miércoles, 9 de julio de 2025

SOBRE EL CONCEPTO DE "INDEPENDENCIA".




9 de Julio de 2025, Día de la Independencia. Aunque tengo posición tomada respecto a que el verdadero Día de la Independencia Argentina es el 11 de Mayo de 1813 cuando la Asamblea Constituyente aprobó que los versos de Vicente López y Planes (que hoy llamamos Himno Nacional) fueran "la única marcha patriótica" de las Provincias Unidas, me sumo por tradición a las celebraciones del 9 de Julio.

En lo particular el frente de mi casa embanderado, locro en la cazuela salteña que recuerda a queridos amigos y estas meditaciones. Lo mismo que hincada mi rodilla diestra en tierra recitar completo el Oíd Mortales! a la memoria de quienes lo hicieron posible. Fuera de mi ámbito, en lo público, distintos actos oficiales entre la rutina burocrática, el cálculo político siempre presente y la vocación del deber ser. Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", en todo esto siga latiendo ese sentimiento que inmune al paso del tiempo se permite exhibir la simple manifestación de orgullo nacional, lo mismo este año que hace 10 o dentro de 20. 

Y luego están esas cosas del momento, que contrastan claramente patriotismo con oportunismo. 

Patriotismo es la formación de los vencedores del terrorismo castrista que, soportando las cadenas del prevaricato sistematizado, proclaman desde la injusta prisión su lealtad al mandato de conservar libre a la Nación Argentina. Porque eso fue lo que hicieron venciendo a los esbirros de la dictadura castrista en plena Guerra Fría. Hombres que habiendo ganado en la guerra la libertad de todos los argentinos perdieron la propia a manos de la ingratitud más estúpida. Y sin embargo, aún en la cárcel, renuevan sus votos de servir a la Patria. 

Oportunismo, en cambio, es la juntada en Parque Lezama de la asociación ilícita de enfermos mentales que pretenden confundir Patria con el culto a la persona de una reputada delincuente condenada por defraudación al Estado. Condenada por jueces prevaricadores, sí, pero porque después de mucho pretender zafarla no tuvieron más remedio que encarcelarla al verse que el robo era tan evidente que su impunidad revelaba groseramente la del Poder Judicial devenido prevaricador. 

En aquel tardío Julio de 1816 en que formalmente se declaró la Independencia de España y luego de "toda otra dominación extranjera",  el concepto de Independencia pudo ser más idílico que en el presente. Romper con un rey lejano suponía con cierta ingenuidad que el valerse por sí mismos, sin dependencia de ninguna otra voluntad, era absolutamente factible. 

Algo así experimenta cada hijo que deja la casa de los padres  (porque preciso es recordar en función de conservar fuerte nuestra identidad nacional que España siempre será nuestra Madre Patria), antes de descubrir que la vida independiente nunca es tan independiente como se suponía. Vivir bajo permiso de los padres o de un rey, es tratar con una sola voluntad, vivir bajo las propias decisiones es confrontar con muchas otras voluntades para sostener o imponer la propia y además los condicionamientos se han multiplicado con el desarrollo civilizatorio de la humanidad en su conjunto.

Ciertamente, en la antigüedad, fue posible para muchos pueblos vivir aislados por largo tiempo y en tal sentido ser independientes. Una independencia puesta a prueba por el contacto con otros pueblos que muchas veces determinó guerras de conquista. En los viejos tiempos del escudo y la espada la diplomacia, cuando existía, quedaba reducida prácticamente a preguntar si se sometían por las buenas o por las malas.

El concepto de la Independencia era en la antigüedad el del aislamiento o la dominación. Hoy las cosas han cambiado mucho pero también poco. El aislamiento es virtualmente imposible como medida de la Independencia. Tómese el caso de Corea del Norte, un país que se supone aislado, su independencia es totalmente ficticia, depende de la protección Rusa y China para no ser borrado del planeta. En igual sentido Taiwán conserva su independencia por la protección occidental. Y por esas mismas razones que impiden el aislamiento, la dominación es bastante limitada. No es este el mundo unipolar que desearon los predicadores del fin de la historia como corolario de la Guerra Fría, ni es tampoco aquel mundo bipolar, el poder está más repartido y no solamente las naciones juegan. 

Ciertamente hay naciones más fuertes que otras, están aquellas que tienen claro lo que son y lo que quieren ser, como esas otras que se debilitan en la anomia o el caos, las que respetan sus instituciones y las que no, las que aspiran a ocupar un lugar en el mundo del mañana y las que añoran un pasado sin retorno. 

Meramente por cuestiones tecnológicas, comenzando por la impresionante revolución de las comunicaciones que experimentamos los de mi generación, en el Siglo XXI la Independencia Nacional es un concepto flexible y mucho menos idílico que en el Siglo XIX. 

Incluso las grandes potencias no son hoy enteramente independientes. Partiendo de que su voluntad se encuentra limitada por la voluntad de otras superpotencias y comprendiendo que las economías, al fin de cuentas base de cualquier poderío, operan al influjo de muchos y fuertes intereses extranacionales, la independencia de las mismísimas superpotencias está condicionada al punto de resultar bastante ilusoria.

Sin embargo el concepto de Independencia Nacional persiste, no como un absoluto que si alguna vez fue posible ya no lo es ni lo será, sino como la voluntad emocional y racional de ser y prevalecer a lo largo del tiempo. Los sentimientos nacionales no han desaparecido, como lo demuestra la sangre que en su honor se derrama a diario en distintos conflictos del planeta, pero sus aspiraciones no son las antiguas. 

Por supuesto las naciones combaten cuerpo a cuerpo cuando un poder extranjero invade su territorio, pero esa es la forma más burda de la "dominación extranjera".

Existen muchas sutiles formas de "dominación extranjera", razón por la que si la vieja aspiración de la independencia era entender a la soberanía como librarse de toda dominación extranjera, hoy no hay país alguno, ni siquiera las superpotencias, que no se vea obligado a hacer concesiones a la "dominación extranjera".  Y esto abarca todo el abanico de intereses nacionales, sean militares, económicos o sociales. 

Me atrevo a decir que hoy el concepto de "Independencia Nacional" se limita a ser la capacidad práctica de tomar las mejores decisiones para sostener la voluntad de ser y prevalecer con identidad propia en un mundo de múltiples y a veces recíprocas dependencias. 

Siempre digo, como el viejo servicio que soy, que los servicios de Inteligencia son un atributo de la soberanía de las naciones. Sólo aquellos países que aspirando a ser dueños de su destino toman sus propias decisiones necesitan servicios de Inteligencia. No los necesitan aquellos que siendo vasallos permiten que otros piensen por ellos y acatan decisiones ajenas.

La Independencia es pues, simplemente sostener el pensamiento propio.

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.