miércoles, 20 de agosto de 2025

UN PEDIDO A VICTORIA VILLARRUEL: ALFALFA PARA SENADORES



Con otra de esas frases que salen de la boca de un político para espanto del sentido común, la senadora nacional por Córdoba (PRO Libertad) Carmen Álvarez Rivero entró en la extensa antología de lo políticamente absurdo al decir: "Quiero hacer un aporte: no creo que los niños argentinos tengan derechos a venir al Garrahan a ser curados. Ese derecho no lo conozco en ningún lado”.

Por supuesto su aporte de antología no pasó desapercibido y la frasecita fue replicada como titular por distintos medios periodísticos. 

Frente a esa repercusión, la senadora alineada con Patricia "Garrocha" Bullrich, buscó victimizarse en Twitter publicando lo siguiente: 


"Qué mala leche levantar sólo un pedazo de mi exposición hoy en el Senado.

Se ve que están con miedo a perder en las próximas elecciones. Los populistas de toda estirpe están reclamando en el Congreso fondos nacionales para el "Garrahan".

Yo expliqué que la salud es una competencia provincial, aún la alta complejidad.
Y en Córdoba también atendemos a personas de todo el país ¡y no nos dan fondos federales!

No hay un derecho nacional que determine que cualquier chico puede ser atendido en el Garrahan. Si lo hubiera, deberíamos plantear los fondos para garantizarlo. Pero no es el caso.
Entonces, si le van a dar al Garrahan, que le den a Córdoba.

Pero no volvamos a repartir fondos por fuera de las competencias ya establecidas.

¡DISCUTAMOS EL SISTEMA DE SALUD EN SU CONJUNTO PORQUE LO DESTRUYERON EN LOS ULTIMOS 20 AÑOS!
Por mucho que la senadora Álvarez Rivero se sorprenda por el énfasis puesto por los medios en resaltar la frase en cuestión, su propio posteo demuestra que no hay en ello "mala leche", sino la pura lógica periodística que ningún político puede desconocer y mucho menos en la antesala de las elecciones.

Cometió la torpeza de soltar una frase con la que quiso ser provocativa y demostró que su estructura de pensamiento político está dañada al punto de no comprender que SOMOS UNA NACIÓN. 

Y si no quiere ser útil al populismo, debería aprender pronto a medir sus palabras. Algo que seguramente requiere como condición  sine qua non que se tome la molestia de estudiar la complejidad en la jerarquía de las normas que hacen al Derecho Argentino.

Si bien el Derecho se reputa por todos conocido, es indudable que esa presunción, aunque imprescindible para sostener el carácter coercitivo que distingue a las normas jurídicas, no se ajusta enteramente a la realidad. El civismo que requiere conocer al menos a grandes trazos el Derecho, no abarca al total de la población. Falencias culturales, deficiencias educativas y décadas de políticos gobernando u ocupando cargos legislativos sin respeto alguno por la Constitución Nacional debilitan la insoslayable presunción. En tal sentido cabe observar que Carmen Álvarez Rivero, revistando ni más ni menos que en el Senado de la Nación Argentina, desconoce rasgos esenciales del marco jurídico aplicable al tema que discute.

Por lo que en función de su peor frase y al sólo efecto didáctico aporto para su tardía educación que la CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO, establece en su Artículo 24, inc 1.que "Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud. Los Estados Partes se esforzarán por asegurar que ningún niño sea privado de su derecho al disfrute de esos servicios sanitarios".

En otras palabras, los niños argentinos sí tienen derecho a ser tratados en el Hospital Garrahan cuando su cuadro de salud así lo requiera. Y no es materia discutible en nuestro Derecho vigente.

Esto es así desde la lección inicial de Derecho Argentino. Ocurre que ratificando lo anunciado en el Preámbulo, las primeras 3 palabras del Art. 1 de la Constitución Nacional son: "La Nación Argentina". Y esa declaración no está puesta ahí alguna sin razón sino por toda la razón.

Somos pues una Nación. UNA Y SÓLO UNA.

Bajo la forma representativa republicana y federal las provincias son meras divisiones administrativas de un todo que es la Nación. Cosa que en su argumentación Álvarez Rivero sólo parece comprender a medias. No somos un Estado plurinacional, ni queremos ser un territorio de tolderías, aberraciones ambas que fueron y son aspiraciones del kirchnerismo. 

Tampoco somos en términos técnicos un país confederado donde cada Estado parte tiene su propio derecho de fondo. Por caso y como arriba he señalado, aplica a la cuestión la Convención sobre los Derechos del Niño que tiene rango constitucional reconocido por el Art. 75 Inc 22 de la Constitución Nacional. Esa convención fue suscripta por la Nación Argentina y con eso basta para regir por igual en todas las provincias, sin ninguna necesidad de ser ratificada por cada una como ocurre en los sistemas constitucionales de otros países.

Desde luego, si la totalidad de las provincias estuvieran bien gobernadas el federalismo no sería entendido como el constante subsidio del Estado Federal, asunto clave por donde pasa gran parte de la discusión.

Es que gobernar mal las provincias, como si fueran feudos, virreinatos o colonias, salvadas siempre por aportes nacionales que muchas veces implican un trato injusto hacia otras provincias, es un viejo vicio de la política argentina que se ha perpetrado y se sigue perpetrando sin consecuencias para sus responsables, con el agravante de haber sido llevado por el kirchnerismo al extremo de pretender omnipresente al Estado en todas sus acepciones y en particular al Estado nacional.

Para alcanzar y sostener la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional (a mi entender la finalidad que debe seguir la política), hay que obrar con la racionalidad de los constituyentes originarios al entender que somos una Nación organizada para ser Patria y Libertad. 

Argentina necesita repensar todos o muchos de los sistemas nacionales que hacen a las necesidades cotidianas de los argentinos, incluyendo la salud de los niños. En un sistema de salud los hospitales de alta complejidad son la excepción y no la regla, por lo que la derivación a ellos debe estar contemplada más allá de las jurisdicciones provinciales.

Sistemas para racionalizar y asumir responsabilidades, no para que sean eludidas; ni desde las provincias ni desde la Nación. Sistemas que en su racionalidad funcionen desde lo posible y no desde la fantasía de suponer que cada provincia pueda o deba tener hospitales de alta complejidad. Sería genial que cada provincia pudiera contar con un Garrahan, ¿y por qué no sólo uno sino dos o tres?, pero incluso en cuestiones tan sensibles como la salud de los niños la austeridad es la mejor de las respuestas porque (eficiente y racional por definición) es capaz de proyectarse en el tiempo. Entonces sistematizar prestaciones de las distintas jurisdicciones con un criterio de interrelación y derivación es tan necesario como evitar las distintas formas de la demagogia.

Sin olvidar, jamás, que somos una Nación. 

Y teniendo ese básico concepto siempre presente: ¿quién que se diga argentino puede negar que un niño nacido en cualquier lugar de la Argentina no tenga derecho a ser atendido en un Hospital Nacional?

La frase de la senadora por Córdoba está al mismo nivel de bestia bruta de aquella otra dicha por el senador kirchnerista por Formosa José Mayans, infame defensor de la última dictadura que padeció la Argentina (la llamada infeKtadura surgida surgida del golpe de Estado K contra la Constitución Nacional del 19MAR20) para quien los derechos constitucionales no existen en pandemia. Lo que equivale a decir que la Constitución Nacional puede ser derogada de facto con cualquier excusa. 

A tenor de lo aquí expuesto, el ciudadano firmante solicita por favor a la Doctora Victoria Villarruel, que tenga a bien disponer en su carácter de Presidente del Senado de la Nación se sirva un fardo grande alfalfa a la senadora Carmen Álvarez Rivero para que lo comparta con el senador José Mayans y así se los alimente hasta tanto se prohíba que émulos de Incitato, aquel caballo de Calígula, puedan seguir ocupando bancas en el otrora Honorable Senado de la Nación Argentina devenido establo de la política.

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

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