miércoles, 2 de julio de 2025

EL KIRCHNERISMO COMO ASOCIACIÓN ILÍCITA DE ENFERMOS MENTALES



Hace largos años vengo insistiendo con que el kirchnerismo puede explicarse leyendo "Rebelión en la granja" y "1984". Dos novelas de George Orwell que, aunque denuncian al totalitarismo como la búsqueda del desquicio mental y moral de una sociedad para someterla a un poder absoluto, los totalitarios utilizan como si fueran un manual en dos tomos para la construcción del poder totalitario.

La precisión con que Orwell describe la sistematización en los métodos del totalitarismo para sojuzgar voluntades, siempre con la mentira como base ya sea en camino a obtener el poder o una vez en el poder, hace que sus dos novelas conduzcan a un final oscuro: el éxito del totalitarismo. 

La gran calidad narrativa de Orwell, con mucho humor sarcástico e irónico en "Rebelión en la Granja" y con trazo asfixiante en "1984", conduce en ambos casos a un final donde las dictaduras, tanto la de los cerdos como la del gran hermano, prevalecen sobre las disidencias y se afirman con pretensión de eternidad.

Ello así porque si el final de esas novelas fuera un amanecer democrático perdería efecto la advertencia contra el totalitarismo. No cabía en esas obras un giro esperanzador del bien triunfando sobre el mal, porque más allá de la máquina de escribir de Orwell, a la que condicionaban sus recuerdos de ideales decepcionados en la Guerra Civil Española de la que huyó para no ser muerto por sus "camaradas", la Unión Soviética era fuerte y se había necesitado de una guerra mundial para terminar con el Tercer Reich. 

Con esa experiencia y contexto no proyectó Orwell, un internacionalista, pudiera el totalitarismo ser vencido por la resistencia interna. Mucho menos analizó como se desenvolverían los totalitarios en el improbable caso que perdieran el poder tras la caída de su régimen.

Ese es exactamente el punto que resulta de interés para el presente argentino. Sigo sosteniendo que el kirchnerismo fue explicado por Orwell antes que naciera Kirchner, quien no ha sido más que otra marca puesta a un genérico. Nada nuevo bajo el sol. Pero por mucho que lo intentó, el régimen kirchnerista nunca logró doblegar absolutamente a la sociedad y encontró límites que no pudo superar, como el de la reforma constitucional y la regularidad de las elecciones. Su vocación totalitaria no alcanzó el éxito pleno, como da cuenta de manera puramente testimonial el interregno macrista de 2015 a 2019, aunque estuvo cerca de lograrlo cuando se manifestó crudamente durante la infeKtadura, iniciada con el golpe de Estado del 19MAR20 contra la Constitución Nacional. Todavía impune. 

Muchas veces insustancial, la resistencia al régimen kirchnerista tuvo momentos de gran debilidad y desbande. Fue muchas veces abandonada y traicionada por la dirigencia de la "oposición", llegando a reducirse a su mínima expresión de ciudadanos aislados e incomprendidos, por lo tanto atomizada y casi siempre desorganizada, u organizada pero vacilante, tibia por causa de quienes pretendían enfrentar al desparpajo del régimen con la misma corrección política dictada por el régimen y eludiendo verdad en la historia falsificada por el relato impuesto desde 2003. 

El abuso descontrolado del régimen durante la infeKtadura, la grosera torpeza de sus personeros más que la habilidad de los "dirigentes" opositores, hizo que el kirchnerismo perdiera por segunda vez a nivel nacional el poder que creyó poder aferrar con esa pretensión de eternidad que luce la dictadura cubana y su satrapía venezolana. 

Tan así las cosas la derrota al régimen en las urnas no se debió al curso normal de la política, que se preocupaba más por las apariencias de democracia que por la democracia en sí, sino a la irrupción de un político fuera de las reglas de corrección dictada por el régimen a la progresía. El fenómeno Milei que en la visión de ciertos kirchneristas iba a servir para atomizar aún más a la oposición, fue tal porque a pesar de la lógica desprolijidad de todo armado político nuevo y apresurado, capitalizó el hartazgo planteando romper el estatismo omnipresente del régimen, con lo cual logró en la instancia decisiva del balotaje aunar todo el voto opositor.

Aquella desprolijidad en la etapa proselitista tiene, por supuesto, continuidad y severas consecuencias como gobierno. No podía ser de otra manera. Pero a pesar de todo, sobre el desastre heredado, con contradicciones varias y abundancia de materia criticable, la nave va. Ciertamente no me gustan los modos del Presidente Javier Milei que faltando al decoro que merece la investidura presidencial, resignando con ello la declamada superioridad ética y estética, hacen lo que denomino "kirchnerismo libertario". Los "neokirchos" me dirán (como ya me han dicho) "ñoño republicano", pero elijo serlo antes que convalidar en este gobierno, al que voté, todo aquello que aborrezco del kirchnerismo. Particularmente creo preciso afirmar tanto el fondo como las formas de la República porque el riesgo de padecer otro retorno al poder del kirchnerismo todavía existe.
 
En tal sentido y siendo que Orwell no teorizó desde sus ficciones el después de la dictadura, nos toca analizar en virtud de nuestra realidad, un tanto distinta a la ficción, qué es lo que pasa con los partidarios del régimen totalitario cuando pierden una gran parte del poder.

O sea, aplicado a nuestro caso, la pregunta es: ¿qué pasa con los kirchneristas ahora que han perdido gran parte del poder (se mantienen fuertes en varias provincias) y sus conductas ya no tienen la cobertura de lo que desde el omnipresente Estado Nacional se pretendía que fuera normal?

Lo que ocurre es lo que las vivencias del presente dejan expuesto de manera tragicómica, que la "normalidad" a la que aspiraba el régimen era la de la consigna con que se modificó la ley de salud mental: desmanicomializar  para "normalizar la locura". Es decir, convertir al país en un manicomio a cielo abierto.

En esa "normalidad", por ejemplo, se pretendía que fuera "lenguaje inclusivo" hablar como idiotas. Y señalo el punto porque la manipulación del lenguaje por parte del totalitarismo es algo que Orwell aborda con mucho detalle en las dos novelas con que se referencia este artículo. En ellas explica claramente que el control del lenguaje permite reducir la capacidad de pensar hasta reemplazar la razón por la obediencia instintiva. Entonces, si el gobierno decía que debía aceptarse la autopercepción declarada de las personas por sobre la realidad objetiva de esas mismas personas, debía aceptarse lo falso como real. Y es que, como bien sintetizó Orwell, en esa concepción totalitaria dos más dos no es necesariamente igual a 4 sino que puede ser tres, cinco o cualquier cantidad que el gobierno diga que es. 

La inmoralidad de validar mentiras lleva a torcer la lógica de la razón imponiendo lo que Orwell llama "doblepensar", que consiste en:

"Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia; olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volverlo a traer a la memoria en cuanto se necesitara y luego olvidarlo de nuevo, y, sobre todo, aplicar el mismo proceso al procedimiento mismo".

Desde esa descripción del doblepensar y su "repudio a la moralidad" cabe observar, además de recordar lo que fueron como gobierno, lo que revelan las manifestaciones de la militancia kirchnerista como oposición al actual gobierno. Bastan un par de ejemplos para que se comprenda y a ellos me limito, porque en este aspecto cada lector puede seguramente añadir desde su conocimiento multitud de otros ejemplos.

Obsérvese que la principal líder kirchnerista, es la ex Presidente Cristina Elisabet Fernández, reputada corrupta condenada por defraudación al Estado a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para desempeñar cargos públicos. A su respecto la militancia kirchnerista sostiene el falso argumento de la proscripción, por el cual equiparan democracia con corrupción. También afirman otras dos falsedades contradictorias con igual entusiasmo, puro doblepensar; afirman tanto que es inocente como que robó para dar al pueblo. Una justificación, la de dar al pueblo, típica de la demagogia populista que hace dictadores ricos para pueblos empobrecidos, donde las prebendas adquieren mayor valor a medida que la miseria se expande. Cuestión, la del valor de las "migajas del festín" que por supuesto también abordó Orwell. Y con mucho detalle en "1984".

Porque milita esa miseria prebendaria el kirchnerismo pide tanto la libertad de Cristina Fernández como la de Milagro Sala, dos delincuentes, consecuentemente elogia la "entereza" de otros presos por no delatar a "compañeros" cómplices de la corrupción, reivindica contra toda evidencia como virtuosa la desastrosa reestatización de YPF dirigida por Axel Kicillof que sumó al país una deuda por 16.000.000.000 de dólares y, entre otras muchas demostraciones de atrofia moral, se llega al colmo de victimizar como una suerte de mártir a Alexia Abaigar, funcionaria de la Dirección de Sensibilización y Promoción de Derechos del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, imputada por haber arrojado excremento en el domicilio del diputado nacional José Luis Espert. 

Dicho en otras palabras: A más de celebrar la malversación kirchnerista de fondos del Estado, siempre echando culpas a otros sobre sus propios desaciertos de gobierno como el caso de YPF,  piden la libertad de CFK y Milagro Sala, condenadas por chorras, y de otra detenida por, literalmente, andar tirando mierda...

Estos pocos ejemplos que llegan a lo escatológico, bastan para calificar al kirchnerismo como una asociación ilícita de enfermos mentales. No cabe otra explicación a tanta aberración moral.

Los delitos cometidos por el kirchnerismo, en su enorme mayoría impunes -incluyendo el golpe de Estado del 19MAR20 con todos los ultrajes de la infeKtadura- son tan variados que demuestran la consciente voluntad de delinquir indiscriminadamente por parte de muchos más que tres y a un mismo fin: consolidar su proyecto totalitario de corrupción estructural. Eso es una asociación ilícita conforme al Código Penal. 

Digo al mismo tiempo que son enfermos mentales, pero no siendo la psiquiatría mi área de conocimiento no lo digo en términos psiquiátricos, aclaro pues que no son la clase de enfermos mentales que puedan considerarse no punibles. La atrofia moral que señalo como enfermedad mental de los militantes kirchneristas no es un atenuante sino un agravante, porque no son víctimas de una secta sino que desarrollan esa atrofia moral para ser parte de la asociación ilícita. Tienen la noción del bien y el mal que se desprende de la racionalidad del sentido común, saben por ende que mentir está mal y también que robar está mal, como tantas otras cosas que causan perjuicios, pero eligen ignorar toda noción del bien anulando sus consciencias para obrar sin culpa sumergiéndose en la mismísima alienación que intentan llevar al resto de la sociedad. Normalizada la locura, la moral que surge de la razón no tiene ningún sentido.

En la filosofía de las letras de Tango, la culpa revela siempre un fuerte sentimiento moral, la firme existencia de la noción del bien y el mal que hace que cada transgresión tenga un reproche. En la filosofía del kirchnerismo, que no es otra cosa que la filosofía totalitaria que supo Orwell plasmar en sus obras (pues como se dijo antes el kirchnerismo es otra marca para un genérico), la noción del bien y el mal, como la verdad misma, queda sujeta a lo que como tal defina el liderazgo de la asociación ilícita. Por lo que nada, absolutamente nada por racionalmente ilógico y moralmente aberrante que resulte, será interpretado de otra manera que la que decida ese liderazgo. 

Y ello así porque la esencia del kirchnerismo es la esencia misma del totalitarismo que siempre es una asociación ilícita de enfermos mentales.

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
ESTADO LIBRE ASOCIADO DE VICENTE LÓPEZ

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