Cada tanto y como un modo de entender las limitaciones de la realidad es buen ejercicio plantear una idea inviable. Es de lo que trata este artículo de lectura innecesaria y tal vez controversial.
Hace poco, aprovechando que estaba en España por razones personales, viajé a Ceuta con la única finalidad de conocer el Museo de la Legión Española. Tengo un gran aprecio por aquel "Tercio de Extranjeros" creado a instancias de un personaje fascinante y novelesco: Don José Millán Astray y Terreros siendo teniente coronel de infantería. Todavía hoy, los legionarios, hablan de él como si fuera su padre. Y es comprensible, porque las heridas en combate que recibió Millán Astray se llevaron un ojo y un brazo dándole autoridad más que suficiente para imponer el sacrificio como credo del legionario. Un credo, basado en el Bushido, del que supo dar ejemplo y ha sido emulado con sangre y honor a lo largo de la historia.
Millán Astray tomó la idea basándose en la Legión Extranjera Francesa, no solo con la finalidad de evitar bajas españolas en la guerra de África sino principalmente con la de formar una fuerza militar altamente especializada. Al respecto argumentaba que: "Todo país tiene derecho absoluto a reclutar extranjeros y constituir una legión extranjera sin temor a herir la susceptibilidad de los otros países. Para atraer a los extranjeros, para hacer rápida la propaganda. el nombre de legión, porque es conocido universalmente, porque un extranjero vale por dos soldados: el español que ahorra y otro extranjero que se incorpora y porque los vecinos llaman a la suya legión y nosotros queríamos tener la nuestra".
Recorriendo el Museo de la Legión Española, primero con la guía del amable legionario a cargo y luego en solitario silencio, pude sentir que más allá de las armas, los uniformes y los estandartes allí conservados y venerados, lo que se atesora y celebra es el ejemplificador coraje de los legionarios condecorados por sus actos de servicio, 22 reconocidos con la máxima condecoración militar de España que es la Cruz Laureada de San Fernando, la cual sólo se concede excepcionalmente luego de un severo proceso de evaluación de mérito. También conserva el Museo el "Libro de Oro de la Legión" en el que se asientan las muchas bajas que registró el Tercio desde su fundación en 1920 hasta 1934.
La Legión Española es un muy buen ejemplo de cómo tomar una idea de otros, la Legión Extranjera, y adaptarla al uso propio dándole una identidad distinta y única. Algo que subrayo como necesario cada vez que en cuestiones de Defensa, Seguridad o Inteligencia aparece la iluminación advenediza proponiendo que Argentina copie sin más lo que hacen otros, como si fuera el caso de adquirir la franquicia de un Mc Donald's o algo por el estilo.
La Legión Española nunca fue pensada por Millán Astray como una copia de la Legión Extranjera. Tomó la idea y la convirtió en una creación única e irrepetible. No sólo por su uniforme, sus pasos y todo aquello en lo que se exterioriza, sino por un espíritu de cuerpo que se distingue más allá del rito de sangre que necesariamente tienen en común la generalidad de las unidades militares.
A fin de entender ese resultado es que cobra particular importancia la canción "El novio de la muerte", un cuplé con una hermosa letra cantado de estreno en 1921 por Lola Montes en el teatro Vital Aza de Málaga, que se incorporó luego al repertorio de cabarets frecuentados por legionarios y fue tomado por el propio Millán Astray como canción de marcha. Himno no oficial de la Legión Española que terminó siendo canción de procesión religiosa convirtiéndose en rezo al Cristo de la Buena Muerte.
El pasado 2 de Abril, jueves de Semana Santa, la televisión española trasmitió en directo el tradicional desembarco de la Legión en Málaga que, con un masivo apoyo popular en las calles, culminó ante la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, sede canónica de la congregación religiosa del Cristo de Mena, donde una guardia de legionarios cantando "El novio de la muerte" trasladó a pulso la escultura del Cristo Crucificado de la Buena Muerte y Ánimas.
Esa ceremonia no tendría ningún sentido sin la mística de la Legión y sus legionarios en relación con la muerte. "Legionarios a luchar. Legionarios a morir" no es un llamado al suicidio, sino una determinación similar al "Coronados con gloria vivamos o juremos con gloria morir" del Oíd Mortales. Es aceptar la muerte por el valor de la vida.
Como dato de color, tomé conocimiento en mi visita al Museo que en los primeros 10 años de la Legión se alistaron en ella 140 argentinos. Más aún, a instancias del amable legionario a cargo del Museo pude conversar telefónicamente con un ex legionario argentino. Una conversación agradable entre mi curiosidad y su nostalgia.
En este punto cabe empezar a desarrollar esa "idea inviable" que anticipé al inicio. Que en este caso tiene un origen muy concreto, ya que comencé a pensar en ello trabajando en operativos de calle de los que participaba personal de Migraciones. Muchas veces, demasiadas para mi gusto, pude constatar que al detectar extranjeros ingresados al país de manera irregular los inspectores de migraciones se limitaban a comunicarles que debían regularizar su situación y que "tuvieran a bien" hacerlo. Algo para lo que se ofrecían exageradas facilidades. Eran los años en los que el régimen kirchnerista promovía el "PLAN PATRIA GRANDE", una sarasa en virtud de la cual poco menos que nos convertimos en los idiotas de Sudamérica regalando residencia, nacionalidad y beneficios varios a extranjeros que a cambio de ello no ofrecían nada útil al país.
Aquí, para que nadie confunda orden con xenofobia, aclaro una vez más que la culpa en este tipo de cosas no es del inmigrante sino del país que los recibe. Argentina es históricamente (y debe seguir siéndolo) un país receptor de inmigración, que abre sus puertas a quien llama a ellas, pero una cosa es recibir a quienes piden permiso para pasar por la puerta mostrando voluntad de respetar nuestras leyes y otra muy distinta es darle trato más que benigno a los que se cuelan por las ventanas o saltan por los techos. El kirchnerismo hizo todo lo que estuvo a su alcance para debilitar a la Nación Argentina, porque uno de sus anhelos era diluir nuestra identidad en un "Estado plurinacional". Y a eso apuntaba su política migratoria, lo mismo que la exacerbación de los "pueblos originarios" (aunque no tuvieran nada de originarios). Creo que todavía no se termina de dimensionar el daño que el kirchnerismo hizo a la Nación Argentina.
Tenía, entonces, la sensación que estábamos devaluando el significado de la nacionalidad argentina al regalar la ciudadanía. Lo cual, es preciso decirlo, revelaba de modo claro nuestra baja autoestima al no valorar nuestra condición de ciudadanos nativos. Y como forma de devolverle valor comencé a imaginar mecanismos de mérito para acceder a la nacionalidad y que no fuera un mero trámite. Un pensamiento de sentido común similar al que luego expuso Giorgia Meloni en Italia: "La ciudadanía italiana no se regala, no es un derecho, es un premio para aquellos que respetan nuestras reglas, nuestras leyes y nuestra identidad".
De allí que me rondara la fantasiosa idea de crear un Batallón de Extranjería, para que aquello que graciosa y perjudicialmente regalaba del kirchnerismo se convirtiera en un premio y dejara de ser dádiva para el extranjero y humillación para los propios. Son muchos los extranjeros que desde las luchas de la Independencia han servido lealmente combatiendo por la Nación Argentina, el nombre de cualquiera de ellos bien podría definir la impronta de un batallón de extranjeros: Brown, Bouchard, Cramer, etc.
Por supuesto, era y sigue siendo una idea inviable para un presupuesto de defensa paupérrimo en un país con serios problemas morales y que todavía no recupera su autoestima en términos de orgullo de ciudadanía y que además se dio el lujo de basurear a sus fuerzas armadas como sólo un país de idiotas puede hacerlo. Hoy la situación de las FFAA presenta, a mi percepción, una complejidad que no acepta simplificaciones fáciles y mucho menos autobombos de funcionarios como el del ex ministro y hoy senador Luis Petri en X.
No sin pesar, diré que años atrás algunos jóvenes argentinos con vocación militar se enlistaron en ejércitos extranjeros -en parte- por consejo mío. He recibido fuertes críticas por aconsejar en tal sentido, pero al mismo tiempo nadie ha podido cuestionar el peso de las razones fundamentando ese consejo. Con dolor en el alma, lo hice. Por el bien de la Patria y de esos mismos jóvenes, para que no sean forreados aquí donde gran parte de los políticos desprecia a los militares e impresentables como Agustín Rossi pueden ocupar el Ministerio de Defensa. Al fin de cuentas, si fuera el caso que Argentina lo necesitara, siempre podrán retornar.
Permítanme aclarar algo importante: haber aconsejado a algunos jóvenes enlistarse en ejércitos extranjeros (donde además las posibilidades de acción bélica estaban latentes), no significa ni remotamente que no valore a quienes eligen, pese a todo (y subrayo: pese a todo) servir desde el vamos en nuestras FFAA. Hay que tener realmente un gran espíritu patriótico y vocación militar para elegir una carrera de penurias y carencias varias. Y sin ellos sería imposible conservar esperanzas de recuperar capacidades perdidas para que, alguna vez, no sea moneda corriente que los formados en ellas abandonen sus filas por falta de estímulos.
Cuando en Ceuta, luego de visitar el Museo de la Legión Española, me senté en un café a reflexionar sobre lo visto, me fue imposible no pensar en esos jóvenes argentinos enlistados en distintos ejércitos y muy particularmente en el hijo de un querido amigo que recientemente se enlistó en la Legión Extranjera. A la que siempre han acudido argentinos, siendo conocido el caso de Rodrigo Duarte, hijo del destacado Veterano de la Guerra de Malvinas José Martiniano Duarte.
Lo siguiente es una conveniente acotación antes de ir al cierre de este artículo que no es ninguna propuesta sino la exposición de unos cuantos sentimientos pensados.
La Guerra del Paraguay marca un momento de la historia argentina que conmueve por su significado de grandeza futura, cuando allí se alistaron voluntariamente para ir al frente aquellos a los que hoy llamaríamos "hijos del poder". Esos jóvenes que en cierta medida eran los beneficiarios del sistema y que tenían ambiciones políticas dentro de él, como era el caso de Domingo Fidel Sarmiento, en lugar de aferrarse a la comodidad asumían que para ganarse su lugar en ese sistema debían demostrar su valía en combate. Esos jóvenes fueron la Generación del 80, la que hizo fuerte a la República Argentina.
Como contrapartida de ese compromiso, cabe ver la muy buena película de Robert Redford "Leones por corderos", en la que se plantea un escenario donde los beneficiados del sistema no asumen el compromiso de pelear por él, lo cual es un síntoma de decadencia, que vienen a compensar otros que buscan un lugar en esa sociedad.
Y a veces esos otros son extranjeros, con buenas o malas intenciones respecto a la identidad de los locales. Estos no son tiempos de regalar ciudadanías, no le está yendo bien a los países que lo hacen. Como no le fue bien a la Argentina siendo expendedora gratis de DNI's.
Vuelvo a la idea inviable, acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", porque nada estimula más la imaginación que aquello que se sabe inviable. Entonces imagino un Batallón de Legionarios Extranjeros haciendo méritos para ganar por servicios prestados la nacionalidad argentina. Algo para recordarle a los nativos que nacer argentino es un privilegio. Y quizá, una gran oportunidad para repatriar a tanto compatriota que hoy viste uniforme extranjero.
Ya ven, una idea inviable en tanto la República Argentina siga sin entender que el Himno Nacional es el mandato de su destino.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.