sábado, 23 de junio de 2012

LA SOBERANÍA DEL PARAGUAY


Fernando Lugo y Federico Franco


Juicio Político mediante, Fernando Lugo ha sido destituido del cargo de Presidente del Paraguay. Lo sucede Federico Franco, quien era su Vicepresidente. Siempre es lamentable que un Presidente constitucional no pueda completar su mandato, pero las crisis políticas se producen como parte de la vida misma y pueden eventualmente tener este desenlace. El propio Lugo, con admirable dignidad, ha convalidado la decisión del Senado. No se observa en la celeridad del proceso de Juicio Político ruptura alguna del orden constitucional del Paraguay, puesto que aplica lo que pertinentemente dispone la Constitución del país, a saber: 



SECCIÓN VI 
DEL JUICIO POLÍTICO


Artículo 225 - DEL PROCEDIMIENTO

El Presidente de la República, el Vicepresidente, los ministros del Poder Ejecutivo, los ministros de la Corte Suprema de Justicia, el Fiscal General del Estado, el Defensor del Pueblo, el Contralor General de la República, el Subcontralor y los integrantes del Tribunal Superior de Justicia Electoral, sólo podrán ser sometidos a juicio político por mal desempeño de sus funciones, por delitos cometidos en el ejercicio de sus cargos o por delitos comunes.

La acusación será formulada por la Cámara de Diputados, por mayoría de dos tercios. Corresponderá a la Cámara de Senadores, por mayoría absoluta de dos tercios, juzgar en juicio público a los acusados por la Cámara de Diputados y, en caso, declararlos culpables, al sólo efecto de separarlos de sus cargos, En los casos de supuesta comisión de delitos, se pasarán los antecedentes a la justicia ordinaria.

El destino del Paraguay sólo corresponde que lo decidan los paraguayos, en el marco de sus leyes e instituciones. Frente a esta crisis de coyuntura los países de la región deben obrar con responsabilidad democrática, evitando pronunciamientos que agraven la situación del pueblo paraguayo y valorando por sobre la persona de Fernando Lugo la vida institucional del país. Eso, exactamente, es lo que ha hecho Lugo al aceptar su destitución; mal favor se le haría presentándolo como el árbol que tapa el bosque cuando él mismo ha privilegiado -con una actitud que lo distingue honrosamente de lo que en Honduras fue Manuel Zelaya- el fluir de la solución institucional. 

Claramente no es un golpe de Estado lo ocurrido en Paraguay. Llamar así a un remedio previsto por la Constitución para evitar males mayores es un acto antidemocrático, de mala fe moral y de desprecio hacia las leyes del país. 

No resulta extraño que presidentes personalistas, propensos a la relatividad de la ley, como Rafael Correa o Hugo Chávez, sean de los primeros en escandalizarse cuando un Presidente queda sujeto a la ley y es destituido por ella. De allí su apresuramiento en anunciar que no reconocerán al Gobierno constitucional del Paraguay. 

El miedo los puede. Miedo al valor de la ley. Los aterra la soberanía del pueblo. Y en el caso de Chávez, su espíritu demagógico lo llevó a boquear sobre la Guerra del Paraguay (1865-1870) calificando de heroico a Francisco Solano López, el dictador paraguayo que aferrado al poder llevó su pueblo al borde del exterminio. Al horror de hacer combatir a niños, Chávez no lo ha llamado demencia sino "dignidad". Como para que sepa el pueblo venezolano hasta que punto está dispuesto a llegar él antes que desprenderse del poder.

Como ciudadano argentino me apena que nuestra Presidente Cristina Fernández aparezca, en esta cuestión, exhibiendo un alineamiento automático con la posición de los demagogos, ya que la sobreactuación de aquellos no debe hacer perder la brújula a las democracias serias de la región. Me preocupa, además, la paranoia con que el kirchnerismo tiende a ver conspiraciones destituyentes en cada opinión opositora; cosa propia de quienes obran en política con el cristal (nada democrático) de "amigo-enemigo". 

Paraguay ha resuelto una crisis política recurriendo a sus resortes constitucionales. Fernando Lugo, vuelvo a repetir y subrayo: con una gran dignidad, se ha inclinado ante la ley. La UNASUR y el MERCOSUR deberán aceptar la continuidad democrática del Paraguay, reconociendo la legitimidad del Presidente Federico Franco. 

Como ya lo he manifestado en ocasión de los sucesos que determinaron la remoción de Manuel Zelaya en Honduras, sería una hipocresía mayúscula que se sancione al Paraguay por resolver su crisis en el marco de   una Constitución democrática, mientras que ninguna de esas voces se alza para reclamar la urgente finalización de la dictadura comunista que somete al pueblo cubano desde hace más de medio siglo.

Mis respetos a Fernando Lugo. 

¡Viva el Paraguay!


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López