viernes, 2 de mayo de 2014

"GROUCHO, una biografía"


En materias de libros es preciso decir, categóricamente, que no se puede confiar en el buen gusto de las editoriales que compiten en la industria del libro; ninguna de ellas publica mis obras.

Groucho Marx

Por eso, antes que ir a la Feria del Libro y sucumbir aplastado bajo el aluvión de novedades anual, prefiero cualquier día deambular por las mesas de saldos de las librerías de la Avenida Corrientes. Me complace rescatar del patíbulo a libros sobre los que pende la amenaza de ser condenados al reciclado de papel. Especialmente cuando yo los escribí. No porque crea que todo libro debe ser conservado. Más allá de la mala prensa que la fogata nazi dio a la quema de libros, todos sabemos que hay libros que merecen la hoguera. Que sirvieran para dar un poco de luz y calor en invierno no puede ser un crimen, es dar utilidad al papel envilecido con tintas amargas. Los hay que no sirven ni para emparejar las patas de una mesa, aunque por aquello de "siempre hay un roto para un descosido" sea materia opinable. 

Harpo, Groucho, Zeppo y Chico:
los Hermanos Marx

En lo que a mí respecta creo que no toda cosa publicada merece ser leída, mucho menos a un precio exorbitante. Y eso no solamente porque soy tacaño, casi miserable, sino porque los hallazgos que pueden saltar del desahucio al estante de la biblioteca valen mucho más que cualquier novedad marketinera. Los libros que sobreviven semejante salto atesoran lecturas siempre vigentes. Tal es el grato caso del libro de Stefan Kanfer "GROUCHO, una biografía" que por apenas 20 unidades de nuestra devaluada moneda me llevé de una mesa de saldos. 700 páginas de una historia interesantísima, perfectamente encuadernadas en Barcelona durante 2006 por RBA Libros para ser vendida a 8,50 €, llegó a mis manos en Buenos Aires por menos de 2  €. Una bicoca.



Las biografías de los grandes genios del humor, categoría en la que Groucho Marx sin duda alguna revista, deberían venir acompañadas de serias advertencias sobre los riesgos de ver el rostro detrás de la máscara. En la película "Scaramouche" (1952) la máscara del bufón ocultaba la fealdad de un rostro desfigurado, y prevenido de lo desagradable que podía ser la verdadera cara del cómico se evitaba descubrirlo. En el caso de Groucho la máscara y el rostro se fundieron en el ácido de su propio humor. De algún modo no sorprende que quien, desde la ironía, arrancaba risas al mundo generase a su alrededor íntimo un entorno de mucha infelicidad. Con cierta crueldad debe admitirse que el personaje se adueñó del hombre, y que muy pocos deseaban lo contrario. De hecho Groucho Marx, el apodo que fagocitó a un tal Julius Henry Marx, deriva de grouch, "malhumor" en inglés. Del carácter hosco, cargado de gruñidos, surgió el apodo del más famoso de los Hermanos Marx, el que con un bigote falso, el juego de cejas y rebosante de sarcasmo encontró nuevas dimensiones para desnudar el absurdo bajo las convenciones sociales. Así el final póstumo, con su herencia disputada en un juicio entre desdichados, termina siendo un epílogo a la altura del personaje; como si el hombre nunca hubiera existido.

Marilyn Monroe y Groucho Marx

Pese al rostro bajo la máscara, la lectura del libro de Kanfer se justifica plenamente para ver al Siglo XX desde el costado anecdótico que representa el negocio del espectáculo. Entre los nombres que aparecen a lo largo de la biografía de Groucho hay muchos que serán conocidos para el lector promedio, van de Charles Chaplin a Woody Allen pasando por Bob Hoppe y Jack Lemmon. Algunas anécdotas son hilarantes, como la surgida de Charles Chaplin asistiendo al teatro para verlos en una función de los Hermanos Marx: "Cuando los hermanos miraron atentamente por encima de las candilejas para ver lo que le parecía el espectáculo a su invitado, Charlie abrió aparatosamente un periódico y fingió leer durante todo el número. Los Marx no dijeron nada, y le prometieron que irían a ver su actuación otra vez. Compraron un palco y lo llenaron con cuatro rabinos ortodoxos con gabardina, y las habituales barbas y tirabuzones. Charlie Chaplin creyó que el cuarteto eran los Hermanos Marx disfrazados y se superó a sí mismo con improvisaciones y movimientos cómicos. En medio de su número los clérigos, ofendidos por alguno de los chistes, se levantaron de sus asientos y salieron del teatro".

Groucho Marx, Charles Chaplin, con los tenistas Ellsworth Vines y  Fred Perry 

Otras reflejan aciertos en su pensamiento político, como el consejo dado a su hija: "No quiero que te hagas comunista; lo único que quiero es que seas una buena americana liberal, y creo que tienes suficiente sentido común para eso", a la que posteriormente pudo escribirle con gratificación: "He leído con considerable interés que te has alejado del Partido Comunista, que el manto de Emma Goldman ha caído de tus hombros y que ya no te calientas con el calor de la llama de Stalin. Como sabes estoy totalmente de acuerdo contigo en eso y a veces, por eso, he sido impopular en extremo con ciertos grupos que te resultan familiares. Para ellos, los estalinistas no pueden hacer nada malo. A pesar del hecho de que están engullendo la mitad de Europa y un buen bocado de Asia, esos fanáticos los defienden tan resueltamente que parece que hubiera un pequeño reino en los Balcanes rodeado de enemigos en su totalidad. Sabes que nunca he intentado convencerte de una cosa u otra porque sabía que tu sentido común te convencería de que sólo hay un camino para nosotros, y ése es el camino americano".

Nelly Lainez y Zelmar Gueñol en la película:
"Cinco grandes y una chica" (1950)

Con alegrías y tristezas, todo el anecdotario recopilado por Kanfer es de lectura agradable; y para los que militamos en el marxismo Línea Groucho absolutamente imprescindible. Una pena que no contenga fotos, que sin duda el biógrafo tuvo en sus manos mientras hurgaba minuciosamente en la vida de Groucho y sobre las que incluso hace algún comentario. Mucho más acá, en cuanto a latitud y longitud de las miras que pudo tener Kanfer al escribir, vale la pena repasar la cronología marxiana con la evolución del humor argentino. Por peso propio, y potenciado por la fuerza arrolladora de Hollywood, los Hermanos Marx han ejercido influencia sobre los comediantes de todo el mundo, y por supuesto en muchos de nuestros cómicos. La foto de Zelmar Gueñol parodiando a Groucho demuestra el reconocimiento de Los Cinco Grandes del Buen Humor. En el caso de Groucho Marx, algunos de sus rasgos tanto físicos como argumentales son una referencia notoria cuando se analiza el estilo de Tato Bores o de Juan Verdaguer.


"GROUCHO, una biografía", ideal para leer en patineta.

Rescatado de la mesa de saldos "GROUCHO, una biografía" se queda en mi biblioteca, y no lo presto. Consiga el suyo si quiere leerlo. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López



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Ariel Corbat

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