miércoles, 15 de diciembre de 2021

UN EJÉRCITO DE REZAGO, SIN GENERALES PROVISTOS.



El Ejército Argentino, que tiene por lema "Nació con la Patria en 1810", es una referencia constante al momento de analizar la situación y dinámica institucional de la República Argentina. Si bien siempre hay una relación de contexto que influye en cada institución de un sistema, el Ejército Argentino refleja mucho mejor que otras la evolución -o involución- de los valores fundantes de la nacionalidad argentina. Es nuestro brazo armado (o debería serlo) y su existencia indica la decisión de ser y prevalecer de la Nación Argentina. Existimos por el Ejército. Ganamos nuestra independencia, nuestra libertad, nuestro territorio y todo lo que hace a nuestra organización con el Ejército. 

Hoy cualquier institución del Estado que se ponga bajo observación en Argentina vomita daño institucional, degradación cultural y miseria intelectual. Ninguna, sin excepciones, puede escapar a la decadencia que desde hace décadas corroe ya más que a las instituciones a la esencia misma de la argentinidad. 

Y como no soy militar, sino un SIDE (y aclaro: "Espíritu SIDE", nunca AFI), antes de exponer lo que penosamente surge del Ejército, señalo la viga en mi ojo: La AFI, bajo intervención castrista, no solamente es la demostración del descalabro institucional, sino que con mucha más brutalidad que cualquier otro mamarracho institucional exhibe que la Argentina ha dejado de ser un país soberano; pues un país que no decide su propio destino no necesita servicio de Inteligencia, y a partir de esa claudicación todas las instituciones que hacen a los atributos de la soberanía quedan sobrando. 

El Ejército Argentino desde el 14 de Junio de 1982 fue abandonado al trauma de la derrota. Y la dirigencia política con la que se inició el ensayo democrático en 1983, nunca entendió que ningún país es viable hundiendo a sus Fuerzas Armadas en la derrota. Mucho menos si, encima, se las pretende obligar también a lamentar sus victorias. 

He dicho alguna vez, exponiendo en el Círculo Militar, que Malvinas es del tipo de guerra que se puede perder, porque se disputa simplemente un territorio (cargado de significación, sí, pero un territorio), en cambio la Guerra Sucia (y yo la llamo así porque eso fue: ver nota) es del tipo de guerra que exige ir hasta las últimas consecuencias porque, a como fuera, no se podía perder ya que estaba en juego el estilo de vida de los argentinos. Si esa guerra se perdía no se perdía un territorio, que pudo ser Tucumán, se perdía toda posibilidad de vivir en Libertad y hoy estaríamos viviendo otra dictadura comunista con pretensión de eternidad como la que padecen los cubanos. 

Lo dicho acredita que esta democracia fallida, en camino a ser un Estado fallido explotado como Venezuela por la dictadura cubana, no es culpa militar, sino cultural y política. Las Fuerzas Armadas vencieron al terrorismo castrista; correspondía a la política, a nosotros los civiles, asegurar esa victoria. En lugar de eso dejamos que la acción subversiva del enemigo impusiera una falsa conciencia culposa, por la cual condenamos implacablemente a nuestros defensores y fantaseando genocidios varios profesamos una pena absurda por los enemigos abatidos. Para decirlo claramente: nos volvimos idiotas.

En esa falsificación de la historia a través del proceso orwelliano de adoctrinamiento y desmemoria colectiva iniciado en 2003 por el régimen kirchnerista, sobre acciones que venían de mucho antes, nuestras Fuerzas Armadas han sido humilladas permanentemente: la ESMA convertida en bastión de la mentira de los 30.000 y meca de peregrinaje para lamentar que no nos dejamos vencer por terroristas (que querían imponernos comunismo matando un millón de argentinos tal como consta en carta de Santucho a su hermano Asdrúbal), un generalito con vocación de ordenanza subiéndose a un banquito para descolgar el cuadro de un "dictador" que hacía décadas había dejado de serlo, y otros tipos con rango de "general" que traicionando la sangre de los camaradas muertos en combate se abrazan a las madres de los terroristas o a los mismos terroristas, e incluso -en el colmo de la desvergüenza- reciben de manos del enemigo verdaderos premios a la traición. 

Llegamos así a este presente donde el Ejército Argentino es un mero ejército de rezago sin generales provistos (ver nota). Hay tipos con esa insignia colgada del uniforme, pero no se los  puede tomar por generales. 

El reciente desplazamiento de Agustín Cejas no hace más que confirmar todo lo expuesto. Cejas arrancó muy bien su cargo en la conducción del Ejército al postear en redes sociales una foto suya como Cadete del Colegio Militar de la Nación, prometía así que se disponía a honrar la aspiración juvenil de vocación militar y el consiguiente ideal de honor en lo más alto de su carrera. Pero no hizo eso, solamente llegó a lo más alto para precipitarse burda e indignamente contra el piso.

Cejas y todos los que bajo su mando ostentaban rango de general hicieron algo imperdonable, por orden del entonces ministro de Defensa Agustín Rossi aceptaron bajar un tuit en el que el Ejército Argentino recordaba a dos de sus muchos muertos en combate. 

Era una orden moralmente imposible de obedecer. Sin embargo, bajaron el tuit, pidieron disculpas por haber pretendido honrar a los camaradas muertos en combate y ninguno de ellos dio un portazo para irse a su casa. Siguieron en sus cargos convalidando la indignidad. 

Luego de eso: ¿Con qué autoridad moral arengar a la tropa hablando de la disposición a ofrendar la vida a la Patria combatiendo hasta la muerte? ¿Cómo pueden hablar de morir por la Patria fulanos que ni siquiera son capaces de renunciar por la Patria? ¿Qué clase de generales son esos que no pueden mantener la mirada sin avergonzarse y bajar la cabeza frente a la resplandeciente dignidad en los ojos de, por ejemplo, el Teniente Coronel Emilio Nani?

Ese generalato sin dignidad acató borrar un tuit, avergonzarse y pedir disculpas por honrar a muertos en combate del EA. La indignidad es incompatible con la ética y el honor.

Luego, servir al kirchnerismo es ser corrupto; que encima te usen es ser idiota. No importa si los datos del operetista Verbitsky sobre el nombramiento del hijo de Cejas están sacados de contexto, así no fueran ciertos, no tienen ninguna importancia, la cuestión a comprender es que quien se humilla al enemigo elige vivir en la humillación y pasa a ser un muñeco para operetas. Hay enemigos que nunca dejarán de serlo. Y forros que no lo entienden.

Escribo esta nota con muchísima bronca, es de las cosas que no me hace bien escribir, pero siendo que advierto a través de mensajes de whatsapp una suerte de campaña para reivindicar a Cejas, no puedo contestar uno a uno los mensajes y lo hago a través de un artículo. 

Las internas del generalato en el que revistan Guillermo Pereda, Martín Paleo, Diego López Blanco y otros, me tienen sin cuidado. Todo este generalato está desacreditado, más aún, diría que incapacitado para el mando militar. Uno u otro da lo mismo. Están ahí bien dispuestos para subirse al banquito a descolgar cuadros y repudiar camaradas que sangraron en nuestras guerras. De nuevo: ninguno tuvo la decencia de irse cuando la infamia de bajar ese tuit. Por eso que alguien invente -y otros crean- que Cejas, el principal responsable de la no reacción frente a la bajada del tuit, fue removido por motivo de negarse a que el Ejército vuelva a ser humillado por la sanata y curro de los derechos humanos, es inverosímil.

Cejas no molestó a nadie del gobierno. Se prestó a ser usado. Debió ser el primero en irse a su casa negándose a bajar el tuit. No es importante un tuit, sí lo es la memoria de los camaradas caídos en la guerra. Enfatizo: un Ejército que se avergüenza y pide disculpas por sus muertos en combate pierde su moral. Cejas consintió eso. Se prestó al juego de los hijos de puta que ahora lo descartaron como el boludo que demostró ser. No hay generales en este Ejército de rezago.

Y si los argentinos, civiles y militares, no despertamos juntos de esta pesadilla de idiotez, muy pronto ya no seremos argentinos. Si es que, acaso (hermosa palabra la palabra "acaso"), todavía lo somos.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.