EL PIBE DE LA FOTO Y EL SONIDO DE KISS
La primera vez que vi esa foto de Malvinas sonreí. Icónica, pensé. Por alguna razón imaginé que captaba un instante de felicidad contagiosa, a mitad de camino entre la jovialidad estudiantil de fin de curso y la irrealidad de ciertos sueños que se sueñan despierto. Parecía un cuadro de historieta accidentalmente pasado a la vida. La pose del pibe, llevando con la diestra el fusil a la espalda, como así también los detalles, la cinta con municiones, los binoculares, las granadas, la cantimplora, el borcego en escalón sobre la piedra, el pucho sostenido por los labios insinuando una sonrisa, la barba proclamando estar en campaña, la sombra del casco ocultando los ojos, el pañuelo camuflado y hasta el reloj asomando bajo el puño de la campera, le daban trazos de Hugo Pratt; como dibujado para alguna aventura de Ernie Pike en la Segunda Guerra Mundial. El pibe de la foto irradia confianza; incluso se puede adivinar cierta altanería digna de un Lavalle. Cabía preguntarse s...