lunes, 24 de marzo de 2014

A PESAR DE TODO, GRACIAS POR LOS SERVICIOS


El 21 de marzo de 1976, a pocas horas del golpe en ciernes, el diario Clarín daba cuenta de la posición del Ingeniero Álvaro Alsogaray advirtiendo que: “Nada sería más contrario a los intereses del país que precipitar en estos momentos un golpe. Las fuerzas armadas supieron retirarse en mayo de 1973 de la escena política y no deberían volver a ella sino cuando esté realmente en peligro la supervivencia misma de la libertad. Constituyen la última reserva y no deben ser arriesgadas sino bajo estas circunstancias”. 

Álvaro Alsogaray, una voz advirtiendo sobre
las consecuencias del golpe militar de 1976.

El tiempo demostró la certera visión de Alsogaray respecto al futuro, pues en la misma declaración predijo que el Golpe, al que no consideraba necesario, iba a significar “sangre, sudor y lágrimas”, creando problemas insolubles que los golpistas no podrían resolver, y que quienes en el momento protestaban por el estado del país iban luego a vilipendiar a los militares. La preclara voz del capitán ingeniero Alsogaray no fue escuchada, y el 24 de marzo de 1976 la Junta militar integrada por los comandantes en jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, de la Armada, Eduardo Emilio Massera, y de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, destituyeron a Isabel Martínez de Perón dando inicio al llamado Proceso de Reorganización Nacional. 

Asunción de la junta militar.
La enorme mayoría de los argentinos recibió el golpe con alivio.

En el primer golpe de Estado, aquel que el 6 de setiembre de 1930 derrocó a Hipólito Yrigoyen, el general José Félix Uriburu, escoltado por el entonces capitán Juan Domingo Perón, avanzó sobre la Casa de Gobierno marchando con cadetes del Colegio Militar de la Nación; entre los que desfilaba como abanderado el cadete del segundo año Álvaro Alsogaray. Tanto habían cambiado las cosas para 1976 que ese mismo cadete, primero en el orden de mérito de la Promoción 58 y que se retiró del Ejército con el rango de capitán en 1945, era como político uno de los pocos que alzaba su voz intentando evitar el último golpe. La enorme mayoría de los argentinos, empero, esperaba el golpe y lo recibió con alivio. 

El Capitán Juan Domingo Perón junto al General José Félix Uriburu

Bajo el gobierno militar el doloroso y complejo entramado de la historia argentina siguió engarzando, a través de la violencia de los hechos, las causas con sus fatales consecuencias. Cuando manda la sinrazón, los delirantes se salen con la suya. Así fue que Montoneros y ERP celebraron el golpe en la creencia que los legitimaría para continuar contra una dictadura la guerra que habían iniciado contra la democracia. Y si los delirantes de la guerrilla intentaban imponerse por el terror, apelando a recursos tales como enviar una adolescente a cambiar de colegio para entablar amistad con la hija de un militar y, logrando ser invitada a la casa de aquella, poner una bomba bajo la cama de sus padres, con la misma cabecita loca los delirantes del Proceso pusieron a los guerrilleros en aviones y los arrojaron vivos al mar o al Río de la Plata. Entre Rodolfo Walsh y Jorge Acosta no hay ninguna diferencia moral. No es que unos fueran más humanos que otros, el delirio criminal era el mismo; simple cuestión de recursos disponibles. 

La Nación informando del asesinato del General Cardozo

Con todo, he dicho hasta el cansancio que puedo objetar los métodos, pero no la necesidad de ganar la guerra. Doy gracias, entonces, por la victoria sobre los que querían instalar en la Argentina una dictadura eterna como la que todavía hoy oprime al pueblo cubano. Nos salvamos de esa, y no acepto lecciones de democracia de nadie que no condene abiertamente las dictaduras actuales. 



En estos días de mentira organizada, hipocresía y cobardía intelectual, pensar es ir a contracorriente. 


MEMORIA Y VERDAD

(letra incluida en la novela "NN Y LOS DEL FALCON VERDE")


Acaso sigan pensando,
que mis muertos
los que ellos mataron
están justificados.

Acaso sigan pensando,
que sus muertos
que nosotros matamos
valen más que los nuestros.

Y si acaso es así:
¡Pobre país!
Andaremos de nuevo
empuñando el fusil. 

Porque dicen "memoria"
pero quieren amnesia,
y cuando dicen "verdad"
son mentiras aviesas.

Querías una Cuba,
querías un Vietnam,
no sólo uno
querías mil y diez mil.

Querías verme a mí,
un pobre burgués,
colgando de la soga…
¡Esa que yo te vendí!

La ibas de dueño de la verdad
con derecho para ajusticiar,
pero las cosas te salieron mal
en cada calle y allá en Tucumán.

Ahora no cambias,
seguís pensando igual,
hay tanta mentira en tu verdad
que no es ni siquiera la mitad
ni la mitad de la mitad.
Y yo te escucho repetir
el cuento de los treinta mil,
que ya me empieza a fastidiar:
Tus pretendidos treinta mil
no llegaron ni a diez mil.
¿Será que hay crédito por veinte mil?

Por todo eso
es que te debo decir
¡Córtala acá!
No rompas más,
si despertás al represor
que llevo dentro de mí:
¡Te vas a arrepentir!

Mejor dejarlo dormir.
No quiero ver a tu mamá
dando la vuelta a la plaza,
evitemos más dolor
que para todos es mejor.



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Esado Libre Asociado de Vicente López

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Ariel Corbat

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