Que Argentina es un país de paradojas no es ninguna novedad. Aquí los giros del destino pegan curvas que podrían calificar como "deformación ilógica del espacio tiempo", pero que sin embargo responden a ciertos parámetros del entendimiento argento. Por eso cualquier análisis político requiere una cuota extra de prudencia a la hora de pretender anticipar escenarios.
Por caso, ya de movida definir si falta mucho o poco para las elecciones presidenciales de 2027 es algo para lo que no alcanza con contar los días en el almanaque.
No obstante la relativa elasticidad del plazo en términos políticos algunas cuestiones son medianamente previsibles, como que el Presidente Javier Milei aspire a la reelección y el kirchnerismo se termine montando al tren fantasma de su unidad por las ganas de volver.
En este punto me permito una apreciación personal, tengo la creencia que en Argentina un presidente que sabiéndose sin chances no va por la reelección, como Alberto de la Fernández, o que presentándose a la reelección la pierde, como Mauricio Macri, no vuelve más. No digo que necesariamente sea un cadáver político, pero casi y algunos más que otros. Además, si Alberto de la Fernández el mascarón de proa de la última dictadura (a la que llamamos infeKtadura) conservara alguna influencia política ¿qué diría semejante vergüenza de los argentinos? Por suerte no ostenta ya ninguna relevancia, no hemos caído al subsuelo.
Tal vez Néstor Kirchner hubiera podido alternar con Cristina Fernández, porque en ese momento estaba en su apogeo, ya había superado con creces el estigma del 22% y conservaba el poder a través de ella quien no tenía margen para insubordinarse a sus dictados. Claramente no era Kirchner un cadáver político pero, cadáver al fin, hubiera o hubiese, es historia contrafáctica.
Hoy lo que queda del kirchnerismo es una abominación moral incapaz de esconderse bajo ningún relato pero que conserva poder residual. Y digo residual no sólo por conservar bastiones como la Provincia de Buenos Aires sino también porque se nutre de basura. Y de allí partirá, seguramente, el tren fantasma del "vamo a volvé" con el comunista Axel Kicillof llevando por bandera la promesa del indulto a la corrupta condenada Cristina Fernández.
Porque téngase claro: el peronismo ya no existe ni podrá existir. Caducó por la infiltración marxista al Movimiento Peronista que la izquierda castrista dirigida desde Cuba inició como "entrismo" a finales de los 60's y que llegó a su fase superior y final con el kirchnerismo. En el medio de ese proceso de demolición por implosión, la deriva ideológica que llevó al Partido Justicialista a ser el partido de los pragmáticos del poder, por no decir de las meras ambiciones de poder, se terminó hundiendo en las turbias aguas del Partido Comunista Chino.
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Infobae, 12 de Agosto de 2020: "El peronismo refuerza el vínculo con el partido comunista de China para la formación de cuadros políticos". |
Desde que Fidel Castro fue invitado a la asunción presidencial de Kirchner, y se cometió la ignominia de dejarlo dar uno de sus largos y tediosos discursos en la Facultad de Derecho de la UBA, sostuve que lamentablemente no había un francotirador para ponerle fin y que el kirchnerismo no es peronismo. Después vimos flamear la bandera del ERP sobre la ESMA, como si Perón nunca se hubiera puesto su uniforme de General para señalar a esos terroristas como enemigos. Y avanzando más en la historia los kirchneristas hasta se dieron el gusto de decir a los viejos peronistas que se metan la "marchita" en el culo.
La idea de un peronismo republicano, que yo mismo sostuve durante mucho tiempo como modo de reacción frente al kirchnerismo, dejó de ser formalmente viable (si es que materialmente un tiempo antes todavía lo era) el 19 de Marzo de 2020 con el decreto que derogando de facto la Constitución Nacional dio inicio a la infeKtadura.
En esas circunstancias, siendo evidente la deserción de la CSJN y de todo el Poder Judicial de sus deberes para con el sostenimiento del orden constitucional, como la rastrera genuflexión de buena parte de la oposición parlamentaria, quedó claro que la sola idea de un "peronismo republicano" era ya un completo disparate. Porque, de por sí, el peronismo siempre tiende a ser personalista y totalitario; ello se agudizaba al no encontrar cauce republicano en ninguno de los tres poderes del Estado, que como muchos de los distintos "referentes políticos" si no eran totalitarios plenos estaban infectados de servilismo progre, que es una mezcla de cobardía y debilidad mental.
En el presente, incluso habiendo desplazado de la centralidad del poder al foco de la infección antirrepublicana que es el kirchnerismo, el Estado todavía no recupera el alma republicana. En tal sentido alcanzar y sostener la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional sigue siendo un objetivo lejano, cuesta arriba para trepar sobre el lodo y bajo la lluvia.
Si la política en general no da muestras de verdadera vocación republicana está claro que no la van a dar los que se mienten peronistas y republicanos como Miguel Ángel Pichetto, ese operador kirchnerista que el tibio Macri tuvo el desatino de llevar como compañero de fórmula creyendo que le aportaría votos del inexistente "peronismo moderado".
A Pichetto lo promovía Jorge Fontevecchia desde Perfil como reemplazo de Milei cuando esperaban el pronto fracaso de su gobierno. Otros que se atragantaron de pochoclo esperando la caída que no fue. Lo tristemente llamativo es que a pesar de toda la evidencia que lo hace impresentable, Pichetto sigue dando vueltas por la política, siempre como parte de algún engaño. Y el último engaño es muy poco sutil: junto a un elenco integrado por Emilio Monzó, Carlos Kikuchi, Nicolás Massot y Diego Bossio, crear una "opción de Derecha con voluntad de correrse al centro". O sea, una propuesta para idiotas, porque ir de la Derecha al centro es ir hacia la izquierda y anclarse en el progresismo.
Engendros por el estilo es posible que surjan varios porque los alienta la falta de conducción política por parte de Milei sobre las filas oficialistas. La imbecilidad de llegar a la ruptura con la Vicepresidente Victoria Villarruel, como las no menos imbéciles internas entre los propios mileístas, en un contexto de consignas de campaña que se dejaron caer a la par que surgieron sospechas de corrupción, describen a Milei como ausente para ejercer la conducción política de cara a su posible reelección. Un lujo que puede resultarle demasiado caro y acarrear consecuencias poco felices para la Nación Argentina.
Pareciera que el Presidente apuesta todo su capital político al éxito económico de la gestión. Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", como si fuera a reflotar desde el inconsciente colectivo aquella frase de Bill Clinton: "Es la economía, estúpido". Pero, ¿bastará con éxito económico?, además, por encima de los números, ¿cuál es la percepción de "éxito económico" que lleva a un votante a definir su voto por el oficialismo?
Entre esa apuesta y la falta de conducción política por parte del Presidente, se exacerban ambiciones de poder que en otras circunstancias estarían aplacadas.
Desde el trazo caricaturesco, que realza algún rasgo de la realidad, el humor político suele dar indicios de lo que trasciende se está elucubrando en alguna que otra usina de ambiciones. No pocas veces he elogiado el talento del binomio Daniel Paz y Rudy, en ocasiones responsables de alguna carcajada y en otras, como viendo este "chiste" en la portada de Página/Bolche, haciendo que me pregunte si realmente es un chiste o una descripción:
En sintonía con este "chiste", Carlos Mira, a quien respeto y no es exactamente un columnista de izquierda, publicó un artículo en The Post, titulado "EL GÁMBITO DE DAMA DE LA RESTAURACIÓN LIBERAL", donde propone que Milei se abstenga de ir por la reelección inmediata para que el proceso de transformación iniciado en 2023 sea completado por "otra persona" que preserve "la esencia del modelo liberal mientras incorpora algunos elementos que el propio Presidente, quizás por personalidad, estilo o prioridades, no ha podido desarrollar plenamente. Entre ellos, una dimensión institucionalista y republicana que forma parte también del ADN histórico del liberalismo".
Añade Mira, como disimulando sus fuentes. que: "Es posible que ya haya dirigentes reflexionando sobre una alternativa semejante. Y entre quienes observan ese escenario, muchos señalan a Patricia Bullrich como una figura naturalmente posicionada para asumir esa continuidad".
Resulta dable acotar que a las las sobreactuaciones el tiempo suele dejarlas en ridículo, entonces recuerdo la agresividad obsecuente de tantos que dando fe de fanáticos mileístas se dedicaban a atacar a Villarruel acusándola de conspirar para llegar a la Presidencia. Nunca hubo prueba alguna de conspiración por parte de la Vicepresidente. Y tampoco había ningún artículo ni nada donde alguien propusiera que ella lo reemplazara. Cosa rara es que ahora no patalean con igual vehemencia contra Bullrich, una progre que de Derecha no tiene otra cosa más que reflejos oportunistas por el olfato de ser un viejo bicho de la política.
Subrayo: viejo bicho de la política y añado campeona de salto con garrocha, porque en la interesante argumentación de Carlos Mira todo lo que se presenta como disruptivo se cae a pedazos cuando reclamando que el proyecto iniciado por Milei quede "en manos de otra generación política encargada de completar la obra", proponga a Bullrich como quien tome la posta.
Me consta, por distintas fuentes que impulsan proyectos diferenciados, que efectivamente hay políticos buscando heredar a Milei sobre iguales argumentos: misma línea económica pero con otra impronta política.
Lo que no surge es el nombre de un delfín potable. Alguien joven que pueda percibirse como una versión mejorada de Milei y despierte confianza en la sociedad.
Me pregunto si Milei es consciente de cómo se está perfilando el escenario político para las presidenciales de 2027. Los movimientos de "aliados tácticos" tomando distancia y ventaja de las internas libertarias no se caracterizan por la discreción. En ese panorama el éxito económico no se proyecta como cuestión excluyente en la determinación del voto. Y si bien el riesgo de la fragmentación quizá se vea disminuido por el temor al regreso de los peores (que jamás volverán mejores), ello no significa que votar al oficialismo en 2027 vaya a ser un voto de convicción. Triste elección sería votar por el menos malo dejando en el olvido definitivo tantas consignas de la campaña del 2023 que el gobierno no ha sabido sostener. Tiene mucho que replantearse el Presidente en la soledad absoluta del Sillón de Rivadavia.
Si yo tuviera diálogo con Milei, tan sólo le diría:
- Es la política, Presidente.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.