LA REFORMA ESTÁ SERVIDA
En Argentina la constitución escrita no es la ley suprema de la Nación. Sencillamente no se cumple o se la contradice abiertamente, sin que tal cuadro de situación nos preocupe más que a unos pocos. Al no haber voluntad real de vivir bajo el marco institucional surgido de las distintas convenciones constituyentes, aquel proyecto de vida de los argentinos se ha desvanecido. Obviando que su único propósito era permitir la reelección del Presidente Ménem, supongamos que la reforma del 94 apuntaba también a limitar el presidencialismo; pues bien: el fracaso en ese rubro ha sido estrepitoso ya que, demostrando que cuando no se vive como se piensa se termina pensando como se vive, el ideal republicano quedó rendido a la arbitrariedad de los gobiernos de turno. Es triste decirlo, pero parece ser que la idiosincrasia argentina permanece indisolublemente encarnada con el caudillismo. No se concibe a la ciudadanía como compromiso con la ley, sino apenas como un ejercicio...