sábado, 15 de abril de 2023

LA SEDICIÓN KIRCHNERISTA QUE HABRÁ QUE REPRIMIR.

 
Este país se deshace por la cobardía de todos”.

Abel Posse


El impresentable ministro de ¿Seguridad? de la Nación, Aníbal Fernández, en dos declaraciones sucesivas ha dejado clara la estrategia que planea ejecutar el kirchnerismo en el caso de  resultar desplazado al rol de oposición si, como resultado de las elecciones, la ciudadanía impone un nuevo gobierno que se proponga dinamitar al régimen.

La primera andanada verbal tuvo lugar el 13 de Abril cuando calificó a opositores al régimen como "un grupo de gente que tiene cero formación, con vocación por el agravio y por lastimar", pronosticando que en caso que esa oposición llegara al poder: "lo que propone saldría únicamente por represión. Las calles regadas de sangre y muertos van a producir si tuvieran la posibilidad de ser Gobierno".

La segunda ocurrió el 14 de Abril y fue la ratificación de sus dichos en estos términos: “Lo que hice fue comentar algo de lo que se escucha de los opositores, escucho que uno habla de dinamitar y esto no se hace sin que haya heridos o sangre. También dicen que se muera quien tenga que morir, todas expresiones que vierten los representantes de la oposición y por tanto dije que si es eso lo que van a llevar a la práctica eso cierra con represión y seguramente genera sangre y muerte”.

Supongo, para encontrarle lógica a las declaraciones de Aníbal Fernández, que se refiere a que con un gobierno decente habrá fuego de las fuerzas del orden y sangre de los delincuentes, porque con el kirchnerismo vemos todos los días que abren fuego los delincuentes y en las calles se derrama la sangre de los honrados.

No me canso de repetir que la Seguridad Interior consiste en garantizar el estilo de vida propuesto por la Constitución Nacional y que es algo distinto de simplemente alguna forma de paz. Debe entenderse que cuando organizaciones criminales se apropian de algún espacio imponen allí su paz, que es una paz de miedo y sumisión, diametralmente distinta a la específica paz de la Constitución Nacional que supo consolidar la gloriosa Generación del 80 con el Presidente Julio Argentino Roca como abanderado. 

Aníbal Fernández, tan cínico como incapaz de mostrar logros o dar respuestas a la ciudadanía, pretende imponer un relato: que esta "paz kirchnerista", donde la delincuencia se enseñorea apañada por la asociación ilícita en el gobierno, es mejor que cualquier intento de garantizar el estilo de vida propuesto por la Constitución Nacional.

Para entender como funciona y a quienes beneficia la "paz kirchnerista", basta recordar que cuando Anabela Carreras, gobernadora de Río Negro, pidió apoyo nacional ante actos del terrorismo mapuche Aníbal Fernández retaceó el apoyo nacional. Sistemáticamente deja hacer a la delincuencia.

Ocurre es que el kirchnerismo es una asociación ilícita, dirigida por una corrupta condenada por defraudación al Estado, que fomenta y ejecuta una gran variedad de delitos, sirviéndose de las adicciones, las dádivas, las prebendas y el despilfarro de dineros públicos como mecanismo de disciplinamiento social. Por una elemental cortesía profesional no puede reprimir al delito, más allá del mínimo para las apariencias (que tampoco guarda bien).

Desde el 25 de Mayo de 2003 Argentina ha sido subvertida mediante un proceso orwelliano, de desmemoria colectiva y adoctrinamiento faccioso con los recursos del Estado, para la imposición de un proyecto totalitario de corrupción estructural.

El régimen así establecido es todo lo contrario del estilo de vida propuesto por la Constitución Nacional, por ende incapaz de garantizar la Seguridad Interior; lo que ofrece es esta "paz kirchnerista" de resignación venezolana que, para sostenerse, necesita una sociedad de cobardes. 

El miedo es el alimento del totalitarismo, y aquí se ha hecho de la mentira una verdad dogmática, de la victimización una virtud y del coraje un defecto. 

Y es preciso decirlo: la mentira de los 30,000 desaparecidos, la estafa con los desaparecidos y la tergiversación histórica para que el pueblo argentino se sienta culpable por haberse defendido del terrorismo castrista, está directamente vinculada a la pérdida del sentido común en beneficio de las perversiones morales de Zaffaroni para proteger al delincuente al considerarlo víctima de la sociedad. Una sociedad que adoctrinada para sentir culpa carga con un genocidio inexistente, sin entender que esa mochila de puro lastre zurdo/progre es la que le impide defenderse hoy. 

Si el kirchnerismo que en veinte años materializó este presente de tragedia nacional vuelve a ganar las elecciones, será únicamente porque logró hacer del otrora valiente pueblo argentino un ente desmoralizado, débil y pusilánime que prefiere la certeza de deslizarse rápida y resignadamente por el tobogán hacia la miseria, antes que realizar el esfuerzo de pelear cuesta arriba por su futuro.

A eso apunta el relato de Aníbal Fernández. A que por miedo se prefiera el mal conocido al bueno por conocer. "Ni lo piensen", escribían los kirchneristas en las paredes cuando aquel voto negativo de Cobos, y esa misma amenaza de matón es la que con otras palabras profiere ahora Aníbal Fernández, en perfecta sintonía con Juan Grabois, Luis D'Elía, Daniel Catalano y toda la demás comparsa de parásitos beneficiados por las indignidades e injusticias del régimen kirchnerista.

A la cobardía opositora la seduce, por miedo a los aprietes del zurdaje y la asociación ilícita hoy en el gobierno, la idea de un nuevo gobierno que busque "superar la grieta".

Pero el miedo no es buen consejero, porque si votás convivir con delincuentes nada va a cambiar. No se puede convalidar porcentaje alguno de robo, ni resignar la verdad porque otros viven mintiendo. O sea: si no se vive como se piensa se termina pensando como se vive; más de lo mismo.

El kirchnerismo y el resto de la izquierda (Partido Obrero, principalmente) ya avisaron que harán todo, con violencia incluida, para que el próximo gobierno se caiga en el tiempo que debió caerse este.

No va a ser para tibios la cosa. Quien sea presidente deberá pelear desde que sea electo dejando claro y firme que se va a imponer la voluntad del electorado que su gobierno represente.

Porque ¿qué es lo que Aníbal Fernández y esa sintonía de voces está anticipando? Que en caso de perder el poder el kirchnerismo activará de inmediato su plan de desestabilización para hacer imposible la gobernabilidad. 

De ahí las insistencia del ministro en decir que las propuestas de oposición que apuntan a terminar con el régimen kirchnerista no cierran sin represión. Es evidente que no van a resignar pacíficamente privilegios mal habidos, atentarán contra el nuevo gobierno constitucional desde antes que asuma (algo que en cierta forma ya están haciendo).

El punto es que estoy completamente de acuerdo con esa afirmación de Aníbal Fernández, porque los cambios que se necesitan para recuperar la voluntad de ser y prevalecer de la Nación Argentina no cierran sin represión. 

Represión no es mala palabra, es lo que corresponde ejecutar al Estado frente a la acción destituyente de subversivos, sediciosos, secesionistas, organizaciones criminales y todas las demás lacras antidemocráticas que atentan contra el orden constitucional.

Obsérvese que el kirchnerismo busca reafirmar, a través de su ministro de ¿Seguridad?, que "represión" es mala palabra porque va a intentar fogonear y aparatear la fragilidad social que el régimen deja en perjuicio del nuevo gobierno. Los kirchneristas y el resto de la izquierda van a salir pronto a las calles para testear las convicciones del nuevo gobierno, condicionando la gobernabilidad si no encuentran resistencia y victimizándose si son reprimidos. 

De modo brutal y absolutamente claro, ejemplifica y sintetiza esa intención Daniel Catalano, de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), unos meses atrás cuando afirmó que "Hay que tirar 28 toneladas de piedras para que no gane Macri". Macri ya se bajó de la carrera presidencial, pero lo mismo vale para Patricia Bullrich o Javier Milei, como supo explicitar Aníbal Fernández.

Tanto Bullrich como Milei deben estar categóricamente determinados a que, en el caso de asumir la Presidencia, no puede volver a ocurrir la indignante tibieza cambiemita de permitir que la policía sea lapidada con toneladas de piedras y durante largas horas. No es aceptable que otro policía pierda un ojo por nada. Al primer piedrazo la orden debe ser tajante: ¡Reprimir!

Es tan inevitable la conflictividad que el mejor modo de superarla es no evitarla, ya que en estas circunstancias un nuevo gobierno se suicida si no satisface las aspiraciones de sus votantes batallando por lo que prometió. Porque a más de emplear en la conservación del orden todos los instrumentos institucionales de que dispone el Estado, es preciso que mantenga motivado y activo a su soporte cívico, para que ni en la calle ni en la opinión publicada pueda el kirchnerismo imponer un relato de pueblo contra gobierno en el que ellos se atribuyan ser el pueblo. Y al mismo tiempo hay que prevenirse de las operaciones de acción psicológica, teniendo en cuenta la experiencia de las protestas en Chile que pusieron bajo amenaza de reforma comunista a la constitución trasandina. 

Hay momentos en la vida donde la única opción es jugarse a todo o nada. La elección presidencial del 2023 significa eso para la República Argentina.

Para que la Patria y la Libertad vivan el régimen kirchnerista debe ser muerto sin piedad y sin concederle nada a la asociación ilícita.

Luego hay otra cuestión que conspira contra el cambio y debe ser tenida en cuenta como una preocupación a resolver. Como nuestro país no tiene dirigencia política, en el sentido alto de esa expresión, tampoco tiene definidas políticas de Estado en materia de Seguridad y eso hace que en lo que queda del año y de mínima hasta los primeros meses del próximo, la criminalidad opere con comodidad.

Eso hace que en materia de Seguridad Interior la transición política en la alternancia necesariamente será traumática, hay mucho que corregir en los instrumentos del Estado y poco tiempo para hacerlo, por lo cual no hay margen para la improvisación ni debilidad en la toma de decisiones.

Por el bien de la Patria y la Libertad, un nuevo gobierno no podrá vacilar, y sí o sí tendrá que saber muy bien qué hacer con los sistemas nacionales de Seguridad e Inteligencia, de lo contrario todas las reformas económicas y sociales no serán más que promesas.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.