TANGO EN CROACIA
Deja de silbar, y recuerda. Echado cuerpo a tierra sobre el suelo pedregoso, en las sierras de Córdoba, Tango se preguntó si aquel adiestramiento rápido sería suficiente para salir vivo de los Balcanes. El entrenamiento era duro pero tolerable y el jefe de los instructores no se cansaba de repetir las cosas que enseñaba. También aclaraba que nada de aquello serviría de algo sin la determinación de cada uno, los misterios de la naturaleza humana incluyen el comportamiento en la guerra. No hay forma de descubrirlo hasta no estar ahí. “Los talones pegados al piso si no quieren que allá les peguen un balazo, los brazos delante de la cabeza y que el fusil no se llene de tierra… -decía el instructor mientras pisaba con rudeza los talones levantados- ¡Ustedes se arrastran, no el fusil!”. No importaba si los brazos se cortajeaban por reptar entre las piedras, lo primordial era cuidar el FAL, mantenerlo impecable. Un fusil limpio es un fusil seguro, y de esa segurid...