domingo, 20 de enero de 2013

COMPRENDER LA ÉPOCA (ensayo sobre el final del kirchnerismo)



Cristina Fernández abrazando al dictador Fidel Castro,
para evidenciar que la democracia no es un valor del kirchnerismo.

COMPRENDER LA ÉPOCA (ensayo sobre el final del kirchnerismo)


DE ABRAZOS Y RECONCILIACIONES


En 1879, siendo Domingo Faustino Sarmiento ministro del Presidente Avellaneda, el país iba con relativa paz y administración consolidando sus instituciones. Contaba para ello con algo de lo que se carecía antes de la Guerra del Paraguay: un verdadero Ejército Argentino. El 16 de Septiembre de ese año regresó al país, tras 41 años de ausencia, el doctor Juan Bautista Alberdi, y ya coincidiendo en el mismo lugar con Domingo Faustino Sarmiento los dos se encontraron en el Ministerio del Interior.

La escena es descripta por Manuel Gálvez, en su “Vida de Sarmiento” (Ediciones Dictio, Argentina, 1979. Págs. 684 y 685), con estas vívidas palabras:

“He aquí al tremendo ministro de Avellaneda. Conversa con algunos amigos, entre ellos Aristóbulo del Valle. Sarmiento habla con locuacidad, bromea y ríe. De pronto pónense todos muy serios. Es que acaba de entrar un ordenanza y anunciar que ha llegado el doctor Juan Bautista Alberdi. Todos miran a Sarmiento. Parece impresionado. Todos miran también hacia la puerta. Por fin se abre y entra Alberdi, y entonces los presentes asisten a una escena conmovedora, que les llena de lágrimas los ojos, y que muestra cómo en el corazón de Sarmiento no hay odios. El hombre violento, el feroz enemigo de sus enemigos, exclama:

-          Doctor Alberdi, ¡en mis brazos!

Y los dos grandes argentinos se estrechan en un largo abrazo, el abrazo del destierro y de la vieja amistad en Chile, el abrazo que recuerda a cada uno lo que el otro ha hecho por la Patria, el abrazo del olvido y el perdón. Los dos están conmovidos hasta las lágrimas y algunos de los presentes lloran como criaturas ante el hermoso espectáculo”.

¿Qué tenían en común Sarmiento y Alberdi? La sinceridad. Ambos se habían cruzado terribles acusaciones, incluyendo la de traición a la Patria, pero todo lo dicho era porque sinceramente así lo creían. No es un dato menor. Ninguno de los dos había ocultado su pensamiento ni sobreactuado sus enojos, ambos querían lo mejor para la Argentina. Así uno y otro eran consecuentes con sus ideas, no posaban para la opinión pública ni para manipular a las masas. Eran ellos y no una puesta en escena para la gilada. Esa entereza, propia de los honorables, les daba la autoridad para recapacitar y volver sobre sus propios actos, hasta dar por superados los enconos con un simple abrazo de reconciliación.

Dado que la historia argentina resultó, y lamentablemente sigue siendo, en gran medida, la continuidad de los desencuentros, casi un siglo después, el domingo 19 de Noviembre de 1973, otros dos argentinos relevantes iban a replicar aquel abrazo sepultando viejas furias con la clara intención de contribuir a la unidad nacional. Ese día Juan Domingo Perón recibió en la residencia de la calle Gaspar Campos, sita en el Estado Libre Asociado de Vicente López, a Ricardo Balbín. El veterano líder radical, dado el asedio de la prensa y la militancia peronista alrededor de la casa, debió ingresar saltando una cerca por los fondos del inmueble.

Perón y Balbín se abrazan en Vicente López,
la unidad nacional por sobre el pasado.

Ya dentro, y en palabras de Joseph Page (“Perón” – segunda parte, 1952-1974, Págs. 229 y 230) se “produjo un encuentro histórico entre Perón y Balbín, dos enemigos que se abrazaron por vez primera. El Chino, al igual que el conductor, simbolizaba la gerontocracia que había venido endureciendo las arterias políticas de la Argentina. Balbín estaba en plena lucha por mantener su control sobre el Partido Radical pero no había perdido su toque (un muy poderoso toque personal al estilo del de Yrigoyen) y no daba ninguna señal de querer hacerse a un lado y dejar lugar a Raúl Alfonsín y otros políticos más jóvenes. Las conversaciones mantenidas durante el fin de semana no fueron más que el preludio de un cónclave realizado el lunes 20 en el restaurante Nino. Representantes de casi todos los partidos se reunieron con Perón y sus principales lugartenientes para discutir la posibilidad de formar un frente político. El conductor se refirió a la necesidad de forjar la unidad nacional”. “El conductor, finalmente, tuvo una entrevista privada con Balbín un día después de la conferencia realizada en el restaurante Nino. Los dos viejos combatientes se entendieron a las mil maravillas. Su conversación se desarrolló en privado, pero los comentarios posteriores hechos por Balbín a los periodistas dejaron traslucir su satisfacción con la iniciativa de Perón que propiciaba la reconciliación nacional”. “Los encuentros con Balbín tuvieron una consecuencia inesperada: el establecimiento gradual de un fuerte vínculo personal entre Perón y su antiguo adversario. Tal vez, debido a que su desconfianza hacia quienes lo rodeaban se iba acentuando, el conductor, en adelante, iba a recurrir mucho más frecuentemente a Balbín en busca de consejo y un hombro amigo sobre el cual apoyarse. Entre ellos existía una amistad única, basada en la experiencia común de dos vidas pasadas ejercitando el liderazgo político al estilo argentino. En el ocaso de su vida, era lo más cerca que Perón podía llegar de una amistad genuina”.

Otra vez conviene preguntarnos: ¿Qué tenían en común Perón y Balbín? La sinceridad. Sus enfrentamientos durante largos años no fueron fruto de fingir que eran lo que no sentían ser. No había engaño sino convicción en cada uno de ellos. Tal vez representaban en 1972 una “gerontocracia”, como define Page, pero esos dos gerontes, con errores y aciertos sobre el lomo, podían ver el pasado y el futuro con una sabiduría que a los jóvenes de entonces les era inalcanzable. Como Sarmiento y Alberdi, Perón y Balbín sabían que el tipo al que estrechaban en brazos no tenía dobleces ni doble cara. No eran actores que se ajustaban a un libreto buscando aplausos o taquilla. Se veían a los ojos y no tenían que explicarse nada, lealmente los dos habían estado ahí, siempre.

En el Siglo XXI la República Argentina sigue atrapada en su historia de desencuentros, pero esta vez no hay sinceridad sino kirchnerismo, que viene a ser un neo antónimo de la honestidad. Sin duda la causa de la Patria sabrá imponerse a los personeros del odio, que recurriendo a un relato falso de la historia promueven la división constante entre los argentinos, pero esta vez al final del capítulo no habrá ningún abrazo de reconciliación. Ello así porque falta en Cristina Fernández de Kirchner, igual que faltaba en su difunto marido, el presupuesto básico de toda reconciliación: la sinceridad. El kirchnerismo, un fraude en sí mismo, se disolverá en el aire como un espejismo, o como esos malos olores que fugan de los intestinos y dispersa el viento. Pronto no quedará nadie que quiera seguir fingiendo aspirar perfume mientras se traga su podredumbre. Es que repugna la sola idea de abrazar la putrefacción, ni pensar en reconciliarse con ella. En muchos aspectos el final del kirchnerismo está emparentado con el fin del unicato de Juárez Celman, porque a tal punto son falsos que lejos de refundar la historia la están repitiendo; como que representan lo peor de ella.


Préstese atención a estas lamentaciones de Julio Argentino Roca cuando refiere al Presidente Miguel Juárez Celman, en carta dirigida a Gregorio Torres el 5 de Marzo de 1889, y piénsese sino podrían haber sido escritas por Eduardo Duhalde aludiendo a Néstor Kirchner:

“De Juárez no tengo nada que esperar sino que continúe en sus maldades y bajezas conmigo. Las viles y ruines pasiones que nuestro presidente tenía en germen y medio ocultas, han florecido espléndidamente en el poder. No en balde en Córdoba el instinto público lo repulsaba y lo repulsa siempre. Sólo yo he sido el cándido que no he sospechado el egoísmo sin límites, la avidez y la falta absoluta de instintos nobles y hasta el sentido moral de Juárez. No hablaré de su ignorancia porque ha podido suprimirlo con un poco de sentido común (…) Pero mi pesar más grande es la responsabilidad que tengo ante el país por tanta torpeza que he cometido al servir de puente y barrer el camino a tanta inmundicia. Así, todo lo que a mí me hagan, es merecido por bruto…”.


DE DISCURSOS Y FINALES DE ÉPOCA


Poco más de un año después de aquellas lamentaciones de Roca, el 13 de Abril de 1890, durante el meeting en el Frontón Buenos Aires, un discurso de Leandro N. Alem, el romántico liberal que combatió como soldado voluntario en la Guerra del Paraguay, selló la suerte del gobierno de Juárez Celman. Piénsese ahora en las reacciones de los funcionarios kirchneristas frente a las manifestaciones del 13-S y el 8-N, y partiendo de allí sepan leerse con criterio actual estas palabras de Alem:

“Ya habréis visto los duros epítetos que los órganos de Gobierno han arrojado sobre esta manifestación. Se ríen de los derechos políticos, de las elevadas doctrinas, de los grandes ideales, befan a los líricos, a los retardatarios que vienen con sus disidencias de opinión a entorpecer el progreso del país… ¡bárbaros! Como si en los rayos de la luz… como si en los rayos de la luz, decía, pudieran venir envueltas la esterilidad y la muerte. ¿Y qué política es la que hacen ellos? El gobierno no hace más que echarle la culpa a la oposición de lo malo que sucede en el país. ¿Y qué hacen estos sabios economistas? Muy sabios en la economía privada, para enriquecerse ellos; en cuanto a las finanzas públicas, ya veis la desastrosa situación a que las han traído. Es inútil, como decía en otra ocasión: no nos salvaremos con proyectos, ni con cambios de ministros; y expresándome en una frase vulgar, esto no tiene vuelta”.

Por supuesto la historia no se repite sobre molde calcado. Hay distintas circunstancias, y variaciones propias que surgen de ellas, pero el parecido está ahí, es pura evidencia del mamarracho sin originalidad, como la utilización de la juventud que hace el kirchnerismo. Y es que el discurso de Alem, ese que marcó el fin de época del unicato, venía precedido de la denuncia de Francisco Barroetaveña en un artículo titulado “Tu quoque juventud (en tropel al éxito)”, que publicó el diario La Nación el 20 de Agosto de 1889. Allí, describía que la impaciencia de los jóvenes por tener un rol activo en la política era aprovechada por el juarismo bajo ilusorias promesas de poder político. Nuevamente encontramos frases que, aunque escritas a finales del Siglo XIX por Barroetaveña, bien podrían estar en los diarios del presente: 

“La juventud que así inmola su energía cívica poniéndose bajo la dependencia de un poder cuyas órdenes se cumplen en silencio sin la menor objeción (…) renunciar al civismo, adhiriéndose sin condiciones a la voluntad del Presidente (…) Son tristes y desconsoladores estos movimientos de la juventud, que de ser imitados nos llevarían a una franca y vergonzante dictadura. Movimientos sin ningún ideal noble, generoso y patriótico; sin perseguir ninguna idea o doctrina levantada que signifique un progreso para el pueblo o la reforma de instituciones deficientes; nada, nada; se busca sencillamente la aproximación al mando, la fruición del poder, a costa de la sumisión, en cambio de la servidumbre política”.

Al igual que el unicato, el kirchnerismo tuvo ya su discurso de fin de época. Ocurrió  el 27 de Diciembre de 2012, cuando el dirigente sindical Gerónimo Venegas, como para poner de manifiesto lo anacrónico de pretender gobernar el país invocando odios o diferencias que deben quedar en el pasado, hizo uso de la palabra en el predio de Palermo que es propiedad de la Sociedad Rural Argentina, vertiendo estos conceptos: 

“Bueno, yo siempre digo: ‘compañeras / compañeros’, acá voy a decir ‘argentinas y argentinos’ ¿no?

No, la verdad que ver este predio repleto de gente, en el día de hoy, a uno lo emociona. Yo digo, les voy a contar un poco de mí, yo desde muy chico trabajé en el campo, y me fui al campo porque venía de la pobreza, de la pobreza extrema, uno cuando tenía ocho o nueve años lo primero que quería hacer era disparar para el campo, porque decían que en el campo se comía bien. Y yo me fui al campo, y trabajé en el campo. Toda mi vida he trabajado. O sea, por eso tengo autoridad para hablar; porque soy un auténtico trabajador rural. Esto me hace que hoy esté representando no solamente a los trabajadores argentinos, que tenemos 864.000 trabajadores registrados, sino también a mil quinientos millones de trabajadores de todo el mundo. Los trabajadores agrícolas de todo el mundo son representados por un argentino, que viene de una familia muy pobre, que tiene cuarto grado primario, que se llama Gerónimo Momo Venegas.

Y decirles que es una barbaridad que hoy los directivos de la Rural, de Federación Agraria, de CRA, de todas las entidades, tengan que estar acá mandándole un mensaje a este gobierno que no escucha a los trabajadores ni a los argentinos. Es una vergüenza, cuando deberíamos estar produciendo en este país, y en este país que tiene de todo, que tenemos cuarenta millones de argentinos y superficie de tierra para producir en cantidad y en calidad, porque las mejores carnes del mundo, los mejores granos del mundo, seguramente son argentinos. Y decirle a la Presidenta de la Nación que el campo no le tiene miedo. A la Señora Presidenta le decimos que el campo cuando se tuvo que poner los pantalones largos se los puso, y enfrentó a este gobierno, y lo enfrentó cuando tenía una imagen del setenta y pico por ciento; así que hoy, Señora Presidenta, que se le han caído los números y que la barra negativa supera a la positiva más fácil la vamos a enfrentar. Nosotros, señoras y señores, estamos por las libertades individuales, la libertad de expresión, la propiedad privada. Siempre existió, yo digo, cuando vemos que han sacado una ley en la Provincia de Buenos Aires para que todos los que tienen una propiedad privada paguen para que dentro de un country pueda haber un trabajador o una familia, eso no debería ser: nosotros tenemos un país para que cada trabajador tenga su casa, su auto, ¿por qué no lo puede tener, Señora Presidenta, si tenemos todo para hacerlo? Nosotros sabemos, venimos de una historia de país que siempre el campo ha salvado. Yo me acuerdo, siempre, recordarán ustedes los mayores cuando decían 'este año va a haber una buena cosecha', se hablaba solamente de la cosecha, porque se sabía que si había una buena cosecha había trabajo y había divisas en el país. Hoy se ha multiplicado todo a través del tratamiento genético, antes una hectárea daba treinta bolsas y hoy se multiplica por cuatro, y podemos seguir multiplicando la producción, el desarrollo, el valor agregado. Nosotros no queremos, Señora Presidenta, seguir exportando nuestra materia prima y después comprar las latitas con el valor agregado, queremos exportar nuestro valor agregado, generar fuentes de trabajo. Acá en este predio habrá muchos empleadores que cuando iban, venía la cosecha de alguna actividad querían ocupar gente y le decían 'no, porque se me cae el plan', nosotros no queremos planes sociales queremos fuentes de trabajo con salarios dignos.

Gerónimo Momo Venegas 

Entonces, cuando hablan de trabajo en negro, el campo tiene un 45% de trabajo en negro. ¿Pero saben por qué lo tiene? Porque no hay un gobierno que ponga los inspectores a trabajar, a hacer relevamientos, a terminar con el trabajo infantil, el trabajo en negro y la mano de obra indocumentada. Eso es una responsabilidad del Estado, no de los productores ni de los trabajadores. Es el gobierno el que tiene que multar a los que tengan trabajo en negro.

Nosotros, seguramente, vamos a seguir defendiendo el campo como lo defendimos en la 125, vamos a seguir organizándonos porque hubo un sabio que dijo que la organización vence al tiempo, y yo hace muchos años que digo que ellos vienen por todo, yo no soy el fruto de una coyuntura política, yo hace ocho años que estoy recibiendo palos de este gobierno, y los recibo porque siempre me le planté y le dije la verdad. Yo nunca voy a ser chupamedias de un gobierno. Nosotros tenemos que defender nuestros intereses, y lo estamos haciendo en este momento, por eso decirle a la Señora Presidenta que a la Justicia, que también creo y confío en la Justicia, hay que llevar elementos, no se gana a la Justicia con caprichos Señora Presidenta. Usted tiene que presentar los elementos si quiere que la Sociedad Rural pase al Estado. Y si no, le va a pasar a su ex ministra en el día de hoy, la de la bolsa, la de la famosa bolsa, y así le va a seguir pasando, porque si hay un gobierno al que hay que darle un premio de la corrupción es a este gobierno.

Todos nosotros, todos nosotros vemos como se empobrece el país día a día y como crece el patrimonio de los funcionarios. Los funcionarios, todos los días crece su patrimonio, y el país se empobrece. Nosotros queremos erradicar la pobreza. La pobreza termina en el alcohol, delinquiendo; en la falopa como dicen vulgarmente”.

El kirchnerismo se mantiene empeñado en convencernos a todos (propaganda mediante) que la realidad del país no es la que vemos, sino la ficción de sus mentiras dibujadas sobre cartón. Falsedades que hace tiempo dejaron de ser sutiles para decantar en una burda competencia de obsecuentes, con filósofos que la ven linda y envidiada, como seguramente se ve ella cuando, igual que frente al espejito del cuento, dice haber sido una “abogada exitosa” jactándose de ser también una “presidenta exitosa”. Tan exitosa como Presidente de la República Argentina que, sin sonrojarse, sostiene que los ingleses amenazan con “militarizar o invadir” Malvinas. Parece ignorar que, desde el fin de la guerra (14 de Junio de 1982) el enemigo ocupa por la fuerza militar el territorio usurpado; y no sería extraño que diga tales disparates porque alienada en su fantasía crea que por obra de ella, o acaso de “él”, nuestro país ya recuperó las Islas. 

Se intenta en vano disimular el tufo a descomposición que emana del gobierno. El kirchnerismo olfatea su gangrena, intuye que se muere a plazo fijo, y a tan módico precio que no hizo falta el sacrificio de ninguna revolución vencida. No hay gesta, tampoco épica. Su fin de época ha sido decretado por la realidad que niegan, por su propia lógica autista. No habrá “Cristina eterna”, ni ducha alguna que de cara al 2015 les quite la mugre y ponga presentable a ningún kirchnerismo lavado, o larvado si eso fuera posible. Tan sólo queda la agonía y desbandada. Dos años y algunos meses en los que los patrimonios de ciertos funcionarios seguirán creciendo; y como a la política corrupta le hace falta su “nunca más” definitivo, mejor que los aprovechen para disfrutar de ver al cielo, mientras puedan verlo sin barrotes de por medio.

Sobre el discurso del Momo resuena el eco de la voz de Alem: “ya todo cambia, éste es un augurio de que vamos a reconquistar nuestras libertades, y vamos a ser dignos hijos de los que fundaron las Provincias Unidas del Río de la Plata”.

El futuro es nuestro.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López