lunes, 15 de mayo de 2017

INTELIGENCIA Y SEGURIDAD, RAZÓN Y CORAJE


Dr Marcelo Romero.

En un muy interesante artículo, cuya lectura recomiendo, el fiscal Marcelo Romero se pregunta si la siempre reclamada mayor presencia policial en las calles es realmente efectiva contra la delincuencia. Al responder su propio interrogante, Romero deja en claro que la presencia policial por sí sola no implica más que un obstáculo menor a la vocación delictiva.

La pregunta, entonces, muta a cómo hacer que esa presencia policial sea eficiente. Y la acertada respuesta que brinda Romero, aunque parezca una rareza por la añeja irracionalidad del país desquiciado en el que vivimos, surgen obviamente del ABC de la seguridad, el conjunto de pautas que hacen a la racionalidad del asunto: marco jurídico que restituya autoridad a la Policía, desarrollo de la Inteligencia Criminal y discreción en las políticas de seguridad. 

En mi opinión, la inseguridad que perciben los habitantes del país, especialmente en algunos centros urbanos, ha sido prolijamente acunada, abrigada y alimentada por el garantismo mal entendido de Eugenio Zaffaroni y compañía. Eso llevó a que la calle sea asumida como el ámbito laboral del delincuente, donde toda interferencia a su "trabajo" es pasible de sanción. Es necesario abolir esa doctrina y poner el foco de las garantías constitucionales alrededor de las víctimas de la delincuencia y los agentes del orden. El excesivo celo puesto en analizar y cuestionar toda intervención policial o acto de legítima defensa, hace olvidar que las consecuencias de cualquier hecho delictivo son responsabilidad del delincuente. 

Ello con un agravante propio de la enorme hipocresía de los argentinos, porque en un país con la endeble institucionalidad de tercer mundo venido a menos, cuando ya dejamos de proyectarnos como un pedazo de Europa en Latinoamérica, se pretende que los policías se descontextualicen y comporten cual suizos o noruegos. Si bien hay que buscar aproximarse a lo ideal, no causa más que desastres juzgar la realidad con parámetros irreales. Asumir la realidad es el ejercicio de honestidad intelectual previo a dar el primer paso en la dirección correcta, a dar pelea para mejorarla.

Luego está el punto clave para transformar la realidad desde el profesionalismo: que el desarrollo de la Inteligencia Criminal, en todos sus niveles, es imprescindible para darle contenido científico a la actividad policial. Hay un notorio déficit en esa materia y no se está corrigiendo. La Diputada Nacional Elisa Carrió fue muy clara al respecto: "no hay Inteligencia Criminal, porque la Inteligencia Criminal está a cargo de Furlong". Dice Romero, otra vez asistido por la razón, que hay que ser más inteligente que los delincuentes, a lo cual añado que también hay que mostrar más determinación que ellos.



Finalmente, comparto también con Romero que los funcionarios en materia de seguridad deben tener por regla la discreción, lo que no significa enmascarar la inoperancia con silencio, ni creer que trabaja en el misterio quien no hace más que eludir problemas para no quemarse; mientras el pecho lo ponen otros. No hay peor daño para la gestión de seguridad que los cobardes disfrazados de estrategas. "Discreción", aclaro, sólo significa que las gestiones se defienden con hechos y que las palabras (sin decir más que ellos) deben hacerse oír después de esos hechos, nunca antes. 

Sí se puede. Siempre se pudo. Inteligencia y seguridad es razón y coraje.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López