¡QUEREMOS TANGO!: HACER EL TANGO
¡QUEREMOS TANGO!: HACER EL TANGO El presente del Tango es sinónimo de tracción a sangre. Esfuerzo de pequeños orfebres del dos por cuatro que diseñan, pulen, engarzan y exhiben sin grandes escaparates verdaderas joyas del corazón. Contrariando cierta fantasía de auge tanguero, los interpretes y creadores del momento actual saben que las gastadas suelas de sus zapatos difícilmente vayan a encontrar una alfombra roja que los catapulte al público masivo. De hecho, igual que los inmigrantes africanos que deambulan por las calles y ofrecen en un abrir de maletín chucherías doradas prolijamente presentadas, al Tango se lo ve por todos lados, eso sí: siempre y cuando se lo quiera ver. No tiene la fuerza arrolladora de lejanos años dorados, y eso es porque frente a la oferta, que abarca desde mamarrachos bizarros hasta la excelencia sublime, la demanda es poca y tibia, por momentos fría. El turismo, sobre el que la falta de imaginación apunta sus cañones y al que parecen estar destinados grand...