lunes, 28 de noviembre de 2011

MIENTRAS LOS CERDOS SIGUEN MANDANDO


Inspirado en su experiencia como miliciano en la Guerra Civil Española, George Orwell escribió “Rebelión en la granja” pensando en la revolución bolchevique y el estalinismo. Un libro corto y escrito rápido, que siendo simple es de una gran profundidad. El talento de Orwell logró mucho más que otra fábula anecdótica, un panfleto satírico o la ligereza superficial de darle al intelecto el goce de lo coyuntural. Sencillamente alumbró una joya de la literatura universal. “Rebelión en la granja” pertenece a esa categoría selecta de libros cuya lectura es interminable.


Acaso, hermosa palabra la palabra “acaso”, el ir a combatir contra los franquistas en España y desencantarse de los partidos políticos de izquierda hasta el punto de tener que salir huyendo de la policía comunista, haya hecho reflexionar a aquel socialista utópico para comprender que la Libertad es como había dicho Alberdi: “el parto lento de la civilización”, nunca el repentino amanecer de iluminados tutores. Evolución antes que revolución. Orwell, liberal aunque con corazón socialista, pasó el resto de sus días viviendo bajo las normas del imperio británico. En España, viendo a los comunistas de cerca y en acción, como nunca los padecieron los “bolcheviques de salón”, revalorizó las garantías del viejo orden en la monarquía constitucional. Después de todo, ser inglés no era tan malo para Orwell.

“Rebelión en la granja” no se agota en describir burlonamente el derrotero histórico de la URSS, su gran mérito es desnudar el método de la desmemoria colectiva al servicio de un grupo dominante. El relato impuesto al resto de los animales por los cerdos de la granja, es el relato falso de la historia que en otros tiempos y lugares han servido al totalitarismo, a la demagogia o al más elemental gatopardismo. Y siempre con el mismo resultado, la pérdida de las libertades.

Cuba es un claro ejemplo de la vigencia de “Rebelión en la granja”, pero no se requiere el contraste de una dictadura rancia para saber apreciar la obra de Orwell. Lo más entretenido nunca está en lo que es demasiado obvio. Incluso en países democráticos, con gobiernos legítimos e instituciones que aparentan funcionar, es posible darle a “Rebelión en la granja” otra escenografía para el desarrollo de la misma trama. Siempre que los cerdos vienen marchando la obra de Orwell recobra nueva vigencia.

Por eso vale examinar al kirchnerismo a través del cristal de “Rebelión en la granja”. No voy a quitarles a los ávidos lectores de La Pluma de la Derecha el placer de descubrir por sí mismos los muchos parecidos entre nuestra realidad y la ficción de Orwell. Esté artículo es simplemente la recomendación de volver a leer “Rebelión en la granja” con un enfoque actual. Pero a modo de incentivo, y para confirmar que -como vengo sosteniendo- el kirchnerismo es un fraude en sí mismo, permítaseme señalar que cuando luego de dilapidar recursos se comienzan a tomar necesarias medidas de ajuste queriéndonos hacer creer que no es un ajuste, estas palabras de Orwell se paladean como un almíbar irónico y profético:

“Pero si bien no faltaban penurias que aguantar, en parte estaban compensadas por el hecho de que la vida tenía mayor dignidad que antes. Había más canciones, más discursos, más desfiles”.

En fin, mientras los cerdos siguen mandando más Tecnópolis, más Fútbol Para Todos y más ovejas repitiendo “¡Cuatro patas sí, dos patas mejor!”.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López