jueves, 29 de junio de 2023

CENSURA KIRCHNERISTA PARA SEGUIR MINTIENDO EL PASADO, CONTROLAR EL PRESENTE Y DOMINAR EL FUTURO


"La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro.
Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados" .

                                                                George Orwell, 1984.




Por aquello de que no se puede engañar a todos todo el tiempo, cuando los kirchneristas, que construyeron poder a base de mentiras, se sienten debilitados inexorablemente intentan usar la fuerza coercitiva del Estado para censurar verdades.

Es el mecanismo que utilizaron a comienzos de 2017, pleno interregno macrista, llevando a la Legislatura Bonaerense un proyecto para obligar a mentir 30.000 desaparecidos. Proyecto del Frente Para la Victoria que fue hecho Ley 14.910 con voto del bloque cambiemita que con la sola excepción de Guillermo Castello alzó las manos tal como lo había ordenado la gobernadora María Eugenia Vidal.

Saben los kirchneristas que su poder depende de sostener la mentira de los 30.000 desaparecidos, piedra fundacional de su relato y manto útil para cubrir la más descarada corrupción que ha padecido la República Argentina. Y saben también que progres como Vidal y sus levantamanos son lo suficientemente idiotas como para aceptar las mentiras kirchneristas como verdades dogmáticas, porque la sola idea de que los puedan llamar "fachos" les causa estupor. 

Tenían entonces miedo de no volver al gobierno, porque en el 2015 se votó para que no vuelvan jamás, tal como podría ser que se vote en este 2023. Y no fue casualidad que a partir de la fecha de sanción de esa ley, 23 de Marzo de 2017, el kirchnerismo y el resto de la izquierda exacerbaran su activismo con la abierta intención de impedir que el Presidente Mauricio Macri completara su mandato. 

Y es que con su mentira fundacional resguardada por los mismos que habían prometido terminar con el kirchnerismo y el curro de los derechos humanos, tenían claro que iban a volver; por militancia propia y por la traición cambiemita a sus votantes. Gobernó Cambiemos tratando de congraciarse con quienes nunca les iban a apoyar, haciendo kirchnerismo de buenos modales, lo que no podía terminar bien en ningún escenario. Se desperdició así una oportunidad histórica que tal vez no se repita.

Los cuatro años de Alberto de la Fernández haciendo de Presidente en la tercera presidencia de Cristina Fernández salieron tan mal para el kirchnerismo que llevan como candidato a Sergio Massa y vuelven los cambiemitas a tener la chance de acceder al gobierno.

Por eso vuelve el kirchnerismo, esta vez anticipándose a la pérdida del poder, a intentar blindar ya no solamente su mentira fundacional, sino su relato todo. Cuentan para ello con las bancas propias y las de aquellos cambiemitas más preocupados por consensuar con el kirchnerismo que por combatirlo, porque "superar la grieta" y toda esa sarasa. Y uno podría suponer que serían esos los afines a Horacio Rodríguez Larreta, pero no cabe descartar a muchos de los afines a Patricia Bullrich.

En efecto, la mecánica se repite. El lunes 26 de Junio el gobierno hizo la presentación del avión Skyvan PA-51 que se habría utilizado en los llamados "vuelos de la muerte", una exhibición de derroche de dinero público para sostener una memoria parcializada. Encabezaba el acto, sentada junto a Sergio Massa, ese al que definía como un "hijo de puta", una Cristina Fernández aún en el poder pero con serias dudas sobre su futuro dejó caer, como al pasar aunque cumpliendo parte de un plan sincronizado, que: "Resulta increíble que algo que es reconocido como una tragedia de la humanidad en todo el mundo haya gente de nuestro país que lo niega".

Horas después, el 28 de Junio, la diputada nacional por Jujuy Carolina Moises, del Frente de Todos, presentó un proyecto de ley para penar el "negacionismo" basado en otro que ella misma presentó dos años atrás. Según Moises "Es inaceptable seguir siendo testigos de cómo se tergiversa nuestro pasado común negando las evidencias. El Estado debe velar ayer, hoy y siempre por nuestra verdad histórica".

Curiosa frase la de la diputada porque está destinada a proteger las mentiras sobre los años de plomo que el kirchnerismo pretende hacer pasar por verdades dogmáticas contra toda evidencia. 

Este afán kirchnerista por blindar sus mentiras para imponer su relato, debe recordarnos las enseñanzas de George Orwell en su novela "1984": porque si aceptamos que 2+2 no es igual a 4, sino lo que el partido devenido gobierno y Estado nos diga que es, entonces ya no tendremos ninguna libertad, ni siquiera la libertad de pensar. 

Por ello es necesario alzar la voz en defensa de la Libertad que es, entre tantas otras cosas, la capacidad de preservar la racionalidad frente al fanatismo de los adoctrinados y no resignar bajo ninguna circunstancias que 2+2=4.

El relato del kirchnerismo sobre los años de plomo, en tanto omite groseramente los crímenes del terrorismo castrista, sólo puede sostenerse desde la ignorancia fomentada por el uso faccioso de los recursos del Estado. Es, literalmente, un relato para idiotas.

Los años de plomo no fueron para nada agradables. Y justamente por eso deberíamos preocuparnos por mantener una memoria cierta, de las que apoyan los documentos y testimonios reales de la época que dan cuenta de una guerra revolucionaria, guerra contrasubversiva, guerra sucia o como quieran llamarla pero siempre guerra. Negar la existencia de la guerra es mantener abierta la posibilidad de repetirla.

Después de los juicios a las juntas militares y las cúpulas de las organizaciones terroristas, el Presidente Carlos Menem promovió un proceso de pacificación que aspiraba a superar el pasado. Sin embargo las minorías hiperactivas de izquierda, afines al terrorismo castrista, aprovechando los coletazos de la profunda crisis del 2001 encontrarin en el kirchnerismo el vehículo para romper ese contexto superador del pasado bajo el afán revanchista por la guerra perdida.

La izquierda castrista quería venganza, y el kirchnerismo se la ofreció al alzar la bandera de los derechos humanos como franquicia para encubrir sus negociados (desde la vocación por apropiarse de fondos públicos y abalanzarse en éxtasis sobre cajas fuertes), estrategia bien definida por Jorge Asís como "roban pero encarcelan".

Son los contextos los que definen el significado de los actos, y en este contexto de daño institucional, degradación cultural y miseria intelectual que ahonda deliberadamente el régimen kirchnerista, cualquiera que se preste al afirmacionismo de la mentira, al falseamiento histórico y al negacionismo del ataque marxista contra la Nación Argentina, colabora con el enemigo y traiciona a la Patria.

Y ninguna ley podrá callarme, seguiré diciendo estas cosas que puedo fundamentar en hechos documentados y en documentos indubitables. Ninguna ley puede obligarme a ser un afirmacionista de la mentira. Porque si "negacionista" es defender la verdad entonces llevaré el título con altivez. 

No hay ninguna ley mordaza que vaya a impedirme seguir explicando esa parte trágica de la historia argentina en la que, para desgracia de todos, se mantiene al país empantanado de pasado.

La guerra revolucionaria declarada por las organizaciones terroristas dirigidas desde Cuba, no fue una guerra convencional, de cara a cara, con ejércitos a bandera desplegada como se combatió en Malvinas. 

Fue lo que son las guerras revolucionarias: mugre y clandestinidad.

El terrorismo castrista desplegó su ofensiva con ataques solapados tras infiltrar distintos ámbitos de la sociedad, hasta en hogares familiares poniendo bombas debajo de las camas. Y su violencia traía un mensaje: "Somos  más malos que ustedes. Ríndanse a nuestra voluntad".

Pues bien, los argentinos no nos rendimos ante la agresión comunista, y nuestros soldados se adaptaron al escenario de guerra sucia que instaló el enemigo; para dejar bien en claro que podíamos ser más malos que ellos y sostener nuestro estilo de vida. Así se hizo lo necesario.

¿Errores, excesos y horrores? Por supuesto. No tiene propósito negarlos. Las guerras de Inteligencia, las que se libran desde la clandestinidad para definir la supremacía entre estilos de vida de convivencia imposible, se combaten sin piedad y sin reglas. Porque la única regla es no perder.

¿Cometimos crímenes? Sí. Para no cometer el mayor de los crímenes: que terroristas como Firmenich o Santucho se salieran con la suya y a precio de matar un millón de argentinos nos impusieran otra dictadura con pretensión de eternidad a imagen y semejanza de la de Cuba (que sigue siendo hoy día la misma dictadura que lanzó contra nosotros sus organizaciones terroristas).

Se pueden cuestionar los métodos, obviamente que sí, pero no al extremo de ser funcional al enemigo. En tal sentido, incluso disertando en ámbitos como el Círculo Militar he formulado severas críticas a determinadas conductas implementadas durante la guerra, pero nunca olvido el contexto criminal propio de la época, presente en los míos y en los otros, tal como lo manifesté hace largos años en la entrevista que recuerda este fragmento de video: 


Entonces, ¿somos criminales los argentinos por haber eliminado terroristas? No. ¿Debemos sentir alguna culpa por los terroristas neutralizados? Ninguna. Que los lloren en Cuba. 

Veamos ahora la cuestión de los desaparecidos como táctica de guerra.

Téngase presente que antes del golpe de Estado de 1976, en el interregno "democrático" del peronismo, los terroristas que estaban presos conforme a Derecho fueron amnistiados y que esa amnistía sólo sirvió para que sintiéndose con mayor impunidad retomaran la lucha armada.

Las organizaciones terroristas que operaban en Argentina eran de una dimensión mucho mayor que las Brigadas Rojas, y si Italia las pudo combatir con la ley en la mano fue porque no tenían ni el despliegue ni el grado de infiltración de Montoneros y ERP. Aquí además del terrorismo urbano, las organizaciones castristas atacaron cuarteles y coparon ciudades, por sólo señalar dos tipos de acciones que definen un estado de guerra.

Muchas veces se pretende poner el caso italiano como ejemplo de lo que debió hacerse, pero es una comparación que carece de todo realismo.

En los setenta, la información circulaba a mucho menos velocidad que hoy, eso era determinante para que capturado un enemigo se tuviera tiempo de sacarle información y golpear por sorpresa a su organización. Lo cual no hubiera ocurrido de iniciarse un proceso penal. Cosa que sólo hubiera traído aparejada mayores vulnerabilidades para las fuerzas del Estado argentino, pues cabe recordar que al Juez Quiroga lo mataron los terroristas por haber dictado sentencia contra ellos en procesos legales. 

Y subrayo este punto, porque a pesar del evidente prevaricato con que los militares han sido condenados por combatir y vencer al terrorismo castrista nunca mataron a ningún juez. Entre otras razones porque esos jueces, pueden serlo gracias a que los militares ganaron la guerra y con socrático patriotismo soportan las injusticias judiciales del revanchismo. El obsceno prevaricato de los jueces que condenan militares es también un acto de alevosa hipocresía, porque si pueden jugar a ser jueces sólo es gracias a que los militares ganaron la guerra. De ganar Firmenich o Santucho no se hubieran atrevido a juzgar a los vencedores, ni se los hubieran permitido.

Luego, en el fragor de la guerra, a más de capturar, interrogar (bajo tortura, sí) e ir desmantelando células enemigas en sucesivos operativos, había que devolver la gentileza del miedo: que sintieran los terroristas la incertidumbre de no conocer la suerte de sus combatientes.

Y es que la guerra revolucionaria, en su total falta de convención, tiene un rasgo psicológico más fuerte que en otros conflictos; es una guerra de crueldad y miedo contra miedo. Por lo que la derrota de cualquier bando queda sellada cuando en lugar de causar miedo, tiembla de miedo. Y los terroristas temblaron.

Cuando una organización de tipo militar no tiene certeza sobre la disposición de sus tropas, ni puede determinar si sus faltantes han sido capturados, están muertos o desertaron, se produce el desbande. Ante ese desbande, Montoneros intentó la locura de una contraofensiva idiota en la que, como si la consigna hubiera sido "animémonos y vayan", no se arriesgó ningún jefe.

¿Qué esperaban los terroristas que mataron a militares y sus hijos en sus casas o en las puertas de sus casas? ¿Qué una vez capturados se les iba a ofrecer un café con medialunas y otra amnistía?

No iba a pasar. Por lo que cayó encima de los subversivos castristas todo el odio que generaron con su proceder artero. 

Es un estribillo común de la prédica izquierdista de posguerra decir que aquí no hubo guerra sino genocidio y que la apropiación de hijos de terroristas fue una práctica aberrante. Pues bien, al respecto es preciso contestar con toda claridad: cada uno de los llamados "nietos recuperados" demuestra dos cosas.

Primero demuestra el sentido humanitario de quienes adoptaron como propios a los hijos de terroristas (terroristas que, dicho sea de paso, eran horribles padres y solían usar a su prole como escudo humano). Supusieron los militares que de esa forma se evitaría que crecieran odiando como odiaban sus padres.

Segundo demuestra la inexistencia del tal mentado genocidio: los nazis no preservaban vidas de bebés judíos, ni los turcos a los armenios, ni los hutus a los tutsi. 

Ese rasgo humanitario de los militares argentinos, en el marco de una guerra sin ningún tipo de convenciones, confirma que su objetivo no era exterminar personas sino aniquilar el accionar terrorista. Es el mismo motivo por el que pulula tanto "sobreviviente". 

Más aún, los militares argentinos impidieron el genocidio que sí planificaba el terrorista castrista Roberto Santucho, jefe del ERP, quien calculaba tener que matar a un millón de argentinos para imponer el "socialismo". Sí, leyó bien, Santucho dejó por escrito su pretensión de matar a un millón de argentinos.

Por esa misma razón es una completa aberración la recurrente e interesada búsqueda de equiparar los desaparecidos con los muertos del nazismo. Es ofensivo igualar víctimas exterminadas en razón de lo que eran y con total prescindencia de cual fuera su conducta,  con aquellos que en el marco de una guerra revolucionaria que ellos mismos declararon fueron muertos por ser integrantes de organizaciones terroristas que no tenían ningún prurito en matar inocentes. 

Nada de esto se dice en el relato oficial impuesto sobre los años de plomo, es algo que la imposición cultural de la "corrección política" impide manifestar, porque con "el diario del lunes" se ha olvidado la realidad del domingo. Las teorías sobre la posibilidad de haber lidiado con los terroristas aplicando algún otro criterio, meramente policial y por ende ajustado estrictamente a la ley penal, olvidan que Argentina no era Suiza. Ese pequeñito detalle no puede pasarse por alto sin una hipocresía descomunal, como la que campea desde hace décadas en Argentina.

Una vez más expreso mi agradecimiento a quienes combatieron y vencieron al terrorismo castrista impidiendo que nos arrebataran Patria y Libertad. 

Un país que condena implacable e impiadosamente a sus defensores entrega su futuro al enemigo. Es lo que hizo Argentina para hundirse en la decadencia a la vista de todos. Brego entonces por la libertad de Alfredo Astiz y todos los vencedores de la guerra contra el terrorismo castrista que, prevaricato mediante, se encuentran prisioneros.

Y afirmo: No fueron 30.000, no fue genocidio, fue guerra. 

No acato ni acataré, por inconstitucional, ninguna ley que pretenda hacerme decir que 2+2 no son 4.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

lunes, 26 de junio de 2023

FRANCO MILAZZO, UN MERCENARIO ARGENTINO EN EL GRUPO WAGNER

Especial para La Pluma de la Derecha, 
por Ernesto Quepi desde Rostov del Don, Rusia.



El 2 de Mayo de 2011 fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos se atribuyeron haber abatido en Abbottabad, Pakistán, al líder de Al Qaeda Osama Bin Laden.

A pocos días del suceso comenzaron a circular rumores que ponían en duda la autoría del hecho. Según esas versiones, cuando los agentes operativos estadounidenses ingresaron a la propiedad en que se refugiaba el terrorista más buscado del mundo, lo encontraron ajusticiado por un disparo en la frente. 

Aquel trascendido se fue silenciando con el tiempo. Los Estados Unidos se atribuyeron la muerte del terrorista de mayor fama mundial y ello fue corroborado luego con el relato del seal Robert O'Neill, quien se adjudicó ser el autor de los disparos que terminaron con la vida del responsable del atentado contra las Torres Gemelas. 

El mundo aceptó esa historia tal como fue contada por los americanos, por lo que no hubo cuestionamiento alguno hasta que en Abril de 2023 la filtración de documentos del Pentágono puso al descubierto un informe de Inteligencia que daba cuenta de la operación de velo y engaño para evitar que la opinión pública mundial conociera la verdad de lo sucedido: Estados Unidos necesitaba sostener ante el mundo la imagen de un justiciero implacable,  mostrando que el país todavía se identificaba con el estilo de John Wayne.

La fuga de información clasificada del Pentágono reavivó aquellos rumores olvidados y antes que pudiera montarse una nueva operación de pantalla otro ex seal, John James Urgayle, reveló su versión de lo ocurrido en Pakistán.

Conforme a su relato, efectivamente al irrumpir en el cuarto que ocupaba Bin Laden los seals observaron con estupor que su objetivo,  ya estaba muerto. Para  mayor sorpresa del equipo, el cuerpo tibio aún sangraba por el tercer ojo abierto en medio de la frente y sobre su pecho, al mejor estilo Apocalypse Now, se lucía una carta de baraja española, el as de espadas, con el número 5 escrito en marcador azul. 

Analizado el naipe se llegó a la conclusión que era de fabricación argentina, de la tradicional marca Casino y que el número 5 aludía al número de víctimas argentinas del 9/11. Se especuló entonces con que la elección del ancho de espadas identificaba a un "lobo solitario" y/o el nombre clave de la operación de ejecución que se había anticipado sólo por segundos a la llegada de los seals.

Todavía no se calmaban los ánimos por la infidencia de Urgayle cuando el Washington Post hizo público que, tiempo después de la muerte de Bin Laden, colectó información la CIA sobre un argentino que, en condiciones de extrema rudeza, deambuló durante años desplazándose de uno a otro por los lugares donde se sospechaba la presencia de Bin Laden. Prácticamente había realizado el mismo trayecto de los espías americanos que finalmente lograron identificar la guarida de Bin Laden, pero sin ninguna evidencia de haber contado con apoyo alguno. 

Con esa información en carpeta llamó la atención de los analistas de Washington la presencia de un mercenario argentino enlistado en el Grupo Wagner, al que se lo supo operando primero en Dombás, luego contra el Estado Islámico en Irak y en Siria, más tarde en Sudán y finalmente en Ucrania. 

El misterio de su nombre que desvelaba a los investigadores, se develo al fin cuando gravemente herido en Sudán lo evacuaron a Egipto, donde ante lo que parecía una muerte inminente, hizo saber a quienes le atendían que deseaba ser sepultado en Buenos Aires. Franco Milazzo, empero, burló una vez más los limites de lo posible y como si su vida fuera una constante prueba de supervivencia superó también esa contingencia extrema.

Como corresponsal que cubría el retiro del Grupo Wagner de la guerra contra Ucrania, en lo que parecía ser el inicio de la marcha sobre Moscú de Yevgeny Prigozhin, tuve un encuentro fortuito con Franco Milazzo a las afueras de Voronezh.

Ocurrió cuando me acercaba a una de las columnas de mercenarios  y pregunté por el hombre de mayor rango, con el desdén propio del hartazgo a la espera de órdenes, el uniformado recostado contra un camión al costado de la ruta aspiró profundamente el cigarrillo y alzando el brazo señaló con el índice al helicóptero inutilizado que servía como puesto de campaña. Mientras me encaminaba al punto señalado imaginaba tener que explicar a cada paso mis intenciones, pero para esos hombres que venían del frente ucraniano mi presencia estaba lejos de ser una amenaza. Increíblemente los que tenían en vilo a Vladimir Putin estaban completamente relajados, tanto que ni siquiera se inmutaban ante las pasadas de los aviones rusos a los que miraban pasar como quien mira el tránsito de una avenida sentado en un café.

Caía el atardecer y llegué ante el hombre señalado como el jefe. Estaba sentado en el helicóptero como si fuera un pasajero esperando levantar vuelo, apenas comencé a presentarme me interrumpió diciendo:

- ¿Argentino?
- Sí -respondí casi olvidando las preguntas que llevaba sobre las futuras acciones de esa columna mercenaria.- ¿Usted también?
- Franco Milazzo -dijo extendiendo la mano.
- Ernesto Quepi -dije al estrechar la suya al tiempo que caía en la cuenta que la leyenda estaba frente a mí.
- Usted es el que mató a Bin Laden.
- Eso dicen. 
- Y es argentino...
- Hace ya casi veinte años que me fui de Argentina; pero sí, lo sigo siendo.

Confieso que en ese momento me quedé absorto, era tanta mi estupefacción que no atinaba a otra cosa que mirar el rostro curtido de ese hombre que en la piel, a más de años, exhibía el castigo de largas inclemencias. Alto y delgado, sonreía sereno frente a mí. Acaso, hermosa palabra la palabra "acaso", entretenido con mi falta de reacción fue él quien me preguntó qué cosa le quería yo preguntar. No fue mi mejor reportaje, solamente fue lo que las circunstancias permitieron.

- ¿Cuál es su rango en el Grupo Wagner?
- Asesor.
- ¿Van a derrocar a Putin y poner fin a la guerra?
- No lo sé ni lo decido yo.
- ¿Ya era mercenario cuando mató a Bin Laden?
- No, eso fue porque sentía tener una misión que cumplir. No fui mercenario hasta después.
- ¿Cómo se hizo mercenario?
- Digamos que andaba por lugares donde era un oficio más, no estaba en mis planes pero tal vez sí en mi mente -contestó sonriente gesticulando con alguien que pasaba a mi derecha vociferando en ruso algo que parecía ser jocoso.

En ese preciso momento atiné a tomarle la fotografía que ilustra esta nota. No pareció molestarle, ni siquiera importarle.

- ¿Por qué no volvió a la Argentina?
- Tenía miedo de aburrirme, volveré cuando sienta que ya no puedo seguir llevando esta vida. 
- ¿Hay algo que extrañe?
- Nada, aunque tal vez tenga algún asunto pendiente. Todavía no lo decido.

Algunas explosiones hacia el oeste sacaron de la extraña y relajada parsimonia a toda la columna. Milazzo interrumpió la charla para impartir órdenes en ruso. En el repentino nervio de los aprestos para avanzar hacia Voronezh era como si yo nunca hubiera estado ahí. Todo el movimiento me ignoraba por completo. Intente ir tras Milazzo pero caminaba rápido para ponerse al frente de la columna y otros mercenarios me hicieron saber que debía permanecer en retaguardia y mantener una distancia más que prudencial.

Al otro día, cuando al fin pude volver a contactar esa misma columna Milazzo ya no estaba con ella.



lunes, 19 de junio de 2023

UNA BANCA PARA EL PARTIDO AUTONOMISTA



Notoriamente la no existencia de un bien organizado y activo partido político republicano liberal en todo el país es una falencia propia de nosotros los liberales, y es un mal extendido del centro a la Derecha.

Difícilmente se pueda romper la trampa de un sistema político viciado en la representatividad sin un partido político fuerte que llegue al punto de no necesitar de una alianza para presentarse a las elecciones con candidatos surgidos de internas por voto de afiliados.

Si hacemos un repaso de los diputados liberales, confirmaremos que los que logramos sentar en una banca no responden a nadie más que a sí mismos, cosa que no es aceptable por muy liberal que se sea ya que la política es una construcción de representatividad, de conjunto. 

Por esa razón, aparecen luego diputados liberales avalando proyectos legislativos de otros espacios, y esos diputados se sienten impunes de dar explicaciones a sus votantes, porque tampoco hay partido que se los exija, ni con el que institucionalmente deban consultar antes.

Así las cosas, los liberales más entusiasmados muchas veces en usar el "liberalómetro" contra otros liberales, llegamos dispersos a cada elección, enrolados en espacios de oportunidad que poco tienen de liberales.

Por caso el partido al que estoy afiliado, el Partido Autonomista de la Provincia de Buenos Aires, terminó en alianza con el peronismo de Schiaretti y el Partido Socialista, para ir con Chiche Duhalde encabezando la lista de diputados nacionales.

Si esa sopa de sapos está en mi plato, en el plato de otros espacios donde también revistan liberales la sopa de sapos no es menos espesa.

Milei es el más liberal de los candidatos a presidente, y hasta ahora tiene mi voto, pero un espacio personalista no es la panacea.

En este escenario no hay manera de estar conforme. 

Y en este punto la incertidumbre de lo que arrojen las urnas no hace más que recordarnos aquella frase de Bartolomé Mitre respecto a que cuando todo el mundo está equivocado todo el mundo tiene razón.

La dispersión liberal remarca con trazos de grotesco y caricatura tanta pelea de jinetes de pony con egos obesos, la autopercibida infalible verdad de los pensadores de torres de marfil con asco al barro y las llamas vistosas pero sin fuego de la hoguera de las vanidades.

Sigo en el Partido Autonomista de la Provincia de Buenos Aires.

Y militando. Porque en esta temporada de sopa de sapos aspiro a que por lo menos el segundo candidato a diputado nacional de la lista sea autonomista y si accede a una banca responda al partido. Como debe ser.

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

domingo, 18 de junio de 2023

LA TRAICIÓN DE ROSARIO AL CAPITÁN PILUSO (ahora la culpa es de la gomera...)



Conocen los lectores de LA PLUMA DE LA DERECHA que sigo con interés la situación que plantea Rosario. La he tratado en muchos artículos señalando invariablemente que el principal problema de la Seguridad Interior en Argentina es de orden cultural y consiste en el ostensible incumplimiento de la Constitución Nacional.

Las situaciones que el periodismo a veces muestra y los políticos comentan en sus ratos libres, con mayor énfasis e hipocresía cuando están en campaña electoral, nos recuerdan en todo el país y en particular en Rosario que si el narcotráfico se expande es porque se le sirve el territorio en bandeja de plata desde el momento en que nada, y afirmo categóricamente ¡NADA! absolutamente nada funciona desde el Estado, nacional y provinciales, conforme al debe ser que supone alcanzar y sostener la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional.

Rosario es el ejemplo cabal de la total falta de entendimiento de la política respecto a que la Seguridad Interior es la situación de hecho en la que se encuentra garantizado el estilo de vida propiciado por la Constitución Nacional. Así los sucesivos gobiernos de la Provincia de Santa Fe han incumplido sus deberes para con la Constitución Nacional deteriorando progresiva y sostenidamente los instrumentos que específicamente asigna el Estado a ese fin enunciado. Y no sólo han manoseado la Policía de la Provincia de Santa Fe hasta el cansancio, del mismo modo que ignoraron la importancia del Servicio Penitenciario, han subvertido la cultura entronizando como virtuosos valores de franca y violenta enemistad para con los valores de la Constitución Nacional.

Victimizar a terroristas que querían imponer en Argentina otra dictadura con pretensiones de eternidad, a imagen y semejanza de la tiranía castrista que todavía hoy oprime al pueblo cubano, es despreciar los valores de Libertad y orden republicano en la Constitución Nacional.

De esa victimización absurda, se desprende otro absurdo que es facilitar la actividad criminal al punto de paralizar a la policía aplicándole un rigor jurídico diametralmente opuesto a las facilidades que se otorgan a los delincuentes.  La parálisis policial es siempre el primer estadío de la corrupción: mirar para otro lado primero para evitarse problemas, después a cambio de una moneda, luego participar por un billete y en algún punto para adueñarse de cualquier negocio ilícito. Todo eso ha pasado en Santa Fe y es exclusiva responsabilidad de la Política, cuya obra es la corrupción estructural enquistada en la fuerza, de imposible existencia sin connivencia política. Porque las policías, omiten decir los políticos, no son ni pueden ser autónomas, requieren conducción política. Pero no política partidaria, como pasa por ejemplo en Formosa y otros feudos, sino política de Estado, al servicio del imperio de la Constitución Nacional.

Argentina en este siglo exhibe la constante decadencia que acumula daño institucional, degradación cultural y miseria intelectual. Ocurre en toda la geografía del país, pero en algunos lugares resalta más que en otros.

Para lo que quiero señalar, ahora permitiéndome recurrir al humor para alivianar un poco la tragedia, ya que tragedia más tiempo es comedia y esto viene de largo. Voy a arrancar por una anécdota de una noche lejana que pudo ser allá por mediados de los ochenta. 

Era viernes o sábado. Ya casi madrugada y después de una función de Rubén Juárez en el Café Homero, el Negro, Luis Brandoni, mi hermana Silvia y yo fuimos a un pub en Avenida Álvarez Thomas, en la misma cuadra de New York City. Sentados a una de las mesas se dio una larga charla, donde Brandoni dijo cuatro cosas que todavía recuerdo: que le costaba mucho esfuerzo compatibilizar los horarios del ambiente artístico con los de funcionario, su elogio incondicional al Presidente Alfonsín, una referencia a las madres de Plaza de Mayo que me obligó a romper mi ubicado silencio para dejar en claro que esas mamitas y sus nenitos no eran santos de mi devoción (Brandoni, un caballero debo decir, respetó mi joven opinión; en aquella época se podía disentir amablemente) y finalmente recuerdo como algo muy gracioso un comentario suyo sobre la censura señalando que "justo la violenta dictadura militar" había prohibido en la televisión al Capitán Piluso porque la pistola y la gomera eran un mensaje violento, lo que acompañó haciendo el gesto de disparar con la gomera. Todos reímos por el absurdo narrado. 

Recuerden que el genial Alberto Olmedo, al igual que Juárez apodado "Negro" (y nadie entonces decía boludeces como las que se escuchan hoy día por apodos así), siempre será rosarino, notoriamente rosarino, orgullosamente rosarino, sinónimo de rosarino.

Sin embargo Rosario viene entronizando como hijo dilecto no a un personaje simpático como el Capitán Piluso, con el que Alberto Olmedo (y Coquito) divertían a la niñez, sino a un criminal despiadado como Ernesto Che Guevara, que mataba por placer y para abolir libertades implantando dictaduras comunistas.

El Che Guevara fue un demente que se creía iluminado y representa todo lo contrario del estilo de vida propiciado por la Constitución Nacional. Sin embargo, pese a ello desde el municipio se rinde constante tributo a su persona y desde el 2008, en una plaza de la ciudad, se lo exalta con un horrible monumento en bronce, como si pudiera ser otra cosa más que un enemigo de la Patria y de la Humanidad. Diez años después, en el 2018, la Secretaría de Transporte Municipal promovió la circulación de un colectivo de la línea Q ploteado con la cara del Chacal de la Cabaña como homenaje a los 90 años de su nacimiento.

Tengamos muy presente para lo que sigue al Capitán Piluso con su gomera y al Che Guevara fusilando gente por las dudas. 

Rosario, esa Rosario donde ser guevarista parece democrático, pero donde por eso mismo se pone un muro cultural a la posibilidad de garantizar el estilo de vida propiciado por la Constitución Nacional, acumula ya unos 140 homicidios en lo que va del año, ya ni cotizan para tapa de los diarios los muertos de Rosario, ciudad que tristemente es noticia hasta el aburrimiento por situaciones de violencia que incluyen extorsiones, amenazas, ajustes de cuentas, usurpaciones y un largo etcétera de figuras delictivas. Todas violentas, en Rosario la sutileza es algo así como un último recurso, una rareza.

Pero Damas y Caballeros, elegantes lectores de este blog, ya todos podemos respirar aliviados porque esa misma Rosario, se encamina ahora definitivamente hacia la pacificación absoluta. Se necesitaban ideas, nuevas, frescas, prácticas, de indudable racionalidad y sentido común para volver las cosas a su estado constitucional y ahí afloró la sabiduría del legislador. 

El 15 de Junio de 2023, los concejales y las concejalas del Concejo Municipal de Rosario- con la inadmisible exclusión de "les concejalos", prohibieron en en el ámbito de la ciudad la comercialización de jaulas trampas y gomeras u hondas.

En una ciudad donde se matan personas a diario, los concejales hacen suya la preocupación de la ONG Mundo Aparte que se preocupa por evitar la caza y captura de aves silvestres con instrumentos tales como resorteras y jaulas. 

Realmente los concejales rosarinos parecen vivir en un mundo aparte, y hacen honor al nombre de la ONG, al sancionar una ordenanza que, tanto al contexto de la ciudad como al fondo de lo resuelto, es una verdadera estupidez. Compraron el argumento de Franco Perugino vocero de esa ONG, según el cual “El chico y la chica que crecen creyendo que la gomera es un juguete, naturaliza la violencia desde su primera infancia, lo cual hace que ello esté relacionado, también, con la violencia que se sufre en Rosario”.

Al igual que los censores del tan denostado Proceso de Reorganización Nacional de los que se reía Brandoni, los concejales rosarinos vienen a explicar la violencia en Rosario por la gomera del Capitán Piluso.

Regocijémonos todos que ahora sí, por fin, la violencia en Rosario va a disminuir porque prohibida la fabricación y venta de gomeras, vamos a ver como se las arreglan los monos y otras monadas por el estilo para seguir amanojando gente.

No sólo es ridículo que teniendo muertos a tiros todos los días los concejales se preocupen por los pajaritos, sino que demuestran ignorar completamente las enseñanzas del maestro Cesare Beccaria sobre las normas inútiles en su obra "De los delitos y las penas" y, por ende, carecer de las más mínimas nociones de técnica legislativa.

Es la misma ignorancia e imbecilidad que demostró el diputado nacional por la Provincia de Santa Fe Juan Martín Musac, de la Unión Cívica Radical, al proponer prohibir la portación de armas blancas. Como se producen lesiones y homicidios utilizando cuchillos, al diputado Musac no le ocurrió mejor idea para evitar esas lesiones y muertes que prohibir la portación de cuchillos, que viene a ser lo mismo que prohibir la tenencia y portación de martillos porque también esa herramienta ha sido instrumento para lesiones y muertes. 

La prohibición de los instrumentos de uso común no es útil para evitar la comisión de delitos. Tanto las lesiones como el homicidio están tipificados en el Código Penal y quien está dispuesto a cometer delitos de esa magnitud ignora por completo cualquier prohibición absoluta sobre eventuales instrumentos para cometer esos delitos. Lo mismo ocurre con la Ley 22.421 que tiende a resolver los problemas derivados de la depredación que sufre la fauna silvestre; tipifica delitos pero no prohíbe absolutamente la fabricación y venta de ningún instrumento, simplemente califica como agravante del delito usar medios que hayan sido prohibidos para ese uso por la autoridad jurisdiccional.

Porque la prohibición de fabricar y vender instrumentos de usos múltiples, no puede más que terminar en un absurdo. Así como el citado intento de prohibir la portación de cuchillos, llevaría a prohibir la portación de martillos, es obvio que la lista de elementos capaces de ser usados para lesionar y matar debería extenderse hasta la obligación de andar desnudos por la calle. ¿O acaso un cinturón no puede usarse para herir y matar?

Con la prohibición rosarina de fabricar y vender gomeras pasa exactamente lo mismo. Lo que puede hacer una gomera, lo puede hacer mejor un rifle de aire comprimido, más aún: siguiendo esa lógica el viejo rulero con el globo para disparar venenitos vendría a ser como una táser para pajaritos, también debería prohibirse, como las piedras que pueden ser arrojadas con la mano, las cerbatanas y tantos otros instrumentos y artificios que a más de cazar pajaritos sirven para pasar el rato disparando contra una lata, erradicar plagas o como simple adorno.   

Creo que lo expuesto deja claro lo deplorable de la técnica legislativa en la ordenanza rosarina. Para terminar vuelvo al contexto, hay una normalidad rosarina que convive con la violencia y le resta credibilidad a los lamentos y promesas de los funcionarios, porque dada la matriz cultural de la inseguridad en Rosario, en lugar de ir contra la gomera del Capitán Piluso hay que terminar con el culto al Che Guevara.

¡Es la cultura, imbéciles!

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

domingo, 11 de junio de 2023

ELISA CARRIÓ Y ANIBAL FERNANDEZ, SE HA FORMADO UNA PAREJA...


Cualquier parecido con las manos de Horacio Rodríguez Larreta, no es casualidad...

El 15 de Abril de 2023 publiqué en La Pluma de la Derecha un artículo titulado "LA SEDICIÓN KIRCHNERISTA QUE HABRÁ QUE REPRIMIR", señalando allí que dos sucesivas declaraciones de Aníbal Fernández dejaban en claro que, en caso de ser desplazado del poder por las urnas, el kirchnerismo intentará por todos los medios desestabilizar al nuevo gobierno. 

Cual adivino de feria que asegura leer el futuro en la bola de cristal, profetizó el ministro de inseguridad que las calles se llenarán de sangre y muerte si gobiernan quienes hoy son oposición.

Remito al artículo mencionado para no ser reiterativo, porque está claro que el kirchnerismo con sus odios de siempre, expresados en forma amenazante y virulenta por distintos referentes de ese espacio, son un llamado de atención insoslayable para que la oposición piense acciones en función de la gobernabilidad si el el régimen pierde las elecciones presidenciales.

Un nuevo gobierno debe tener cabal comprensión que tanto el Derecho como el Estado son un orden compuesto de normas jurídicas, cuya característica es poder imponerse por la fuerza. En una república constitucional, como se supone debe ser Argentina, es plausible pensar que se votan gobiernos para fortalecer y obrar dentro del marco jurídico. Pero, ciertamente, en nuestro país eso no parece ser así, y seguramente no lo es para los que votan al kirchnerismo a sabiendas de ser un proyecto totalitario de corrupción estructural. Por ende, si un nuevo gobierno intenta gobernar con decencia para alcanzar y sostener el estilo de vida propuesto por la Constitución Nacional, evidentemente encontrará resistencias a las que deberá reprimir. 

Sí, reprimir. Represión no es una mala palabra, es lo que corresponde ante movimientos sediciosos, porque si el Estado no concentra y sostiene el monopolio de la violencia, desaparecen el Estado y el Derecho. O sea: vivir como manda la Constitución Nacional exige comprender cuánto de poder coercitivo tiene la República. Y ejercerlo cada vez que corresponde hacerlo.

Es preciso entender de una buena vez, que si el Estado tiene instituciones armadas es porque no se gobierna ni se sostiene el orden constitucional solamente con buenas intenciones.

Porque esas buenas intenciones se convierten en tontería cuando se omite considerar que otros conspiran sin ninguna buena intención. Que el kirchnerismo está libre de toda buena intención lo demuestran las constantes bravatas de sus dirigentes, que son la consecuencia directa de las elucubraciones de una seudo intelectualidad que argumenta, desde la falsedad más absoluta, que el kirchnerismo es sinónimo de democracia y que todo el que se le opone es antidemocrático. 

Ahora bien, eso es lo que puede esperarse del kirchnerismo. Eso y ninguna otra cosa. Lo que resulta inadmisible es que esa misma preparación sediciosa pueda estar apañándose desde las filas mismas de la oposición que aspira a ser gobierno.

"El país más loco del mundo", repite cada tarde Tato Young y tiene razón. Lo que sigue es una escena del grotesco político, que debe ser tomada tan en serio como para satirizarla a fin de poner en persepectiva el tiro al pie.

Es una completa locura que Elisa "Lilita" Carrió, referente principal de un partido político que integra la alianza Juntos por el Cambio, haga declaraciones públicas acusando tanto a un político de otro espacio republicano, Javier Milei, como a Mauricio Macri y Patricia Bullrich dentro de su mismo espacio y en el PRO, de estar poco menos que planeando crímenes de lesa humanidad para el caso que cualquiera sea gobierno.  

La misma Lilita Carrió que se presentaba como la más furiosa censora de Aníbal Fernández, al que nunca le prodigó un guiño ni un elogio, repentinamente se deja montar de modo pornográfico por el discurso de aquel y lo lleva más allá, porque la bola de cristal de la adivina Carrió, en la misma feria que Aníbal y acaso hasta en la misma carpa, a más de sangre y muerte en las calles ve crímenes de lesa humanidad perpetrados por una facción del mismo frente electoral que integra. Pregona así, a viva voz, que proponer hacer respetar la Constitución Nacional es planear crímenes de lesa humanidad...

Y entonces cabe preguntarse ¿cómo es que la autopercibida paladín de la ética republicana se mantiene en la misma alianza que los supuestos monstruos criminales a los que denuncia? Pero no. Ella no se va, ni ella, ni su partido, ni ninguno de sus progres de agenda 20230. Lejos de irse coquetea con Larreta en la idea de hacer otro cambio gatopardista con kirchnerismo de buenos modales. Y para más rareza tampoco pide echar de Juntos por el Cambio a Bullrich y Macri, a Lilita entonces no le hace mella compartir espacio con esas mentes que avizora criminales. Al fin de cuentas la misma ética republicana de Wado de Pedro para criticar al seudopresidente sin renunciar al cargo de ministro. 

Es inconsistente la conducta de Carrió con los valores que dice sostener, pero también es inconsistente que ni Macri ni Bullrich hayan reclamado dejar a Carrió fuera de Juntos por el Cambio.

Al margen de la cuestión interna de todo ese espacio progre al que une la búsqueda de cargos rentados antes que cualquier principio, lo más grave de los dichos de Carrió es que convalidan la anunciada sedición kirchnerista.

Convenientemente, olvida Carrió que las únicas piedras que recibió el gobierno de Alberto de la Fernández son las que recordaban a los muertos con Covid, y que ninguna plaza fue rota por hordas de izquierda para apedrear a la policía en repudio al gobierno, ningún paro general, ningún paro convocado por Baradel, todos los parásitos de la sociedad han estado muy conformes con mantener la decadencia de la que se alimentan. Y a más de ello nadie en la oposición, nadie -y lo digo con pesar porque era necesario hacerlo- siquiera le ha pedido la renuncia al inútil que derogando de facto la Constitución Nacional encerró a la población mientras se enfiestaba en Olivos entre otras y muchas bajezas dignas de sanción.

Nada, absolutamente nada, le va a tolerar el kirchnerismo en la oposición al próximo gobierno cada vez que intente suturar las venas que alimentan a los parásitos. Entonces todos los complacientes con este gobierno espantoso, que es la tercera presidencia de Cristina Fernández, de la noche a la mañana se llenarán la boca hablando de democracia, república y derechos humanos, al sólo y único efecto de defender violentamente sus privilegios de casta.

Carrió, en modalidad golpista kirchenerista del brazo discursivo de Aníbal Fernández, está conspirando contra la gobernabilidad del próximo gobierno, y si dentro de Juntos por el Cambio toleran su permanencia, todos ellos estarán conspirando contra la eventualidad de su propio gobierno. 

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

miércoles, 7 de junio de 2023

LIBRE PORTACIÓN DE ARMAS Y FALACIAS SOBRE EL MONOPOLIO DE LA FUERZA




La discusión sobre la "libre portación de armas" permite apreciar un grave desconocimiento de la dirigencia política sobre lo que significa el "monopolio de la violencia", mismo que debe conservar el Estado como requisito necesario de su existencia y en función de sus fines. 

Como en todo debate, y esta cuestión ya está en la agenda de lo que habrá que discutir, es preciso definir claramente el objeto de la controversia para confrontar ideas con honestidad.

Por eso lo primero es precisar el alcance de la expresión "libre portación de armas". Una interpretación brutalmente literal podría sostener que se trata de un acceso indiscriminado a las armas de fuego, para que puedan ser adquiridas y portadas por cualquiera sin ningún tipo de restricciones.

Y esa es la interpretación que ofrecen los políticos que se oponen a que la sociedad civil se arme. 

Sin dudas, si el sentido de la expresión "libre portación de armas" fuera esa grosería, se plantearía eliminar del Código Penal los delitos  de tenencia y portación ilegal de armas tipificados en el Art. 189 bis.  Es decir, se reconocería a la delincuencia armada el libre acceso y uso de instrumentos para delinquir.

Sin embargo, quienes proponen la "libre portación de armas" lo hacen partiendo de una cuestión de principios (a la que me referiré al final del artículo) y en procura de darle a los honrados habitantes del país la posibilidad de defenderse por sí mismos, en subsidio a la acción estatal, ante los ataques de esa delincuencia. Y está claro que pretendiendo reducir la delincuencia no se propone una simple equiparación de hecho entre delincuentes y honrados, para que cada quien se arregle como pueda, sino que esa equiparación de hecho vaya acompañada de una diferenciación legal.

El primer punto a clarificar entonces es que quienes proponen "libre portación de armas", no incluyen en esa libertad a los delincuentes. Lo que convalida dar continuidad a la vigencia de los delitos arriba mencionados.

Luego hay otras del más elemental sentido común que implican restricciones en función a la capacidad legal de las personas, dispuestas por el Código Civil y Comercial de la Nación. Razón por la que a menores y otros incapaces tampoco se plantea franquearle acceso a la "libre portación de armas".

También hace al sentido común que nadie está pensando que se pueda portar una MAG o una bazooka...

Podemos colegir entonces que por "libre" no debe entenderse indiscriminada o irresponsable.

En rigor de verdad, quienes proponen la "libre portación de armas" deberían decir que bregan por la "tenencia y portación responsable y accesible de armas de fuego". Y como todo derecho: conforme a las normas que reglamentan su ejercicio.

Esto queda todavía más claro cuando leemos la argumentación de aquel a quien bien podríamos denominar padre intelectual de la libre portación de armas, el notable jurista italiano Césare Beccaría, que en su obra maestra "De los delitos y las penas" puso como ejemplo de leyes inútiles aquellas que desarman a los ciudadanos; en estos términos: 

"Un manantial de errores y de injusticias son las falsas ideas de utilidad que se forman los legisladores. Falsa idea de utilidad es aquella que antepone los inconvenientes particulares al inconveniente general; aquella que manda a los dictámenes en vez de excitarlos; que hace servir los sofismas de la lógica en lugar de la razón. Falsa idea de utilidad es aquella que sacrifica mil ventajas reales por un inconveniente imaginario o de poca consecuencia que quitaría a los hombres el fuego porque quema, y el agua porque anega, que sólo destruyendo repara los males. De esta naturaleza son las leyes que prohíben llevar armas; no contienen más que a los no inclinados ni determinados a no cometer delitos, pero los que tienen el atrevimiento para violar las leyes más sagradas de la humanidad y las más importantes del código, ¿cómo respetarán las menores y las puramente arbitrarias, cuyas contravenciones deben ser tanto más fáciles e impunes en cuanto su ejecución quita la libertad personal, tan amada del hombre y tan amada del legislador, sometiendo los inocentes a todas las vejaciones que debieran sufrir los reos? Empeoran éstas la condición de los asaltados, mejorando la de los asaltadores, no minoran los homicidios sino los aumentan, porque es mayor la confianza en asaltar los desarmados que los prevenidos. Llámanse no leyes preventivas, sino medrosas de los delitos; nacen de la tumultuaria impresión de algunos hechos particulares, no de la meditación considerada de inconvenientes y provechos de un decreto universal".

Como puede leerse, en tanto argumenta Beccaria a favor de los asaltados no puede interpretarse su texto en favor de los delincuentes. Simplemente clarifica a quienes deben desarmar las leyes y a quienes no. 

Determinado el contexto y alcance de la expresión "libre portación de armas", cabe retomar el hilo del primer párrafo y atender a una repetida falacia que esgrimen principalmente quienes se oponen a esa Libertad, cuando afirman que la "libre portación" atenta contra el monopolio de la violencia que corresponde al Estado. Falacia que también aparece entre partidarios de la "libre portación" que argumentan imaginándose que así disputarán ese monopolio de la violencia al propio Estado.

En la repetición de esas dos versiones de una misma falacia, subyace la evidente incomprensión de lo que significan el Derecho y el Estado, lo que da lugar a la confusión sobre el significado del "monopolio de la violencia".

El mayor filósofo del Derecho, el maestro Hans Kelsen, en su "TEORÍA PURA DEL DERECHO", enseña que el Derecho en todo tiempo y lugar es un conjunto de normas jurídicas, y estas son aquellas que tienen la particular característica de poder imponerse coercitivamente. 

La norma jurídica es a tal punto un modo de organizar la fuerza, que la validez de un orden jurídico como sistema depende de su eficacia, esto es que haya una cierta correspondencia entre sus mandatos y la conducta de los individuos bajo ese orden. 

El Derecho se atribuye el monopolio de la violencia al determinar en qué condiciones y de qué manera un individuo puede hacer uso de la fuerza con respecto a otro.

Por lo tanto, los individuos autorizados por un orden jurídico para ejecutar actos coactivos actúan en calidad de órganos de la comunidad constituida por ese orden.

También expone Kelsen la identidad entre Derecho y Estado, desde que el Estado es un orden jurídico que establece ciertos órganos para la creación y aplicación de las normas que lo constituyen. 

De tal modo, el Derecho y el Estado son una misma existencia dependiente de conservar el monopolio de la violencia.

Con esos conceptos en claro, se puede discernir y colegir que nunca, en ningún caso, las conductas que encuadran dentro un orden jurídico atentan contra el monopolio de la violencia que debe conservar el Estado.

Es falso entonces que disponer la "libre portación" de armas implique debilitar el monopolio de la violencia que debe conservar el Estado. Por el contrario, si una norma válida autoriza la "libre portación", cada individuo que en tales condiciones porta un arma está con su conducta ratificando la eficacia de ese orden jurídico y por lo tanto fortalece el monopolio de la violencia que debe sostener el Estado como -por así decirlo- brazo ejecutor del Derecho.

Se equivocan tanto los que temen que las armas legales disputen el monopolio de la violencia al Estado, como los que se imaginan que con armas legales van a debilitar el poder del Estado. Se equivocan pues los estatistas extremos que quieren desarmar a la población, como los anarquistas que quisieran desarmar al Estado.

Para que quede del todo claro, las únicas armas que atentan contra el monopolio de la violencia que corresponde al Estado / Derecho, son las armas en manos delincuentes y terroristas. Es a ellos a quienes las fuerzas institucionales del Estado deben desarmar y combatir.

Para cerrar este alegato a favor de debatir desde la honestidad intelectual, aclarando (por si hiciera falla) que soy un abierto partidario de la tenencia y portación responsable y accesible de armas de fuego, es conveniente a más de rebatir falacias afirmar el principio fundamental por el cual la población debe tener acceso a las armas.

Nuestra historia más reciente nos escupe que el Estado / Derecho puede ser subvertido y atacado desde distintos ámbitos, buscando que abandone su función como instrumento para sostener la voluntad de ser y prevalecer de la Nación Argentina manifestada por el Himno y la Constitución Nacional. 

Por eso, es una cuestión principista que para sostener el Derecho y la integridad del propio Estado cuando resulta sobrepasado cada arma en poder de un ciudadano, representa el último resguardo de la Patria y la Libertad.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.