jueves, 21 de diciembre de 2017

TIGRE MC LAREN Y EL ESPÍRITU NAVIDEÑO



A Tigre Mc Laren el espíritu navideño no lo atrapa cada año. Pero en 2017, sí. El clima pesado de Buenos Aires lo hace fantasear con una nevada imposible, imagina que por una vez se viviera como en las películas y que todas las preocupaciones giraran en torno a un árbol, luces, regalos, la cena y los asuntos familiares.  Acaso, hermosa palabra la palabra “acaso”, también a una historia de amor, aunque sea otra pavada esa cosa hollywoodense de besarse bajo el muérdago. 

Luego mira alrededor y percibe que la realidad condena lo soñado a la nostalgia de las cosas que nunca fueron. No puede con la tristeza, aunque la esperanza siga siendo fuerte.

Cada vez que se reúne con el viejo Falverd para compartir un café, Tigre llega temprano con la única finalidad de verlo caminar por la calle. 

En los llamados "Años de Plomo", su amigo Falverd combatió encarnizadamante contra los terroristas del ERP y Montoneros. Hoy es lo que se dice un adulto mayor. Muy mayor. 

Cada paso con el que Falverd se acerca caminando en la vereda, acompañado del bastón que se sospecha usa por elegancia antes que necesidad, trasmite un claro donaire de triunfo. Libre. Falverd es un hombre libre.  

Alguna vez, entre la sobrina de Falverd y Tigre Mc Laren hubo una pasión que los asustó. Así se conocieron. 

Muchos amigos de Falverd son presos políticos en esta Navidad, como en tantas desde hace muchos años. Cuando comenzaron las farsas judiciales, Tigre le preguntó si tenía temor de ir preso alguna vez; Falverd le mostró una sonrisa serena al responder: “No quedó nadie que pueda acusarme, ni a mí ni a mis hombres. Nadie”.

Cuando se sienta a la mesa, Falverd vuelve a sonreír. 

- Saludos de mi sobrina. De casualidad hablé con ella hoy temprano y le comenté que te vería. Deberías llamarla uno de estos días… 
- Debería.

Tigre asiente, con alguna incomodidad. Fue una Navidad cuando aquello entre ambos llegó a ese punto donde el cielo y el infierno quedan a un suspiro. Se bajaron ahí, prefiriendo un hasta luego inteligente de los dos, cobardía tal vez, antes que saber la verdad. Desde entonces viven con la duda. 

La charla sigue amable y franca. Familiar, se diría. Y así Tigre cuenta su fantasía de una Navidad nevada. 

- El clima últimamente es tan impredecible -dice Falverd muy serio aunque en sus ojos destella la humorada- que da para creer en los milagros navideños;  ya ves, el lunes 18 cayó una pedrada que los servicios meteorológicos no esperaban. 
- ¿No es triste Falverd este clima?
- No Tigre. No es triste. Es como son las cosas. ¿Cuándo les importó la navidad? Ellos nunca nos dieron tregua como la canción del beatle…
- Paul Mc Cartney, Pipes of Peace.
- Esa. En el 75, cuando atacaron Monte Chingolo, lo dejaron en claro. Y después en el 76, bueno, la Navidad del 76 fue tremenda para mí.
- ¿Por?
- ¿Nunca te conté?
- Nunca me contaste nada.
- ¡Ah! Bueno, supongo que ya es tiempo. Las navidades nunca fueron lo mismo para mí después de la del 76. Fue terrible lo que pasó esa noche de Navidad. Terrible. Era una cita envenenada, justo a la medianoche, yo lo maté. Fui yo Tigre. Dos itacazos le pegué. Y matamos a todos, bueno a todos menos uno que habíamos doblado, un tal Rodolfo, al que le gustaba mucho el escabio. Los esperamos en la terraza y cuando…
- ¿En la terraza?
- Sí, por supuesto. En la terraza. Te la voy a hacer corta, yo maté a Papá Noel en la Navidad del 76: mal año para que un rojo barbado quisiera infiltrarse en los hogares argentinos. Solamente dejamos ir a Rudolf, el borrachín de la naríz muy singular…

Tigre ríe por su inocencia de pensar que Falverd vaya alguna vez a desenterrar alguno de los muertos que dejó en el pasado. 

- Igual no te preocupes, para el 77 Coca Cola ya había reemplazado al muerto por un auténtico Papá Noel capitalista.

Fue antes de irse que Falverd se permitió hablar en serio. 

- Tigre, no creo que vaya a nevar en Buenos Aires para esta Navidad, pero a veces los milagros más que esperarlos hay que ir a buscarlos. Vení a la cena en casa que va a estar toda la familia. Toda. Ella también.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López

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Ariel Corbat

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