jueves, 9 de octubre de 2025

SOBRE LA DEMOCRACIA Y EL VALOR DE LA CONCIENCIA



Sintetizando la idea de un diálogo y como adaptación del clásico principio "un hombre un voto", escribí: "un voto, una conciencia".

En tiempos electorales mucha gente realizando su aporte proselitista va intentando convencer a los demás de dar su mismo voto, lo cual es lógico porque de eso tratan las campañas electorales: de sumar votos. 

Pero lo que no es lógico ni aceptable es dejar de argumentar para agraviar a quienes deciden votar de manera distinta. Más allá, claro, de aquellas ideologías que  por reivindicar el totalitarismo y la más descarada corrupción definen a sus militantes como inmorales en tanto totalitarios y delincuentes. Porque tampoco puede verse el mundo con un cristal idílico que románticamente pretenda que la escoria no es escoria.

Al margen de las ideologías de odio, como el comunismo y el kirchnerismo, en los matices del disenso democrático el agravio tiene siempre en política un trasfondo extorsivo, entonces el proselitismo deja de ser normalidad democrática y se convierte en una cosa inmoral. 

Durante años (incluyendo años en los que muchos que hoy sacan pecho como duros "antikirchneristas" escondían la cabeza haciendo silencio acatando los atropellos del régimen, por no hablar de tantos oportunistas reciclados que fueron funcionales o lisa y llanamente militantes del régimen) he criticado y enfrentado al kirchnerismo, entre otras muchas cuestiones, por pretender apropiarse de la democracia. 

En tal sentido recuerdo un panfleto del colectivo intelectualoide "Carta Abierta" en el que se sostenía que el kirchnerismo era la democracia y por ende no apoyar al kirchnerismo era ser antidemocrático. Una vieja e históricamente reiterada pretensión del totalitarismo. 

Y eso queda claro cuando se esgrimen argumentos extorsivos que como toda extorsión tienen un contenido inmoral, porque es inmoral votar contra la conciencia. Quien pretende exigirme a mí o a cualquiera que vote contra lo que manda la conciencia me está diciendo que su conciencia es sobornable y que la mía también debe serlo. Hay un límite en la argumentación proselitista que no debe transgredirse y es del pedir al otro que resigne su ética.

A diferencia de las normas jurídicas, costumbristas, religiosas o morales que nos son impuestas por el contexto social, la ética son normas endógenas, aquellas que cada quien crea para regir su propia conducta, son los principios a los que adherimos como identificación de nosotros mismos e intentamos sostener en cada acto de nuestras vidas. La ética es ni más ni menos que el más inmediato ejercicio y resultado de la Libertad de Conciencia.

Quien pretende avasallar la Libertad de conciencia, que acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", sea la más importante de las libertades, difícilmente dude en avasallar cualquier otra libertad. De hecho, la Libertad de conciencia es la última barrera de defensa contra el totalitarismo, es sobre ello que trata "1984" de George Orwell.

De ahí que cada quien que defiende su Libertad de conciencia defiende también la de los demás, tal como la ataca cada quien que desoye su conciencia ¿Y qué es una persona que obra contra su conciencia? Un inconsciente, obviamente, pero también un cobarde, un débil moral, un traidor a sí mismo.

Por lo tanto recomiendo tener mucho cuidado con transgredir los límites del proselitismo democrático, porque cuando se sobreactúan las diferencias se corre el riesgo de terminar siendo exactamente igual a los cerdos de Orwell. ¿Qué diferencia hay entre un kircho que me insulta por no votar kirchos y un libertario que me insulta por no votar lo que sea que se supone son los libertarios?

Y digo "se supone que son", porque sus consignas han ido variando vertiginosamente desde aquella que mi conciencia todavía me repite en algunas noches sin sueños: "Una Argentina distinta es imposible con los mismos de siempre".

Como tantas veces ya he repetido frente a esta campaña electoral las listas que propone LLA en Provincia de Buenos Aires son de espanto y yo votaré en blanco* por mis convicciones éticas, pero no digo ni sugiero a nadie como debe votar porque en la complejidad de este escenario aunque simpatizo con el oficialismo (voté Milei/Villarruel) no milito por ningún partido y ESTOY DECIDIDAMENTE EN CONTRA DE VARIOS. 

Sí, recomiendo votar a conciencia, apegado cada quien a su ética. Tal vez, si es que existe un tal vez, Argentina pueda ser mejor cuando cada voto sea un voto ético y no meras loterías de a ver qué sale. Un voto, una conciencia.

* Por "blanco" entiéndase boleta tachada, muy tachada, para evitar otro marque casilleros por mí.

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

¿Qué es la Derecha?

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La Derecha, soy yo.

Ariel Corbat

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