sábado, 29 de diciembre de 2018

AMBICIONES MAPUCHES EN LA ARGENTINA GROTESCA

  
"Defiende lo que tienes, entonces lo merecerás"
 Forrest (Feeed!)




Cuando la activista de izquierdas Moira Millán denunció que su hija de 19 años, Llanka Millán, estaba desaparecida desde el 20 de Diciembre pasado, todos aquellos que tenemos a la familia como un valor, nos solidarizamos con ella. 

La preocupación era aún mayor porque la denunciante, enrolada en el etnonacionalismo araucano, encuadró la pérdida de contacto con su hija en un contexto de amenazas; lo cual hacía temer un acto de violencia política.  

Afortunadamente, los peores temores se disiparon cuando la joven apareció sana y salva. La cuestión, al fin y al cabo, no había sido más que una circunstancial incomunicación entre madre e hija. Nada.

Pero entonces Moira Millán decidió explicar lo sucedido, en estos términos: 
"Mi hija estaba en una ceremonia en la Provincia de La Rioja. De ese tema también quiero hablarles. La espiritualidad de los pueblos originarios es vivida, desde hace mucho tiempo, casi en la clandestinidad, porque los lugares ancestrales de ceremonia están bajo alambres, propiedad privada, cercadas por latifundios. Es imprescindible que el Estado empiece a reconocer nuestro derecho a la espiritualidad y a devolvernos nuestros lugares sagrados. Esa situación ha provocado que, justamente, no sólo ella sino muchísimos de nuestros hermanos vamos secretamente a hablar con la tierra, con la mapu. Mi hija ha crecido en una comunidad mapuche y sabe de la importancia de hacer llellipún, de hacer ceremonia, de construir el diálogo de relación armónica con la naturaleza. Y justamente, junto a otras personas, ella estaba en ceremonia".
Si algo queda en claro con la explicación de Millán es la sanata araucana de la "espiritualidad" como metodología para usurpar tierras en Argentina, todo ello pretendiendo que un orden jurídico primitivo, el "az mapu", que orientaba en base a tabúes la vida tribal de los araucanos, tenga prevalencia por sobre el Derecho Argentino. 

Y como en nuestro país tenemos una gran facilidad para pasar de la tragedia a la comedia y viceversa, cabe preguntarse: ¿qué lugares sagrados o ancestrales podrían pretender recuperar los araucanos en La Rioja? 

La sola idea de una reclamación de tal índole es grotesca. Pero en la República Argentina, dañada institucionalmente, degradada en lo cultural y con apreciable merma intelectual, se han ido desdibujando los límites del absurdo, por lo que esas aventuradas pretensiones territoriales basadas en el mito del paraíso mapuche, que deberían ser jurídicamente desestimadas por improcedencia palmaria, suelen encontrar fulanos que haciendo las veces de jueces avalan las maniobras más grotescas. 

Así, en el transcurso del sainete montado en torno al ahogamiento del secesionista Santiago Maldonado, los argentinos observamos vacilaciones judiciales para allanar terrenos usurpados, porque los mismos usurpadores los denominaban "sagrados".  

Por mucho que uno pueda criticar la desastrosa reforma constitucional de 1994, cabe reconocer que en lo que a este punto refiere el problema no es tanto lo establecido en el Artículo 75, inciso 17, sino la interpretación errada y pusilánime que del mismo hacen ciertos jueces. 

El mundo del revés: Moira Millán palpando de armas a un policía.
La cuestión indígena no es nueva. Ha estado presente en el interés de nuestros constituyentes, incluso en los ensayos anteriores a 1853. De hecho, la Constitución de 1819 en su artículo 128 disponía que: "Siendo los indios iguales en dignidad y en derechos a los demás ciudadanos, gozarán de las mismas preeminencias y serán regidos por las mismas leyes. Queda extinguida toda tasa o servicio personal bajo cualquier pretexto o denominación que sea. El Cuerpo Legislativo promoverá eficazmente el bien de los naturales por medio de leyes que mejoren su condición para ponerlos al nivel de las demás clases del Estado". Dada la garantía de igualdad ante la ley este artículo hubiera resultado superfluo, pero había una intención de asimilar e integrar al indio por parte de aquellos constituyentes unitarios. Podría observarse una contradicción en determinar legislación diferenciada para una parte de la población, pero digamos que era 1819. El problema es que los constituyentes de 1994, pasados 175 años, incurrieron en el mismo error, al establecer: 
"Artículo 75, Inc. 17.
Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos.
Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería Jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones".
Pareciera que la idea "progresista" de los malformistas fue que sectores étnicos de la sociedad tengan una propiedad que no puedan enajenar ni trasmitir, por lo cual no se puede gravar ni embargar, y de la que deben compartir la gestión de los recursos naturales con el Estado tutor. En definitiva una reservación a la que quedar confinados, les faltó repetir a los constituyentes de 1994 (los de la casta política de ésta democracia fallida) la fórmula que explicitaron los caballeros de 1819: "hasta ponerlos al nivel de las demás clases del Estado"; y sospecho que eso es porque sencillamente nunca pensaron en otra cosa más que en confinarlos como sujetos de preservación cultural a modo de clientelismo político. 

Ahora bien, aún así, a los constituyentes de 1994 les reconoceremos el mérito de haber tomado recaudos contra el imperialismo mapuche, porque con excepcional sensatez limitaron el reconocimiento constitucional a "los pueblos indígenas argentinos"; y como diría el Maestro Domingo Faustino Sarmiento, "no tiene el idioma en vano estas locuciones".

No se trata solamente de un condicionante histórico, cronológico y geográfico, es también y esencialmente una definición política donde no hay cabida para proyectos secesionistas. 

Los jueces tienen el deber de velar por la Supremacía de la Constitución Nacional, mucho más que cualquier otra autoridad. Ciertamente ningún país con mayoría de jueces probos y eficientes alcanza el grado de deterioro que exhibe la República Argentina, por eso el Poder Judicial se caracteriza por el prevaricato y goza de un desprestigio lamentable desde que dos por tres nos obsequia Caballos de Troya para nublarnos el camino. 

El último presente troyano, graciosamente ofrecido por  la sala II de la Cámara Federal de Casación Penal, es impedir que la Gendarmería Nacional obre como fuerza de prevención general dentro del territorio ocupado en Vaca Muerta, Neuquén, por la comunidad  Lof Campo Maripe. 

Es tiempo de asumir que hay que activar los recursos jurídicos para remover jueces de sus cargos, porque en este tipo de incongruencias se potencia el accionar absurdo de los secesionistas de izquierda que, bajo pretexto etnonacionalista, vienen atentando contra la soberanía nacional; de un modo más que conveniente para los intereses británicos en el Atlántico Sur.

Por eso, en la estrategia de golpear y victimizarse, propio de la insurgencia marxista, el abogado y montonero Eduardo Soares denuncia en Bariloche persecución a las comunidades de pueblos mapuches y que "el sistema capitalista es uno de los más crueles e injustos de la humanidad, entre los sistemas de explotación ha sido el más cruel", ello en compañía de Isabel Huala, madre de Facundo Huala Jones, quien pretende que "la Campaña del Desierto no ha terminado y la Pacificación de la Araucanía tampoco".


Tomando nota de lo que está aconteciendo, resulta oportuno recordar al Presidente Julio Argentino Roca advirtiendo, cuando asumió la Presidencia de la Nación en 1880, que donde "estalle un movimiento subversivo contra una autoridad constituida, allí estará todo el poder de la Nación para reprimirlo". Le toca al mediocre gobierno del Presidente Mauricio Macri, y a nosotros como simples ciudadanos, honrar el legado de aquel Patriota y esa gloriosa Generación del 80 que engrandeció a la Nación Argentina. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
Estado Libre Asociado de Vicente López.



viernes, 21 de diciembre de 2018

MM - COMENTARISTA EN JEFE


Los disparos en Rosario no causan mayor efecto. El rosarino promedio está más preocupado por el futuro futbolístico de Newells que por los mensajes mafiosos de los ataques narcos. Y los políticos más ocupados en mostrarse como campeones de ideología de género que en garantizar la seguridad. 

Ante hechos similares publiqué una nota en Agosto pasado ("Rosario, la suma de todos los males"), afirmando que: "queda muy claro que la Provincia de Santa Fe se encuentra muy lejos de poder recuperar el control de su seguridad". 

Nada ha ocurrido de entonces a hoy que debilite esa apreciación. 

Al contrario, los datos que surgen a diario ratifican el acierto. No sólo por la cuestión local en sí, sino porque en general Argentina está haciendo cualquier cosa menos resolver sus problemas de fondo. Algo que inevitablemente se acentúa iniciada la campaña electoral para las presidenciales del 2019, cuando "El extraño caso de los dos Mauricios" se agudiza de manera grotesca, porque cada día hasta las elecciones el Presidente Mauricio Macri irá desapareciendo bajo la piel del Candidato Mauricio Macri. 

Si bien es sabido que a todo político le gusta mucho más prometer que lidiar con la realidad, tan tozuda ella; la aparición de las redes sociales parecen sumar a los atributos de la investidura presidencial el de "Comentarista en Jefe de la Nación Argentina", entonces Mauricio, el candidato, tomando control del Twitter de Mauricio, el Presidente, escribe: "Quiero expresar todo mi repudio frente a los ataques al Concejo Municipal de Rosario y al Ministerio Público de la Acusación. Los rosarinos cuentan conmigo para llegar hasta el fondo de lo que pasó y para enfrentar a estas mafias".


El Presidente de la Nación debería actuar, decidir algo, hacer como si gobernara; pero frente a los hechos el Candidato del PRO "repudia" y promete poco menos que podrán contar con él los rosarinos cuando llegue a la Presidencia...

Claro que a pesar de ese trastorno de la personalidad, patología extendida en la política, le quita credibilidad haberse bajado de un acto protocolar por el Día de la Bandera en Rosario porque como Presidente no se pudo garantizar su propia seguridad. Con lo que cualquiera podría volver a preguntar: ¿Es Mauricio Macri un Presidente cobarde? Tanto su ausencia para honrar a la Bandera, como la inédita final entre Ríver y Boca por la Libertadores de América jugada en Madrid, son papelones en materia de seguridad.

Claro, los dos Mauricios al unísono dirán, "pero hicimos el G-20". Y reconoceremos que salió muy bien, pero no es relevante porque la seguridad que necesitamos los argentinos no es la de un evento excepcional, sino la de garantizar todos los días el estilo de vida propiciado por la Constitución Nacional. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López

miércoles, 19 de diciembre de 2018

BOHEMIAN RHAPSODY, EL POMELO DE QUEEN.




Sentado en la butaca del cine creí recordar, sin poder precisarlo, que lo primero que escuché de Queen fue "We will rock you", en un disco de vinilo cuya tapa venía ilustrada con un enorme robot de rostro metálico y gesto impávido. Esa gráfica era una visión apocalíptica de la humanidad donde una mano mecánica estrujaba cuerpos y la multitud procuraba escapar de su castigo mortal. Lo aterrador del asunto eran dos cosas, en principio la total ausencia de sentimiento en el rostro del robot, la falta de expresión con que evidentemente había sido creado. Resultaba una variante abrumadora del juicio final que, en lugar de un Dios todopoderoso, el juez y el verdugo fuera ese mecano inexpresivo. Unos años después recordé aquello mismo viendo "Terminator", pero incluso Arnold conservaba el gesto humano y se lo podía combatir, a diferencia de aquel aterrador robot desalmado, desangelado y de cacería en la tapa del disco de Queen. Lo segundo, quizás más aterrador, era que la historia podía contarse de otra manera y ese robot no estuviera matando sino salvando, o queriendo salvar vidas. 



Pasando de la primaria a la secundaria, apareció Queen. Sin embargo no puedo precisar qué fue lo primero de la banda que escuché. Es raro, porque en cambio conservo perfectamente vívido el recuerdo de la primera vez que escuché a Soda Stereo o a Los Redondos, pero me estoy yendo de tema. 

Y el tema es la película “Bohemian Rhapsody”. Entretenida y fácil de ver, enteramente pochoclera. Pero también algo más, divertida para gente de mi edad (sí, escribí "para gente de mi edad") porque permite verla con esa subjetividad que las nuevas generaciones no pueden tener. Me doy cuenta que escribo esto como si fuera terriblemente viejo, pero nadie se engañe: realmente soy terriblemente viejo. Incluso me siento más viejo de lo que soy. 

Pero es que ver a Rami Said Malek interpretando a Freddie Mercury es como volver a ver al genial Jerry Lewis como Kemp en "The Nutty Professor". 


Luego hay algunas situaciones que remiten a escenas de The Producers y Zoolander que permiten reírse tanto como en el guiño intencional y bien logrado a "El mundo según Wayne".



Pero lo que hace a esta película realmente una comedia imperdible, para argentinos de mi edad, es la escena entre Rami Malek y Lucy Boynton que emula las confesiones de Adriana Brodsky al Manosanta de Alberto Olmedo, es imposible contener la carcajada escuchando su lamento por enredarse siempre con hombres que no la hacían feliz... 


En fin, por su buena factura y por la subjetividad de "la gente de mi edad", “Bohemian Rhapsody”, como parodia de rock con todos los clichés del género, incluyendo su propia versión de Yoko Ono, es una comedia musical que merece disfrutarse. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
Estado Libre Asociado de Vicente López.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL MITO MAPUCHE DEL PARAÍSO PERDIDO


"Miles de años antes que cualquier descendiente de europeo soñara en conformar un estado independiente de los regímenes de gobiernos con visiones monárquicas e imperiales, nuestro Pueblo Mapuche se desarrollaba armónicamente en este territorio".

 Proclama Mapuche-Tehuelche / 15 de julio de 2004.

"Nos pensamos como un pueblo cuyos principios y valores son antagónicos a los de un sistema mundial que ha desarrollado una ideología de devastación y muerte. El capitalismo extractivista, gestionado por los Estados, expande su control sobre el planeta. Entendemos que somos cientos o miles de pueblos, de naciones, que estamos controlados por un puñado de Estados". 
 "Coexistimos en este territorio por miles de años, algo tenemos para decirles: la lucha Mapuche no es una lucha egoísta; la defensa del territorio nos sirve a todos porque es una lucha por la vida, para las próximas generaciones". 
 Proclama Mapuche-Tehuelche / 26 de Noviembre 2018. 




Al menos en dos ocasiones, 15 de Julio de 2004 y 26 de Noviembre de 2018, el Congreso de la Nación Argentina habilitó en su ámbito la lectura de sendas proclamas mapuches - tehuelches. 

Dos panfletos escritos con la finalidad de alentar el secesionismo indigenista, que parten de una falsedad histórica madre: el mito del paraíso perdido. 

Conforme a ese mito, se pretende la existencia de una cultura mapuche con miles de años de arraigo en el territorio que, como fruto de su sabiduría, vivía en total armonía con la naturaleza. Todo lo cual es una construcción ficticia que, con origen en los lamentos de los derrotados por la Pacificación de la Araucanía en Chile y la Conquista del Desierto en Argentina, derivo en una lisa y llana mentira elaborada con fines políticos que trascienden largamente lo indígena.

La evolución social del territorio americano, desde mucho antes de la llegada de los españoles, se regía por las reglas de la conquista, en virtud de la cual se constituyeron los imperios Azteca, Maya e Incaico. La expansión imperialista de esos Estados / civilizaciones, descarta cualquier idea naif de una vida pacífica e idílica interrumpida por los españoles. Las tribus indígenas conocían de guerra, matanzas, sacrificios humanos y esclavitud, por lo que el miedo era parte palpable de su realidad, lo cual contribuyó a la dinámica de los movimientos migratorios. 

Para el momento en que Francisco Pizarro se apoderó del Cuzco muchas tribus habían evitado someterse al Inca escapando y adquiriendo en ello hábitos nómades, que es decir vida de subsistencia como cazadores y recolectores, en una marcha forzada por el terror. La imposibilidad de adquirir hábitos sedentarios estaba dada por la certeza de la expansión incaica, por lo que afincarse, establecerse, afirmarse en un territorio concreto, era sucumbir al dominio y crueldad de una sociedad más evolucionada y, por ende, mejor organizada para la guerra. 

No fue la armonía con la naturaleza haciendo que brotaran de la tierra, sino el miedo al Inca, lo que puso a los araucanos en el lugar donde los encontraron los españoles. Tan así, que la expresión "Huinca" usada por diversas tribus para referir al español y al blanco en general, significa "nuevo Inca", que es decir nuevo conquistador.

Queda desmentida entonces la pretensión de originarios que, como "brotes de la tierra", habitan "su territorio" desde hace miles de años. Llegaron caminando, como otros llegaron en barcos. Aclarado el punto, se cae también la supuesta sabiduría ancestral del estilo de vida armónico y feliz con la naturaleza en una cosmovisión de protección al medio ambiente. 

Los araucanos apenas pudieron esbozar un orden jurídico primitivo, el Az Mapu, cuyo contenido es en esencia una serie de prohibiciones, convalidando creencias animistas, para no detener su escape. No podían asentarse, porque hacerlo los colocaba en situación de sucumbir ante la conquista del Inca que, finalmente, concretó el huinca. Esa negación de cualquier hábito sedentario establecía un orden rígido, opresivo, dominado por el miedo y rechazo a cualquier idea innovadora. En absolutamente todos los órdenes de su infeliz existencia, los araucanos tenían el mandato tribal de seguir obrando tal y como lo venían haciendo, generación tras generación. 

Aquella, una cultura rasa que ya era primitiva y atrasada en tiempos prehispánicos, hoy pretende ser exaltada en forma idílica como una existencia feliz. Hay en esto un claro paralelo con el mito bíblico del paraíso perdido, porque ese araucano temeroso del Inca y de las fuerzas de la naturaleza era tan elemental que prácticamente carecía de conciencia individual, vivía sumergido en un cuasi estado de naturaleza. 

Su falta de organización pre-estatal, la sucesiva resistencia al Inca, al español y finalmente a Chile y Argentina, hacen que el reclamo de los que luego, en tiempos recientes, dieron en llamarse "mapuches" (brotes de la tierra), tenga sustento irracional desde que se pretende un absurdo: volver a algo imposible de restaurar desde que nunca existió.

El mito mapuche del paraíso perdido, a pesar de su manifiesta falsedad y por ello mismo, es fuente de un inagotable resentimiento para quienes lo creen, compatible con la prédica y el accionar de grupos anarquistas que, a su vez, dado que la anarquía es el ideal de los imbéciles y la antesala de la dictadura, sirven a los propósitos de la izquierda totalitaria.

Ese resentimiento, la fuente del odio que lleva a conductas irracionales y violentas, es explotada por los comunistas con lógica gramsciana y desde la perspectiva de Laclau, para proyectar un conflicto enteramente artificial, tan útil a la izquierda como a los intereses británicos en el Atlántico Sur. 



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
Estado Libre Asociado de Vicente López



sábado, 8 de diciembre de 2018

YO ACUSO: NI DERECHOS NI HUMANOS.




La precariedad tercermundista sigue siendo la característica esencial del presente argentino. 

Así, por ejemplo, los trenes de carga son saqueados en las vías o se derrumban en puentes que colapsan a su paso, bajo la indiferencia de los argentinos.

Es necesario entender que no es el robo ni el derrumbe, ni ninguna otra manifestación material, lo que aferra al país a la precariedad tercermundista; es la indiferencia. 

No se conmueve el argentino por estas cosas, no lo habla, no lo piensa, no lo proyecta, no lo relaciona con su vida cotidiana y por ende no lo corrige. Tristemente, el argentino promedio resigna su condición de ciudadano. 


En defensa del común de los mortales que habita suelo patrio, hay que decir que esa indiferencia es incentivada tanto por la casta política como por el periodismo, los dos sectores con poder para imponer la agenda del país. 

¿Qué otro sector puede tener una responsabilidad igual para que lo esencial siga siendo invisible a los ojos de los argentinos? 

Pero el negocio de ambos es que el país siga tal y como adrede lo dejó el régimen kirchnerista, esto es: muy dañado institucionalmente, profundamente degradado en su cultura y con creciente merma intelectual.  

Ojos que no ven -reza el dicho popular-, corazón que no siente. Y es que las falencias materiales suelen ser reflejo de carencias morales e intelectuales. Nos hemos desdibujado tanto que, faltos de identidad, toleramos cómplices e impávidos que un bebé de cinco meses haya luchado por su vida en total soledad, abandonado durante diez horas en una bandeja de hospital, sin que nadie a su alrededor se conmueva; porque tenía que ser un aborto...



Traten de imaginar que durante diez horas escuchan los latidos de un corazón. Y que durante diez horas le niegan protección. Diez horas. Un eco interminable en cualquier conciencia normal. Recuerdo aquellas calcomanías que decían: "Los argentinos somos derechos y humanos", estaban en los autos y ventanas sin ninguna hipocresía, orgullosamente y sabiendo claramente lo que significaban; hoy no podríamos usarlas. Hay una abismal diferencia moral entre jactarse por matar terroristas y hacerlo por matar bebés. 

Ningún político dijo nada al respecto, ninguna editorial de los grandes medios escribió un "yo acuso" frente a semejante aberración. No se inmutan y prefieren distraernos con el personaje grotesco de ocasión que ponen en todas las pantallas, mientras predican día y noche por la imposición del progresismo como religión oficial. 

Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", no hayamos olvidado del todo que éramos otra cosa los argentinos.

Volvamos a ser nosotros, volvamos a ser derechos y humanos. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
Estado Libre Asociado de Vicente López