TESTIMONIO DE LA CÁRCEL DE EZEIZA, por Alberto R. Casey
Ya muy próximo a cumplir siete años de mi primera visita, y a modo de introducción, no puedo soslayar comentar cómo alguien sin ningún vínculo con la familia militar o policial, como es mi caso, llega hasta allí. Mis ansias de agradecer a quienes salvaron a la Argentina de ser Cuba o Corea del Norte en los años ‘70 pudieron más que mi temor de ingresar en ese ámbito desconocido. Gracias a una amistad que me presentó a la Asociación de Abogados por la Justicia y Concordia, encontré (siendo un hombre de campo) la oportunidad buscada, ya que ellos no solo han realizado una titánica tarea durante muchos años en aras de una justicia objetiva, sino también la noble y patriótica labor de acompañar a los presos políticos. Ya pasando a los hechos, ingresé acompañado por un abogado de la mencionada asociación al laberinto del penal, desprovisto de todo menos de mi vestimenta, con destino al área denominada Enfermería. Control tras control, rejas que abren y cierran, saludos a presos comunes acom...