lunes, 29 de junio de 2026

EL HONOR DE LOS GENDARMES NO ACEPTA TRAIDORES





En Febrero de 2024 publiqué un artículo titulado "QUE UNA NUBE DE MERCA NO TAPE QUE: LA CORRUPCIÓN POLICIAL ES POLÍTICA". 

Su contenido fueron algunas consideraciones a partir de un hecho curioso: la explosión de un tubo de GNC durante la maniobra de carga en una estación de servicio de Salta. El accidente se convirtió en noticia policial porque el tubo cargaba veinte kilos de cocaína. La conductora del vehículo Sofía Chaparro, era integrante de la Policía Bonaerense y viajaba con sus tres hijos menores. 

La suboficial bonaerense fue condenada a seis años y medio de prisión, tras que la fiscal interina de la Sede Descentralizada de Orán, María del Carmen Núñez propusiera resolver el caso mediante un acuerdo de juicio abreviado arribado con la defensa de la acusada. Su pareja, Fabián Giménez, enfrentaba un proceso penal similar, cuyo resultado desconozco. No me consta que la investigación haya ido más allá de ellos.

Viene a cuento tener presente este hecho, porque el pasado domingo, 28 de Junio de 2026, Ivana Georgina Portal, una médica de Gendarmería fue detenida en Tartagal, Provincia de Salta, tras denunciar un intento de asalto en la Ruta 34 con disparos que impactaron en su vehículo en el que la acompañaba Delia Yolanda Tame, cosmetóloga de 35 años. Al inspeccionar los daños del vehículo la Policía encontró unos 70 kilos de cocaína ocultos en el baúl del auto. 

Según la crónica de Infobae (ir a nota), Portal, de 39 años, está calificada como irrecuperable por el sistema financiero y es pareja del chofer (también gendarme) del jefe del Escuadrón de Tartagal.

PRESERVAR LAS INSTITUCIONES, COMBATIR AL NARCO

Este hecho es sumamente grave, daña la confianza en la Gendarmería Nacional en una zona altamente conflictiva y requiere una respuesta a prueba de especulaciones no sólo que restaure la confianza perdida sino que la fortalezca a futuro. Estamos en un escenario dinámico y se debe obrar en consecuencia.

Cuando una institución se ve involucrada favoreciendo de cualquier forma en aquello que tiene por misión enfrentar su confianza no se daña, se pierde. Y hay que asumir esa pérdida para poder recuperarla. Se espera otra cosa de la Gendarmería Nacional y toda institución habla por la conducta de sus integrantes. Por supuesto que siempre, como en toda organización humana, hay conductas desviadas, pero el punto es que la misma organización debe ser quien detecte y depure a los débiles morales o lisa y llanamente traidores que deshonran la pertenencia. Cuando la vigilancia de los asuntos internos opera con eficiencia cada desvío detectado fortalece la confianza en la institución, no así cuando la detección viene por medios externos, como ha sido en este caso.

Mucho más grave incluso que el caso de la suboficial narco de la Policía Bonaerense, porque en este episodio (y digo episodio porque ya no vale suponerlos hechos aislados sino como episodios de una evolución situacional compleja) el detonante del descubrimiento no fue un mero accidente sino una acción delictiva que incluye disparos contra el auto en el que se desplazaba la médica de la Gendarmería. 

Más allá de lo meramente judicial, lento y en general insuficiente, esa acción violenta, intento de robo o mexicaneada, abre varios interrogantes que será preciso esclarecer: ¿hay corrupción estructural hoy en la Gendarmería Nacional?, ¿cuántas bandas de narcos operan en Salta enfrentadas?, ¿cómo están evolucionando sus relaciones de poder?, ¿hasta donde llega la participación de gendarmes en ellas?

Con esas solas cuatro preguntas podría empezar su trabajo la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal (DNIC), porque esto impone a la ministro Alejandra Monteoliva tomar decisiones con urgencia. La frontera norte, Salta en particular, está dando señales de requerir una intervención mayor, una de esas a las que no se marcha con los fusiles al hombro sino en las manos, no a tocar timbres sino a patear puertas.

Y el primer interesado en hacer que esto lejos de pasar al olvido sea una plataforma de ofensiva debe ser el Director de la Gendarmería Nacional, Comandante General Claudio Brilloni.

Ya terminando, aquí como en mi nota de febrero de 2024, subrayo una vez más que la corrupción policial, en este caso léase de las fuerzas o de las instituciones, es política. El gobierno recibió las instituciones severamente dañadas, verdad que no hay que olvidar, pero es el mismo gobierno que venía a terminar con los vicios de la casta política y es por eso que debemos exigirle respuestas de magnitud acorde a la promesa electoral. 

Décadas de miserabilidad moral en la política han permitido que la identidad ética de cada fuerza y sus integrantes se relativizara. Se ha olvidado que no se trabaja de policía, gendarme o prefecto, Se es o no se es. Y serlo implica ser honesto. No admito discusión al respecto. 

Como tantas veces he escrito y creo que demostrado no me siento ajeno a la Gendarmería, por eso mismo aquello que la daña me duele más que eso mismo en otros ámbitos. Gendarmería es y debe ser sinónimo de honor, la sangre de gendarmes vertida por el cumplimiento del deber no admite traidores. 

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
 

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