martes, 21 de julio de 2026

ESTAMOS BIEN: CUANDO LA SUERTE ES SALIR CAMINANDO




Sabíamos con Inés que el 20 de Julio de 2026 sería un día que se podía complicar un poco. Nuestra hija viajaba a España y el avión partía desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza cerca de la medianoche.

Esa misma tarde regresaban a ese Aeropuerto jugadores de la Selección Argentina de Fútbol que obtuvieron el subcampeonato en el Mundial. Llovía y el mal clima suponía una menor cantidad de gente yendo al predio de la AFA para demostrarles gratitud. 

Teniendo en cuenta el previsible atasco de tránsito, salimos temprano, con varias horas de anticipación para evitar caer en apuros. 

La previsión no resultó vana. Completamente detenidos, con el motor del auto apagado y esperando se abriera al menos un carril al tránsito, mientras algunos conductores fumaban resignados de pie junto a sus autos, delante nuestro un colectivo pintado de "Scaloneta" dejaba ver paraguas por las ventanas moviéndose al ritmo de los bombos y en la negrura de la noche, bajo la lluvia, la gente seguía caminando hacia y desde el predio en la oscuridad de las banquinas con ánimo festivo. No era el mismo ánimo de quienes, temerosos de perder sus vuelos, descendían de los vehículos que los transportaban dispuestos a arriesgar más que cansancio por llegar al Aeropuerto caminando. 

En esas condiciones, a las 20:16 hs, tomé una foto que publiqué en X con el siguiente comentario: 

"Camino a Ezeiza  y no para boludear fanatismo futbolero. Corte total a la altura de la Escuela de Gendarmería. Supongo que la antelación con que salimos nos da margen suficiente de espera. 

Ahora en esta circunstancia previsible el @MinSeguridad_Ar una incompetencia absoluta".



Debo decir que jamás voy a entender la irresponsabilidad de quienes decidieron llevar niños hasta el predio de la AFA en las condiciones que describo. Pero que yo no la entienda no significa que el aluvión, al que no voy a calificar, no fuera previsible. Razón por la cual las autoridades que en otras circunstancias hicieron valer la jurisdicción nacional, aplicando el protocolo antipiquetes, tuvieron tiempo más que suficiente para disponer medidas que ordenaran el tránsito. No viene a cuento detallar aquí las distintas alternativas que pudieron aplicarse, sólo aclararé que no estoy sosteniendo que a este tipo de manifestaciones deba aplicarse el mismo mecanismo coercitivo que frente a una protesta que tiene la deliberada intención de interrumpir el tránsito y perjudicar a terceros. Son dos cosas distintas, pero una sola la responsabilidad de garantizar el libre tránsito.

En la radio escuchamos que los jugadores ya se aprestaban a cenar con sus familiares, con lo cual era de esperar comenzara la desconcentración. Un rato después se abrió el tránsito a vehículos que venían desde Ezeiza, la gente que caminaba por las banquinas también iba de vuelta, los motores volvieron a encenderse y ante el retomar de la marcha varios que se habían apeado para llegar al aeropuerto con su tracción a sangre volvían a sus transportes.

No sé si alguno de esos pasajeros perdió su vuelo. Nosotros, alrededor de las 21:00 hs, nos despedimos de nuestra hija en el Aeropuerto. Lo calculado estuvo bien para las tres horas de anticipación con que se recomienda llegar. 

Respiramos aliviados y emprendimos el retorno a casa. Tranquilos, sin apuro. El tránsito en la autopista era fluido, no así el de la mano de ida que todavía estaba congestionada. 

Creíamos que al fin de cuentas el día terminaba bien. Inés, sentada a mi lado, daba aviso por whatsapp a la familia del "paquete listo para abordar". Yo conducía al ritmo del tránsito, con las prevenciones de la lluvia.

En el kilómetro 22 de la Autopista Ricchieri se encuentra el destacamento policial vial, una construcción muy pintoresca entre las dos manos de la autopista. Hace años, muchos años, que cada vez que paso frente a esa linda casita me pregunto cómo es que esa dependencia sigue funcionando. Porque no es una "isla" con accesos y egresos. Es una anomalía que sigue sin que siquiera se le haya construido un puente peatonal, o túneles, para que no sea riesgo de vida cada vez que una persona debe llegar o salir caminando del destacamento. 

Y digo: en este tipo de cosas también se manifiesta el desprecio de la política por la vida de los policías, en este caso de los políticos bonaerenses hacia los efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, como así también la falta de conducción por parte de las jefaturas policiales para procurar que el personal trabaje en condiciones aceptables. Rotundamente, afirmo que las condiciones con que el personal policial se desempeña en ese destacamento no son razonables, por ende no son aceptables. 

Dicho esto, vuelvo a la crónica de los hechos. Llegando al destacamento personal policial (por algún motivo que desconozco) procede a querer cortar el tránsito, por lo cual se producen una serie de frenadas intempestivas delante mío. Respondo a ello frenando mi Duster evitando colisionar con el Volkwagen que iba delante y que en su frenada se va de costado. En ese instante, habiendo frenado mi auto y siendo que había evitado chocar al Volkwagen, llegue a pensar "zafamos". Literalmente me dije "zafamos". Y en la nada que puede demorar decirse mentalmente "zafamos", sentimos un violentísimo choque desde atrás. Tan violento que los dos asientos delanteros se rompieron, cedieron los respaldos y quedamos acostados en el auto. Mis manos perdieron contacto con el volante y al ser arrastrados pegamos contra el vehículo al que había evitado llevarme puesto. 


El ruido tan particular del auto que se rompe y la inercia del golpe hacen que repentinamente y por lo poco que dura uno quede como flotando anestesiado, entregado por completo a lo que vaya a resultar de eso que no está en uno poder dirigir. 

Detenida la escena miré al costado para asegurarme que Inés estuviera bien. Los dos teníamos la conmoción de semejante golpe, pero en principio estábamos bien. Cuando ella me confirmó que lo estaba bajé del auto y ahí me encontré con que me había chocado una combi de la Policía Bonaerense. 


Los daños en los cuatro vehículos involucrados, dos delante mío y la combi policial detrás, demuestran claramente la dinámica del evento. 

Tuvimos suerte de salir ilesos, sin más que algunos moretones que en vista de lo que pudo ser no son nada. Ahora bien, ¿por qué salimos caminando del auto? En principio porque llevábamos puestos los cinturones de seguridad, luego porque la Duster demostró ser dura, y finalmente porque en la referida dinámica del evento, habiendo logrado yo frenar mi auto sin colisionar al de adelante, lo que hubiera empujado nuestros cuerpos hacia delante, no se produjo el efecto "latigazo", golpear primero hacia delante y luego ser impulsados violentamente hacia atrás. Acá la inercia sólo actuó empujando nuestros cuerpos para atrás. Si esa misma violencia nos hubiera encontrado con los cuerpos idos hacia el parabrisas, seguramente nos hubiéramos dañado seriamente la columna, pudiendo incluso desnucarnos. Nos dijeron que algunos policías presentaban lesiones leves, algunos golpes como los que recibimos nosotros e Inés más que yo.

Así como de camino a Ezeiza señalé la falta de previsión de autoridades nacionales, de regreso debo observar que la Policía Bonaerense también aportó lo suyo al mamarracho. Y si piensan que haber ocasionado el accidente que me involucra fue suficiente, paso a contarles que no. Que la cosa  no terminó ahí.

Luego del golpazo, conscientes de lo que pudo ser y no fue, estábamos agradecidos de nuestra suerte. Queriendo volver a casa, en la conmoción de lo que uno empieza a pensar que pudo haber pasado, se trata de agilizar los trámites tanto como se pueda. Por eso cuando un policía me pidió registro de conducir y cédula verde, asegurándome que cuestión de minutos me los devolvería, no dudé en darle esos documentos. Sólo le hice una pregunta: ¿cuál es la compañía en la que el móvil policial está asegurado? Me respondió que La Caja**, casualmente la misma que mi Duster. 

Los minutos pasaron, se hicieron un par de horas ahí en el lugar del siniestro. Al menos seis veces se me acercaron policías preguntando por mis datos, siempre contesté amablemente explicando que esos mismos datos (que repetía cada vez) estaban en los documentos que había entregado a uno de ellos. "Muchas manos en un plato hacen mucho garabato", les dije a los últimos. No parecía haber nadie que estuviera dirigiendo concentradamente al personal policial. Por momentos tuve la impresión que la buena voluntad, todos allí fueron muy amables, se confundía con la impericia.

Luego nos pidieron ir a la Comisaría 3° de Esteban Echeverría, Transradio. Los demás conductores fueron en sus vehículos, en tanto que el mío, imposible conducirlo en las condiciones que quedó, fue llevado por una grúa de autopistas. Llegamos a la Comisaría, pregunté si íbamos a tardar mucho. Me dijeron que no. Repito: me dijeron que no. Por si no se ha entendido lo repito una vez más: me dijeron que nó. Así que llamé al seguro para pedir la grúa. 

Al rato me pidieron que cancelara la grúa, porque podían demorarse un poco más. Cancelé la grúa pidiendo al auxilio que estuvieran atentos a que los llamaría en cuanto pudiera. Los policías labraban actuaciones con intervención de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio Nro 10 de Lomas de Zamora. A los cuatro civiles que estábamos allí, otros dos conductores, mi Señora y yo, nos tuvieron esperando mientras tomaban primero los datos de los policías involucrados. Que resultaron ser muchos.

De nuevo digo, en general todo el personal fue muy amable, pero la paciencia de uno tiene límites, y cuando la amabilidad se extiende hasta las cinco de la mañana, para una situación que comenzó a eso de las 21:30, uno comienza a percibirla como una tomadura de pelo.

Como saben, he defendido muchas veces a la Policía Bonaerense (y lo seguiré haciendo), entre otras razones porque conozco sus falencias y comprendo sus razones. En esta larga noche que describo he confirmado mi apreciación sobre sus muchas carencias: de material, de empeño y de procedimientos. 

Así que como las cinco de la mañana, tuve un altercado intenso pero respetuoso con el personal que llevaba las actuaciones. Argumenté que de los civiles allí sólo debían tomar datos que sobradamente ya tenían documentados y que lo que tuviéramos que declarar no lo íbamos a hacer en sede de una contraparte, porque la Policía fue la responsable del accidente, sino al denunciar el siniestro a las compañías de seguro.

A eso de las seis de la mañana me devolvieron la documentación, junto el acta de "visu y entrega" de mi auto y pudimos irnos. La grúa del ACA llegó al toque y eso de las 07:20 de la mañana al fin llegamos a casa. Guardé el auto en el garaje y nos fuimos a dormir, molestos, pero al fin de cuentas conformes con no padecer algo mas que lo que puede acomodar un dicloflenac. 

En fin, es lo que hay, cierro subrayando que tal como el nombre del programa de radio que hacíamos con Mariano Iglesias: "Podría ser peor".

Ariel Corbat*, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
 
* Seudónimo de J. Santiago Tamagnone. 
** Resultó ser que no era cierto que estuviera asegurado por La Caja, ya que el móvil que me choca está asegurado por Provincia Seguros. Por lo menos tienen seguro...






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