"INCLUIDA LA ARGENTINA", AMNISTÍA INTERNACIONAL CONTRA LAS DEMOCRACIAS


"La represión no puede ser la respuesta", predica Amnistía Internacional con la aparente ingenuidad del bienpensante. Pero puesta en un contexto de protestas violentas, muy violentas, no es ingenuidad sino alevosa complicidad. 

Frente a la violencia que pone en vilo a las democracias la respuesta debe ser la represión. Así de simple.

No es ninguna novedad que la izquierda es antidemocrática y se moviliza con tanta violencia como le es posible según las circunstancias. Los argentinos lo sabemos.

La constante vocación antidemocrática de la izquierda logró en gran medida financiarse durante el régimen a través de la corrupción kirchnerista. La izquierda ofrecía el telón ideológico y Kirchner pagaba una suerte de franquicia por el uso de los derechos humanos. Así se ejecutó la multimillonaria estafa con los desaparecidos y tantos otros curros, engordando billeteras inescrupulosas, a costo de fabricar pobres.

La magnitud de los sucesos que conmueven a Europa no deben distraernos de lo que pasa aquí, por la sencilla razón que responden a los mismos intereses que les mueven los hilos a los violentos que hay entre nosotros. Allá y aquí el propósito de atentar contra el orden democrático, es lograr el colapso de las democracias y debilitar los sentimientos nacionales para poner fin del estilo de vida occidental. Una suerte de venganza por la caída de la URSS perpetrada por comunistas (esos izquierdistas a los que la prensa jamás llama "ultras"), que tantos ingenuos quieren creen que ya no existen, aliados -al menos por ahora- con el expansionismo islámico.

En la Guerra Civil Española comunistas y anarquistas, unidos en principio, no tardaron en matarse entre ellos cuando creyeron tomar el poder. Igual destino tuvo el acuerdo entre Stalin y Hitler al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Hoy en Europa van del brazo izquierdistas e islamistas, pero ya empezarán a matarse entre ellos cuando crean cerca la hora del poder. El problema es que si llegan a matarse entre ellos será porque antes los países europeos bajo ataque habrán dejado de ser libres.

Sin pasar por alto el servilismo del kirchnerismo para con Irán, aquí en Argentina la alianza entre corruptos kirchneristas y la izquierda delirante sigue siendo una amenaza real. 

Frente a este panorama es claro que los países democráticos deben tomar medidas de autodefensa. Pueden llamarme paranoico (cosa que soy por defecto profesional) pero este tuit que transcribo a continuación, deja tan claro como una confesión que Amnistía Internacional es una de las organizaciones que promueven las protestas violentas que vemos en distintos países "incluida la Argentina". No hay que dejar que esa ONG quede impune.

Léase con suma atención este comunicado que Amnistía Internacional Argentina publicó en la tarde del 19 de Octubre de 2026:

Las calles del mundo se llenan de reclamos. En Francia, España, India, Chile y Albania, entre muchos otros países, incluida la Argentina, las movilizaciones también se multiplican y las nuevas generaciones hacen oír su voz.

Los reclamos son distintos: educación, vivienda, democracia, igualdad y mejores condiciones de vida. Pero hay algo que muchas de estas protestas tienen en común: la demanda de un futuro en el que los derechos y las necesidades de las personas sean una prioridad.

La historia nos demuestra que muchas de las grandes conquistas de derechos comenzaron con personas que se organizaron, alzaron la voz y salieron a las calles.

✊ Protestar es un derecho y una herramienta fundamental para transformar la realidad y construir sociedades más justas.

La total omisión de la violencia que caracteriza a los movimientos detonados en los países que Amnistía menciona, no es otra cosa que el descarado intento de legitimarla. Al saqueo, al incendio, a la violencia contra las instituciones democráticas, Amnistía le llama: reclamos, movilizaciones, alzar la voz y derecho a la protesta. Sería interesante que Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, explicara de qué manera cree que la barbarie que se está viendo en los países que menciona, "incluida la Argentina", pueda "construir sociedades más justas". Ni una palabra diferenciando protesta de violencia. Ni una.

Hacer apología de protestas violentas que intentan desestabilizar a países democráticos, "incluida la Argentina" no es una opinión, es participar de acciones delictivas contra el orden constitucional.

Hay más que el Código Penal (que puede revisar algún fiscal) y otras normas jurídicas (que pueden revisar otros funcionarios), para sancionar a Amnistía Internacional y preservar a la Argentina de esta clase de enemigos. 

Sería plausible que el Congreso de la Nación, por su función y composición la más pura expresión constitucional del sistema representativo, se pronunciara contra Amnistía Internacional y cualquier otro ente que pretenda justificar con el "derecho a la protesta" la violencia contra el orden democrático. 

Por supuesto, con tantos kirchneristas que ocupan bancas en ambas cámaras, cuyo compromiso para con la democracia es vaciarla de contenido moral a fin que una corrupta condenada pueda postularse a la presidencia, con tanto zurdaje que detesta el Himno Nacional y con la influencia progre de medios como Perfil que mantiene una línea editorial claramente golpista (el sueño tierno de Fontevecchia es que el Presidente Milei deba ser reemplazado de urgencia por algún Pichetto), resulta dudoso que Amnistía Internacional reciba reproche mayoritario del Congreso, pero diputados y senadores oficialistas deberían pronunciarse institucionalmente contra el fogoneo sedicioso de la ONG. Porque en esto no cabe pecar de ingenuidad, cuando es la violencia de las protestas lo que sobresale en todos los portales de noticias del mundo, hacer de cuenta que esa violencia no existe para promover nuevas protestas es justificar la violencia.

En las sociedades democráticas, las únicas donde el derecho a la protesta puede ser ejercido, los consensos y disensos se canalizan a través de las instituciones y el límite de todo derecho es el derecho de los demás. La intolerancia que la violencia pone de manifiesto no puede ser normalizada como excusa para cometer delitos.

Cabe preguntarse quienes son los dueños de Amnistía Internacional y porque  "extraña" razón parecen creer que el mundo va a cambiar con protestas en las democracias y silencio manso en las dictaduras. Obsérvese que ninguno de los países que menciona el tuit es una dictadura, no se está pues fogoneando el derecho de resistencia a la opresión en países con regímenes que no reconocen derechos a su población, como pueden ser Cuba, Corea del Norte, Afganistán, Nicaragua, China, etc. Lo que hace Amnistía Internacional es victimizar al delincuente, al violento, al terrorista.

"Estamos donde los derechos no están", dice Amnistía Internacional, pero por lo que se ve solamente están donde los derechos están, donde no están nunca se los ve. No están en China, no están en Corea del Norte, no están en Rusia (donde sanamente se le ha declarado "organización indeseable"), no están en Cuba, o sea: no están donde se supone que debieran. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.



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