jueves, 21 de septiembre de 2017

LO QUE VIENE, DESPUÉS DE LAS ELECCIONES


“Si os reconocéis venales o abyectos,
os gobernarán como a presidiarios”.

Domingo Faustino Sarmiento.




El contexto político de la Argentina hace comprensible que se posterguen hasta después de las elecciones una serie de decisiones propias de la administración gubernamental, lo que por añadidura impacta en el sector privado. En rigor de verdad, debemos suponer que en muchos casos lo postergado no es la decisión sino la ejecución de lo ya decidido. Lo sabe el Presidente, y su almohada.

Mientras tanto, el argentino promedio se distrae con la información que le propone la prensa. Mucho ruido y pocas nueces, es decir: mínima información, analizada superficialmente y sobrecargada de opiniones no calificadas que se replican en una espiral de banalidades. 

Es cierto que algo está cambiando en el periodismo, pero desde la irrupción de las redes sociales lo que se gana en inmediatez se pierde en profundidad de análisis; tanto desde el emisor como desde el receptor. Y cuando al vértigo del avance tecnológico se suma la degradación cultural sufrida por la Argentina, el resultado es que todo aquello que podría ser motivo de debate culmina en un intercambio de insultos sin argumentación. 

La involución argentina llega al punto de ser hoy una sociedad sin acuerdos básicos sobre la más elemental noción del bien y del mal. Somos un país que ha retrocedido intelectualmente a cuestiones preconstitucionales. 

El ruido en el que vivimos no es más que eso; ruido. La superficialidad informativa es el eco novelesco de la debacle institucional. Tómese cualquier noticia de las que ocupan espacio en los medios, como en la mesa del café o la sobremesa familiar, se verá siempre el mismo esquema: lo cierto es mínimo, lo presumido es mucho y no se requiere la necesaria relación entre las dos cosas. 

Tanto es el ruido, que cualquiera puede desconectarse una semana entera de toda noticia y para actualizarse al término de ese plazo bastaría un resumen de prensa de no más de media carilla. 

Ahora bien, que el ruido sea ensordecedor no altera la realidad. Aunque no sigamos el sabio consejo de Ortega y Gasset, porque nos dedicamos en cambio al palabrerío hueco, las cosas siguen estando ahí, esperando que las resolvamos. Y luego de las elecciones hay cosas que deberían definirse. A modo de ejemplo señalo algunas cuestiones que considero de fondo: 

  • Cumplidas las elecciones de Octubre CAMBIEMOS deberá gobernar de manera distinta a lo mostrado en estos primeros dos años. La discusión del modelo de país se va a dar en términos tanto prácticos como éticos. Es el tiempo de escuchar a Elisa Carrió, porque de acá a las elecciones presidenciales de 2019 hay que redefinir los límites del bien y el mal que borroneó el kirchnerismo en doce años de adoctrinamiento inmoral. 

  • La ética republicana es incompatible con el Estado tal como lo ha sobrellevado CAMBIEMOS en este medio término. No es sustentable un Estado grande e ineficiente que genera gasto y deuda obstaculizando la creación de riqueza al asfixiar la iniciativa privada. Y no se trata solamente de achicar el Estado sino, principalmente, de dotarlo de la funcionalidad armónica de la que hoy carece. No hay un diseño inteligente del Estado. 

  • No es posible avanzar en reformular el Estado sin que previamente el Presidente Mauricio Macri ponga fin a las distintas internas que entorpecen la labor gubernamental. En tal sentido es obscena la convulsión intestina que padece el Ministerio de Seguridad entre Patricia Bullrich y Eugenio Burzaco. Imagínese en qué mamarracho lamentable podría derivar una reforma del Estado condicionada por internas políticas, si ya en la actualidad esa puja, por no resolverse, implica un vacío y desguace institucional. 

  • Así como el gobierno deberá cambiar, para cambiar el Estado, también los ciudadanos deberemos cambiar para cambiar la política. Empezar a ser ciudadanos, por principio. Comprometernos, participar en política exigiendo e imponiendo reglas claras. Porque reformular el Estado es apenas una parte de la batalla cultural a librar en nombre de los valores republicanos. Para lograr la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional y en camino a ella recomponer el daño institucional, es imprescindible sanear la representatividad política. 

  • Es imposible una República en serio sin partidos políticos que puedan exhibir una vida interna vigorosa y dinámica, acorde a los principios republicanos y basada en la decisión de sus afiliados. Sin dirigentes políticos que tengan el respaldo de los afiliados activos, dentro de cualquier partido, la supuesta representatividad masiva que confiere el voto cada dos o cuatro años es pura fantochada. Un votante que emite su voto en el secreto del cuarto oscuro no puede demandar nada hasta la próxima elección. Un afiliado, en cambio, tiene nombre y apellido para hacerse valer en cada acto de la vida partidaria. 

  • Si en estos dos años, como mínimo los partidos políticos que integran CAMBIEMOS no se democratizan, el cambió tan mentado no será más que una expresión de deseos. Y este punto, democratizar los partidos, es el más difícil, requiere compromiso de todos nosotros para romper las camarillas que controlan los partidos. El PRO no tiene ni puta idea de lo que es una interna de afiliados, por lo que toda su dirigencia se va a oponer en bloque a dejar de ser un sello de goma. Lo mismo puede decirse del resto de los partidos, incluido Unión Por la Libertad (UPL) en el cual milito. El elenco estable de la política está muy conforme con que los partidos sean rejuntes atrás de algún nombre de pila y que el dedo de tal o cual indique el rol de cada quien. 

  • Finalmente, para no extenderme en una lista que sería muy larga, hay cuestiones de incumplimiento de mandatos constitucionales que heredados del kirchnerismo no se han subsanado, por caso la persistente acefalía de la Defensoría del Pueblo de la Nación. Ello muestra que aún no hemos cambiado tanto, continuamos, arrastrando mucho de lo que los votantes de CAMBIEMOS queremos cambiar de una vez y para siempre.

El 22 de Octubre es cuando mueren las excusas. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López