sábado, 21 de junio de 2014

UN HOMBRE DE DERECHA


No podía faltar en mi biblioteca el libro de Rolando Hanglin "Un hombre de derecha" (pensamientos incorrectos). Por supuesto la única razón por la que no estaba allí desde su publicación  en 2010 es mi condición de tacaño, casi miserable, lo que conduce al maravilloso placer de rescatar los libros que no tienen fecha de vencimiento de las mesas de saldo. 


Leer a Hanglin es gratificante, porque su prosa amena nos recuerda en un país desquiciado por el progresismo, la zurda y el kirchnerismo que aquello que conocimos como "el sentido común", sigue estando en nuestras conciencias; afortunadamente. El Señor González es nuestro, de Derecha, y como la Doña Rosa a la que citaba Bernardo Neustadt, no se deja convencer por las cosas al revés: cuando el rey está desnudo, lo ve desnudo, y al comunista lo llama comunista. Se trata de alguien que no olvida que el muro de Berlín se saltaba de este a oeste, nunca al revés. 

A contramano del relato, Rolando Hanglin apela a la memoria para recordar, no para fabular, y así asume en relación a la banda terrorista Montoneros que "yo pude haber estado ahí" y que "cuando eramos fervorosos militantes de izquierda, nunca nos interesaron los derechos humanos", porque "la democracia nos parecía una estafa y un vil negocio de marketing". Esa capacidad de poder comprender los distintos roles que, por circunstancias personales, pudieron jugarse dejando a cualquiera a uno u otro lado de la línea de fuego es una capacidad para acercarse a la verdad que la izquierda desprecia. 

Cuando alguien pasa del discurso doctrinario a razonar por sí es cuando se corre de la izquierda a la derecha, donde hay lugar para las dudas, el disenso y la ironía. Y si esa sola capacidad que despliega en cada página del libro basta para brotar de urticaria a los repetidores del relato, el coraje de Hanglin apunta con precisión a la reivindicación histórica del Presidente Julio Argentino Roca, el patriota que engrandeció a la Nación Argentina pero que en el presente es demonizado por los falsificadores de la historia; acaso (hermosa palabra la palabra "acaso") porque la altura de aquel gigante los obliga a verse tan insignificantes como son.

Naturalmente en la lectura  de "Un hombre de Derecha" no he asentido cada frase, porque dentro de la Derecha caben distintas opiniones, pero he disfrutado de todas; especialmente aquellas con las que no concuerdo. Se trata de un libro honesto, leal a la consigna trazada por el autor. Ya está en mi biblioteca, y si Ud. lee este blog, también merece estar en la suya.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López



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Ariel Corbat

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