lunes, 30 de junio de 2025

BREVE ANECDOTARIO DE PRESIDENTES Y VICES (contingencias de un cargo ingrato)






Como lo prometido es deuda, presento la versión actualizada del BREVE ANECDOTARIO DE PRESIDENTES Y VICES que publiqué en Julio de 2008 a propósito del grave conflicto generado  por la Resolución 125 que llevó al voto "no positivo" del entonces Vicepresidente Julio Cobos. De entonces a hoy no es poco ni insignificante lo que la realidad política le ha aportado al anecdotario de presidentes y vices.

BREVE ANECDOTARIO:

SOBRE LA FIGURA DEL VICEPRESIDENTE Y CIERTAS AMBICIONES PRESIDENCIALES.

La figura del Vicepresidente contribuye a dar expectativa de continuidad a la gobernabilidad del sistema presidencialista, es un cargo de la mayor responsabilidad que cobra relevancia en situaciones de crisis, por ende sumamente ingrato. Esa siempre latente amenaza de sucesión suele despertar recelos por parte del presidente cuando ve en su aliado más cercano a un potencial adversario.

Sin embargo la figura del vicepresidente, al igual que herramientas duras como el estado de sitio, es un acierto de los constituyentes, quienes en su sabiduría nunca dieron por sentado que todo sería perfecto sino que previeron hacer frente a las dificultades que pudieran poner a prueba la solidez institucional de la República. 

Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", el punto haya quedado en evidencia tempranamente, cuando el Presidente de la Confederación Argentina Santiago Derqui, jaqueado por Buenos Aires y la deserción de Urquiza, se vio obligado a abandonar el país el 08 de Noviembre de 1861. En ese contexto le tocó al Vicepresidente Juan Esteban Pedernera, en acuerdo de Ministros, firmar el acta de defunción del Gobierno Nacional declarándolo en receso “hasta que la Nación reunida en Congreso, o en la forma que estime más conveniente” pudiera salir del atolladero.

Sin embargo nadie arrojó suspicacias sobre segundas intenciones en Pedernera. No correspondían.

El Presidente Bartolomé Mitre (1862-1868) depositó la mayor de las confianzas en el Vicepresidente Marcos Paz, en quien delegó la Presidencia para dedicarse a la conducción militar de la Guerra del Paraguay. Así las cosas, le tocó a Marcos Paz ser vicepresidente en ejercicio de la Presidencia de la Nación Argentina cuando su hijo, Francisco, murió combatiendo en Curupaytí el 22 de Septiembre de 1866. La lealtad y el honor entre Mitre y Paz continuaron sin estar en duda, y eso que por aquellos años ya se fabricaban unas roscas políticas de maestro panadero. Curiosamente, siendo dable suponer que por su rol de reserva el Vicepresidente debiera tener una expectativa de vida mayor a la del Presidente, Marcos Paz era 10 años mayor que Mitre y falleció el 02 de Enero de 1868. 

La aprehensión cultural hacia el Vicepresidente parece haber sido iniciada por el Presidente Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874), quien miraba con recelo al Vicepresidente Adolfo Alsina. La única ocasión en que Sarmiento delegó el mando en el Vicepresidente tuvo lugar durante su visita a Justo José de Urquiza en Febrero de 1870. Desde antes de asumir la Presidencia Sarmiento evidenció antipatía por Alsina, dejando trascender que la función que le reservaba a su compañero de fórmula, al que calificaba de “compadrito porteño” era la de “Presidente del Senado para tocar la campanilla”.

Consecuencia de ese ninguneo sarmientino, el diario La Nación satirizando a Sarmiento con el jocoso verso “Vida del famoso moro Al Ben Razín”, dado que aquel era propenso a jactarse del origen árabe de su apellido, apodó a Alsina con el ingenioso apodo de “Alí Sinah Ben Tilín”. Desde entonces muchos presidentes argentinos han querido limitar el desempeño del Vicepresidente a sacudir la campanita en el Senado para llamar a sesiones.

El curso de la historia, antes de ahondar las desconfianzas de los presidentes hacia sus vices, iba a evidenciar otra arista institucional que, probablemente, también sea importante tratar de comprender: la pretensión de todo presidente que cumple mandato de encontrar en su sucesor mecanismos de continuidad para lo que -legítimamente- considera su obra. El Presidente que se va quiere, desea, aspira a que su influencia no se diluya. Así, Julio Argentino Roca pretendió en 1886 que Miguel Juárez Celman -su cuñado y delfín- actuara guardándole cierta subordinación moral. Pero ocurre también, que todo Presidente que llega a la Casa Rosada percibe de inmediato que es por él, y sólo por él, que suenan los tacos de los granaderos. Muy pronto Juárez Celman, para desazón de Roca, decidió ser el Presidente Juárez Celman.

Ciertamente no fue un intento exitoso, su estilo de roquismo sin Roca quedó definido como “el unicato” y concluyó desastrosamente en 1890 tras la fallida Revolución del Parque, aquella comedia de enredos magistralmente sintetizada en la famosa frase acuñada por el Senador Manuel Pizarro: “La revolución está vencida, pero el gobierno está muerto”.

Esa vez, frente a la crisis, le tocó al Vicepresidente Carlos Pellegrini asumir la Presidencia de la Nación, ganándose para la historia el título de “Piloto de tormenta”. No iba a ser el último.

José Evaristo Uriburu se hizo cargo de la Presidencia el 22 de Enero de 1895 con la renuncia del débil Luis Sáenz Peña, caricaturizado como un pavo por los dibujantes de la época, y cuya postulación presidencial había sido una argucia fomentada por Roca y Mitre para lograr que su hijo, Roque Sáenz Peña, declinara de competir por la presidencia en representación de la corriente modernista.

El 12 de Octubre de 1898 Roca asumió su segundo mandato presidencial, llevando como vice a Norberto Quirno Costa. Seis años después lo sucedía Manuel Quintana, quien por motivos de salud iba a entregar el cargo a su Vicepresidente José Figueroa Alcorta.

El 12 de Octubre de 1910 llegó a la Presidencia de la Nación Argentina Roque Sáenz Peña. Este Presidente, que al decir de Octavio Amadeo: “No se incrustaba en los cargos públicos; los aceptaba con elegancia y los devolvía con dignidad”. Si bien considero a Roca el mejor Presidente de la historia argentina, Roque Sáenz Peña es entre todos los presidentes y por razones románticas el que mayor simpatía me despierta. Lamentablemente, su salud le impidió completar mandato, y tras pedir licencia sin término el 04 de Febrero de 1914 fallece el 09 de Agosto del mismo año, por lo que el Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia Victorino de la Plaza asumió la Presidencia hasta cumplir mandato.

Como vemos, el Vicepresidente ejerce un cargo de expectativa que merece una mayor consideración que la pobre idea sarmientina de restringir su función al tintineo de la campanilla. Enfermedad o muerte del Presidente, crisis de toda índole, guerra, son circunstancias probables que como tales han sido previstas por los constituyentes para la entrada al juego de ese hombre sentado en el banco de los suplentes. Pesada responsabilidad la de ser Vicepresidente.

Dando saltos al presente, parece oportuno ahondar en esa inercia por perpetuarse que experimentan los presidentes al dejar la función. Así como no le fue bien a Roca con Juárez Celman, tampoco logró jugar al titiritero Hipólito Yrigoyen con Marcelo Torcuato de Alvear, del que esperaba al menos un rol de consulta y obtuvo en cambio total independencia. Según palabras de Manuel Gálvez “Alvear sabe que, si nombra ministros a los fieles de Yrigoyen, no gobernará él sino Yrigoyen. Tiene el sentido de su deber, y entre la amistad o el agradecimiento, por una parte, y el deber, por otra, no vacila. Sus ministros son viejos radicales, aunque no pertenezcan al círculo hipolitista. Él admira y quiere a Yrigoyen, pero su dignidad le impide entregarse a su dominación”.  

Tómese nota del concepto: "su dignidad le impide entregarse a su dominación"

De 1930 a 1983 la lógica institucional de la política quedó profundamente acotada por la irrupción de los golpes militares y el surgimiento en la década del cuarenta del liderazgo de masas de Juan Domingo Perón, quien como partícipe del golpe de Estado de 1943 que derrocó al Presidente Ramón Castillo ocupó distintos cargos en el gobierno de facto llegando a ser vicepresidente del General Edelmiro Farrell, su paso previo a ser presidente constitucional ganando las elecciones de 1946. Con el advenimiento del peronismo se inició una época cuyas consecuencias se perciben todavía hoy.

A diferencia de presidentes anteriores, Perón no buscó prolongar su mandato mediante un delfín, sino que directamente y forzando una ilegítima reforma constitucional logró la reelección inmediata. Los vicepresidentes no fueron un problema para Perón en sus dos primeras presidencias, el problema lo tuvo el país cuando a la tercera en 1973 se concretó la fórmula Perón-Perón. El fallecimiento del viejo líder dejó el país en las incapaces manos de Isabel Martínez de Perón, con los resultados por todos conocidos.

Reinstaurada la democracia (o algo por el estilo) en 1983, Víctor Martínez supo ser el Vicepresidente de las campanillas, el ideal de la concepción sarmientina. El Dr. Raúl Alfonsín no experimentó ningún sobresalto por ese lado, ese cuarto de la casa siempre estuvo en orden. Aunque el patio... bueno, ya se sabe.

Con su sucesor, el Dr. Carlos Saúl Menem, resurge la idea de la reelección inmediata y en esos juegos de poderes la figura del Vicepresidente volvió a ser vista con desconfianza por lo que Eduardo Duhalde renunció como tal para postularse a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires. 

Esa renuncia para postularse a otro cargo no sólo fue malo para la República porque al quedar sin vicepresidente se vulnera el mandato constitucional (aunque eventualmente en caso de acefalía otro pudiera tomar su lugar) sino que también fue malo porque afirmó la inmoral idea de poder abandonar un cargo sin cumplir el período asignado para el que se fue votado con la finalidad de ser elegido para otro. Esa falta de compromiso con la República es la misma que evolucionó luego hacia las "candidaturas testimoniales", que no fueron ya las de quienes se presentan sin chances al efecto de testimoniar convicciones, cosa loable, sino la de aquellos que por tener chancees de ganar se presentan como meros mascarones de proa y con la decisión de no asumir el cargo para el que resulten votados. Un artilugio más de los que desvirtúan al sistema representativo. 

Tras cumplir su primer período a gusto por la ausencia de Vicepresidente, como si fuera aquella una autoridad innecesaria, Menem inicia su segunda presidencia acompañado por Carlos Ruckauf, quien cumplió mandato. 

Tras diez años de menemismo, durante la Presidencia de Fernando De La Rúa el escándalo de los sobornos por la Ley de Trabajo en el Senado de la Nación provoca el enfrentamiento entre el Presidente y el Vicepresidente Carlos Álvarez, quien con gran daño para el país presentó su renuncia. Con constantes desaciertos el Presidente De La Rúa, rodeado de sus "pescados crudos" (esos inútiles despreciables del Grupo Sushi) concluyó en la violenta crisis del 2001 que nos acercó peligrosamente a la anarquía del Año XX. La ausencia del vicepresidente agudizó entonces la acefalía en un efecto dominó de tal ingobernabilidad que costará olvidar las risas de Arnold Schwarzenegger preguntando a Marley -en medio de una entrevista por cosas del cine- cómo se llamaba el Presidente argentino de ese día.

Frente al desbande social el entonces Senador Eduardo Duhalde, ungido Presidente de la Nación por la Asamblea Legislativa, condujo el país a la normalización institucional, promoviendo la candidatura presidencial de Néstor Kirchner. La creencia popular es que esperaba, igual que Roca con Juárez Celman e Yrigoyen con Alvear, mantener una gran cuota del poder detrás del llamado Sillón de Rivadavia. Pero Kirchner entendió que los tacos de los granaderos (milicos, mal que le pese) sonaban por él, y una vez más un Presidente decidió ser Presidente (mal que me pese, para ser franco).

Se me ocurre que las líneas que a continuación transcribo, escritas por Roca en relación a Juárez Celman, bien podrían pasar por una descripción de Duhalde refiriéndose a Kirchner:

“No tengo nada que esperar sino que continúe con sus maldades y bajezas conmigo. Las viles y ruines pasiones que nuestro presidente tenía en germen y medio ocultas, han florecido espléndidamente en el poder. No en balde en Córdoba el instinto público lo repulsaba y lo repulsa siempre. Sólo yo he sido el cándido que no he sospechado el egoísmo sin límites, la avidez y la falta absoluta de instintos nobles y hasta el sentido moral de Juárez. No hablaré de su ignorancia porque he podido suplirlo con un poco de sentido común (…) Pero mi pesar más grande es la responsabilidad que tengo ante el país por tanta torpeza que he cometido al servir de puente y barrer el camino a tanta inmundicia, así, todo lo que a mí me hagan es merecido por bruto”.

El notorio maltrato al que como Presidente sometió Néstor Kirchner a Daniel Scioli, quien durante la campaña electoral se presentaba como un Vicepresidente no limitado a tocar la campanilla, pues participaría de algunas decisiones y manejaría áreas en las que venía trabajando tales como deporte y turismo, reflotó los viejos recelos. Scioli no renunció y se quedó tocando la campanilla, lo cual fue bueno para la República, pero concluido el mandato terminó asimilado al kirchnerismo, convalidando así las humillaciones y el maltrato con una vocación de felpudo que más que hablar de lealtad, compromiso republicano y ánimo conciliador (virtudes que muchos creímos y quisimos ver en él antes de revelarse un sumiso felpudo) denuncian falta de personalidad. El contraste entre la dignidad de Alvear y la indignidad de Scioli es, a más de notorio, otra muestra de la degradación de la dirigencia política.

Kirchner, rompiendo lo que ya era una tradición de los presidentes peronistas iniciada por Perón y ratificada por Menem, no se presentó a la reelección inmediata, pero eligió e impuso como delfín a su propia esposa. Cristina Fernández de Kirchner fue la primera mujer que llegó a la Presidencia encabezando la fórmula, y es notorio que su trayectoria política demuestra capacidades que desestiman cualquier comparación con Isabel Perón. Pero, a diferencia de quienes fueron ungidos "delfines" como Juárez Celman, Alvear, Cámpora y el propio Néstor Kirchner, ella convivía con el ex Presidente. 

Esa circunstancia, inédita en la política argentina, hacía obvio el interrogante sobre la dinámica del poder entre ambos. ¿Se daría cuenta Cristina Fernández que era por ella, y sólo por ella, que sonaban los tacos de nuestros granaderos? La muerte de Néstor Kirchner en 2010 puso fin a la situación y al interrogante. Muerto Kirchner la viuda lanzada a la reelección no dejó margen a ninguna duda respecto a que ella era y se sentía Presidente. 

La relación de Cristina Fernández con el radical Julio Cobos, su vicepresidente elegido por Kirchner, se rompió definitivamente cuando aquel desempató la votación sobre la Resolución 125 diciendo “Mi voto no es positivo” en la jornada, por ese motivo histórica, del 17 de Julio de 2008 al fragor de un país caldeado.


Consecuencia de ello el kirchnerismo se radicalizó profiriendo amenazas de muerte por traidor a Cobos, con pintadas en las calles que literalmente decían: "Cobos traidor, saludos a Vandor", y en el mismo tenor amenazante otras dirigidas a la oposición en general, lo que era todavía más grave: "Ni lo piensen". La lógica amigo / enemigo que Kirchner había empezado a implementar fogoneando resentimientos y odios, fue llevada al paroxismo por Fernández, quien una vez librada de su antecesor exigía completa sumisión de los propios, a riesgo de ser llamados traidores, y la pasividad atemorizada de dirigentes "opositores". 

Con esa marcada impronta estalinista Cristina Fernández fue reelecta presidente en 2011 llevando a Amado Boudou como vicepresidente, quien a diferencia de Cobos le garantizaba completo alineamiento. Un alineamiento con mucho de asociación ilícita dado que ambos terminaron condenados por corrupción.

Mauricio Macri entre 2015 y 2019 no tuvo mayores roces públicos con la Vicepresidente Gabriela Michetti. Provenían del mismo partido y no hubo sospecha alguna que aquella ambicionara desplazarlo del cargo, sin embargo la relación entre ambos se fue apagando durante el mandato y estaban distanciados al terminarlo.

Michetti, como tantos otros vicepresidentes, pudo sentirse frustrada por no haber sido incorporada a la mesa del presidente, lo que en su caso fue producto de la dinámica interna del PRO en la que otros, como Marcos Peña, lograron mayor influencia sobre Macri.

Aquel gobierno tenía una misión principal que era impedir el regreso al poder del kirchnerismo, cosa en la que fracasó. Básicamente, ese fracaso y tantos otros se debió a subestimar el daño cultural causado por el kirchnerismo. Los amarillos pretendieron gobernar conservando la cultura tal y como había sido subvertida por el régimen kirchnerista. No motorizó el PRO la batalla cultural y de hecho sus últimas medidas fueron de neto corte kirchnerista.

Al interregno macrista siguió la restauración del régimen kirchnerista con la fórmula Alberto Fernández presidente y Cristina Fernández vicepresidente. Lo novedoso del caso, a efecto de este anecdotario, es que que por primera vez un ex presidente fue votado vicepresidente. 

Una rareza frente a la vía de contingencias sucesorias por las que fueron presidentes Carlos Pellegrini (por renuncia de Juárez Celman), José Evaristo Uriburu (por renuncia de Luis Sáenz Peña), José Figueroa Alcorta (por muerte de Manuel Quintana),  Victorino de la Plaza (por muerte de Roque Sáenz Peña), Ramón Castillo (por renuncia de Roberto Ortiz) e Isabel Martínez (por muerte de Juan Perón). Mientras que por la vía del ascenso político solamente Juan Perón y Eduardo Duhalde, uno a través de comicios y el otro como respuesta institucional a un estado de crisis, llegaron a desempeñar la Presidencia por razones ajenas a un ejercicio anterior de la Vicepresidencia. 

Para hacer la cuestión todavía más peculiar, fue Cristina Fernández quien ungió con su dedo candidato presidencial a Alberto Fernández. En general, salvo cuando se producen los acuerdos típicos de alianzas o coaliciones, es el presidente quien elige a su compañero de fórmula. En este caso la fórmula se armó al revés, Cristina Fernández decidió postularse como vicepresidente para mitigar el rechazo a su figura llevando un presidente simbólico que pudiera pasar por moderado. Esa suerte de "enroque de dama" fue presentado por los acólitos de una "Cristina eterna" como un gesto magnánimo de humildad, pero siempre estuvo claro que era una especie de actualización de aquella consigna peronista de 1973: "Cámpora al Gobierno, Perón al poder". O sea, un mero artilugio electoral y, una maniobra para garantizar la impunidad de la corrupción kirchnerista. 

Juntos hicieron el gobierno más antidemocrático de la historia argentina. Más antidemocrático incluso que cualquier dictadura militar. Con excusa de pandemia dieron el, todavía impune, golpe de Estado del 19 de Marzo de 2020 contra la Constitución Nacional que dio inicio a la infeKtadura. Fue esa la más inmoral e infame de todas las dictaduras padecidas por Argentina a lo largo de su historia y la que más libertades cercenó causando muertes absolutamente evitables. Otras dictaduras mataron opositores o terroristas, es decir elementos que aspiraban al poder, la infeKtadura se concentró en matar gente común. Así, en ese ensañamiento contra la población, fue porque le impedían reunirse con su hija que Mauro Ledesma murió al intentar cruzar a nado el río Bermejo. La misma opresión dictatorial por la que otro padre debió caminar llevando en brazos a su hija enferma ya que no le dejaban transportarla en auto. Más allá de la mención insoslayable, largo y penoso sería enumerar aquí la repugnante sucesión de abusos criminales durante la infeKtadura.


Durante esos cuatro años Alberto Fernández fue Alberto de la Fernández, al que hoy podemos señalar como el presidente que no fue. Un títere de su vicepresidente a la que se le enredaron los hilos porque el muñeco era tan de madera que ni siquiera articulaba. Ni para títere servía. Nadie vio en Alberto Fernández un verdadero presidente, por primera vez todo el poder estuvo en la mano que tocaba la campanilla del Senado. Alberto, sordo a los tacos de los granaderos, ni siquiera lo intentó más allá de alguna patética declamación. Si de algún modo Alberto limitó el poder de Cristina, no fue por voluntad propia sino por inservible. Hasta Héctor Cámpora, que había sido ungido por Perón como candidato presidencial y bajo la consigna antes citada fue votado para no ejercer el poder en nombre propio, tuvo más intención presidencial que Alberto, tanto que en sólo dos meses se ganó aquel famoso reproche del viejo líder por haber llenado el gobierno de putos y marxistas.

La desastrosa presidencia de los Fernández generó el hartazgo del cual surgieron las condiciones de catapulta para el "fenómeno Milei", un candidato disruptivo en sus modos y con un mensaje virulentamente claro en cuanto al rol del Estado. 

En este siglo es una escena repetida que en campaña el postulante a la Presidencia prometa o sugiera que su vicepresidente vaya a desempeñar un rol en el gobierno más allá del Senado. En tal sentido, si Kirchner prometía turismo y deporte para Scioli, Javier Milei expuso públicamente durante la campaña electoral que las muy sensibles áreas de Seguridad y Defensa iban a ser responsabilidad de su compañera de fórmula Victoria Villarruel. Esa promesa quedó sin efecto por los acuerdos para el balotaje que determinaron ceder esas dos áreas al binomio que integró la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich y Luis Petri. 

De tal modo se pudo ganar el balotaje poniendo fin a las largas y profundas aspiraciones, presidenciales, de Sergio Massa en su variante más kirchnerista. 

No obstante haber sido desplazada de las responsabilidades de Defensa y Seguridad, en los primeros meses de la Presidencia de Milei la Vicepresidente Villarruel participaba de reuniones de gabinete, lo que sugería que aquella promesa electoral de darle participación en el gobierno de algún modo iba a sostenerse con otras responsabilidades o simplemente con un rol de consulta. 

Parecía que Milei y Villarruel se entendían bien. De hecho en campaña siempre fueron distintos pero complementarios en varios aspectos, luego la dinámica de poder en el círculo íntimo del presidente dio lugar, con mucho de paranoia infundada, a sospechas de traición por parte de la vicepresidente. Razón por la cual, como última anécdota de este breve anecdotario de presidentes y vices, de aquella fórmula presidencial hoy quedan a vista de todos un presidente y una vicepresidente que no se dirigen la palabra ni siquiera en actos protocolares. 


Sin dudas con el correr del tiempo este anecdotario deberá volver a ser actualizado, porque en la siempre exótica República Argentina la historia y la historieta, continuarán.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
Estado Libre Asociado de Vicente López.

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