sábado, 1 de agosto de 2026

SOBRE LA INVASIÓN A CEUTA Y MELILLA




El pasado 25 de Abril, a través de un posteo en mi muro de Facebook, compartí la siguiente vivencia de mi viaje a Ceuta: 

Málaga, 25 de Abril de 2026.

LAS ABSURDAS E INSOSPECHADAS PERIPECIAS DE UN ARGENTINO EN CEUTA

Ayer les conté del lindo día que pasé en Ceuta, donde visité el Museo de la Legión Española. Lo que paso a contarles ahora es algo que sucedió después, cuando debía tomar el helicóptero que me llevaría a Málaga. 

Tras compartir esos felices renglones, aprovechando que la lluvia había cesado dejé el Mc Donalds y estuve un rato caminando por la costanera yendo más allá del helipuerto. Entré en un barcito que no era para turistas y estaba lleno. Pedí un café y me senté en un taburete usando una de las mesitas altas de fuera, pegadas contra la pared en una vereda bastante angosta. La mayoría de los parroquianos vestían chalecos amarillos. Empleados de mantenimiento de la Ciudad. Algunos parecían descansar otros estar próximos a retomar tareas. Los menos bromeaban entre ellos y sentados a la barra se encorvaban un par de adustos gerontes que ni siquiera parecían respirar. Detrás de la barra una señora, posiblemente la dueña, no tenía descanso sirviendo un pedido tras otro. Tomé mi café sin ninguna prisa, me sobraba tiempo para llegar al helipuerto con mucha antelación. El vuelo estaba programado para las 20:00 hs. A eso de las 18:00, siempre con la parsimoniosa tranquilidad de ese atardecer de un día que ya daba por cumplido, cargué otra vez la mochila al hombro y volví sobre mis pasos camino al helipuerto.

El helipuerto de Ceuta es un lugar pequeño y confortable. Me acerqué al mostrador de la compañía aérea, Helity, preguntando si ya podía hacer el check in. Amable y sonriente, la muy agradable dama a cargo me dijo que se habilitaba 30 minutos antes de la partida. Sin ningún reparo me senté en un rincón a leer el libro con cartas de Groucho Marx que, conociendo mi admiración por el bufo del bigote pintado, acertó Inés en regalarme por el día de San Jordi.

Así, distraído con las ocurrencias del genial Groucho llegó la hora del check in. Ningún problema. Ya con el helico en la pista cumplo el trámite en la ventanilla de Helity y voy al control policial. Presento el pasaporte al policía nacional que lo recibe con la mecánica de lo rutinario. Pero repentinamente su semblante cambia y empieza a revisarlo de adelante para atrás, de atrás para adelante, por arriba y abajo, desde los costados. Mientras tanto yo ahí, con la mano extendida esperando confiado la devolución del pasaporte que no llega. En lugar de eso escucho que el poli me formula una pregunta terrorífica: 

- ¿Pero Usted como entró a España?
Siento que mis ojos van a saltar de las órbitas.
- Vine en barco -respondo pasando a detallar todo el itinerario-, salí de Buenos Aires en el Celebrity Equinox el 30 de Marzo, hicimos escalas en Brasil y luego en Tenerife, Cádiz y Málaga, en todos esos puertos desembarqué y volví a embarcar, antes de llegar a destino en el puerto de Barcelona.
- Acá no figura ningún ingreso a España.
- Le aseguro que pasé por todos los controles.
- ¿Entonces por qué no hay ningún sello español?
- Yo lo presenté cada vez que me lo pidieron.
Tomo el pasaporte y comienzo a revisarlo. Aunque no lo puedo entender el policía tiene razón: no hay sello español.
- Yo así no puedo permitirle embarcar -me dice-.
- ¿Cómo que no? Si yo a Ceuta llegué volando de Barcelona a Málaga en avión y de Malaga hasta acá en helicóptero. ¿Cómo es que me dejaron abordar?
- No lo sé, sólo sé que no tengo certeza de su ingreso.
- Y entonces, ¿Qué hago? ¿Pierdo el vuelo?
- Vaya a la comisaría central de Ceuta y hable con el personal de asuntos extranjeros (no lo dijo exactamente así, sino que refirió la sigla de una repartición que no recuerdo).

En ese momento la empleada de Helity me sugiere ir en taxi porque el vuelo estaba demorado.

- Si te apuras y todo sale bien, a lo mejor llegás a tomar el vuelo.

Hago eso, me cargo la mochila, la computadora que debía pasar por el scanner fuera  de ella y tomo un taxi hasta la comisaría de Ceuta. Le explico la situación a uno de los policías en el ingreso a la comisaría, este avisa a los de asuntos extranjeros y viene una oficial a la que le cuento toda la situación con la urgencia del caso. Toma mi pasaporte, lo revisa y comenta que estando sellado en Brasil el 2 de Abril es obvio que llevo menos de tres meses en España por lo que para ellos no estoy -todavía- en condición irregular que los habilite a hacer algo.

- Por favor explicale eso a tus compañeros del helipuerto.
- ¿Usted tiene alguna documentación más allá del pasaporte que acredite haber realizado el viaje en barco?
- Físico no, pero debo tener algún mail.
- Búsquelo, por favor.

Dejo la computadora y la mochila para tratar de abrir rápido el correo en el teléfono. Doy con el saldo en cero de los cargos de abordo que emite la compañía de crucero al terminar el viaje. Se lo muestro y se va con mi pasaporte, no sé si para hacer una consulta o llamar al helipuerto. En ese interín llega a la comisaría el policía que había negado mi embarque y ni bien me ve dice: 

- ¡Quedate tranquilo que viajás! Vamos que te llevo en el patrullero.

Respiro aliviado. Le aviso que el pasaporte lo tiene su camarada, ella regresa y me lo da. Dice que la cuestión pasa porque no hay sellado físico sino electrónico pero en el helipuerto no tenían modo de constatarlo. Agarro la mochila y subimos al patrullero. Creyendo la situación bajo control me permití recordar las veces que estuve a bordo de algún patrullero, nunca como preso. Gratos recuerdos la mayor parte de ellos. Llegando al helipuerto alcanzo a ver que el helico sigue en pista. Voy directo a los controles, presento la orden de embarque, me quito la riñonera y junto con la mochila la dejo en la bandeja para pasar por el scanner. Y ahí mismo caigo en la cuenta. Siento una violencia interior incontenible, primero que nada contra mí mismo, pero también sin que sea excusa de mi propia falta por el sinsentido de unas peripecias que no debían estar ocurriendo. 

Grito con toda la furia de mi voz:

- ¡¡¡PERO LA REPUTÍSIMA MADRE QUE LO PARIÓ!!!

Había olvidado la computadora en la comisaría. Quedó el helipuerto en un silencio paralizante, los policías me miraban sin atinar a decirme o hacer nada. Menos mal, porque si en ese preciso instante alguien me ponía la más mínima objeción eso terminaba realmente mal.

No obstante cobro conciencia de mi exabrupto y trato de dominarme. Lo más sereno que pude expliqué mi fastidio: 

- Pierdo el vuelo. Olvidé mi computadora en la comisaría.

Silencio sepulcral y yo ya pensando planes de contingencia, cruzar en barco a Algeciras y por tierra a Málaga. Un bajón, pero en cualquier caso mejor que quedar varado. Había que salir a como diera lugar.

Entonces una señora mayor, otra pasajera que esperaba abordar, me dice con la más dulce suavidad que pueda imaginarse.

- Pero si el vuelo sigue demorado, coge un taxi hasta la comisaría y vuelve que quizás lo logras.

El mismo policía que empezó todo el asunto me confirma que la computadora, efectivamente, está en la comisaría y me llama un taxi. Le dije al taxista de mi urgencia y llegamos muy rápido a la comisaría, donde otro policía me esperaba con la computadora en la mano. De vuelta al helipuerto el helico seguía en pista. Voy a los controles y el policía detrás del scanner, cuando ya todo parecía claro, me pide que presente la orden de embarque, que yo ya no tenía por haberla presentado en el segundo intento.

- Ya está, ya la presento antes -dijo a viva voz la chica de Helity, quien hizo mucho para que yo pudiera viajar.

Entonces sí, pude al fin respirar aliviado. No habiendo muerto infartado en el vértigo de estas tribulaciones de un argentino en Ceuta, debo suponer que el mío cuore funciona bien. 

Debo decir que ante los contratiempos insospechados, todo se convirtió en una carrera contra reloj, no había tiempo de pensar en otra cosa que en lo inmediato. En ese trajín lo inmediato no daba pausa y entre tropiezo y tropiezo obligaba a pensar alternativas de contingencia para evitar quedar varado. Por suerte, para no hacer más tortuoso el absurdo sinsentido, los policías entendían que no era culpa mía tal como yo entendía que no era culpa de ellos sino una falla del sistema. 

Después, volando ya sobre la costa de Málaga brillando en la noche como una hermosa maqueta, el que iba a ser simplemente un viaje sin tropiezos se transformó en un paseo hermoso que, esta vez, disfruté llevando tapones en los oídos. Cada tanto me surgía sonreírme moviendo incrédulo la cabeza, incrédulo por lo vivido y  al mismo tiempo dueño de una anécdota que rompió en pedazos eso tan confiado que escribí en Ceuta sobre que “Se siente más como aventura decir ‘salir de África’ que ‘volar a Málaga. Pero aquí no hay ninguna aventura de riesgo…”

En fin, cosas que pasan y otra anécdota para la antología del absurdo, que siendo como soy un “marxista línea Groucho” debo aceptarla con humor.

En un par de horas vuelo de Málaga a Barcelona, espero no sumar otra anécdota por el estilo…

Consérvense buenos.

Santiago / Ariel 


SOBRE LA INVASIÓN A CEUTA Y MELILLA

Lo primero que cabe decir frente al aluvión de hombres en edad de servir como combatientes que ingresó a Ceuta colapsando la ciudad y demostrando que la política migratoria de España, como de buena parte de Europa, reclama una severa revisión, es una obviedad que no por obvia deja de ser necesario explicitar: ¡qué castigo para España resulta ser Pedro Sánchez! Pero no es sólo él, es todo el sistema de políticos corruptos que lo sostiene. Especialmente los que anteponen sus anteojeras ideológicas a las reales necesidades de los españoles; "la puta izquierda" como diría Sergio "Maravilla" Martínez. 

España, con un Rey Felipe VI que en algún momento va a tener que al menos alzar la voz si quiere conservar el reino, está siendo erosionada en África por Marruecos. La movida tiene una clara finalidad geopolítica que aprovecha el momento de debilidad europeo para dar al reclamo marroquí el respaldo de hecho consumado. 

Y no faltarán izquierdistas, en todo el mundo, que quieran mentir en esto una lucha de liberación contra el colonialismo. El sútil detalle es que ni Ceuta ni Melilla son colonias españolas, no aplican a ellas ninguna de las reclamaciones anticolonialistas como las que Argentina sostiene por Malvinas. Son, reconocidamente por la comunidad internacional, territorio español desde siglos antes de la independencia de Marruecos. Si se quiere, puede trazarse un paralelo sui generis con la situación de la Isla de Martín García, que por cercanía podría pertenecer a Uruguay pero históricamente siempre ha sido territorio argentino. 

La política migratoria de España bajo Pedro Sánchez ha sido largamente denunciada por sus opositores como destinada a aportar caudal electoral al Partido Socialista Obrero Español debilitando la identidad nacional. Algo similar a lo que intentó el kirchnerismo en Argentina a través del llamado "Plan Patria Grande", que convirtió a Migraciones en una oficina de sugerencias mientras se regalaba la nacionalidad argentina a extranjeros invitados a parasitar a cambio de votar a políticos como el señor feudal de Formosa Gildo Insfrán.

Yo he trabajado en esos años con personal de Migraciones, observando con muchísima bronca como en lugar de deportar irregulares, que pudiendo ingresar por la puerta se colaban por los techos, se les daba una livianísima notificación sugiriendo que tuvieran a bien regularizar su situación. 

En estos días no estoy atento a las noticias, me enteré del asalto marroquí por un amigo que recordando mis peripecias en Ceuta, preguntaba jocoso si todo esto no sería un simple problema burocrático porque quizás, como fue mi caso, en el pasaporte de esos miles de marroquíes los españoles hayan puesto sello electrónico y el sistema de chequeo sigue fallando.

Humoradas al margen, la situación planteada rápidamente ha dejado claro al mundo que no es una mera teoría conspiranoica el asedio migratorio esperando a dar el salto sobre las puertas de Europa. Es lo que hace décadas avizoraba Oriana Fallaci y entre nosotros nos recuerda a diario Karina Mariani.

De mi parte sólo surge un comentario breve. Yo, argentino, considero que España es una a la que quiero libre y grande. Este no es un aluvión de inmigrantes que quieren vivir en España como españoles, es una invasión dirigida con fines geopolíticos y la complicidad del gobierno español. 

Tal vez sea hora que España "suelte los perros", porque sin poder disponer del uso de la fuerza toda autoridad se torna ficticia. Y digo:

¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir!


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.




¿Qué es la Derecha?

¿Qué es la Derecha?
La Derecha, soy yo.

Ariel Corbat

Ariel Corbat
Ariel Corbat