domingo, 28 de agosto de 2011

GABINETE EN LAS SOMBRAS


HACIA UNA NUEVA RESPONSABILIDAD POLÍTICA

Ante un kirchnerismo devenido mayoría, la oposición debe replantearse los modos de relacionarse con la ciudadanía y de ganar espacios para no replegarse todavía más. El desafío sigue siendo el mismo: la construcción política de alternativas de poder que sean percibidas como reales.

Como contracara de la crisis de los partidos políticos, una de las lecciones de las primarias del 14 de Agosto es que frente a un gobierno consolidado, ordenado a partir del ejercicio del poder y con disposición de recursos, el electorado tiende a ignorar los armados electorales de ocasión.

Está claro que toda la oferta electoral es inexcusablemente oportunista, no podía ser de otra manera cuando lo que prima en el radicalismo y el peronismo es la diáspora. ¿Cuál es el radicalismo? ¿El de los sumisos al poder como el todavía Intendente de Vicente López Enrique García?, ¿El que vive la ilusión de un clon a través del hijo de Alfonsín?, ¿El que con Margarita Stolbizer hace comparsa al socialismo de Hermes Binner para que Victoria Donda proponga portarse mal y despenalizar el consumo de drogas?

Aquel romántico y valiente que fue soldado voluntario en la Guerra del Paraguay, Don Leandro N. Alem se volvería a suicidar si viera el cuadro lamentable del radicalismo actual, acaso sea que finalmente, como literal y crudamente lo predijo, el radicalismo se fue a la mierda.

Algo parecido puede decirse del peronismo, con la sustancial diferencia que ese es el encuadre de los pragmáticos del poder. No existe el partido como tal, como no existe en realidad ningún partido político, pero bajo el manto protector del “movimiento” las conveniencias y el cálculo permiten acrobacias ideológicas entre los que Borges llamaba “incorregibles”. La caja que sirve para alinear al peronismo oficialista (sea cualquiera la cosa que eso sea), atomiza al resto. Como alquimista del medioevo De Narváez con Alfonsín busca hacer oro del plomo sin recordar el pesado lastre de la Alianza. Por su parte, Rodríguez Saá y Duhalde después que Página/12 titulara en tapa que la de ellos era una interna pequeñita le dieron el gusto al diario de seguir cada uno por su lado.

Queda octubre por delante y esa elección es una batalla casi enteramente perdida desde que el voto conformista, desalentado de todo cambio desde que ninguna de las fuerzas opositoras ha sabido mostrarse en condiciones de gobernar mejor que el oficialismo, pasó a engrosar el caudal propio del kirchnerismo. Ese voto conformista se potenció, todavía más, con el contexto de crisis internacional que contribuye a minimizar la percepción sobre los problemas económicos del país. El kirchnerismo es así la certeza frente a la duda, la seguridad ante el tembladeral. Como ellos mismos repiten hasta el hartazgo sin que se los confronte: los que pueden ir por más, nunca menos, frente a los que no dan muestras claras de saber adónde quieren ir. Sin embargo, perdida o no, la batalla hay que darla igual.

El categórico resultado de las primarias impone a la oposición, en lo inmediato, replantearse críticamente tanto los objetivos como las estrategias de comunicación. El objetivo ahora debe centrarse en evitar que el kirchnerismo ratifique la mayoría, para eso conviene olvidarse -en principio- de buscar sumar los votos opositores y concentrarse en arrebatarle parte del voto conformista, que es ocasional y mantiene un grado de indecisión. El reordenamiento del voto opositor es inconducente e improbable, además eventualmente se reordenará sólo. El esfuerzo debe apuntar exclusivamente a sumar votos que en primera instancia migraron al oficialismo.

Para eso hay que elaborar una estrategia simple tendiente a mostrarse en condiciones de gobernar ya. Y como en esta coyuntura yo he dado mi apoyo a Duhalde y así he de mantenerme, mi sugerencia de lo que debe hacerse está dirigida a ese sector, pero creo que vale para todos los opositores.

Así clarificada mi posición, creo que lo que Duhalde – Das Neves deberían hacer es presentar públicamente a los hombres y mujeres que los acompañarían integrando el gabinete de gobierno. Hacer público que ese equipo está listo y seguro de lo que debe hacerse, comunicando que en el probable caso de no ganar las elecciones se mantendrá funcionando como “Gabinete en las Sombras”. Ello implica un compromiso que va más allá de lo eventual, un accionar tendiente a consolidarse como la principal referencia de la oposición para disputar el poder en 2015, y que quizá deba contemplar la fundación de un Partido Republicano -como aquel de Alem y Roque Sáenz Peña- estructurado para contener, sobre algunos consensos básicos, diversas corrientes de opinión.


En lo comunicacional, el mensaje debe ser agresivo y confrontar la pretensión hegemónica del kirchnerismo, que aunque se pretende la fase superior del peronismo no es otra cosa que la fase superior del menemismo, por lo que en caso de ratificarse como mayoría intentarán desde la soberbia forzar los mecanismos institucionales para imponer su proyecto político que es una mezcla de capitalismo de amigos y demagogia populista.


La disputa no es entonces entre los candidatos opositores, debe instalarse la idea del mano a mano con el Gobierno haciendo que cada declaración de un miembro del gabinete kirchnerista derive en la réplica de su par en el Gabinete en las Sombras. Y no necesariamente con voces de censura en todos los casos, sino también con el debido reconocimiento a los aciertos cuando corresponda, ya que eso es también parte de la responsabilidad propia de quien se siente cerca de gobernar.

Que ministros como Aníbal Fernández, Amado Boudou y Héctor Timerman, dejen de tener impunidad verbal ya sería todo un logro y una mejora en la vida política del país.

Naturalmente se brotará con ello la paranoia kirchnerista que acusará de destituyente a la iniciativa (sobre todo si Duhalde es quien la lleva a la práctica), pero la idea del Gabinete en las Sombras -que en su momento fue impulsada por Rodolfo Terragno- es un refuerzo de la institucionalidad desde que obliga a la vida partidaria de la oposición y le da un rol informal de control y fiscalización que perdura más allá del tiempo electoral. Sosteniendo su  Gabinete en las Sombras la oposición puede demostrar constancia (materia en la que evidentemente andamos flojos) y así constituirse en una alternativa real de poder.

El verdadero riesgo del Gabinete en las Sombras es que para integrarlo se designen personajes gastados, viejas caras que lo transformen en un gabinete de tren fantasma. Sus miembros deben ser una visión creíble del futuro, respetados públicamente, con méritos propios para opinar con autoridad en sus respectivos campos y que expresen, en conjunto, una clara ambición de poder para guiar lo destinos del país por mejores rumbos.

Se ha perdido, pero no todo está perdido.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López