Los comentarios a un posteo en X (Twitter) del Presidente de Francia Emmanuel Macron quien publicó una foto en la que posa junto integrantes de la Selección Francesa de Fútbol, me han hecho reír:
Ni bien la vi solté la carcajada y comenté "Corran la bola..." Sabía que era un comentario de nula originalidad, pero el impulso era irrefrenable. Luego al leer los comentarios constaté la poca originalidad de mi posteo, pero no paré de reírme con las hilarantes ocurrencias de quienes dieron respuestas de mayor sarcasmo, en algunos casos recurriendo a la ayuda de la Inteligencia Artificial, a los que pueden acceder en el siguiente enlace:
Y alguien ya vendrá con la "corrección política" del progresismo (esa que desde la izquierda escribieron para que los progres se ofendan por cualquier cosa menos por perder su identidad nacional en países occidentales), que en esos comentarios hay racismo.
Y no. No es racismo. Es humor, el humor característico del Futbol con un condimento de sátira política que no puede censurarse sin socavar la libertad de expresión.
A pocos días de los incidentes en la capital de Francia, donde turbas de supuestos hinchas del París Saint Germain causaron destrozos para "celebrar" la victoria de ese club en la UEFA Champions, la foto publicada por Macron tiene un contexto de fuerte cuestionamiento a la política migratoria francesa.
Los destrozos en París no son fortuitos, es Europa dejando de ser Europa. Y sí, yo soy de los que quieren que Argentina, sin renegar de sí, sea el país más europeo en Sudamérica, no por raza sino por el ideal civilizatorio de nuestros constituyentes cuando París era luz.
Sucede que en no pocas imágenes quedó registrada una fuerte participación en los disturbios de negros y moros. Se ha viralizado, además, un video donde Anyss Benkaima, hijo biológico no reconocido del cantante argelino Khaled, trepado al histórico monumento ecuestre de Juana de Arco en la Place des Pyramides de París, grita: "¡París es nuestra!, llorá hijo de puta!". Cabe decir que el padre del aspirante a conquistador reside en Francia desde 1989 sin ninguna estridencia política, lo cual tal vez esté indicando una cuestión generacional dentro de la problemática migratoria.
Como sea, es algo que deberán resolver los franceses. Claro que para resolverlo deberán despojarse de su tradicional hipocresía, esa misma que en este blog puse de manifiesto cuando un embajador de Francia en Argentina llegó al absurdo de esperar humanidad por parte de Hebe de Bonafini en relación al atentado terrorista contra el staff de la revista Charlie Hebdo. Pueden leer el artículo clickeando en su título: "CARTA ABIERTA AL EMBAJADOR DE FRANCIA EN LA ARGENTINA".
CORRAN LA BOLA
Escuchen, corran la bola
juegan en Francia, pero son todos de Angola
qué lindo es, van a correr
son cometravas como el puto de Mbappé.
Su vieja es nigeriana, su viejo camerunés
pero en el documento, nacionalidad francés.
Aquella canción que la hinchada argentina popularizó en el Mundial de Qatar nunca fue racista, ni tampoco homofóbica. Y no lo es porque la puede cantar cualquiera que esté en la tribuna contraria a la de Francia, sin importar su color de piel u orientación sexual. En la tribuna todos son hinchas de fútbol sin que ninguna otra característica personal tenga mayor relevancia, se canta para alentar a los propios y mofarse del rival. Su intención no es discriminar a africanos u homosexuales, sino caricaturizar al equipo francés a partir de lo visible y que, en definitiva, es resultado de la política migratoria francesa. La caricatura no solamente es el humor de un dibujante sobre los rasgos de determinada persona, es también lo que magnifica, deforma o miente un determinado rasgo en un grupo cualquiera. En ese aspecto señalar en la selección francesa el componente migratorio es meramente descriptivo y no da lugar a reproche alguno. La mención a Mbappe resulta más agresiva por ser individualizada, pero no deja de ser humor sobre un personaje público a partir de caricaturizar una relación amorosa que tuvo o alguna prensa dijo que tuvo (para el caso es irrelevante, ¿quién no querría a Mbappe jugando en su equipo?). Una humorada, como fue una humorada de la selección alemana sobre la selección argentina aquella celebración por haber ganado el Mundial de Brasil, cuando cantaron con coreografía incluida como caminábamos los gauchos por la derrota en la final. Ofenderse por ello es simplemente idiota. Es dable tener en claro que el humor no deja de ser humor porque a algunos, pocos o muchos, no les cause gracia. No existe un público, sino varios públicos con gustos distintos.
Hay además otra cuestión a tener en cuenta, y es que los argentinos solemos dar más de un significado a la misma locución, al punto que una exacta palabra puede ser elogio, insulto o simplemente un apodo cariñoso. Si "negro" o "negrito" no son los sobrenombres más comunes en Argentina pega en el palo, y ni siquiera es necesario tener tez oscura para llevarlo. Se podría escribir no un artículo sino un tratado sobre el uso de la palabra "negro" en Argentina, empezando por el chiste aplicado a distintos personajes locales en los que se pregunta: "¿Como le explicás a un extranjero que para nosotros este es un negro?".
La estupidez que vino con la sarasa del lenguaje inclusivo a querer transformar en una suma de culpas, indignaciones y censuras varias el habla coloquial, fue producto de la intención de disciplinar a la sociedad para que el progresismo se instale como religión oficial. Una religión, tan fundamentalista como los más extremos fundamentalismos religiosos, en la que no hay cabida para el sentido del humor. Todo es culpa y cancelación. Algo que, afortunadamente, generó suficientes reacciones de hartazgo para que ese modo de limitar el pensamiento a partir de controlar el lenguaje no prosperara entre nosotros.
La sobreactuación de la idiotez verbal, por la que cada acto oficial durante el kirchnerismo llegó a ser una insoportable catarata de "las, los y les", es un buen ejemplo de cómo las sobreactuaciones tienden a generar reacciones en contrario.
En el fútbol, por caso, siempre hubo jugadores con dotes actorales capaces de hacer pitar penal a un árbitro por arrojarse cual victima de un francotirador dentro del área rival. Pero cuando un jugador sobreactúa su caída lo que recibe es una tarjeta amarilla por simular, tarjeta que puede dejar con uno menos y desconcentrado a su propio equipo.
Desde hace tiempo la FIFA está sobreactuando la lucha contra el racismo, con la misma lógica con que Europa en nombre de la diversidad cultural sobreactuó la protección de ciertas minorías que tienden a dejar de serlo y modificar las reglas que los bien pensantes creyeron suficientes para una eterna convivencia armónica.
El riesgo de esas sobreactuaciones es similar: un nuevo tipo de racismo (como el de tantos que postean cuestionando que no haya negros en la selección argentina ¿? cual si fuera obligatorio algún tipo de cupo por color de piel en lugar de talento con los pies), la exacerbación del anterior racismo y finalmente el choque de hartazgo con reacciones que difícilmente puedan no ser violentas.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
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