Existe, sobre la historia de nuestra Nación contada con distancia, una muy cómoda gratitud hacia quienes nos legaron la Patria dando su sangre en la lucha por la Independencia.
Nombres de pueblos y calles. Monumentos en las plazas, actos escolares, canciones, alguna que otra película como El Santo de la Espada, otras expresiones artísticas y (entre otros muchos usos de aquella memoria) las referencias a ese pasado de gloria en los discursos políticos; todo ello pretendiendo dar testimonio de gratitud.
Seguramente hubo un tiempo en el que esa gratitud se sentía real. No dudo que la Generación del 80, por caso, honraba esa memoria y expresaba su gratitud esforzándose por llevar la República Argentina al destino señalado por el Bardo de la Libertad, Vicente López y Planes, en ese Oíd, Mortales! que desde el 11 de Mayo de 1813 llevaron a cada batalla quienes combatieron por la Independencia.
Por supuesto, no digo que llegado este 2026 no queden ya quienes guarden sincera gratitud por los guerreros de la Independencia, pero imagino que esa sinceridad requiere inocencia. Acaso, hermosa palabra la palabra acaso, la pura inocencia de los niños cuando aprenden (los que todavía lo aprenden) rudimentos históricos del porqué flamea en el patio de la escuela la Bandera que Belgrano nos legó.
Asumamos con la sinceridad de la que tanto escapamos, que quienes dejamos atrás esa inocencia, todos aquellos que hoy nos decimos "ciudadanos", somos desde hace mucho un hato de hipócritas.
Cada palabra de elogio a la gesta de la Independencia, sus próceres y las almas anónimas que pelearon por ella, no hace otra cosa más que exhibir nuestra completa inconsistencia moral. Sobre los huesos y cenizas de los que pelearon "por nosotros" hace dos siglos, es muy fácil mostrar gratitud. Alcanza con declamarlo y ni falta hace cortar una cebolla para que una lágrima de ocasión le de lustre de emoción a tal agradecimiento. Es sencillo, es cómodo, es conveniente, es un lugar común. Y no es otra cosa que una mentira.
Hipócritas y desagradecidos. Eso somos.
Nadie en su sano juicio puede ignorar que desde que se ganó la Independencia hasta hoy, nunca esa Independencia estuvo tan en peligro como cuando fuimos atacados por la subversión castrista.
Como instrumentos del imperialismo soviético durante la Guerra Fría, las organizaciones terroristas dirigidas desde Cuba contra la Argentina, no pretendían arrebatarnos un pedazo de territorio, sino eliminar para siempre y al costo de vidas que fuera el estilo de vida de los argentinos basado en el Himno y la Constitución Nacional.
En la Guerra de Malvinas se combatió por territorio. Ganando o perdiendo (como lamentablemente ocurrió), la Nación Argentina seguiría existiendo, no se arriesgaba ni su Independencia ni su identidad. En cambio, la Guerra contra la Subversión se combatió a todo o nada por conservar la independencia e identidad de la Nación Argentina, porque ganar o perder era simplemente ser o no ser. Se combatió por el todo, tal como fue durante la Guerra de la Independencia.
Si la Guerra Sucia se hubiera perdido Argentina ya no sería Argentina. Sería en cambio algo miserable, otra dictadura comunista con pretensiones de eternidad, a imagen y semejanza de la cubana, donde no hay libertades ni esperanza, sólo sumisión y abundancia de carencias. Hoy los cubanos, después de parasitar por décadas los recursos de Venezuela, a la que sometieron y colonizaron, para no pasar hambre mendigan el arroz de China.
¿Quién hubiera querido eso para la Nación Argentina? ¿Quiénes estarían felices de tener a un criminal como Firmenich o Santucho haciendo de Chávez o Maduro? ¿Quienes, que no sean zurdos apátridas, quisieran que nuestro Himno Nacional fuera silenciado para siempre?
Nosotros, la ciudadanía hipócrita, por desidia, comodidad, cobardía y cualquier otra razón, hemos permitido algo que no se permite ningún pueblo sensato: que se condene a nuestros defensores.
Y mientras los nuestros sigan siendo perseguidos, encarcelados, violentados en sus derechos y garantías constitucionales en farsas de juicios perpetradas por jueces prevaricadores, toda palabra de gratitud hacia los guerreros de la Independencia es una descarada e hipócrita mentira.
Si los que aseguraron la Independencia y el estilo de vida de los argentinos van a seguir presos, porque hacia ellos no hay ninguna gratitud, si vamos a seguir llamando víctimas a terroristas castristas que intentaron eliminar nuestra Patria, entonces por lo menos seamos unos idiotas coherentes y declaremos aborrecer también a quienes pelearon por la Independencia empezando por San Martín. Sería sumar otra estupidez a la colosal estupidez con que nos empantanamos de pasado, pero al menos sería una estupidez honesta. Más honesta que disfrutar con toda hipocresía de una libertad que ganaron los que mantenemos presos.
Cada quien sabrá lo que carga en su conciencia. En la mía pesa sentir que no hago lo suficiente. No tuve el temple para que fueran mas de unas pocas las pocas veces que visité a los presos en Ezeiza y Campo de Mayo, como a otros en sus prisiones domiciliarias. Porque más allá de admirar la entereza que conserva Alfredo Astiz y otros camaradas, ¿qué hago ahí si no estoy llevando la llave para que salgan?
¿Y mientras tanto qué? ¿Les cuento como disfruto de mi vida con las libertades que su victoria me obsequió y que ellos no disfrutan? ¿Les digo mil veces "gracias por los servicios" y al cierre del horario de visitas ya cumplí?
Pesa. Pesa ser un hipócrita más, saber que cada logro cotidiano, de vidas normales, es una deuda con quienes pagan por haberlo hecho posible.
Pesa vivir en un país donde los "jueces" juegan a ser jueces condenando bajo prevaricato a los que hicieron posible que existan jueces. No son otra cosa que una mafia impune. Seudo jueces que condenarían al asesinado Juez Quiroga a pagar la tintorería si la sangre de los disparos manchara la camisa del criminal. Así de hijos de puta son.
Así de hipócritas somos. Todos. Un país de hipócritas que no tiene en agenda abandonar la hipocresía.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

Una deuda pendiente de toda la sociedad
ResponderEliminarTotalmente de Acuerdo.Somos un País de Hipócritas.Yo Como Soldado Hetido en Combate Junto a Mi Superior Secuestrado Torturado y Asesinado Me Considero un Paria de Esta Sociedad Tan Hipócrita.
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