Si fuera Argentina un país relativamente normal podríamos decir que este momento político es particularmente anormal. Pero aquí lo cotidiano es lo que desde fuera (me consta) ven como anormalidad. Somos un espectáculo entre autóctono y patético, como esas danzas para turistas bailadas por fulanos que se disfrazan de algo para que como antaño al monito del organillero les tiren un par de chirolas.
¿Cuánto hace que la noción de lo digno desapareció del quehacer político argentino? Ni en el fondo ni en las formas somos lo que debiéramos ser, tanto así que a veces llego a creer que si de la noche a la mañana nos transformáramos milagrosamente en la nación ideal con República de instituciones fuertes y cultura cívica, se cantaría con nostalgia aquel bello tango que da cuenta de arrastrar por este mundo "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser". Estamos jodidos. Todos nosotros, desde hace mucho tiempo y no queda claro que realmente querramos dejar de estarlo.
Tras estos dos párrafos introductorios voy a presentar dos postales políticas que nos ha dejado esta semana, para que quien lea aprecie por sí si no debiéramos sentir vergüenza de este presente (empapado de pasado) y el dolor de no dejar de serlo. Pues bueno sería alguna vez cantar otro tango, uno que celebre soltar la vergüenza para dejar de sentir el dolor que causa y no volver jamás a experimentar las miserias morales en las que supimos hundirnos.
CRISTINA COCINERA
Que un político delinca en la función pública es repudiable, así ocurre en todas partes del mundo. No digo que sea normal (delinquir no debe serlo) sólo señalo que pasa en distintos países donde la reacción es el repudio. Lo que no ocurre en muchos países es que se vote a un político para que delinca, que es exactamente lo que se hizo en Argentina votando al kirchnerismo, cosa a la que en otro artículo reciente he definido como una "asociación ilícita de enfermos mentales". Los kirchneristas creen que robar está bien y por eso no repudian los delitos de Cristina Fernández. A su jefa, con prisión domiciliaria que debería ser revocada por distintas razones que exceden la intención de estas palabras, sus acólitos le celebran cualquier cosa. No hay ni un atisbo en ellos de reproche moral, tanto así que sueñan su retorno al poder y que, mientras tanto, sea quien dirija a la oposición.
Esta semana se difundió un video de la presa cocinando en su casa, algo que los kirchos festejaron extasiados, igual que sus salidas al balcón, como si fuera un acto excepcional o una demostración de temple. Vaya uno a saber lo que pasa por esas cabezas. La Elisabet cocinó en su cocina y para ellos eso es un gesto que creen duele al Presidente Milei y a todos los gorilas como yo.
No creo que a Milei le duela. Y sin duda no me duele a mí, porque, y en esto quiero ser muy claro ya que involucra convicciones que tengo muy meditadas: lejos de hacerme sentir dolor celebro el video de Cristina Fernández cocinando porque siempre he sostenido que aprender un oficio da sentido a las condenas de los presos facilitando su reinserción social.
Y como con sus antecedentes hay muchos empleos para los que ya nunca estará calificada, como cajera de banco o de supermercado, es lógico que se haya orientado hacia la cocina para rebuscársela el día de mañana, SI LOS EMBARGOS VAN A FONDO, con un puestito de comida. Era eso, ENCONTRAR EL TÍTULO o estudiar abogacía...
CHIROLITA BULLRICH
En un contexto normal sería cuestionable que el Presidente reciba críticas públicas de su Vicepresidente; pero no en este contexto donde Javier Milei no se cansa de agraviar por sí o por cualquiera de sus obsecuentes a Victoria Villarruel. Digo esto puramente por entender el contexto, sin estar de acuerdo con la última declaración de la Vicepresidente, tan desafortunada como esos ataques que recibe del oficialismo.
Milei nunca entendió que en política el maltrato es como un boomerang. Menem, al que tantas veces dijo admirar, lo sabía al punto de ser un maestro en el arte de evitar complicarse con enojos y discusiones absurdas.
Por suerte la mayor parte de la sociedad, creo o quiero suponer, a pesar del conventillo oficialista guarda conciencia que otro retorno del kirchnerismo sería trágico y caótico. Muy especialmente trágico para aquellos necesitados y vulnerables a los que el kirchnerismo dice defender, que son víctimas de la demagogia y los que más padecen la inflación cuando se desata. Aclaro que esto que expreso no está avalado por encuestas ni ninguna otra fuente indiciaria, no es dato sino pura intuición. El tiempo dirá. Y mi intuición, falible como la que más, se basa en que el 56% que votamos a este gobierno no vamos a olvidar por muchas desprolijidades y estupideces que cometa a la vista de todos, que el kirchnerismo es infeKtadura, "guerra contra la inflación" (hice un divertido documental sobre ese punto: VER), lenguaje inclusivo, curro de los DDHH, suelta de delincuentes, y un sin fin de calamidades.
Lo peligroso del asunto, es que con sus modos exaltados traspasando con una agresividad irritante los limites del decoro que exige la investidura presidencial, Milei le da aire al kirchnerismo fracturando su propia base de sustentación, porque a Milei el 56% lo votó en balotaje. No por arrastre propio. Y más allá de lo que une el espanto por un posible retorno kirchnerista en una elección presidencial no es el caso de las parlamentarias de este año. Quizás Milei debería recordar que (al menos por ahora) no acredita mayoría propia en el electorado y tampoco en las cámaras. Su estrategia parece basarse en suponer que por los logros de gobierno sus candidatos arrasarán en las próximas elecciones, y como en Revolution de The Beatles yo no digo que no, tú sabes, pero me gustaría ver si el plan funciona, por lo pronto habrá que esperar. Ya veremos.
Por ahora lo que vemos es un crecimiento de Patricia Bullrich en las preferencias de un presidente al que parece gustarle la obsecuencia. Desde luego no estuvo mal pactar con Bullrich para ganar el balotaje, pero a esta altura no queda claro si se resignó la idea de una Argentina distinta, que se decía imposible con los mismos de siempre, o si los mismos de siempre ya no son los de siempre.
Y Bullrich, con la obsecuencia del que ambiciona el favor, se salió de su rol de ministro embistiendo contra la vicepresidente. En sus críticas a Villarruel, parece no saber Bullrich como funciona el Senado para el que algunos la ven candidata a una banca.
Acaso por ir tras esa banca y/o la vicepresidencia en una eventual reelección de Milei, Bullrich volvió a mostrar exacerbada su peor faceta, esa misma por la que salta de partido en partido como campeona de garrocha. Los derrapes verbales, inconsistencias y otras pavadas de Bullrich son conocidos, lo que no se conocía era su predisposición para hacer las veces de muñeco de ventrílocuo contra Villarruel. La ambición de Bullrich la lleva a ser la Chirolita de Milei, otro declive moral que agudiza su ridículo.
Hasta aquí esta nota de domingo, porque no todo es política y aunque Donald Trump se vea aburrido en el palco del estadio, el Chelsea le está dando una paliza impiadosa al PSG en la final del Mundial de Clubes y espero que el segundo tiempo traiga más goles que este 3 a 0 parcial.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

