilín”. Desde entonces muchos presidentes argentinos han querido limitar el desempeño del Vicepresidente a sacudir la campanita en el Senado para llamar a sesiones.

El curso de la historia, antes de ahondar las desconfianzas de los presidentes hacia sus vices, iba a evidenciar otra arista institucional que, probablemente, también sea importante tratar de comprender: la pretensión de todo presidente que cumple mandato de encontrar en su sucesor mecanismos de continuidad para lo que -legítimamente- considera su obra. El Presidente que se va quiere, desea, aspira a que su influencia no se diluya. Así, Julio Argentino Roca pretendió en 1886 que Miguel Juárez Celman -su cuñado y delfín- actuara guardándole cierta subordinación moral. Pero ocurre también, que todo Presidente que llega a la Casa Rosada percibe de inmediato que es por él, y sólo por él, que suenan los tacos de los granaderos. Muy pronto Juárez Celman, para desazón de Roca, decidió ser el Presidente Juárez Celman.

Ciertamente no fue un intento exitoso, su estilo de roquismo sin Roca quedó definido como “el unicato” y concluyó desastrosamente en 1890 tras la fallida Revolución del Parque, aquella comedia de enredos magistralmente sintetizada en la famosa frase acuñada por el Senador Manuel Pizarro: “La revolución está vencida, pero el gobierno está muerto”.

Esa vez, frente a la crisis, le tocó al Vicepresidente Carlos Pellegrini asumir la Presidencia de la Nación, ganándose para la historia el título de “Piloto de tormenta”. No iba a ser el último.

José Evaristo Uriburu se hizo cargo de la Presidencia el 22 de Enero de 1895 con la renuncia del débil Luis Sáenz Peña, caricaturizado como un pavo por los dibujantes de la época, y cuya postulación presidencial había sido una argucia fomentada por Roca y Mitre para lograr que su hijo, Roque Sáenz Peña, declinara de competir por la presidencia en representación de la corriente modernista.

El 12 de Octubre de 1898 Roca asumió su segundo mandato presidencial, llevando como vice a Norberto Quirno Costa. Seis años después lo sucedía Manuel Quintana, quien por motivos de salud iba a entregar el cargo a su Vicepresidente José Figueroa Alcorta.

El 12 de Octubre de 1910 llegó a la Presidencia de la Nación Argentina Roque Sáenz Peña. Este Presidente, que al decir de Octavio Amadeo: “No se incrustaba en los cargos públicos; los aceptaba con elegancia y los devolvía con dignidad”. Si bien considero a Roca el mejor Presidente de la historia argentina, Roque Sáenz Peña es entre todos los presidentes y por razones románticas el que mayor simpatía me despierta. Lamentablemente, su salud le impidió completar mandato, y tras pedir licencia sin término el 04 de Febrero de 1914 fallece el 09 de Agosto del mismo año, por lo que el Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia Victorino de la Plaza asumió la Presidencia hasta cumplir mandato.

Como vemos, el Vicepresidente ejerce un cargo de expectativa que merece una mayor consideración que la pobre idea sarmientina de restringir su función al tintineo de la campanilla. Enfermedad o muerte del Presidente, crisis de toda índole, guerra, son circunstancias probables que como tales han sido previstas por los constituyentes para la entrada al juego de ese hombre sentado en el banco de los suplentes. Pesada responsabilidad la de ser Vicepresidente.

Dando saltos al presente, parece oportuno ahondar en esa inercia por perpetuarse que experimentan los presidentes al dejar la función. Así como no le fue bien a Roca con Juárez Celman, tampoco logró jugar al titiritero Hipólito Yrigoyen con Marcelo Torcuato de Alvear, del que esperaba al menos un rol de consulta y obtuvo en cambio total independencia. Según palabras de Manuel Gálvez “Alvear sabe que, si nombra ministros a los fieles de Yrigoyen, no gobernará él sino Yrigoyen. Tiene el sentido de su deber, y entre la amistad o el agradecimiento, por una parte, y el deber, por otra, no vacila. Sus ministros son viejos radicales, aunque no pertenezcan al círculo hipolitista. Él admira y quiere a Yrigoyen, pero su dignidad le impide entregarse a su dominación”.  

Tómese nota del concepto: "su dignidad le impide entregarse a su dominación"

De 1930 a 1983 la lógica institucional de la política quedó profundamente acotada por la irrupción de los golpes militares y el surgimiento en la década del cuarenta del liderazgo de masas de Juan Domingo Perón, quien como partícipe del golpe de Estado de 1943 que derrocó al Presidente Ramón Castillo ocupó distintos cargos en el gobierno de facto llegando a ser vicepresidente del General Edelmiro Farrell, su paso previo a ser presidente constitucional ganando las elecciones de 1946. Con el advenimiento del peronismo se inició una época cuyas consecuencias se perciben todavía hoy.

A diferencia de presidentes anteriores, Perón no buscó prolongar su mandato mediante un delfín, sino que directamente y forzando una ilegítima reforma constitucional logró la reelección inmediata. Los vicepresidentes no fueron un problema para Perón en sus dos primeras presidencias, el problema lo tuvo el país cuando a la tercera en 1973 se concretó la fórmula Perón-Perón. El fallecimiento del viejo líder dejó el país en las incapaces manos de Isabel Martínez de Perón, con los resultados por todos conocidos.

Reinstaurada la democracia (o algo por el estilo) en 1983, Víctor Martínez supo ser el Vicepresidente de las campanillas, el ideal de la concepción sarmientina. El Dr. Raúl Alfonsín no experimentó ningún sobresalto por ese lado, ese cuarto de la casa siempre estuvo en orden. Aunque el patio... bueno, ya se sabe.

Con su sucesor, el Dr. Carlos Saúl Menem, resurge la idea de la reelección inmediata y en esos juegos de poderes la figura del Vicepresidente volvió a ser vista con desconfianza por lo que Eduardo Duhalde renunció como tal para postularse a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires. 

Esa renuncia para postularse a otro cargo no sólo fue malo para la República porque al quedar sin vicepresidente se vulnera el mandato constitucional (aunque eventualmente en caso de acefalía otro pudiera tomar su lugar) sino que también fue malo porque afirmó la inmoral idea de poder abandonar un cargo sin cumplir el período asignado para el que se fue votado con la finalidad de ser elegido para otro. Esa falta de compromiso con la República es la misma que evolucionó luego hacia las "candidaturas testimoniales", que no fueron ya las de quienes se presentan sin chances al efecto de testimoniar convicciones, cosa loable, sino la de aquellos que por tener chancees de ganar se presentan como meros mascarones de proa y con la decisión de no asumir el cargo para el que resulten votados. Un artilugio más de los que desvirtúan al sistema representativo. 

Tras cumplir su primer período a gusto por la ausencia de Vicepresidente, como si fuera aquella una autoridad innecesaria, Menem inicia su segunda presidencia acompañado por Carlos Ruckauf, quien cumplió mandato. 

Tras diez años de menemismo, durante la Presidencia de Fernando De La Rúa el escándalo de los sobornos por la Ley de Trabajo en el Senado de la Nación provoca el enfrentamiento entre el Presidente y el Vicepresidente Carlos Álvarez, quien con gran daño para el país presentó su renuncia. Con constantes desaciertos el Presidente De La Rúa, rodeado de sus "pescados crudos" (esos inútiles despreciables del Grupo Sushi) concluyó en la violenta crisis del 2001 que nos acercó peligrosamente a la anarquía del Año XX. La ausencia del vicepresidente agudizó entonces la acefalía en un efecto dominó de tal ingobernabilidad que costará olvidar las risas de Arnold Schwarzenegger preguntando a Marley -en medio de una entrevista por cosas del cine- cómo se llamaba el Presidente argentino de ese día.

Frente al desbande social el entonces Senador Eduardo Duhalde, ungido Presidente de la Nación por la Asamblea Legislativa, condujo el país a la normalización institucional, promoviendo la candidatura presidencial de Néstor Kirchner. La creencia popular es que esperaba, igual que Roca con Juárez Celman e Yrigoyen con Alvear, mantener una gran cuota del poder detrás del llamado Sillón de Rivadavia. Pero Kirchner entendió que los tacos de los granaderos (milicos, mal que le pese) sonaban por él, y una vez más un Presidente decidió ser Presidente (mal que me pese, para ser franco).

Se me ocurre que las líneas que a continuación transcribo, escritas por Roca en relación a Juárez Celman, bien podrían pasar por una descripción de Duhalde refiriéndose a Kirchner:

“No tengo nada que esperar sino que continúe con sus maldades y bajezas conmigo. Las viles y ruines pasiones que nuestro presidente tenía en germen y medio ocultas, han florecido espléndidamente en el poder. No en balde en Córdoba el instinto público lo repulsaba y lo repulsa siempre. Sólo yo he sido el cándido que no he sospechado el egoísmo sin límites, la avidez y la falta absoluta de instintos nobles y hasta el sentido moral de Juárez. No hablaré de su ignorancia porque he podido suplirlo con un poco de sentido común (…) Pero mi pesar más grande es la responsabilidad que tengo ante el país por tanta torpeza que he cometido al servir de puente y barrer el camino a tanta inmundicia, así, todo lo que a mí me hagan es merecido por bruto”.

El notorio maltrato al que como Presidente sometió Néstor Kirchner a Daniel Scioli, quien durante la campaña electoral se presentaba como un Vicepresidente no limitado a tocar la campanilla, pues participaría de algunas decisiones y manejaría áreas en las que venía trabajando tales como deporte y turismo, reflotó los viejos recelos. Scioli no renunció y se quedó tocando la campanilla, lo cual fue bueno para la República, pero concluido el mandato terminó asimilado al kirchnerismo, convalidando así las humillaciones y el maltrato con una vocación de felpudo que más que hablar de lealtad, compromiso republicano y ánimo conciliador (virtudes que muchos creímos y quisimos ver en él antes de revelarse un sumiso felpudo) denuncian falta de personalidad. El contraste entre la dignidad de Alvear y la indignidad de Scioli es, a más de notorio, otra muestra de la degradación de la dirigencia política.

Kirchner, rompiendo lo que ya era una tradición de los presidentes peronistas iniciada por Perón y ratificada por Menem, no se presentó a la reelección inmediata, pero eligió e impuso como delfín a su propia esposa. Cristina Fernández de Kirchner fue la primera mujer que llegó a la Presidencia encabezando la fórmula, y es notorio que su trayectoria política demuestra capacidades que desestiman cualquier comparación con Isabel Perón. Pero, a diferencia de quienes fueron ungidos "delfines" como Juárez Celman, Alvear, Cámpora y el propio Néstor Kirchner, ella convivía con el ex Presidente. 

Esa circunstancia, inédita en la política argentina, hacía obvio el interrogante sobre la dinámica del poder entre ambos. ¿Se daría cuenta Cristina Fernández que era por ella, y sólo por ella, que sonaban los tacos de nuestros granaderos? La muerte de Néstor Kirchner en 2010 puso fin a la situación y al interrogante. Muerto Kirchner la viuda lanzada a la reelección no dejó margen a ninguna duda respecto a que ella era y se sentía Presidente. 

La relación de Cristina Fernández con el radical Julio Cobos, su vicepresidente elegido por Kirchner, se rompió definitivamente cuando aquel desempató la votación sobre la Resolución 125 diciendo “Mi voto no es positivo” en la jornada, por ese motivo histórica, del 17 de Julio de 2008 al fragor de un país caldeado.


Consecuencia de ello el kirchnerismo se radicalizó profiriendo amenazas de muerte por traidor a Cobos, con pintadas en las calles que literalmente decían: "Cobos traidor, saludos a Vandor", y en el mismo tenor amenazante otras dirigidas a la oposición en general, lo que era todavía más grave: "Ni lo piensen". La lógica amigo / enemigo que Kirchner había empezado a implementar fogoneando resentimientos y odios, fue llevada al paroxismo por Fernández, quien una vez librada de su antecesor exigía completa sumisión de los propios, a riesgo de ser llamados traidores, y la pasividad atemorizada de dirigentes "opositores". 

Con esa marcada impronta estalinista Cristina Fernández fue reelecta presidente en 2011 llevando a Amado Boudou como vicepresidente, quien a diferencia de Cobos le garantizaba completo alineamiento. Un alineamiento con mucho de asociación ilícita dado que ambos terminaron condenados por corrupción.

Mauricio Macri entre 2015 y 2019 no tuvo mayores roces públicos con la Vicepresidente Gabriela Michetti. Provenían del mismo partido y no hubo sospecha alguna que aquella ambicionara desplazarlo del cargo, sin embargo la relación entre ambos se fue apagando durante el mandato y estaban distanciados al terminarlo.

Michetti, como tantos otros vicepresidentes, pudo sentirse frustrada por no haber sido incorporada a la mesa del presidente, lo que en su caso fue producto de la dinámica interna del PRO en la que otros, como Marcos Peña, lograron mayor influencia sobre Macri.

Aquel gobierno tenía una misión principal que era impedir el regreso al poder del kirchnerismo, cosa en la que fracasó. Básicamente, ese fracaso y tantos otros se debió a subestimar el daño cultural causado por el kirchnerismo. Los amarillos pretendieron gobernar conservando la cultura tal y como había sido subvertida por el régimen kirchnerista. No motorizó el PRO la batalla cultural y de hecho sus últimas medidas fueron de neto corte kirchnerista.

Al interregno macrista siguió la restauración del régimen kirchnerista con la fórmula Alberto Fernández presidente y Cristina Fernández vicepresidente. Lo novedoso del caso, a efecto de este anecdotario, es que que por primera vez un ex presidente fue votado vicepresidente. 

Una rareza frente a la vía de contingencias sucesorias por las que fueron presidentes Carlos Pellegrini (por renuncia de Juárez Celman), José Evaristo Uriburu (por renuncia de Luis Sáenz Peña), José Figueroa Alcorta (por muerte de Manuel Quintana),  Victorino de la Plaza (por muerte de Roque Sáenz Peña), Ramón Castillo (por renuncia de Roberto Ortiz) e Isabel Martínez (por muerte de Juan Perón). Mientras que por la vía del ascenso político solamente Juan Perón y Eduardo Duhalde, uno a través de comicios y el otro como respuesta institucional a un estado de crisis, llegaron a desempeñar la Presidencia por razones ajenas a un ejercicio anterior de la Vicepresidencia. 

Para hacer la cuestión todavía más peculiar, fue Cristina Fernández quien ungió con su dedo candidato presidencial a Alberto Fernández. En general, salvo cuando se producen los acuerdos típicos de alianzas o coaliciones, es el presidente quien elige a su compañero de fórmula. En este caso la fórmula se armó al revés, Cristina Fernández decidió postularse como vicepresidente para mitigar el rechazo a su figura llevando un presidente simbólico que pudiera pasar por moderado. Esa suerte de "enroque de dama" fue presentado por los acólitos de una "Cristina eterna" como un gesto magnánimo de humildad, pero siempre estuvo claro que era una especie de actualización de aquella consigna peronista de 1973: "Cámpora al Gobierno, Perón al poder". O sea, un mero artilugio electoral y, una maniobra para garantizar la impunidad de la corrupción kirchnerista. 

Juntos hicieron el gobierno más antidemocrático de la historia argentina. Más antidemocrático incluso que cualquier dictadura militar. Con excusa de pandemia dieron el, todavía impune, golpe de Estado del 19 de Marzo de 2020 contra la Constitución Nacional que dio inicio a la infeKtadura. Fue esa la más inmoral e infame de todas las dictaduras padecidas por Argentina a lo largo de su historia y la que más libertades cercenó causando muertes absolutamente evitables. Otras dictaduras mataron opositores o terroristas, es decir elementos que aspiraban al poder, la infeKtadura se concentró en matar gente común. Así, en ese ensañamiento contra la población, fue porque le impedían reunirse con su hija que Mauro Ledesma murió al intentar cruzar a nado el río Bermejo. La misma opresión dictatorial por la que otro padre debió caminar llevando en brazos a su hija enferma ya que no le dejaban transportarla en auto. Más allá de la mención insoslayable, largo y penoso sería enumerar aquí la repugnante sucesión de abusos criminales durante la infeKtadura.


Durante esos cuatro años Alberto Fernández fue Alberto de la Fernández, al que hoy podemos señalar como el presidente que no fue. Un títere de su vicepresidente a la que se le enredaron los hilos porque el muñeco era tan de madera que ni siquiera articulaba. Ni para títere servía. Nadie vio en Alberto Fernández un verdadero presidente, por primera vez todo el poder estuvo en la mano que tocaba la campanilla del Senado. Alberto, sordo a los tacos de los granaderos, ni siquiera lo intentó más allá de alguna patética declamación. Si de algún modo Alberto limitó el poder de Cristina, no fue por voluntad propia sino por inservible. Hasta Héctor Cámpora, que había sido ungido por Perón como candidato presidencial y bajo la consigna antes citada fue votado para no ejercer el poder en nombre propio, tuvo más intención presidencial que Alberto, tanto que en sólo dos meses se ganó aquel famoso reproche del viejo líder por haber llenado el gobierno de putos y marxistas.

La desastrosa presidencia de los Fernández generó el hartazgo del cual surgieron las condiciones de catapulta para el "fenómeno Milei", un candidato disruptivo en sus modos y con un mensaje virulentamente claro en cuanto al rol del Estado. 

En este siglo es una escena repetida que en campaña el postulante a la Presidencia prometa o sugiera que su vicepresidente vaya a desempeñar un rol en el gobierno más allá del Senado. En tal sentido, si Kirchner prometía turismo y deporte para Scioli, Javier Milei expuso públicamente durante la campaña electoral que las muy sensibles áreas de Seguridad y Defensa iban a ser responsabilidad de su compañera de fórmula Victoria Villarruel. Esa promesa quedó sin efecto por los acuerdos para el balotaje que determinaron ceder esas dos áreas al binomio que integró la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich y Luis Petri. 

De tal modo se pudo ganar el balotaje poniendo fin a las largas y profundas aspiraciones, presidenciales, de Sergio Massa en su variante más kirchnerista. 

No obstante haber sido desplazada de las responsabilidades de Defensa y Seguridad, en los primeros meses de la Presidencia de Milei la Vicepresidente Villarruel participaba de reuniones de gabinete, lo que sugería que aquella promesa electoral de darle participación en el gobierno de algún modo iba a sostenerse con otras responsabilidades o simplemente con un rol de consulta. 

Parecía que Milei y Villarruel se entendían bien. De hecho en campaña siempre fueron distintos pero complementarios en varios aspectos, luego la dinámica de poder en el círculo íntimo del presidente dio lugar, con mucho de paranoia infundada, a sospechas de traición por parte de la vicepresidente. Razón por la cual, como última anécdota de este breve anecdotario de presidentes y vices, de aquella fórmula presidencial hoy quedan a vista de todos un presidente y una vicepresidente que no se dirigen la palabra ni siquiera en actos protocolares. 


Sin dudas con el correr del tiempo este anecdotario deberá volver a ser actualizado, porque en la siempre exótica República Argentina la historia y la historieta, continuarán.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
Estado Libre Asociado de Vicente López.

jueves, 26 de junio de 2025

VICTORIA VILLARRUEL, ENTRE EL "CISNE NEGRO" Y EL ADIÓS A LAS ARMAS.



En política, puedo decir por experiencia propia, no logra avanzar quien quiere sino quien puede. Nunca en unos cuantos intentos he podido ir más allá de algunos primeros pasos antes que lo pretendido se desvaneciera. Por eso admiro a aquellos que, por ejemplo, son capaces de lograr que un partido político por testimonial que sea obtenga y conserve su personería. Son muchos los factores que dan o niegan posibilidad de colocar a un partido político o a un candidato en condiciones de competir electoralmente. El sistema, además, está desvirtuado por una representatividad ficticia que hace de los partidos instrumentos de camarillas.

De cara a las legislativas de este año y con la insoslayable proyección a la presidencial del 2027, el escenario político tal como se presenta hoy se ofrece favorable al oficialismo. 

El gobierno del Presidente Javier Milei conserva intacto el apoyo de sus votantes puros, esto es el 30% que en la primera vuelta presidencial le permitió clasificar para el balotaje. Ello así porque el desgaste del gobierno ha sido insignificante en relación a las expectativas golpistas del kirchnerismo, como así también porque si alguna pérdida se ha dado entre quienes conformaron ese núcleo inicial, se compensa por conservar un apoyo significativo por parte del 26% que sumó en el balotaje y que es un voto esencialmente antikirchnerista. 

Ocurre que para esa porción del electorado, más allá de las críticas que puedan formularse al gobierno, como así también del desagrado por algunas conductas de Milei, impedir el regreso del kirchnerismo al poder es un objetivo innegociable. Que no lo lograra el Presidente Mauricio Macri y que en consecuencia volvieran los kirchneristas al poder en 2019 con la dupla Fernández y Fernández, resultando que fueran peores de lo que eran, es un activo político sustancial para Milei que en tanto mantenga una expectativa de acierto económico lo va a acompañar a la hora de las urnas. Vale decir que los ex presidentes no son una amenaza para el actual presidente, son casi figuras decorativas cuyo poderío político ha sido mutilado de manera irreversible y sólo tiene erosión por delante. Olvido, al fin del camino. En el caso de Cristina Fernández los ruidos por su reciente prisión domiciliaria son meros estertores de agonía. Ya fue.

Tanto la crisis del kirchnerismo donde disputan la continuidad del legado el Gobernador Axel Kicillof y el "hijo de próceres" Máximo Kirchner, que quedó desatada a cielo abierto con la prisión de Cristina Fernández condenada por defraudación al Estado, como la debilidad del PRO a partir de la fractura provocada por Patricia Bullrich en perjuicio de Mauricio Macri, refuerzan las chances electorales del gobierno. Más aún, de todos los que fueron candidatos a presidente en la elección del 2023 ninguno está en condiciones serias de volver a postularse en 2027 para impedir la reelección de Milei. Ni Bullrich que fue absorbida por el gobierno, ni Sergio Massa que diluyó una porción grande de su capital político cuando tomó el riesgo de ser un "ministro/presidente" para hacer su campaña como sustituto de Alberto Fernández en la reelección imposible. 

El resto de los jugadores, satelitales o aislados, que no cuentan con bloques importantes en el Congreso sólo pueden tener aspiraciones secundarias. Como mucho retener u obtener alguna banca, o simplemente hacer campaña testimonial. Esta será una elección de fuerzas en declive, gran oportunidad para el gobierno si arma listas que entusiasmen con algo más que influencers y otros levantamanos que vayan al Congreso a dar fe de obsecuencia al líder.

Un caso particular son los partidos de izquierda que al subordinarse abiertamente al kirchnerismo expresando su rechazo a la condena de Cristina Fernández, tal vez con intención de un neoentrismo sobre las ruinas corrompidas de lo que alguna vez fue el peronismo, demolieron para siempre lo poco que quedaba del mito de la izquierda honesta que algunos progres todavía creían.

Al margen de la oposición y los desacreditados partidos de izquierda, los armados que pueden ensayarse como alternativa a las listas que vaya a presentar el gobierno también carecen de chances porque no hay organización ni nombres convocantes para algo más que lo testimonial. 

En este contexto, solamente hay una figura política que por su posición podría capitalizar al oficialismo crítico en un armado electoral. Pero lamentablemente esa figura parece guiar sus pasos al ostracismo político a partir del 10 de Diciembre de 2027. 

El 2 de Marzo de 2025 publiqué en este blog un artículo titulado: "SOBRE EL FUTURO POLÍTICO DE VICTORIA VILLARRUEL". De entonces a hoy, cuatro meses cruciales en un año electoral, no ha dado Villarruel ningún paso que demuestre voluntad política de liderar una alternativa para votantes que apoyan al gobierno sin brindarle obsecuencia. Como mucho ha intentado cuidar su imagen positiva personal, tratando de diferenciarse al mismo tiempo tanto del Presidente como de la oposición. Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", crea así estar jugando a la alta política, pero la política es una construcción colectiva, un juego de equipo. Y ella no ha demostrado ser una jugadora de equipo.

La posición de un vicepresidente en relación al poder siempre es única y acapara poder desde la expectativa aunque no lo pretenda. Por ello, y tal como escribí en 2008 mediante un artículo titulado BREVE ANECDOTARIO DE PRESIDENTES Y VICES (que próximamente republicaré actualizado con lo que sobre esa materia ha ocurrido del 2008 a hoy, que no es poco ni irrelevante), es el de vicepresidente un cargo sumamente ingrato.

Al fin de cuentas es quien encarna la respuesta constitucional a la acefalía. Por lo tanto, cualquier "cisne negro" que impidiera al presidente completar mandato determina la inmediata sucesión por parte del vicepresidente. Esa expectativa es en sí misma un poder. Un poder que puede llegar a materializarse sin que sea necesariamente consecuencia de una crisis política, sino por fortuitas causas naturales como enfermedad o muerte.  

Desde esa posición de poder expectante, contribuye al vigor de la República que el vicepresidente esté preparado para esa eventualidad. 

Eso se da inicialmente de dos maneras, la primera y lógica es que comulgando con el presidente en un mismo espacio político el vicepresidente, sin importar en demasía que tenga o no peso político propio, asuma el reemplazo como plena continuidad: mismas ideas, mismo sentido de la gestión, mismo equipo de colaboradores. Desde luego, con los cambios y matices en puestos de confianza que hacen a la impronta de todo presidente que asume el cargo. 

Esa traspaso con continuidad plena ya no podría darse en la eventualidad que Villarruel debiera asumir la Presidencia de la Nación, puesto que las diferencias con el Presidente Milei son escandalosamente públicas y los agravios vertidos en ese contexto absurdo incluyen a buena parte del Gabinete. 

Lo cual lleva a considerar la segunda manera de relevo que es la continuidad condicionada a las imposiciones del nuevo presidente, algo que inexorablemente requiere que el reemplazante tenga peso político propio para marcar y sostener sus diferencias con el anterior. 

Cuando en un sistema republicano y presidencialista el vicepresidente tiene peso político propio las crisis por acefalía presidencial no surgidas de la política son mucho menos graves que cuando el vicepresidente es tan simplemente un "Bell Tilín" (alguien que sólo toca la campanita en el Senado).  

Supongamos ahora que se presentara durante el mandato de Javier Milei una situación de acefalía presidencial producto de un hecho ajeno a la política (causas naturales o accidente) y Victoria Villarruel debiera asumir en su reemplazo. La crisis personal se haría política porque la relación con el Presidente está rota y porque al carecer Villarruel de una estructura política que revindique su liderazgo no tiene peso político propio más allá de conservar un alto nivel de imagen positiva.

Desde luego pese a las falencias de los individuos el poder institucionalizado tiende a ordenarse por sí mismo, por lo que son varias las formas en que esa crisis finalmente podría resolverse, pero las elecciones del 2027 vendrían envueltas en una incertidumbre de la clase que afecta la vida diaria de los argentinos. 

La única forma en que Victoria Villarruel frente a esa eventualidad (que se analiza como un mero caso de laboratorio) pudiera liderar un traspaso de mando que rápidamente supere la crisis evitando incertidumbres, incluida la electoral, sería contando con lo que hoy no tiene ni aparece dispuesta a construir: poder político propio. 

Es un hecho que Victoria Villarruel, quien ha sido bastante torpe en sus acercamientos a partidos políticos y en su paso por el Partido Demócrata, no mueve fichas en el tablero electoral del 2025, razón por la cual difícilmente pueda posicionarse en 2027. Cuando Milei vaya por la reelección (que muy posiblemente obtenga si todo sigue como se perfila ahora), quien le acompañará en la fórmula no será Villarruel y ya hay una lotería de nombres por los que se hacen apuestas.  

Así las cosas, Victoria Villarruel, que está en una posición única en relación al resto de los políticos, estaría resignando con su pasividad un futuro político protagónico. Desperdicia (o desprecia según cual sea su íntimo anhelo de futuro político, algo que sólo sabrán ella y su almohada) las posibilidades que le brinda su actual posición y el contexto que la envuelve. En política el conflicto es un motor importante, por lo que lejos de disminuirla el distanciamiento con el Presidente Milei potencia sus oportunidades que, de saber aprovecharlas, paradojalmente fortalecerían al oficialismo restando centralidad a la oposición.

Hay una gran cantidad de ciudadanos y agrupaciones políticas que habiendo votado al gobierno y apoyando al Presidente quisieran (me incluyo) votar una alternativa racional y decente a la obsecuencia de los fanáticos mileistas y a las contradicciones del propio Milei. Pero si alguien está trabajando para ello todavía no se nota y el reloj sigue contando.

El tiempo, que todo ve pasar, se acorta con su rigurosidad implacable acrecentando en función de ello los riesgos de la urgencia que convierten a las listas tardías de los armados políticos en un rejunte de advenedizos e impresentables, como muchos de los que ocupan bancas en el Congreso Nacional. 

No es un panorama alentador para quienes a más de oponernos al régimen kirchnerista pretendemos que el gobierno al que votamos contribuya a una República fuerte. 

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía. 


sábado, 21 de junio de 2025

INTELIGENCIA Y EL HABLEMOS SIN SABER QUE TODOS SOMOS LICENCIADOS EN TODO...



Cada tanto ante alguna pregunta me toca responder: "No sé", "No tengo opinión formada", "Me falta data para opinar", "No es mi área de conocimento" y no tan excepcionalmente la que últimamente va siendo mi preferida: "No tengo idea ni me interesa".

Por supuesto alguna que otra vez he aventurado alguna opinión que debí callarme, porque el "hablemos sin saber que todos somos licenciados en todo" es, en buena medida, parte de nuestra idiosincrasia. No hace mucho me disculpé por este mismo medio de una metida de pata surgida del apresuramiento al dar por sentado tener un muy específico conocimiento que resultó no ser cierto. 

En estos días he recibido desde distintos ámbitos dos consultas recurrentes sobre materias en las que me permito opinar, una respecto a los cambios en la Policía Federal y otra sobre la constitucionalidad de las tareas de Inteligencia de esa fuerza.

En cuanto a la primera me limito a señalar que los cambios que realiza el gobierno en materia de Fuerzas Federales difieren mucho de la propuesta que sostuve en grupos de trabajo previos a las elecciones. Y a las publicaciones que dan cuenta de ello me remito.

En cuanto a la constitucionalidad de las tareas de Inteligencia, el análisis de lo que es constitucional o no debe partir del concepto mismo de Inteligencia como "el proceso racional que antecede la toma de decisiones consistente en reunir y analizar información a ese fin y en previsión de escenarios futuros".

Tener clara esa definición permite delimitar el ámbito institucional (decisiones del Poder Ejecutivo relativas a sus atribuciones) y en consecuencia discernir que acciones son de Inteligencia y cuales no. Esto es importante porque los licenciados en todo que ejercen su oficio de hablar sin saber propalan una gran variedad de falacias, cosas delirantes como que está prohibido hacer Inteligencia Interior, que los militares sólo pueden hacer Inteligencia sobre fuerzas armadas extranjeras (como si no fuera necesario para la Defensa, entre otras muchas cosas, contar con información y proyecciones de las vulnerabilidades y capacidades propias que podrían ser relevantes en caso de conflicto), y otro de los absurdos más frecuentes es confundir Inteligencia Criminal con Investigación Criminal, dos materias necesariamente relacionadas y coadyuvantes pero diferenciadas en sus medios y propósitos.

Ahora bien para analizar si la actividad de Inteligencia que realiza el Estado (porque debe tenerse claro que en cualquier ámbito humano donde deban tomarse decisiones se hace Inteligencia, lo que abarca desde las amas de casa hasta los CEOS de compañías multinacionales), es preciso comprender el sistema de toma de decisiones establecido por los constituyentes. 

Los constituyentes sabios de 1853/60, no los cosos esos de 1994, establecieron para la Nación Argentina la racionalidad del sistema republicano para la toma de decisiones, con la lógica de la división del poder en tres funciones diferenciadas: Ejecutiva, Legislativa y Judicial. Una lógica que busca impedir los abusos del poder propios del absolutismo y el totalitarismo. O sea: todo eso que vivimos durante la infeKtadura.

Ante las atribuciones del Poder Ejecutivo, que desempeña el Presidente de la Nación Argentina, hay dos consideraciones que son fundamentales para la actividad de Inteligencia, una principal y otra condicionante. La principal es que el Presidente de la Nación tiene la responsabilidad de tomar decisiones como jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país. Y la condicionante es que puede ser destituido por mal desempeño o inhabilidad para el cargo. Esto aplica también a los gobernadores, a quienes cabe reconocer facultades en materia de Inteligencia en relación a sus ámbitos de decisión.

Cabe destacar que durante la mayor parte de su historia, Argentina no necesitó de una ley para organizar sus servicios de Inteligencia. Ello así porque  las propias normas constitucionales ratifican que no es imprescindible una ley, porque si tomar decisiones es atribución del Presidente va de suyo que, estando a cargo de la administración general del país, esta facultado para organizar en el ámbito del Poder Ejecutivo el Sistema de Inteligencia que contribuya a informarlo para asegurar la racionalidad de sus decisiones. Y el control de esa actividad de Inteligencia queda atribuido al Congreso Nacional mediante la posibilidad de destituir a un presidente que toma malas decisiones, porque en eso consiste el mal desempeño o la inhabilidad para el cargo.

En lo personal sostengo que sería la mejor Ley de Inteligencia que no haya ninguna ley, porque es innecesaria o superflua si se comprende el concepto de Inteligencia y se cumple y hace cumplir la Constitución Nacional desde los tres poderes republicanos. 

Muy curiosamente ese pensamiento asusta a muchos que temerosos del Poder Ejecutivo Nacional no parecen asustarse por un Poder Judicial devenido Poder Prevaricador y un Poder Legislativo que, siempre con alguna que otra honrosa excepción, se ha convertido en un ámbito amoral con muy bajo contenido de neuronas y exceso de politiquería. Con esos dos poderes atrofiados, afirmo, ninguna ley pasa de ser un instrumento ocasional, sometido la mayor parte de las veces al viento político del momento.

No debe soslayarse en el análisis de la cuestión que los servicios de Inteligencia son un atributo de la Soberanía. Solamente los países que deciden su propio destino, los que piensan por sí mismos, cuentan realmente con servicios de Inteligencia. No los necesitan aquellos estados vasallos sometidos a las decisiones que otro le impone. Luego es muy claro de entender que son muchos los enemigos, internos y externos, a quienes interesa una Argentina idiotizada que no cuente con verdaderos servicios de Inteligencia. 

Como corolario de lo expuesto señalo que desenvolviéndose en el ámbito del Poder Ejecutivo la Policía Federal tiene legítimas y razonables funciones de Inteligencia, aunque no sean su razón de ser.

Decir en abstracto que a partir de las reformas dispuestas por el gobierno la actividad de Inteligencia realizada por la Policía Federal vaya a ser ilegal resulta malicioso. Primero habrá que determinar si la acción cuestionada califica como Inteligencia o responde a facultades de tipo investigativo / represivo. Y si califica como Inteligencia difícilmente pueda ser ilegal, porque, una vez más: Inteligencia es el proceso racional que antecede la toma de decisiones, consistente en reunir y analizar información a ese fin y en previsión de escenarios futuros. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

martes, 17 de junio de 2025

CLEPTOIDOLATRÍA, por Ariel Corbat.




CLEPTOIDOLATRÍA

Para el ocaso de los dioses
una caída más,
los pies de barro 
matando la inmortalidad
y ya expuesto el engaño
de haber mentido,
la venganza del simple olvido.
El eco de unas voces
y el rezo vano,
estertor del rito pagano,
se evanece aclarando
el cielo turbio
de aquellas mágicas creencias
y pura inexistencia.
La necedad
del extravío por creer
que tiene que haber más,
más de lo que es. 

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.

domingo, 15 de junio de 2025

EL BALCÓN DE LA URRACA CUCÚ



Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, condenada por defraudación al Estado a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, se asoma y sale al balcón del  departamento que sería propiedad de su hija Florencia Kirchner, comprado -según varias publicaciones- en 2015 con dinero de dudosa procedencia al ex secretario de Cultura Jorge Coscia. Una propiedad que bien podría terminar embargada dados los $84 mil millones que debería devolver junto a otros delincuentes de su banda.

Adicta al poder, la corrupta ex Presidente experimenta éxtasis por la devoción de los militantes kirchneristas cuando debajo, a sus pies, cortando la calle para molestia de vecinos y transeúntes, esperan y celebran ruidosamente cada aparición de ella, devenida una suerte de urraca de reloj cucú que, saludando con una manito movediza y la otra sobre el corazón, hace monerías tirando algunos pasos de baile al estilo y con la misma gracia que lució Elaine Benes en uno de los capítulos más risueños de la serie Seinfeld.


Salir al balcón es en la política argentina una demostración de poder. Desde Perón en adelante el balcón de la Casa Rosada frente a una Plaza de Mayo colmada de partidarios es la máxima expresión de esa demostración. Cristina Fernández, dos veces Presidente, tuvo pues sus balcones rosados. Y hasta ha sido caricaturizada en el balcón por su goce del poder en el video de la canción de The Rockadictos "Un mensaje más".


Quizás, tal vez, aunque es poco probable, pueda suponer hoy que saliendo al balcón de la calle San José vaya a despertar un clamor de masas que la lleve nuevamente al balcón de la Rosada. Sin embargo, la lectura de la realidad política hace mucho más posible que en cada salida al balcón y más allá de lo que pueda fantasear, la condenada escuche los cánticos de sus acólitos como una brisa tenue que trae más de recuerdo que de porvenir. 

De hecho unos cuantos policías de la Ciudad despejaron sin mayor esfuerzo la calle bajo ese balcón de adiós en la madrugada de hoy, domingo Día del Padre. Volverán, claro, y hasta podrán ser muchos, como ocurre con esas bandas de rock geriátricas que amontonan multitudes en recitales durante su gira de despedida. Pero en la todavía transitoria calma vecinal, pudiendo ver Cristina Fernández desde su ventana que el asfalto vuelve a los autos y las veredas a los pasos indiferentes del común de la gente, el silencio del olvido le irá dando certera idea de las sombras que la empiezan a envolver. Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", intuía hace tiempo y sabe ya que cuando llegue su hora de pasar a la historia no irá al honroso panteón de los próceres, sino al sórdido pabellón de los villanos como una corrupta más. 

Es y será su nombre sinónimo de mentira, robo, ambición, estafa, abuso, miseria, resentimiento, y tantas otra palabras no menos despreciables. Y como una de esas graciosas burlas de la historia sentirá ser víctima de sus propios sicarios, porque la condenan los mismos jueces corruptos que el kirchnerismo alentó al prevaricato sistematizado contra los vencedores del terrorismo castrista. 

Por todo eso, Cristina se asoma al balcón con la esperanza que vuelvan sus adoradores, para salir a saludar y bailar otra vez oyendo las cánticos que la celebran.  

No le importa seguramente que su interpretación de la urraca cucú sea patética para cualquier persona normal, ella la necesita. Necesita una adulación más. Necesita ostentar poder aunque se trate de un poder que se escurre entre sus dedos. Lo necesita porque encarnó en el poder la cultura del grotesco, del lujo mal habido y vulgar, cuya exhibición no difiere de la de esos delincuentes que hacen alarde de sus logros delictivos en las redes sociales posando con armas y botines robados. 

Al fin de cuentas esa miserabilidad moral es la cultura kirchnerista. Y de monumento a ella sirve la faraónica tumba de Néstor Kirchner, construcción que demuestra como los que gobernaron mintiendo igualdad hacen notar hasta después de muertos las diferencias de su privilegio. Si algo debe quedar claro es que las farsas revolucionarias de los dictadores y falsificadores de democracias, que declaman la épica igualitaria como supuestos vengadores de los desvalidos, no hacen otra cosa que fabricar desvalidos morales; porque la única igualdad que de verdad promueven es aquella tan decadente del tango Cambalache.

Algún día, todavía lejano, el tango Cambalache entrará en el pasado de la Argentina. Entonces y sólo entonces, la Justicia será Justicia, la decencia credo moral y ningún delincuente condenado bailará en balcón alguno. 

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.


viernes, 13 de junio de 2025

INTELIGENCIA, SE BUSCA...



El mundo es hoy para la Argentina un poco más peligroso que ayer; pero menos que mañana.

La guerra por la invasión rusa a Ucrania es algo que sigue su curso con la falsa normalidad de lo que se percibe lejano y no gana las tapas de los diarios. Claro que, por mucho que se la ignore, esa guerra conlleva el permanente riesgo de expandirse, aunque hasta ahora parecen haber convenido las partes una suerte de control de daños preventivo, algo así como un cerco de limitación pactado para que ningún actor colateral -que hay muchos- se involucre de lleno. Y por ahora funciona.

La situación de Israel es mucho más preocupante para la Nación Argentina. En lo que tal vez muestre una falencia de los servicios de Inteligencia argentinos, suponiendo que exista realmente algo como eso más allá de la formalidad burocrática, o en su defecto una arriesgada decisión presidencial de dudoso balance entre costo y beneficio que el tiempo habrá de dilucidar, el Presidente Javier Milei se encontraba en Israel cuando ya estaba tomada la decisión para que las fuerzas israelíes guiadas por el Mossad pusieron en marcha el dispositivo de la "Operación León Naciente" (se supone que sin alusión a la política argentina). Dicha operación se ejecutó exitosamente abatiendo múltiples objetivos en Irán, incluyendo la eliminación de mandos militares.

Cabe esperar entonces la réplica iraní, frente a lo cual no se puede caer en la liviandad de suponer que vaya a concentrarse exclusivamente sobre territorio israelí.

Luego de los atentados en Buenos Aires contra la Embajada de Israel y AMIA, el conflicto entre Irán e Israel es muy obviamente una cuestión sensible de las que deben monitorearse de manera constante. No sólo porque la agresión tuvo como respuesta el fortalecimiento de los lazos argentino israelíes, sino también porque posteriormente Irán, durante años y a través del kirchnerismo, destinó recursos a operar en territorio argentino. Algunos de esos recursos se movieron torpemente, conforme a la torpeza de los elementos humanos captados al efecto, léase Luis D'Elía, Fernando Esteche y Jorge Kahil, pero a pesar de la torpeza de obrar groseramente involucraron a funcionarios de la primera línea del gobierno kirchnerista como el entonces canciller Héctor Timerman y la Presidente Cristina Fernández. Como ocurre en estos casos lo que debe preocuparnos no es tanto lo que ha quedado expuesto, sino lo que desconocemos.

Lo que expuso y lo que no llegó a exponer por su muerte el fiscal Alberto Nisman sobre el memorando de entendimiento con Irán no se comprende sin interpretar en los hechos la presencia de agentes iraníes operando en Argentina durante largos años. Las redes de espionaje tendidas por países con políticas exteriores agresivas responden al pie de la letra a los lineamientos de los "libros de Inteligencia" escritos durante la Guerra Fría. Se manejan con los mismos principios funcionales y planificaciones de largos plazos que signaron la actividad de Inteligencia durante la época dorada del espionaje. Para los incrédulos que creen que esas cosas son ficciones novelescas, vimos hace muy poco a Vladimir Putin, hombre formado en la KGB, recibiendo con honores a espías rusos asignados a la Argentina.

Me atrevería a aventurar que a partir del 2007 / 2008, ya en la primera Presidencia de Cristina Fernández, al acelerarse el declive de los servicios de Inteligencia (llevados a su total colapso en 2014 dando lugar la farsa de reemplazar la Secretaría de Inteligencia por la AFI, que nunca hizo Inteligencia) la Inteligencia iraní escapando de nuestra Contrinteligencia operaba año tras año con mayor facilidad.

Así se dan las cosas cuando se juega dando al oponente las ventajas de una larga inoperancia. Frente a ello, establecer cuántos agentes iraníes operan hoy en Argentina, su conformación y despliegue de redes es una tarea que debiera estar entre las prioridades del Sistema de Inteligencia Nacional. 

Ahora bien, como todas las acciones de Inteligencia responden a contextos, no puede descartarse interferencias de esos agentes extranjeros en el complejo cuadro de la política local, donde aquella que siendo Presidente les sirvió de aliada ha sido condenada a prisión por defraudación al Estado y sus militantes fantasean generar un caos a la Boliviana para lograr la caída del gobierno de Milei evitando que Cristina Fernández sea encarcelada.


Al respecto no es aceptable pasar por alto las expresiones de solidaridad de Evo Morales calificando de "proscripción" la condena de Cristina Fernández, justo en momentos en que intentando impedir las elecciones presidenciales bolivianas y derrocar al Presidente Luis Arce, sus acólitos realizando cortes de ruta causaron violentos enfrentamientos en los que murieron tres policías, un bombero y un campesino que manipulaba explosivos. Tómese nota que uno de los policías fue asesinado mediante la salvajada de hacerlo estallar con dinamita adherida al torso. 

Caos en Bolivia, la revuelta que los kirchneristas y
el resto de la izquierda quieren replicar en Argentina.

Al observar estos hechos, téngase presente los lazos que Irán ha establecido con Venezuela, Cuba y Bolivia, entre otros países de la región sin excluir a Brasil dada la iniciativa BRICS, lazos que responden a finalidades estratégicas de Teherán por encima de personajes de coyuntura que se pretenden revolucionarios como Nicolás Maduro, Evo Morales y Cristina Fernández. 

La posición abiertamente a favor de Israel sostenida por el gobierno del Presidente Javier Milei, guarda total coherencia con sus promesas de campaña respecto a proyectar a la Argentina como aliado de Estados Unidos e Israel. En tal sentido no puede haber cuestionamiento como decisión de fondo, porque ese lineamiento de política exterior estuvo claro desde el vamos y fue lo que la ciudadanía votó.

Donde sí caben cuestionamientos es en los aspectos instrumentales de esa alianza. Inteligencia, diplomacia, defensa y negocios, son artes que tienen reglas establecidas no por capricho sino por efectividad. En todas ellas se aprende, porque lo enseña la historia, que el coraje va del brazo con la prudencia.

Aunque lo tilden de loco, aunque sostenga el personaje confrontativo, aunque pretenda mostrarse como un hombre sin miedos, está probado que el Presidente Javier Milei no desconoce el significado de la prudencia. Fue por prudencia que dejó de viajar en aviones de línea. Pero esa prudencia que en tanto jefe de Estado demostró en relación a su persona, también debe manifestarla en relación al país que preside.

Siendo Presidente, su admiración por Israel y cualquier otro país extranjero debe mostrarse siempre moderada. Del mismo modo, si su camino espiritual lo ha llevado a abrazar el judaísmo es una cuestión personal que no debe condicionar sus decisiones como Jefe de Estado. Cosa que vale para cualquier presidente cualquiera sea la religión que profese, e incluso si no profesara ninguna. El Presidente tiene la función y obligación de anteponer en toda circunstancia el interés de la Nación Argentina a sus propios intereses. 

Nadie duda, por caso, que Estados Unidos es algo así como el respaldo de Israel, la alianza entre ambos países tiene décadas de sostenido compromiso, sin embargo el Presidente Donald Trump, pudiendo guardar silencio, eligió hacer público que Estados Unidos no tuvo participación en el ataque contra Irán. Porque Trump comprende que al interés de su Nación no le serviría ninguna bravata. 

A mi modo de ver, no fue valiente ni prudente en nuestras condiciones de ya endémica debilidad en materia de Inteligencia, Defensa y Seguridad, que el Presidente Javier Milei haya estado en Israel en la inminencia del ataque. 

Pero cabe diferenciar dos situaciones: Si fallaron nuestros servicios de Inteligencia en advertirlo, habrá que replantear varias cosas incluyendo los lazos con los servicios de Inteligencia israelíes. Si en cambio siendo informado Milei de la posibilidad de un recrudecimiento del enfrentamiento tomó la decisión de acudir igual, fue una decisión política de la que asume el riesgo que el mismo incrementa y cargará con las consecuencias en caso que las hubiera. 

Empero, se sabe que el riesgo en abstracto es más fácil de asumirse que el daño en concreto. Al menos, vale destacarlo, razonablemente desde el gobierno se han incrementado ahora los niveles de alerta para prevenir algún tipo de represalia. Cuanto hay en esa alerta de mera formalidad y cuanto de realización práctica es una incógnita. Ocurre que la confianza en la eficiencia de los sistemas en alerta es dudosa, recuérdese el "paseo" por nuestro país de Shahram Dabiri Oskuei, vicepresidente de asuntos parlamentarios en Irán, que entró al país como médico en plan turista. Echado del cargo a su regreso a Irán por considerarse su viaje como una ostentación extravagante, nadie en el gobierno argentino parece haber sido anoticiado a tiempo de la presencia en el país de un funcionario iraní de alto rango. 

La escalada del conflicto entre Israel e Irán acrecienta los riesgos para la Seguridad Nacional. Para la Argentina, dada su posición, capacidades y vulnerabilidades, esta es la hora de la prudencia. 

Y acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", sepan nuestros funcionarios esforzarse honrando aquella consigna que salva vidas: 

"No en mi guardia".

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

¿Qué es la Derecha?

¿Qué es la Derecha?
La Derecha, soy yo.

Ariel Corbat

Ariel Corbat
Ariel Corbat