jueves, 30 de agosto de 2018

SOBRE LAS MEJILLAS CATÓLICAS, por Alejandro Tomás Butler


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Comentario a la nota del 27/08/2018 de la Pluma de la Derecha "¿Cuántas mejillas tienen los católicos?"

La nota en comentario cuestiona a la Iglesia Católica por la negociación económica que estaba y sigue llevando adelante la Conferencia Episcopal Argentina en representación de la Iglesia Católica y el Gobierno federal por cuanto la primera renunciaría al aporte económico del Estado, cosa que a la fecha ya ha concretado en gran parte

Se entiende en la nota que nos ocupa que se estaría incumpliendo con la manda del artículo 2° de la Constitución Nacional que ordena al Gobierno federal sostener a dicho culto y se da a entender que la única vía para canalizar esa iniciativa debería ser mediante una reforma de la Constitución, tal como cualquier otro cambio que se pretenda hacerle a la ley de leyes (v.gr. separar totalmente a la Iglesia del Estado, derogando el artículo mencionado; habilitar el aborto, derogando las normas pertinentes).

Mi comentario concreto es que en tanto los derechos patrimoniales son disponibles y se entienda por “sostener el culto católico” no sólo su aspecto económico sino también el moral no habría violación constitucional alguna a dicha manda porque se renuncie a los aportes económicos que recibe la Iglesia, pues dicha renuncia entra dentro de su esfera de libertad y con ello la Iglesia no hace más que incrementar su ayuda al Estado.

Sí, digo bien, incrementar su ayuda al Estado, porque si bien éste destina anualmente 174 millones de pesos al sostenimiento del Culto Católico, lo cierto es que la Iglesia -en una argentina con un 30% de pobreza- eroga alrededor de 380 millones de pesos en apoyo y acompañamiento en todos los rincones del país a muchas familias agobiadas por el peso de un Estado que no llega a curar todas las llagas, ni cubrir todas las necesidades y dicho sea de paso que el propio Estado ha creado en gran parte por su propia ineptitud y corrupción sistemática.

Agrega la nota enlazada que Cáritas Nacional aportó en 2016 94 millones de pesos en educación, ayuda inmediata y emergencias, desarrollo institucional, abordaje de las adicciones y economía social y solidaria; y, si a ello se le suma Caritas diocesana y Cáritas parroquial el número se multiplica por tres, pasando en ese año a más de 282 millones de pesos,sin considerar las donaciones que en todas las parroquias se reciben a diario para el desarrollo de Cáritas y que no se cuantifican porque se van destinando casi en forma instantánea para cubrir las necesidades de miles de familias. Por otro lado, no hay que olvidar la Colecta +x- que distribuyó en 2016 entre las zonas más pobres del país más de 35 millones de pesos.

En síntesis, los fieles católicos en lo material contribuyen al sostenimiento económico de la Iglesia y a paliar la pobreza para hacer el bien sin mirar a quién y sin reclamar a nadie, asumiendo un rol de caridad por un imperativo religioso, moral y voluntario y ello más allá de ser una obligación del Estado velar por el bienestar de todos sus ciudadanos, quienes a través de sus impuestos lo sostienen, sea éste eficiente y honesto o mafioso, corrupto e inepto. 

Un dato de color que trae el artículo de Los Andes y que quizá no se conozca, es que la Iglesia en argentina comenzó siendo una organización autofinanciada e independiente del Estado y fue éste quien quiso hacerla dependiente para disciplinarla e intentar manejarla en su acción y discurso.

Prueba de ello son los propios dichos de Bernardo de Irigoyen cuando en la sesión del 11 de agosto de 1871 de la Convención Constituyente de Buenos Aires, manifestó: "La verdad del caso, Señor Presidente, es que la Iglesia se sostenía con los bienes que poseía, donados por los fieles. Vino el año 22 en que el gobierno concibió la idea patriótica de una reforma general, y en ella comprendió también al clero. Se inició pues la reforma eclesiástica, y para llevarla a cabo sancionó una ley que en su artículo 19 dice lo siguiente: ‘Desde el 1 de Enero de 1823, quedan abolidos los diezmos y las atenciones a que eran destinados serán cubiertos por los fondos del Estado’. Viene enseguida otra disposición de la misma ley de donde resulta que no fue la Iglesia Católica la que trató de ser sostenida por el Estado sino que fue el Estado el que tomó posesión de todos los bienes de la Iglesia, el que suprimió las contribuciones con que la Iglesia se sostenía, y que fue el Estado el que creyendo que estaba realizando una reforma liberal, una reforma de alta conveniencia pública, dijo: Tomo a mi cargo el sostén del Culto Católico en este país. Ésta es la verdad histórica". Luego, la Constitución del 1853 consagró en su artículo 2° el sostenimiento del Culto Católico y las reformas sucesivas lo respetaron, siendo el último gobierno cívico-militar el que promulgó una ley dando respuesta definitiva al reclamo de la Iglesia por aquella renta que había dejado de recibir por los bienes expropiados sin contraprestación alguna.

A no preocuparse, entonces, por el incumplimiento que se plantea en esta nota a la mentada manda constitucional por ser más aparente que real.

Tampoco nos adelantemos a lo que se pueda querer eliminar, incumplir o reformar de nuestra Constitución por parte de la izquierda, con el agregado que es justo hacer de los liberales que los acompañan en estas empresas, ya que para ello habrá tiempo para poner la cabeza y acciones que sean necesarias para considerarlas, y ocupémonos también en ver cuánto se ha respetado la Constitución por quienes tenemos el deber de hacerlo, reprochando su incumplimiento a todos los legisladores que la violaron, como en el fresco caso por ejemplo del tema aborto, por el hecho de no haber rechazado ese proyecto en el debate y voto, y sumemos nuestro reproche a todos los ciudadanos que también tuvieron el deber de respetarla y no lo hicieron, especialmente los abogados y quienes militamos individual u organizadamente en su defensa, formando parte de nuestros idearios.

La negación de la vida, de la libertad de conciencia y de la libertad de los idearios institucionales no son humana, ni constitucionalmente concebibles para los ciudadanos, ni tampoco son concebibles religiosamente para los creyentes, habiendo dado la mayoría de todos ellos sobradas muestras de rechazo a estas negativas propuestas con exitoso resultado parlamentario. 

La Constitución Nacional es Patria y Libertad, y Dios es fuente de toda razón y justicia, según su preámbulo.

Dr. Alejandro Tomás Butler