Esencia y moral es bueno
pero de golpe no podemos
el país así cambiar,
confórmate, con algún puesto,
sos joven para entender esto,
che pibe, vení, votá...
Raúl Porchetto (Che Pibe)
Recuerdo en una revista, que pudo ser Playboy o Erotikón, haberme reído hace mil años con un artículo ilustrado con la fotografía de un pene yaciendo flácido y que llevaba por título algo así como: "El ocaso de un coloso". El texto era muy divertido, porque escrito con estilo de serio panegírico fúnebre combinaba las formas rigurosas, adustas y respetuosas del ceremonial para la despedida póstuma, con frases a las que esa foto les daba contexto cómico. Sin esa foto, se podía tomar esas mismas palabras y dar consuelo a los sufrientes deudos de cualquier finado. La alabanza a la grandeza, la entereza, la firmeza del carácter, se tornaban desopilantes.
Desde entonces, no es raro que al leer alguna necrológica me tiente de risa con determinadas expresiones laudatorias: "lo vimos siempre erguido y con la cabeza en alto", "su presencia se hacía notar en cualquier lugar al que entrara", "fue el mejor entre los mejores", "imponía respeto sin decir palabra" o "siempre dio la talla".
De aquella humorada me quedó la muletilla sarcástica de "el ocaso de un coloso" para referirme a ciertos cuadros de decadencia; los que no generan pena sino reproche moral, no exento de burla, por haber sido autoinfligidos de manera estúpida.
Y por eso el título de este artículo, necesariamente amargo a pesar de la introducción, es el que es: "El colosal ocaso ético del gobierno del Presidente Adorni".
En 2019 Javier Milei dijo en una charla, e imagino que antes ya lo había dicho en otras, que el capitalismo era más justo que el socialismo y también estéticamente mejor. Cosa con la que estoy totalmente de acuerdo y no es lo que cuestiona este artículo. Este concepto lo repitió muchas veces, diría que fue un leitmotiv de su campaña sostener la superioridad ética y estética de las ideas de la Libertad frente al mamarracho kirchnerista.
"Somos superiores ética y estéticamente", afirmó en distintas oportunidades. Y también decía algo más que a tenor de lo aquí expuesto cobra relevancia: "los liberales no somos manada".
Para enfrentar al kirchnerismo haciendo llegar a la población ese mismo mensaje ético, Milei utilizó su histrionismo resaltando de modo estruendoso su propuesta disruptiva. Y lo hizo muy bien. Cabe observar que ciertas licencias estéticas en el discurso político, deben ser comprendidas desde lo que es la comunicación a través de las redes sociales. El oficialismo es la fuerza política que mejor supo capitalizar esos canales de comunicación, tan bien lo hizo que hoy resulta inexplicable que parezcan usarlos como un tiro al pie.
En función de los distintos roles que se van ocupando, cabe señalar que la estética disruptiva de un candidato coquetea con el ridículo cuando se prolonga a través de ese mismo candidato devenido Presidente. En modo rockstar Milei se parece más a Pomelo que al Presidente de la Nación.
En otro artículo, "MIS OBSERVACIONES DE ESTE TIEMPO", sostuve lo siguiente: "El Presidente Javier Milei supo jactarse de representar superioridad ética y estética sobre el kirchnerismo. La superioridad ética todavía la conserva pero la superioridad estética la ha resignado. Lo demuestra su discurso de apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso, que pese a tener por núcleo conceptual 'la moral como política de Estado' adquirió las formas de la inmoralidad kirchnerista".
Tómese nota que el Presidente Milei dedicó su discurso a "la moral como política de Estado". Pero si ese día declinó por completo de sostener su proclamada superioridad estética, días después declinó por completo su proclamada superioridad ética.
No es, como paso a demostrar, una apreciación subjetiva de mi parte que el gobierno ha declinado la superioridad ética, es rigor objetivo.
El "Efecto Blumberg" consiste en el derrumbe de la autoridad moral por una falta relativamente menor. No afecta a los corruptos (kirchneristas) porque de ellos no se espera honestidad, sino a quienes exhiben la honestidad como bandera y guía de su conducta. Y esa es exactamente la bandera principal de lo que conocimos como el "fenómeno Milei": la promesa de un gobierno honesto.
Cuando el Jefe de Gabinete Manuel Adorni viajó a Nueva York en el avión presidencial acompañado de su mujer, que por no ser funcionaria de gobierno no integraba la comitiva oficial, hizo exactamente aquello que como vocero presidencial había anunciado el 13AGO24 que quedaba prohibido por vía de decreto. Y sus textuales palabras fueron: “Hemos decretado que los aviones del Estado no podrán ser usados para llevar familiares de funcionarios. Este es otro privilegio que se termina”.
Ciertamente una definición clarísima: "otro privilegio que se termina". Objetivamente, entonces, Manuel Adorni faltando a su propia palabra se pasó por donde no da el sol, al mejor estilo de Alberto de la Fernández durante la infeKtadura, una norma dictada por el propio gobierno.
Para peor, el Jefe de Gabinete ensayó una de esas excusas totalmente faltas de excusa, que él viajó a Nueva York a "deslomarse" trabajando y que por eso necesitaba la compañía de su mujer cuya presencia en el avión no implicó mayor costo para el Estado.
La primera sorpresa de todo este bochornoso asunto es que el entendimiento de Adorni como Jefe de Gabinete no le permita asumir que su falta no es una cuestión de costos sino de principios éticos, coherencia y el valor de la palabra.
A más de la obvia falta de entendimiento jurídico y moral, cuesta creer que alguien con el dominio de comunicación en redes que reputadamente se le reconoce a Adorni (en X @madorni), no deje de empeorar la situación soltando una tras otra declaraciones que perjudican al gobierno. Un gobierno en el que, finalmente, no deja de ser un fusible. Un fusible que ya se quemó y que si no se reemplaza puede quemar al que no es un fusible.
Mucho ha cambiado aquel tuitero picante a la hora de señalar los vicios de la casta, tanto como para desconocer que muchos trabajos son sacrificados, más sacrificados que cualquier cargo político. Si él lo vive como un gran sacrificio, nadie le obliga a quedarse, puede ir a cuidarse el lomo a la casa y ser feliz. Su opción es mantenerse en el cargo cumpliendo con su deber o renunciar, en ningún caso es aceptable que se tome licencias que no son otra cosa que privilegios de casta. En un gobierno votado para sostener sacrificios, cargado de verdades incómodas en lugar de mentiras complacientes, todo funcionario debe dar ejemplo constante de austeridad sin ningún vicio de lo que llamaban "casta política".
La verdad y la mentira son verdad y mentira con prescindencia de quien las diga. La mayor traición a las convicciones es negar una verdad o sostener una mentira por rédito político. De ahí en más la corrupción es una autopista asfaltada. Y la verdad, por más vueltas que se le quiera dar, es que Adorni con su conducta puso al gobierno a la altura de aquella granja de Orwell donde los cerdos dejaban claro que "algunos animales son más iguales que otros". La verdad, es que Adorni se permitió un privilegio qué él mismo anunció que se terminaba. La verdad es que Adorni mintió.
Para peor, Marcelo Grandio, conductor de un programa en la TV Pública, refiriéndose a un viaje en avión privado de Adorni a Punta del Este (también cuestionado), en lo que se interpreta como un furcio, dijo que el costo de 3.600 dólares del viaje "Lo pagó él con plata del Estado, me lo pagó a mí y tengo el recibo del recibo. Yo le pagué a la compañía". No sin motivo, podrá decirse que son todos muy boludos, pero: ¿Qué dice de nosotros que gobierno tras gobierno los boludos sigan gozando de su "boludez"?
Lo que Adorni pudo solucionar con su renuncia y una disculpa profunda, puesta sobre lo importante y no como las que ha ensayado que no tienen ninguna relevancia, se convirtió con su permanencia en complicidad de todo el gobierno. Es increíble la cantidad de ministros, otros funcionarios y legisladores que abrazaron (algunos con el fanatismo de los conversos) la falta ética del Jefe de Gabinete como propia y la militaron reclamando impunidad.
Con la misma estupidez kirchnerista que exacerbó la lógica amigo / enemigo, el oficialismo descendió vertiginoso al nivel intelectual de 678 y Carta abierta, pretendiendo que cualquiera que critique a Adorni sea un desestabilizador kirchnerista... Y lo más triste es que salieron en manada, todos con el mismo libreto que algunos dicen fue ordenado por Karina Milei. No sé quien lo inventó, pero era groseramente un copia y pegue replicándose en sus cuentas de X.
El gobierno se convirtió así en una manada de obsecuentes militando privilegios de casta. No sólo los arribistas amarillos, que por vocación e interés son una colonia de focas aplaudidoras (hoy de este mañana de aquel), también los que se dicen liberales.
Previsiblemente la campaña para sostener a Adorni tuvo por resultado lamentable la resignación ética de todo el gobierno. ¡Qué fácil le hacen a los kirchos decir que son todos iguales!
¿Fue error del Presidente Milei? Sí. En cualquier caso sí, porque es el titular del Poder Ejecutivo y no puede desconocer el derecho y mucho menos las normas que él mismo dictó.
Pero aún así, al Presidente hay que cuidarlo quemando fusibles y no usarlo de escudo. En lugar de proteger al Presidente, Adorni cometió del despropósito de declarar que la invitación a su mujer fue formulada por el Presidente.
Y el Presidente Milei, no tuvo mejor ocurrencia que, ignorando la cuestión ética, pretender justificar la invitación a la mujer de Adorni con la teoría del "costo marginal", posteando lo siguiente:
"Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otros rubro no les importa (ni lo captan) entonces ensucian... ÁNIMO @madorni ...!!! LLA! VLLC!"
En esa explicación que estúpidamente pretende olvidar el asunto de fondo para minimizar la falta por su bajo costo económico, lo único que queda explicada es la claudicación ética del Presidente. Lo que Milei dice a la población es que aquella norma anunciada por Adorni para el fin de los privilegios, no tenía "ni el más mínimo sentido". Se equivoca el Presidente y todos sus obsecuentes militan el error. Hubo antes otros así...
Se corrobora que el Presidente Milei no cuenta en su gobierno con nadie que sea capaz de confrontarlo con sus errores. No hay lealtad a su alrededor. Todos los que están militando el "bancar a Adorni" le facilitan el juego a los más impresentables de la oposición cuyo sueño es ver caer al Presidente.
Como si fuera la Fiesta Nacional de Groucho Marx, desfilaban todos los obsecuentes gritando a los cuatro vientos que "estos son mis principios pero si no les gustan tengo otros". Ninguno advierte el riesgo del "Efecto Blumberg" en el costo de rifar la superioridad ética.
Pasamos de: "Somos honestos, éticamente superiores" a: "Pero lo de ellos era más grave". Lo inflexible se hizo relativo en la triste claudicación moral.
La falta ética de Adorni se convirtió así en la falta ética de todo el gobierno. A partir de ahora ninguno de los ministros podrá presumir principios de ética republicana. Adorni, al no renunciar como correspondía, arrastró a todos a perder credibilidad moral.
Se está pagando por "bancar" al Jefe de Gabinete el precio de bancar a un Presidente. Y lo que es peor, Adorni actúa en esta cuestión como si fuera el Presidente a preservar y no una pieza de recambio obligada a evitar que el Presidente se vea perjudicado.
Por lo que cabe explicarle a Manuel Adorni tres cosas:
1.- Un funcionario no debe contradecir sus propios anuncios.
2.- Si el Presidente Javier Milei fue quien invitó a su esposa, como Jefe de Gabinete debió recordarle que eso era inviable por contrariar normas del gobierno que, además, anunció como vocero.
3.- Si Alberto de la Fernández fue patético escudándose en su "querida Fabiola", Adorni como Jefe de Gabinete incumple su deber de lealtad al Presidente al descargar responsabilidad en él. Y en esto no tiene ninguna importancia si el Presidente está de acuerdo en que obre así, el deber de un Jefe de Gabinete y de cualquier ministro impone obligaciones más allá de la voluntad del Presidente.
El Presidente siempre debe ser preservado, no usado de escudo. La lealtad no es obedecer ciegamente. De hecho, más importante que obedecer es saber plantarse para señalar un error y tener la determinación -con la renuncia siempre lista- para no ser parte del tal error. Ningún obsecuente lo hace y el costo que pagará el gobierno por sostener a Adorni todavía no puede dimensionarse. Lo que sí puede asegurarse es que lo deja muy mal parado para afrontar cualquier caso de corrupción en el que se vea involucrado algún funcionario de primera línea. Con el Caso ANDIS abierto el gobierno debió preservar su credibilidad para, en la eventualidad de ser tocado por esa causa judicial, conservar credibilidad de honestidad frente a la sociedad. Algo que se malgastó en Adorni.
Electoralmente quizás el costo que el gobierno pague por sostener a Adorni no se traduzca en una gran pérdida de votos, pero sin duda va variar la fundamentación de esos votos. Ya no serán la aspiración de un buen gobierno, sino de uno no tan malo como los del régimen kirchnerista. Y es un tremendo retroceso para las aspiraciones de la República que las elecciones se agoten en optar por el mal menor. Otra vez sopa.
Soy ese liberal que no habla de economía, así que no tengo elementos que me permitan comentar la probable evolución de la situación económica, pero en términos políticos tengo claro que la apuesta del gobierno para su continuidad se va cerrando sobre la chance del éxito económico. Algo que, en Argentina, resulta siempre una apuesta arriesgada.
La carrera política de Adorni debe definirse pronto con una sola palabra, esa a la que siempre fue tan afecto: fin.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

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