A los consagrados brindis del fin de año, hemos añadido uno más por la captura del sátrapa castrista Nicolás Maduro. Celebramos pues que, ejecutando la orden del Presidente Donald Trump, fuerzas estadounidenses concretaran exitosamente la llamada "Operación Resolución Absoluta".
La captura de Maduro abre la esperanza de rescatar al gendarme Nahuel Gallo y que Venezuela vuelva a la libertad perdida bajo el castrochavismo. Y quizás también caiga la dictadura cubana al no poder parasitar ya de los recursos venezolanos.
Como una cuestión personal, me sonrío recordando que Maduro me bloqueó en Twitter hace años porque hice un posteo diciendo que el naranja Guantánamo style le iba a quedar fenómeno. Espero que pronto vayamos a verlo lucir ese lindo modelito presidiario en lugar del deportivo y caro (260 dólares) conjunto gris de la línea Nike Tech Fleece, que vestía al momento de su detención y que se convirtió de inmediato en un boom de ventas hasta agotar stock. A pura ironía, ese modelo de Nike se transformó en una humorada más bajo el aluvión de memes y otras celebraciones surgidas del ingenio capitalista que por ser verdaderamente popular nunca descansa.
La inteligencia artificial también hizo su magia y algunas composiciones en video son desopilantes. Tanto que entre carcajadas corremos el riesgo de desentendernos del drama, un drama que como país que ha recibido inmigración venezolana nos afecta. Y nos afecta doblemente, por interés regional y porque sensibiliza una vieja cuestión todavía no resuelta: entender que Venezuela padece la misma agresión cubana que en Argentina quiso imponerse por la vía del terror y fue neutralizada por los vencedores del terrorismo castrista. Muchos de los cuales, como mi amigo Alfredo Astiz, todavía siguen presos. No es la primera vez en la historia que quien pelea por desagradecidos sacrifica su libertad por garantizar la libertad de los demás. Y hasta tanto Alfredo Astiz y los otros camaradas presos no sean liberados la democracia argentina seguirá viciada de hipocresía. Con todas las vulnerabilidades que acarrea para el país la hipocresía política.
Celebro lo que el Presidente Trump ha llamado "primera ola", porque indica que habrá al menos otra. Cabe aguardar entonces la segunda ola, que debería ir sobre personajes como Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y otros jerarcas de la satrapía castrista cuya permanencia en el poder es incompatible con la anunciada transición al fin de época.
La administración estadounidense de esa transición, evitando el caos que sería profundizar su despliegue de fuerza militar en tierra, es necesaria porque la "oposición" venezolana, al no dominar ninguno de los factores reales de poder, no está en condiciones de iniciar por sí una transición ordenada.
Además, no quiero olvidar que muchos de los dirigentes supuestamente opositores a Maduro, fueron funcionales al régimen castrochavista más de una vez. Particularmente cuando le dieron la espalda al patriota Óscar Pérez, cuya muerte dirigiendo un pequeño grupo de rebeldes subraya la falta de determinación de tantos prendevelas que esperaban recuperar la democracia por la buena voluntad de los tiranos.
Desde hace muchos años brego abiertamente por replantear el concepto de "no intervención en terceros países por respeto a la autodeterminación de los pueblos". Cuando una dictadura se proyecta eterna negando el voto, expulsa habitantes por millones, impide el ejercicio de libertades básicas, encarcela arbitrariamente tanto nacionales como extranjeros, la corrupción gubernamental sumerge en la miseria a gran parte de esa población y encima destina recursos para interferir la normalidad de otros países, que las democracias de la región convaliden todo ello siga, basándose en un mal entendimiento de los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, es un acto suicida de hipocresía cobarde. Gobiernos que avalan tal estado de cosas son cómplices de la tiranía e irresponsables en la defensa de sus propios intereses nacionales.
Soy pues un claro partidario reconfigurar la Organización de Estados Americanos (OEA) de modo que sirva para algo y específicamente eliminar, vía intervenciones militares de las democracias del continente, a cualquier dictadura que se instale en la región con pretensión de eternidad más allá de las diversas contingencias que pueden justificar estados de excepción temporales en cualquier país.
Creo que Trump tiene en Venezuela la determinación de completar este proceso iniciado. Pero no me sorprendería que, como tantas otras veces ha ocurrido, los gringos vuelvan a quedarse a mitad de camino dejando un problema mayor del que se propusieron resolver. Veremos como evolucionan los acontecimientos y si la voluntad de liberar a América de dictaduras comunistas es tal, o se agota en ser excusa para satisfacer intereses petroleros.
Son muchos los aspectos que se prestan para comentar y analizar de la intervención estadounidense. Demasiados para ser abarcados por un artículo de blog. Por tal razón voy a centrarme en una sola cuestión: la inercia de imperialismo soviético en la dictadura cubana colonizando Venezuela.
Nunca ha sido un secreto, desde que Hugo Chávez llegó al poder, que el destino de Venezuela no se decide en Caracas sino en La Habana.
Después de la caída de la Unión Soviética su antiguo satélite caribeño encontró con Chávez la forma de subsistir, parasitando los recursos venezolanos como modo de sostener al Partido Comunista Cubano y sus acciones intervencionistas en terceros países, incluida la Argentina donde el embajador cubano ya tradicionalmente obra como director de orquesta de la izquierda.
Le faltó poco a Cuba para someter a la Argentina a través del kircherismo. El régimen iniciado en 2003, que trajo a Fidel Castro para que diera uno de sus más ridículos discursos en la Facultad de Derecho de la UBA, inició y sostuvo un proceso orwelliano de desmemoria colectiva y adoctrinamiento con el uso faccioso de los recursos del Estado, pero buena parte de la ciudadanía (con una impronta política, cultural y militar distinta a la venezolana) advirtió que el rumbo estaba fijado para ser otra Venezuela y la resistencia fue poniendo límites. Límites a veces difusos, pero suficientes al fin y al cabo para que la dictadura cubana no consiguiera pacíficamente lo que sus organizaciones terroristas no pudieron por la vía armada.
Esa, mal que le pese a zurdos, progres y algunos puristas de las formas, entre hipócritas varios, es la gran victoria del Proceso de Reorganización Nacional: Jorge Rafael Videla venció finalmente a Fidel Castro y por ello la Nación Argentina tiene la posibilidad de seguir siendo la Nación Argentina.
Concretada la Operación Resolución Absoluta, Miguel Díaz Canel Bermúdez, primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y "Presidente" (por esa farsa electoral de partido único) de la imaginaria "República de Cuba", reconoció que 32 militares cubanos fueron abatidos por las fuerzas estadounidenses cuando se empeñaron en combate para impedir la captura del sátrapa Maduro.
Es interesante ese reconocimiento porque da cuenta que el primer cinturón de seguridad alrededor de Maduro era cubano y en ningún país independiente la seguridad presidencial queda a cargo de militares de otro país. Los militares cubanos eliminados durante la captura de Maduro demuestran que Cuba colonizó a Venezuela.
Imagínese, por ejemplo, que el Presidente Javier Milei fuera custodiado en la Casa Rosada y Quinta de Olivos por alguna unidad de militares extranjeros. Sería inadmisible. Tan inadmisible para cualquier patriota, como previsibles los epítetos que ante tal situación lanzaría la izquierda. Sin embargo la izquierda no califica de colonialista a Cuba, ni de traidor a la Patria a Maduro.
Entonces y en rigor de verdad estamos ante la cuenta de 32 invasores colonialistas cubanos, con vocación de imperialistas soviéticos, muertos por sostener al títere castrista Nicolás Maduro. Prueba fehaciente de ser Venezuela un país sometido a Cuba. Y no importa cuanto declame el zurdaje que eso es "solidaridad socialista internacionalista": eso es otra forma de colonialismo.
Divierte escuchar a zurdos enamorados del Che Guevara cuestionar la intervención extranjera frente a la captura de Maduro. ¿Qué corno tenía que hacer el criminal Guevara en Angola o en Bolivia? A eso los muy hipócritas lo llaman "solidaridad de los pueblos". Pues bien, quiero dejarlo claro, la verdadera solidaridad sólo surge de pueblos que deciden su propio destino a partir de elecciones libres.. Cuba no es solidaria, es intervencionista y parasitaria.
Prueba fehaciente del intervencionismo cubano en otros países es que Nicolás Maduro tuviera su seguridad a cargo de cubanos. Claramente un títere de Cuba gobernaba Venezuela. Cuba colonizó a Venezuela vía Chávez y Donald Trump debiera ir también por los jefes y dueños de Maduro que están en La Habana. El caos, la violencia y las muertes que la dictadura castrista ha causado en toda América es un crimen de masas que todavía está impune.
Creo que el punto está demasiado claro como para ir cerrando. Como epílogo cabe ver esta imagen de cuando el sátrapa Maduro, allá por septiembre de 2018 fue atendido por Salt Bae (Nusret Gökçe) en un restaurante de la cadena Nusr-Et en Estambul, Turquía.
La izquierda está militando para que este dictador caído pueda volver a una vida de lujos a costa de la miseria material y moral de Venezuela.
Téngase presente cada vez que algún zurdo pretenda ser la voz de los oprimidos. Sólo son unos parásitos hipócritas.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.



