SADO POLÍTICA: ENSAYO BREVE SOBRE EL SADISMO HIPÓCRITA DE LA IZQUIERDA
De ese modo se expresó el Presidente Javier Milei respecto a una refriega en la que debió actuar la Policía frente a manifestantes de izquierda el miércoles 17 de Diciembre de 2025.
Una ola de falsa indignación se alzó por izquierda calificando a ese decir jocoso como agravio, burla y discriminación contra los jubilados. Solamente los zurdos pueden interpretarlo de esa manera, a sabiendas que no es tal cosa. En su afán por apropiarse y aparatear las causas de otros, los militantes de izquierda que aparecen en las marchas no son "los jubilados". No negaré que hay militantes de izquierda que, además, son jubilados. Por supuesto los hay, pero van a las marchas como militantes de izquierda antes que como jubilados y no tienen una representatividad significativa, como tampoco la tienen sus escasos diputados (dicho esto aunque, para mi gusto, escasos y todo siguen siendo demasiados).
No voy a repetir aquí observaciones sobre el modo de comunicar del Presidente Milei, doy por sentado que mis críticas son conocidas por los lectores habituales de este blog; y tampoco va sobre el Presidente lo central de este artículo.
Suele decirse, y es cierto, que todo marxista se ampara en las libertades de la democracia cuando está en en el llano y se dedica a eliminarlas por completo cuando se hace del poder. Ahí estuvo la URSS, como está China, Corea del Norte, Cuba y Venezuela.
No puede ser de otra manera en tanto tienen por objetivo declarado una dictadura totalitaria de partido único a perpetuidad. Y en algunos casos con sucesiones familiares de tipo monárquico absolutista, todo ello -¡claro!- por el bien de los desposeídos... Por tanto sólo los idiotas con deficiencias mentales (no los hipócritas que por no ser tildados de fachos dicen creer que los bolches son capaces de convivir democráticamente), pueden sentirse sorprendidos cuando el poder se tiñe de rojo y los rojos en el poder se muestran como son y siempre fueron: Los mismos criminales intolerantes que con esa pasión desenfrenada por los paredones de fusilamiento matando curas por deporte hicieron de la República Española un horror al que, con justificada reciprocidad, Guerra Civil mediante puso fin el bando nacional bajo el liderazgo del General Francisco Franco.
Si la Guerra Civil Española se hubiera definido a favor de los rojos, España nunca hubiera podido plantearse pacíficamente una salida hacia la democracia, como ocurrió con la transición a la muerte de Franco. De ser comunista, otro dictador hubiera tomado inmediatamente su lugar para perpetuar la tiranía. Franco, en cambio, dejó el futuro de España en manos de los españoles unidos bajo un Rey con valores democráticos.
Las dictaduras llamadas de Derecha, como nuestras dictaduras militares, supo advertir el Presidente Carlos Saúl Menem (quien estuvo preso durante el Proceso de Reorganización Nacional) tuvieron algo que las de izquierda no tienen: la voluntad de volver a la democracia. Se saben transitorias y no aspiran a perpetuarse en un sistema de partido único. ¿Todas las dictaduras son malas? Pues, digamos que ninguna es lo ideal, pero algunas son mejores que otras porque obran como remedios transitorios.
En 1968 Checoslovaquia vivió su "primavera", la ilusión de relajar la dictadura comunista en bien de la armonía socialista. Entonces llegaron los tanques rusos para congelar la primavera.
Buena parte de la izquierda al oeste del Muro de Berlín (el lado para el que intentaban escapar los habitantes del "paraíso socialista"), ni siquiera cuidó las apariencias y justificó la represión argumentando que no había que poner en riesgo la revolución (se sabe que las las "revoluciones" comunistas siempre reclaman necesitar un poco más de tiempo para alcanzar sus objetivos) dando muestras de debilidad o concesiones al estilo de vida capitalista.
Es una cuestión trágicamente divertida la del tiempo en las dictaduras comunistas. Dictadores como Fidel Castro y Hugo Chávez, en tanto amos y señores del tiempo de los demás, gustaban de escucharse a sí mismos dando largos discursos, todo para decir que cumplir las promesas de soluciones a los problemas era esperar un poco más de tiempo a que la "revolución" se consolidase. Léase a George Orwell, "Rebelión en la granja" y "1984", para entender de tiempo y consignas bajo dictaduras comunistas.
En 1989 los chinos, escuchando los crujidos del sistema comunista, percibieron el aroma a Libertad que se estaba levantando en Europa del Este y salieron a por ella manifestando en lugares como la plaza de Tiananmen. Es posible que nunca lleguemos a saber con exactitud cuantos muertos dejó la represión del Ejército Chino. Pero tenemos aquella hermosa imagen de un hombre deteniendo en soledad el avance de los tanques, parecida a otra que fuera tomada en Praga y que conceptualmente es la misma.
Fue un momento, sólo un momento con final predecible y destino supuesto, cuando aquel anónimo ciudadano chino se paró frente al tanque con dos tan cotidianas como inexplicables bolsas en sus manos. Del después poco sabemos. Una dictadura que sobrevive a otras dictaduras y el recuerdo de un simple mortal, acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", uno de los mortales a los que alude el Himno Nacional Argentino, frente al poder totalitario en su pretensión de eternidad.
En 2017 y 2019 la satrapía castrista de Nicolás Maduro hizo suya la costumbre comunista de lanzar tanques contra la población disidente. En ambas ocasiones, las tanquetas fueron brutalmente lanzadas contra los manifestantes, arrollando a varios de ellos.
Al respecto, con sarcasmo propio de un terrorista de izquierda el uruguayo José Mujica dijo sin miramientos: "No hay que ponerse delante de las tanquetas, el que sale a la calle sabe que se expone". Y no fue la hilacha lo que mostró, sino el trapo rojo que convalida siempre aplastar vidas y libertades en nombre de la "revolución".
En consonancia, no se escucharon por izquierda gritos relevantes de condena a la tiranía castrochavista. Como siempre han hecho, las voces de los izquierdistas que sirviéndose de las libertades de países democráticos se victimizan cada vez que su violencia de "gimnasia revolucionaria" encuentra un freno, lejos de aplicar igual vara justificaron al dictador Maduro acusando de golpistas a los manifestantes. Y en esa Caracas donde la tiranía esparce llanto y luto fue una mujer quien se plantó frente a una tanqueta, para que algún fotógrafo retratara otra vez el drama del individuo que defiende su Libertad frente al poder totalitario.
La violenta ambición de poder izquierdista es lo que vivió a plomo Argentina en los setentas, resabio de lo cual en 2018 la izquierda se dedicó a romper bienes públicos y arrojar toneladas de piedras contra la Policía al sedicioso efecto de impedir el normal funcionamiento de los poderes constitucionales conforme la representatividad democrática. El Congreso, específicamente. Siempre fueron violentos, lo son y lo van a seguir siendo porque profesan y militan una intolerancia incompatible con la convivencia democrática.
La izquierda es descaradamente hipócrita y sádica. Pretende cargar de culpa humanitaria a las sociedades que se defienden de sus agresiones, exigiendo que se condenen a sí mismas, mientras justifican toda violencia que sirva a sus fines.
En tal sentido, recuérdese que en un programa de televisión, confrontado por Victoria Villarruel el dirigente del Partido Obrero Gabriel Solano sostuvo que una hipotética bomba en un jardín de infantes no necesariamente sería un acto de terrorismo porque ello dependería de quien ponga la bomba. Con el significado más despectivo de la expresión: un "hijo de puta", hipócrita y sádico, con todas las letras
Y esa misma izquierda, que llama "víctimas" a terroristas y repudia todo homenaje a las victimas de sus terroristas, como también toda persecución judicial a sus terroristas, tiene la desfachatez de acusar a gobiernos democráticos de ser dictaduras criminales cuando en algunas de sus manifestaciones, siempre como reacción a sus acciones, se produce algún herido por el uso de los elementos de baja letalidad que utilizan frente a disturbios todas las policías de los países democráticos. Especialmente útiles cuando aparecen personajes como Rodolfo Aguiar que, ni más ni menos que desde la Secretaría General de la Asociación de Trabajadores del Estado, anuncia que: "Nosotros tenemos que recalentar el mes de diciembre, y que de la paz social se hagan cargo ello (el gobierno)".
CONCLUSIÓN:
Los camiones hidrantes, como todo el equipamiento antidisturbios de las fuerzas policiales y de seguridad, son elementos con que cuentan las democracias para defenderse de quienes intentan quebrar la paz social.
No deja entonces de tener su gracia la jactancia presidencial dando pretensión de higiene al uso de los camiones hidrantes. Al margen de otras formas de comunicación que a mi gusto ritual serían mejores, sirve para desdramatizar la pretensión izquierdista de incendiar el país en diciembre. Algo que ya es un clásico cuando no tienen gobiernos afines.
Lo que no tiene ninguna gracia es el humanismo selectivo de la izquierda en su vocación de imponer por la violencia lo que no logran por las urnas, un tipo de mugre que no se lava con agua y con jabón.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
Estado Libre Asociado de Vicente López







