Quienes deberían estar trabajando para rescatar al gendarme Nahuel Gallo, prisionero de la satrapía castrista de Venezuela, no parecen tenerlo como prioridad.
Ni el pomposamente rebautizado Ministerio de Seguridad Nacional, ni la Cancillería, ni la SIDE (que con su inoperancia tan de AFI de la vieja SIDE sólo tiene el nombre). Nadie.
En tal sentido tómese nota que la ministro Patricia Bullrich pasó de una absurda bravata inicial advirtiendo a Nicolás Maduro y Diosdado Cabello que deberían afrontar las consecuencias (ver: SOBRE LA NECESIDAD DE OTRA POLÍTICA COMUNICACIONAL PARA EL ÁREA DE SEGURIDAD) a celebrar alegremente la deportación de José Gregorio Noriega un venezolano madurista que bien pudo ser apresado en lugar de ser deportado y servir para forzar un canje.
Pero no es sólo Bullrich, Sergio Neiffert como cabeza de la SIDE y el Sistema de Inteligencia Nacional tampoco ha mostrado ningún interés en resolver la situación del gendarme Gallo. Una cuestión en la que Inteligencia puede hacer mucho.
Neiffert, que al igual que su segundo Diego Kravetz es toda ineptitud para el cargo que detenta, está ocupado haciendo que la SIDE pague viandas de comida a su esposa. Todo un patriota el chabón...
Si Neiffert por lo menos hubiera visto algún capítulo del Superagente 86, que desde la parodia del humor absurdo subraya la razón de ser de los servicios de Inteligencia, quizás pudiera comprender que la situación del gendarme Nahuel Gallo debe ser algo más que un papelito que pasó por su escritorio y leyó con indiferencia.
Es de conocimiento público y ampliamente documentado que recurriendo a sus servicios de Inteligencia las más sólidas democracias realizaron canjes de "espías" con las peores dictaduras, aunque no siempre fueran espías. No son cosas que sólo ocurran en novelas o películas de espionaje, son hechos que reiteradamente suceden y se convierten en material periodístico.
Esas operaciones de canje, que dicho sea de paso la genialidad de Mel Brooks supo satirizar en uno de sus más logrados episodios con Maxwell Smart y Conrad von Siegfried intercambiando secuestrados de Control y Kaos, son siempre complejas, por supuesto demandan tiempo de trabajo intenso e involucran muchas veces diplomacia de países "mediadores". Pero si concretar el canje de prisioneros es el resultado final de esas operaciones, desde el inicio de su puesta en marcha, por las acciones que demanda, el mensaje al otro bando es abierto y bien claro: "No vamos a quedarnos de brazos cruzados".
Palo por palo es como se juega. Cazar un par de espías cubanos (acá hay para hacer mermelada de bolche) y ver cuánto tardan desde La Habana en ordenarle a Maduro que libere a Gallo.
Algunos podrán decir, en relación al Caso Gallo, que él está prisionero de un régimen totalitario que como tal "puede" violentar derechos al inventar causas para privar a alguien de su libertad, pero que en cambio nosotros, una democracia, no podemos hacer eso mismo porque respetar los derechos individuales es lo que nos diferencia de esa dictadura.
Por lo tanto no se puede en Argentina inventar causas judiciales para capturar prisioneros canjeables.
Pues bien, más allá que el Derecho ofrece una amplia gama de grises, quede claro que no es inventar causas judiciales lo que propongo, sino neutralizar agentes castristas (venezolanos y cubanos) que operan aquí y que desde hace años al día de hoy siguen reportando a la embajada cubana. Se supone que la SIDE debe tener identificados a esos agentes extranjeros que operan en territorio argentino. Porque siempre los hay (así es el juego) y porque siempre se monitorean aunque no se los aprese (porque el juego tiene variantes de respuestas que sería largo enumerar en este artículo).
Mi posición es siempre ajustada a Derecho; pero debo decir que en Argentina se han inventado y se inventan causas judiciales (y también condenas) que no tienen razón legal de ser, y todo eso ocurre en el marco del prevaricato sistematizado contra los vencedores del terrorismo castrista, es decir: por motivos mucho menos nobles que rescatar a un compatriota secuestrado tras las líneas enemigas. Que curiosamente, vaya ironía para la historia de la estupidez nacional, es el mismo enemigo que vencimos por las armas en la Guerra Sucia. Ya saben, un país que condena a sus defensores entrega su futuro al enemigo.
Entiéndase que así como la fuerza militar es el respaldo último de cada amable palabra diplomática, también las acciones de Inteligencia y Contrainteligencia otorgan a la diplomacia elementos de negociación.
Pero para eso se requieren políticos dispuestos a servir y profesionales en las instituciones que sepan como hacerlo.
¿Los tendremos?
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.






..LO DUDO..
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