sábado, 13 de septiembre de 2014

LA GUERRA QUE EL PAPA FRANCISCO NO CUENTA



El Papa Francisco pronunció una homilía, durante su visita a los cementerios que albergan los restos de los miles de caídos durante la Primera Guerra Mundial, sosteniendo que vivimos una tercera guerra mundial combatida "por partes". No puedo pasar por alto la omisión que esa hipótesis contiene. 

Ateo como soy nunca cuestiono las creencias religiosas de los demás. La fe es una cuestión de estricta individualidad que merece el mayor de los respetos en tanto no pretenda imponerse por la coacción. Reivindico, además, a la tolerancia como la principal virtud del liberalismo desde John Locke en adelante. El liberalismo, que es el intento racional de entender y alcanzar la mayor libertad posible, sin ejercicio de la tolerancia no pasa de ser una utopía de salón; o sea, eso mismo que es al día de hoy en la República Argentina. 

Valga tal aclaración, digresión incluida sobre la diáspora liberal y su principal causa, para subrayar que no es de mi interés aquello que expresa el Papa en tanto guía espiritual de los católicos. Son sus opiniones políticas, siendo jefe de un Estado terrenal pequeño pero de gran influencia en buena parte del mundo, las que en ocasiones atraen mi atención. Juzgo positiva la influencia de la Iglesia Católica en la historia argentina, y dada la excepcional circunstancia de encontrarse actualmente el papado sobre los hombros de un argentino, considero particularmente fuerte el vínculo entre ambos estados. 

Jorge Mario Bergoglio nació en Argentina en 1936. En su niñez debió recibir noticias de la Segunda Guerra Mundial y para cuando se ordenó sacerdote, en 1969, seguramente tenía clara conciencia del significado de la Guerra Fría, si no la tenía entonces la habrá adquirido ejerciendo el sacerdocio en la década del setenta, los "años de plomo", cuando la República Argentina alcanzó un alto grado de la violencia merced al curso de la bien llamada "guerra sucia".


Es decir, no hay manera que escape de sus vivencias lo que la Guerra Fría tuvo de caliente en las periferias del mundo bipolar, cuando el terror atómico impedía el choque directo de las súperpotencias pero una multitud de guerras subordinadas al enfrentamiento ideológico se libraban a sangre y fuego en los más variados escenarios. Es un hecho que la Tercera Guerra Mundial ya se libró. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas distintos campos de batalla midieron, con suerte dispar, la voluntad de vencer. 

Decir que hoy se estaría librando una tercera guerra mundial es desconocer el sacrificio ofrecido a la Libertad por los combatientes que hicieron lo necesario para contribuir a la supremacía de Occidente. Y si eso lo dice un argentino, implica tanto avalar el relato del régimen kirchnerista como negar el alto costo que debió pagar la Nación para vencer a los esbirros de la dictadura castrista que, en tanto satélite de la URSS, intentaba exportar su tiranía eterna. Los vencimos en cada calle y en el monte tucumano, fue una gran victoria para el pueblo argentino y para los libres del mundo; ese orgullo no podrán arrebatárselo jamás a ninguno de los hombres que combatieron al enemigo apátrida, en especial a los que hoy son presos políticos del régimen.   

En mérito a la corrección el Papa Francisco debió hablar de una Cuarta Guerra Mundial, un terror renovado que incluye la crucifixión de cristianos. 


Quizá Francisco crea que con buenas intenciones y partidos de fútbol por la paz se pueda llegar al corazón de los decapitadores, pero la única forma en que se puede lograr la paz útil a la Libertad es llegar al corazón de los terroristas con las balas de Occidente. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
Estado Libre Asociado de Vicente López